El carácter simbólico de los objetos técnicos

JOSÉ CLEMENTE OROZCO, “PROMETEO”, (1930)

 

Resumen

El artículo desarrolla algunos aspectos relacionados con el carácter simbólico de los objetos técnicos, teniendo como hilo conductor a las ideas de Gilbert Simondon, quien configuró una filosofía de la técnica, la cual considera a los objetos técnicos como objetos culturales, análogamente a cómo se consideran los objetos artísticos o religiosos. En este sentido, el carácter simbólico de los objetos técnicos refleja gran parte de lo que podría considerarse una “esencia humana”, en la medida en que un objeto técnico es la manifestación de lo humano en el mundo, y constituye lo que el autor llama “tecnicidad”: modo de relación entre el ser humano y el medio.

Palabras clave: símbolo, objeto técnico, individuación, Simondon, cultura, tecnicidad.

 

Abstract

The article develops some aspects related to the symbolic nature of technical objects, having as a guiding thread the ideas of Gilbert Simondon, who configured a philosophy of technique, which considers technical objects as cultural objects, analogously to how they are considered artistic or religious objects. In this sense, the symbolic nature of technical objects reflects much of what could be considered a “human essence”, to the extent that a technical object is the manifestation of what is human in the world, and constitutes what the author called “technicity”: mode of relationship between the human being and the environment.

Keywords: symbol, technical object, individuation, Simondon, culture, technicality.

 

En muchas de las reflexiones sobre filosofía de la tecnología y de la técnica, el objeto técnico se concibe como una especie de “realidad independiente de lo humano”, lo cual provoca el concebir que dicho objeto no forma parte de la cultura, del mundo de las significaciones. Si bien Heidegger[1] llegó a sintetizar las distintas dimensiones con las que se asume el problema de la técnica,[2] algunas ciertas reflexiones acerca de la naturaleza del objeto técnico se han configurado desde la perspectiva de denuncia, como si éste fuera una especie de amenaza. Sin embargo, si, como Fernando Broncano[3] considera, “siempre fuimos ciborgs”, nuestra manera de habitar el mundo ha concurrido en una forma de ser híbrida, que discurre entre lo natural y lo artificial. De aquí que: “La especie humana evolucionó transformando el medio mediante artefactos, creando un medio artificial con el que coevoluionó al compás de ese medio material conformado por complejos de relaciones sociales, técnicas y artefactos que modelaron las presiones evolutivas y seleccionaron las características propiamente humanas: el lenguaje, la técnica, la moralidad, la estética, la agencia racional”.[4] Así, el objeto técnico parece más bien una especie de manifestación de lo humano en el mundo, como lo es el objeto estético o religioso, estos últimos concebidos como parte de la cultura. Esta última es una manera de transformar causalmente el medio que habita el ser humano, un ser simbólico, y que a su vez transforma su mundo mediante los artefactos[5] materiales y no materiales que produce. En este sentido, habría que decir que los objetos técnicos poseen un carácter simbólico, ya que los símbolos, como “[…] evocación de un acontecimiento, hechos u objetos”,[6] permiten construir la cultura y la realidad social, asimismo dichos objetos técnicos. Dado esto último, la filosofía de la técnica de Gilbert Simondon permite identificar los aspectos mencionados, vertidos en su obra El modo de existencia de los objetos técnicos, donde el autor lleva a cabo una reflexión en la que coloca al objeto técnico como parte de las significaciones y la cultura, a saber: “Querríamos mostrar que la cultura ignora en la realidad técnica una realidad humana y que, para cumplir su rol completo, la cultura debe incorporar los seres técnicos bajo la forma de conocimiento y de sentido de los valores”.[7]

 

Primeramente, presento algunos aspectos básicos de la filosofía de la técnica de Simondon, vinculados a su teoría de la individuación, que permite dar sustento al concepto de transindividual,[8] de aquí que pueda entenderse al objeto técnico en su carácter simbólico, como parte del mundo de las significaciones, ya que: “La cultura está desequilibrada porque reconoce ciertos objetos, como el objeto estético, y le acuerda derecho de ciudadanía en el mundo de las significaciones, mientras que rechaza otros objetos, y en particular los objetos técnicos, en el mundo sin estructura de lo que no posee significaciones, sino solamente un uso, una función útil”.[9] La conclusión es que los objetos técnicos deben concebirse como objetos culturales.

