La técnica moderna como nuevo acontecer del nihilismo a partir de la bomba atómica

GÜNTHER ANDERS

 

Resumen

En este trabajo busco mostrar en qué sentido surge un nuevo nihilismo como acontecer de la técnica moderna dentro de la obra Die Antiquiertheit des Menschen de Günther Anders. Exploro la forma en cómo el filósofo judío-polaco diagnosticó, desde su Gelegenheitsphilosophie (filosofía ocasional), los problemas del mundo en el siglo XX a partir de la tecnocracia. Partiendo del surgimiento de la bomba atómica Anders reflexionó sobre la llegada de un nuevo nihilismo no sólo a Occidente, sino a la región total del mundo. Un nihilismo que no es sólo posibilidad, sino también realidad. Uno que aguarda en sí la aniquilación total, es decir, la aniquilación de todo lo ente.

Palabras clave: técnica, nihilismo, aniquilación, Anders, bomba atómica, Gelegenheitsphilosophie.

 

Abstract

In this work I seek to show in what sense a new nihilism emerges as an event of modern technique within the work Die Antiquiertheit des Menschen by Günther Anders. I explore the way in which the Jewish-polish philosopher diagnosed, from his Gelegenheitsphilosophie (occasional philosophy), the problems of the world in the 20th century from the technocracy. Starting from the emergence of the atomic bomb, Anders reflected on the arrival of a new nihilism not only in the West, but also in the entire region of the world. A nihilism that is not only a possibility, but also a reality. One that awaits total annihilation within itself, namely, the annihilation of all beings.

Keywords: technique, nihilism, annihilation, Anders, atomic bomb, Gelegenheitsphilosophie.

 

Nihilismo histórico

 

La palabra nihilismo es una expresión que se remonta hasta Jacobi y la literatura rusa. El primero en utilizar dicho término fue Jacobi, pero aquel adquirió mayor relevancia a partir de la novela Padres e hijos de Iván Turguénev y de las obras de Dostoyevski. Con todo, fue Nietzsche uno de los que comenzaron a ahondar considerablemente en este concepto. El nihilismo en Nietzsche puede entenderse como lo que niega el sentido de la tierra. Esto es visible si nos remontamos a uno de los principales tópicos de su Zaratustra. En aquella obra declaraba que “[…] la tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre que todo lo empequeñece”.[1] La tierra, en la medida en que es empequeñecida, es reducida a la nada. Es llevada a la nada dado su falta de sentido.

 

Si bien se suele entender que para Nietzsche el nihilismo es el proceso histórico que desvaloriza los valores supremos, no es errado extrapolar dicha visión hacia el tema de la tierra. Para Nietzsche la tierra implica uno de los valores supremos que justamente intenta recobrar en el Zaratustra a partir de expresiones como la fidelidad de la tierra o “[…] permaneced fieles a la tierra”.[2] El acontecer del nihilismo dentro de Europa o dentro de Occidente se entiende también como la infidelidad o la denigración a la tierra. En unas palabras el pensador alemán sintetiza esto: “¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de aquélla!”[3] Desde estas palabras se entiende cierto significado de nihilismo: reducir la tierra, el mundo o las cosas que habitan en éste a una nada. Dicha nada es posible entenderla en Nietzsche como la falta de sentido o como lo sinsentido. Ahora, una vez declarada esta acepción del nihilismo, ¿por qué pensar que la técnica moderna implica una nueva forma de nihilismo? Para responder este cuestionamiento es necesario ahondar en los siguientes puntos.

 

La técnica moderna y la filosofía ocasional

 

En el segundo volumen de su obra La obsolescencia del hombre Günther Anders explica cómo entiende la técnica:

 

Este segundo volumen de La obsolescencia del hombre es, como el primero, una filosofía de la técnica. Más exactamente: una antropología filosófica en la época de la tecnocracia. Por “tecnocracia” entiendo no la primacía de los tecnócratas (como si fueran un grupo de especialistas, que hoy dominaran la política), sino el hecho de que el mundo, en que hoy vivimos y que se encuentra por encima de nosotros, es un mundo técnico, hasta el punto de que ya no nos está permitido decir que, en nuestra situación histórica, se da entre otras cosas también la técnica, sino que más bien tenemos que decir que, ahora, la historia se juega en la situación del mundo denominada “técnica” y, por tanto, la técnica se ha convertido en la actualidad en el sujeto de la historia, con la que nosotros sólo somos aún “co-históricos.[4]

 

Esta cita es importante porque aclara dos puntos. Primero, que la técnica es entendida como tecnocracia. Tecnocracia no en el sentido del ejercicio de poder administrado por tecnócratas, es decir, no se trata de que entes o dispositivos humanos dispongan y ejecuten el funcionamiento de aparatos técnicos. Antes bien, tecnocracia hace referencia al estado de cosas en el que está situado el mundo, un mundo dominado y que está por debajo de la técnica. Se trata no de la técnica como un agregado más, sino como aquel sistema o modelo –si se me permite la expresión– que se implanta totalmente y gobierna cualquier aspecto de la vida. El segundo aspecto relevante es el hecho de que se piense a la técnica como el sujeto de la historia.

 

En la medida en que la técnica es el sujeto de la historia se vuelve epocal y destinal. Rige en una época precisa y por ello es epocal, y es a la vez el destino no ya sólo del mundo, sino del hombre. Anders lo dice de forma más acertada: “La técnica es nuestro destino en el