 

Individuación, técnica y cultura

 

La filosofía de Gilbert Simondon se ha ido descubriendo como una matriz argumentativa suficientemente consistente, y que ha dado nueva luz sobre ciertos problemas filosóficos clásicos. En este sentido, su teoría de la individuación se confronta con la vieja tradición hilemórfica, la cual considera que “individuar es dar forma a una materia”. Así, a la sazón de Deleuze:

 

El mérito de Gilbert Simondon consiste en haber presentado una teoría profundamente original de la individuación, una teoría que implica toda una filosofía. Simondon se apoya en dos observaciones críticas: 1º) Tradicionalmente, el principio de individuación remitía a un individuo ya totalmente compuesto [σύvoλov], constituido, y se limitaba a preguntar simplemente en qué consistía la individuación de un ser así, es decir, qué es lo que caracteriza a un ser ya individuado. Esta manera de «poner» al individuo tras la individuación «pone», al mismo tiempo, el principio de individuación antes de la operación de individuar y por encima de la propia individuación. 2º) De este modo, se «pone» la individuación en todas partes; se hace de ella un carácter coextensivo al ser, al menos al ser concreto (incluso al divino), se convierte en todo el ser y en el primer momento del ser fuera del concepto.[10]

 

Para el autor, el individuo humano es resultado de un proceso de individuación. Al existir primeramente la individuación física y biológica (vital), el ser humano constituye a su vez un pliegue[11] entre lo psíquico y lo colectivo, ya que todo ser vivo contiene un germen preindividual,[12] y constituye un sistema metaestable,[13] por lo que el individuo es una fase del ser, éste consiste en ser transindividual[14]: “El individuo, resultado pero también medio de la individuación, no debe ser considerado como uno: sólo es uno con relación a otros individuos, según un hic et nunc muy superficial”.[15] Para Simondon, un sujeto “es más que individuo”, puesto que conviven en él tanto el individuo individuado y lo preindividual. De todo lo anterior: “[…] 1) el sujeto es una individuación consistente más bien en los rasgos cambiantes de aspectos preindividuales y de aspectos efectivamente singulares; 2) la experiencia colectiva, lejos de señalar su desintegración o eclipse, persigue y afina la individuación”.[16] Todo individuo humano es un sistema de individuación, el cual individúa y está a su vez individuándose. Lo que finalmente conforma una teoría de la individuación bastante original, que postula que el individuo humano forma un sistema con el medio y los objetos que produce (dígase técnicos, estéticos, religiosos…). Asimismo, la técnica relaciona lo intelectual y lo cultural, de aquí que transforme la experiencia individual y colectiva.  Simondon desarrolla así una filosofía de la técnica en la que se postula la necesidad de incluir a los objetos técnicos como parte de la cultura, como objetos que forman parte del “mundo de las significaciones”, es decir: los objetos técnicos poseen un carácter simbólico. Simondon no recurre a las dicotomías entre individuo y sociedad, en cambio, concibe la categoría de “sistema individuo-medio”, lo que lo conduce a fundamentar la subjetividad sobre la manera en que el individuo individúa objetos y donde, a su vez, es individuado por éstos y por el medio. Esto porque el individuo mantiene una relación transductiva[17] con los objetos, dígase en este caso: los objetos técnicos,[18] pues éstos axiomatizan ciertas condiciones de exteriorización de lo humano que se desenvuelve en una red social, puesto que “lo colectivo, como lo individual, es psicosomático.”

 

En el tenor de la teoría de la individuación, para Simondon, la individuación del objeto técnico la llama proceso de concretización, ya que, al concretizar, el ser humano lleva a cabo una individuación, encaminada a resolver un problema de funcionamiento.

 

El objeto técnico concreto es aquel que ya no está en lucha consigo mismo, aquel en el cual ningún efecto secundario perturba el funcionamiento del conjunto o es dejado fuera de ese funcionamiento… La esencia de la concretización del objeto técnico es la organización de subconjuntos funcionales en el funcionamiento total… El objeto técnico concreto es un sistema físico-químico en el cual las acciones mutuas se ejercen sobre todas las leyes de la ciencia.[19]

 

Al considerar como componente fundamental de la realidad técnica a la funcionalidad, puede entenderse que la esencia de la técnica implica que ésta tiende a una estabilidad, aún y a pesar de su carácter evolutivo, y a su vez, llega a producir nuevas estructuras y funciones. Para Simondon, el objeto técnico se asemeja al objeto natural “espontáneamente producido”, ya que lo objetos técnicos: “En tanto que existen, prueban la viabilidad y la estabilidad de una cierta estructura que tiene el mismo estatuto que una estructura natural, aunque pueda ser esquemáticamente diferente de todas las estructuras naturales”.[20] Hay transducción entre el hombre y el objeto técnico, puesto que el hombre lleva a cabo transducciones de materia, energía, imaginación…

 

Ahora bien, para Simondon existen distintos modos de relación del hombre con el mundo, por ejemplo: la religiosidad o la esteticidad. Lo que él llama tecnicidad, constituye un modo de relación en donde el hombre aspira a resolver problemas prácticos que el medio le impone, los cuales son concretados en términos de objetos técnicos.

 

El objeto técnico no es directamente un objeto histórico: solamente está sometido al transcurso del tiempo como vehículo de la tecnicidad, según el rol transductivo que juega de una época a otra. Ni los conjuntos técnicos, ni los individuos técnicos, permanecen; solamente los elementos tienen el poder de transmitir la tecnicidad bajo la forma efectuada, cumplida, materializada en un resultado, de una época a otra. Por esta razón, es legítimo analizar al objeto técnico como aquello que consiste en individuos técnicos.[21]

 

El objeto técnico es depositario de la tecnicidad pues “La tecnicidad no es una realidad jerarquizable; existe completa en los elementos, y se propaga transductivamente en el individuo técnico y los conjuntos: los conjuntos, a través de los individuos, están hechos de elementos, y de ellos salen elementos”.[22] Puede decirse que Simondon es un genealogísta del objeto técnico, pues nos remonta a lo que llama “unidad mágica primitiva”: “La unidad mágica primitiva es la relación de vínculo vital entre el hombre y el mundo, que define un universo a la vez subjetivo y objetivo anterior a toda distinción del objeto y del sujeto, y en consecuencia anterior también a toda aparición del objeto separado”.[23] En tal “unidad”: “[…] sujeto, objeto y mundo constituían una red de puntos clave que concentran energías, espacios y tiempos”.[24] En la unidad mágica primitiva operó un desfasaje,[25] ya que la esteticidad tuvo que salir a quite para plantear un equilibrio entre la religiosidad y la tecnicidad, de lo cual ha resultado un desdoblamiento que separa la subjetividad y la objetividad, puesto que “La objetividad pura y la subjetividad pura son modos de la mediación entre el hombre y el mundo en su forma primera”.[26] El aspecto subjetivo se escindió en lo religioso y en lo estético, el objetivo en lo técnico, en este sentido es que: “Simondon afirma que el universo estético sería algo así como el “recuerdo” de esa ruptura en la medida en que el objeto estético está a caballo entre tecnicidad y religiosidad”.[27] Lo que Simondon nos anuncia es la procedencia del paradigma utilitarista sobre el objeto técnico, que implica concebirlo como separado de expresiones culturales como la religión y el arte, y a su vez: pensarlo no como expresión humana fundamental. Aunque: “La tecnología contiene más que el estudio morfológico de las actividades materiales; conduce a la definición del comportamiento técnico del hombre, a una ‘sociología de las técnicas’ en la cual la prehistoria toma progresivamente su situación de prefacio”.[28] Esto vincula a Simondon con las investigaciones del etnólogo André Leroi-Gourhan, pues el modo de existencia de los objetos técnicos se asemeja, desde su carácter funcional, a la de los seres vivos. Y a su vez, en la óptica de Simondon, es la tecnicidad, como modo fundamental de relación del ser humano con el mundo, la que lo hace individuar objetos mediante una relación transductiva con éstos, pero también: resulta ser individuado, subjetivado. Aquí resulta pertinente señalar a la cultura, puesto que el ser humano, al estar dotado de una interioridad y una exterioridad, va construyendo su mundo, y el sistema individuo-medio se individúa, a la vez que individúa objetos y es individuado por éstos; es decir, se subjetiva en relación con los objetos que produce, continúa un proceso de individuación.

 

Simondon considera que la cultura debe asumir el papel de reguladora de las relaciones del ser humano con el objeto técnico. En este sentido, plantea que los dos modos fundamentales de relación del ser humano y los objetos técnicos son: el estatuto de minoría, donde el objeto técnico es más que nada un objeto de uso, a su vez necesario para la vida, el cual forma parte del entorno en que el individuo vive y se desarrolla; y el estatuto de mayoría, lo que sería la toma de conciencia del individuo adulto frente al objeto técnico, implicando una reflexión sobre la misma relación.

 

Para que la cultura pueda incorporar a los objetos técnicos, sería necesario descubrir un camino intermedio entre el estatuto de mayoría y el estatuto de minoría de los objetos técnicos. La disyunción entre la cultura y la técnica tiene su condición de existencia en la disyunción que existe en el interior del mundo mismo de las técnicas. Para descubrir una relación adecuada entre el hombre y el objeto técnico, sería necesario poder descubrir una unidad del mundo técnico, a través de una representación que incorporase a la vez la del artesano y la del ingeniero…

Así, la primera condición de incorporación de los objetos técnicos a la cultura sería que el hombre no fuera ni inferior ni superior a los objetos técnicos, que pueda abordarlos y aprender a conocerlos manteniendo con ellos una relación de igualdad, de reciprocidad de intercambios: en cierta manera, una relación social.[29]

 

El autor plantea la necesidad de establecer una “cultura técnica”, pues: “El hombre es capaz de asumir la relación entre lo viviente que es y la máquina que fabrica; la operación técnica exige una vida técnica y natural. Ahora bien, la vida técnica no consiste en dirigir máquinas sino en existir en el mismo nivel que ellas, como ser que asume la relación entre ellas, que puede ser acoplado, simultanea o sucesivamente, a muchas máquinas”.[30] No es que Simondon postule una “supremacía de las máquinas”, tampoco concibe positivamente el tipo de relación transductiva que los seres humanos llevan a cabo actualmente con éstas, ya que, la medida de cómo se efectúa dicha relación, es lo que, en la actualidad, despierta desconcierto o desconfianza hacia el objeto técnico. Esto porque, precisamente, las consecuencias negativas de la relación entre el ser humano y los objetos técnicos estriban en una mala comprensión de la técnica:

 

La oposición actual entre la cultura y la técnica resulta del hecho de que el objeto técnico está considerado como idéntico a la máquina. La cultura no comprende a la máquina; es inadecuada a la realidad técnica porque considera a la máquina como un bloque cerrado y al funcionamiento mecánico como una esterotipia iterativa. La oposición entre técnica y cultura durará hasta que la cultura descubra que cada máquina no es una unidad absoluta, sino solamente una realidad técnica individualizada, abierta de acuerdo con dos caminos: el de la relación con los elementos, y el de las relaciones interindividuales con el conjunto técnico… La cultura es injusta hacia la máquina no sólo en sus juicios y prejuicios, sino también en el nivel mismo del conocimiento: la intención cognitiva de la cultura hacia la máquina es sustancializante; la máquina está encerrada en esa visión reductora que la considera como perfecta y consumada en ella misma, que la hace coincidir en su estado actual, con sus determinaciones materiales.[31]

 

Simondon plantea que la realidad técnica debe incorporarse como conocimiento en la cultura, igual y como se conoce la realidad estética o la religiosa. Asimismo, la forma en que tradicionalmente se valoriza al objeto técnico debe reestructurarse. Éste no puede seguir valorándose en términos utilitaristas y/o sólo en su relación con el trabajo, pues también existe esteticidad en el objeto técnico, otro inconveniente consiste en creer que el objeto técnico sólo produce alienación o reificación.

 

Para Simondon, siempre se ha estudiado a la tecnicidad separada de otros modos de relación del hombre con el mundo, dígase la esteticidad o la religiosidad: “De hecho, para ser conocida de modo justo, según su esencia, e integrada rectamente a la cultura, la tecnicidad debe ser conocida en su relación con otros modos de ser en el mundo del hombre”.[32] Así, al ser la técnica producto de una individuación mental del hombre, en forma de estructura, puede identificarse que la génesis de los objetos técnicos tiene una estrecha relación con diversas producciones humanas, con respecto a la actitud del hombre frente al mundo. “La tecnicidad aparece como uno de los dos aspectos de una solución dada al problema de la relación del hombre con el mundo, siendo el otro aspecto simultáneo y correlativo la institución de las religiones definidas”.[33] Por tanto, la tecnicidad no debe considerarse aisladamente, forma parte del sistema hombre-mundo y, en este sentido, constituye una “expresión cultural”, análoga a la religión y el arte. A su vez:

 

Los objetos artificiales, como los objetos técnicos, son la traducción de una operación mental del hombre y no el resultado de un proceso de selección natural. El dinamismo del pensamiento durante la invención se convierte en formas que funcionan ¾escribe Simondon. Lo que se expresa en la finalidad de la máquina es la capacidad de desdoblamiento de un dinamismo del pensamiento… Como consecuencia, los objetos técnicos son pensados por Simondon como sistemas no saturados, ligados a los procesos de individuación mental.[34]

 

Finalmente, puede afirmarse “que hay naturaleza humana en el ser técnico”.

 

Dicho de otro modo, no es la realidad humana, y en particular lo que puede ser modificado de la realidad humana ¾a saber, la cultura, intermediario activo entre las generaciones sucesivas o simultáneas, los grupos humanos simultáneos y los individuos sucesivos o simultáneos¾, lo que debe ser incorporado a las técnicas como una materia sobre la cual es posible el trabajo; es la cultura, considerada como totalidad vivida, la que debe incorporar los conjuntos técnicos conociendo su naturaleza, para poder regular la vida humana según estos conjuntos técnicos… La cultura es aquello por lo cual el hombre regula su relación con el mundo y consigo mismo; ahora bien, si la cultura no incorporara la tecnología, llevaría consigo una zona oscura y no podría aportar su normatividad reguladora al acoplamiento del hombre con el mundo… La cultura debe ser contemporánea a las técnicas, reformarse y retomar su contenido etapa por etapa.[35]

 

El ser humano lleva a cabo una relación transductiva con el objeto técnico, la cual es la manifestación del ser humano en el mundo y, dicho objeto no puede considerarse fuera del mundo de las significaciones, posee un carácter simbólico pues asimismo constituye un régimen simbólico. Simondon afirma que, para incorporar al objeto técnico en el universo de la cultura, resulta indispensable que el ser humano establezca una “relación social” con éste. En este sentido es que se sustenta la relación transductiva y toma sentido lo que el autor entiende por tecnicidad: la relación del ser humano con el medio. Así, los objetos técnicos, al ser considerados como parte de la cultura, poseen un carácter simbólico.

 

El carácter simbólico de los objetos técnicos

 

Un objeto técnico no es sólo un objeto que obedece a necesidades humanas de utilidad. Constituye un germen de la mente humana que se ha exportado hacia la realidad, asimismo, al tenor de la filosofía de Simondon, existe un régimen simbólico y comunicativo, gracias a los objetos técnicos, que logra comunicarse hacia otros seres humanos.

 

La técnica constituye un factor de transformación de la realidad humana, por lo que, parafraseando a Simondon: si se intentara replantear una relación más fructífera entre los objetos técnicos y los seres humanos, aquéllos deben concebirse de manera similar a los objetos culturales, como los objetos estéticos o los religiosos.

 

En cierto sentido, a lo largo del tiempo, los objetos técnicos se han ido sobrecargando de funciones. Esto no implica necesariamente una “sobresaturación simbólica” (un aumento de su capacidad simbólica), sino el riesgo de una especie de “desvirtuamiento simbólico” en tanto al tipo de relación transductiva que llevan a cabo con los seres humanos. La filosofía de Simondon nos da luz acerca del riesgo de ver a “la máquina como el enemigo” cuya consecuencia es llevarnos a malinterpretar esa relación transductiva que tenemos con el objeto técnico, y confundirlo en una especie de “sobresaturación simbólica” mal encaminada, lo que en parte ya ha ocurrido al no incorporarlo al mundo de la cultura.

 

Como menciona Muriel Combes, a propósito de la obra de Simondon: “Parece legítimo hacer de la invención técnica la base de toda producción de novedad en el ser, en particular la base de toda transformación social”.[36] La autora sostiene que nuestra relación con la técnica podría lograrse, dado el camino alumbrado por Simondon, al incorporar a la técnica en nivel cultural de las significaciones, y sólo a través de transformaciones sociales. En concreto: “Génesis y sentido, esa es la esencia o el ‘modo de existencia’ de los objetos técnicos”,[37]

 

El objeto técnico, pensado y construido por el hombre, no se limita sólo a crear una mediación entre hombre y naturaleza; es una mezcla estable de humano y de natural, contiene algo de lo humano y algo de lo natural; da a su contenido humano una estructura semejante a la de los objetos naturales y permite la inserción de esta realidad humana en el mundo de las cusas y de los efectos naturales. La relación del hombre con la naturaleza, en lugar de ser sólo vivida y practicada de manera oscura, adquiere un estatuto de estabilidad, de consistencia, que hace de ella una realidad con sus leyes y su permanencia ordenada. La actividad técnica, al edificar el mundo de los objetos técnicos y al generalizar la mediación objetiva entre hombre y naturaleza, aproxima al hombre a la naturaleza según un vínculo mucho más rico y mejor definido que el de la reacción específica del trabajo colectivo. A través del esquematismo técnico se instituye una convertibilidad de lo humano en lo natural y de lo natural en lo humano.[38]

 

Si el ser humano es un ser simbólico, si el objeto técnico es un “germen de lo humano en el mundo”, dicho objeto es el “signo que representa a lo humano en la naturaleza”. Un objeto técnico posee un carácter simbólico, y es a su vez, un objeto cultural.

 

Bibliografía

  1. Broncano, Fernando, La melancolía ciborg, Herder, Barcelona, 2009, p. 286.
  2. Combes, Muriel, Una filosofía de lo transindividual, Editorial Cactus, Buenos Aires, 2013, p. 114.
  3. Deleuze, Gilles, “Gilbert Simondon: el individuo y su génesis físico-biológica” en La isla desierta y otros textos, Pre-Textos, Valencia, 2005, pp. 115-119.
  4. Deleuze, Gilles, Foucault, Paidós, Barcelona, 2007, p. 170.
  5. Heidegger, Martin, La pregunta por la técnica, Herder Editorial, Barcelona, 2021, p. 63.
  6. Montoya-Santamaría, Jorge William, “Aproximación al concepto de analogía en la obra de Gilbert Simondon”, Co-herencia, Vol. 1, enero-diciembre, 2004, Colombia, Universidad EAFIT, pp. 31-50.
  7. Paláu-Castaño, Luis Alfonso, “Algunos aspectos intelectuales de la paleontología de Leroi-Gourhan” en Co-herencia, Vol. 1, enero-diciembre, 2004, Colombia, Universidad EAFIT, pp. 7-29.
  8. Rodríguez, Pablo, “Reseña de El modo de existencia de los objetos técnicos” en Redes, 13, núm. 26, diciembre, 2007, Argentina, Universidad Nacional de Quilmes, pp. 276-289.
  9. Simondon, Gilbert, La individuación, Cactus/La Cebra, Buenos Aires, 2009, p. 512.
  10. Simondon, Gilbert, El modo de existencia de los objetos técnicos, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2007, p. 278.
  11. Simondon, Gilbert, Dos lecciones sobre el animal y el hombre, La Cebra, Buenos Aires, 2008, p. 110.
  12. Virno, Paolo, “Multitudes et principe d’individuation” en Multitudes, 7, décembre, 2001, Francia, http://multitudes.samizdat.net/Multitudes-7-December-2001. Consultado el 8 de marzo de 2022.

 

Notas

[1] Martin Heidegger, La pregunta por la técnica, ed. cit.
[2] Para Heidegger, existe: una postura antropológica, que concibe al objeto técnico como un “producto” del hacer humano; una postura instrumental, que implicaría concebir al objeto técnico como un medio para la realización de determinado fin; una postura científica, la cual entendería al objeto técnico como una aplicación concreta de la ciencia; y acaso el tipo de posturas que conciben al objeto técnico desde su impacto sobre el ser humano.
[3] Fernando Broncano, La melancolía ciborg, ed. cit.
[4] Ibid., p. 49.
[5] Existen tanto artefactos sociales (dinero, leyes…) como físicos. Un artefacto físico, como los objetos técnicos, son estructuras físicas diseñadas, que llevan a cabo funciones referidas a la intencionalidad humana.
[6] El símbolo es, a su vez, una manera en que percibimos el mundo.
[7] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 31.
[8] “Ontológicamente, toda verdadera elección es recíproca y supone una operación de individuación más profunda que una comunicación de las conciencias o una relación intersubjetiva. La elección es operación colectiva, fundación de grupo, actividad transindividual.” [Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p. 461]
[9] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 32.
[10] Gilles Deleuze, “Gilbert Simondon: el individuo y su génesis físico-biológica” en La isla desierta y otros textos, ed. cit., p. 115.
[11] Pliegue o el adentro del pensamiento, como dijera Deleuze: “el adentro siempre será el doblez del afuera.” [Ver Gilles Deluze, Foucault, ed. cit., p.130]
[12] Simondon entiende lo preindividual como aquella carga de naturaleza que todo individuo posee.
[13] Cfr. “Para definir la metaestabilidad es preciso hacer intervenir la noción de energía potencial de un sistema, la noción de orden y la de aumento de la entropía, la noción de información de un sistema; a partir de estas nociones y muy particularmente de la noción de información que nos entregan la física y la tecnología moderna pura (noción de información recibida como neguentropía), así como de la noción de energía potencial que toma un sentido más preciso cuando se la relaciona con la neguentropía, es posible definir este estado metaestable del ser, muy diferente del equilibrio estable y del reposo…” [Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p. 28]
[14] Cfr. “Ontológicamente, toda verdadera elección es recíproca y supone una operación de individuación más profunda que una comunicación de las conciencias o una relación intersubjetiva. La elección es operación colectiva, fundación de grupo, actividad transindividual.” [Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p. 461]. La subjetivación podría acaso concebirse como síntesis del sujeto, pero no en tanto condición permanente y sustancial, es fase de individuación.
[15] Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p. 476.
[16] Paolo Virno, “Multitudes et principe d’individuation”, ed. cit.
[17] “Entendemos por transducción una operación física, biológica, mental, social, por la cual una actividad se propaga progresivamente en el interior de un dominio, fundando esta propagación sobre una estructuración del dominio operada aquí y allá: cada región de estructura constituida sirve de principio de constitución a la región siguiente, de modo que una modificación se extiende así progresivamente al mismo tiempo que dicha operación estructurante.” [Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p. 38]
[18] Una de las teorías más consistentes sobre esta situación es debida al filósofo francés Bernard Stiegler en su monumental obra La tecnique et le temps [5 tomos, París, Ed. Galilée, 1994-2005], quien piensa al hombre en comunión con el objeto técnico; el autor acuña el concepto de epifilogénesis, entendido como el proceso de evolución humana no disociado de la realidad técnica. El principio fundamental de su obra puede resumirse en términos de: “el objeto técnico entendido como el soporte básico de la memoria y, en consecuencia, como la condición misma del proceso de individualización.” Si bien la obra de Stiegler tiene una influencia notable de la filosofía de Simondon, su raigambre fenomenológica y deconstructivista separan su enfoque analítico del nuestro, a la vez que categóricamente.
[19] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 56.
[20] Ibid., p. 68.
[21] Ibid., p. 98.
[22] Ibid., p. 101.
[23] Ibid., p. 181.
[24] Pablo Rodríguez, “Reseña de El modo de existencia de los objetos técnicos”, ed. cit., pp. 276-289.
[25] Puede hablarse de fases del ser: preindividual, individual, transindividual; y a su vez de fases que constituyen el sistema hombre-mundo: “Por fase entendemos no un momento temporal reemplazado por otro, sino el aspecto resultante de un desdoblamiento del ser que se opone a otro aspecto;… no se concibe una fase si no es en relación con otra o varias fases; en un sistema de fases hay una relación de equilibrio y de tensiones recíprocas; la realidad completa es el sistema actual de todas las fases tomadas conjuntamente, no cada fase por ella misma, una fase no es fase sino en relación con las demás, de las cuales se distingue de manera totalmente independiente de las nociones de género y especie.” [Gilbert Simondon, La individuación, ed. cit., p.  177]
[26] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 186.
[27] Pablo Rodríguez, “Reseña de El modo de existencia de los objetos técnicos”, ed. cit., pp. 284.
[28] Luis Alfonso Paláu-Castaño, “Algunos aspectos intelectuales de la paleontología de Leroi-Gourhan”, ed. cit., pp. 7-29.
[29] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 107-108.
[30] Ibid., p. 143.
[31] Ibid., p. 162.
[32] Ibid., p. 168.
[33] Ibid., p. 174.
[34] Jorge William Montoya-Santamaría, “Aproximación al concepto de analogía en la obra de Gilbert Simondon”, ed. cit., pp. 31-50.
[35] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 243.
[36] Muriel Combes, Simondon. Una filosofía de lo transindividual, ed. cit., p. 114.
[37] Ibid, p. 133.
[38] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, ed. cit., p. 261.

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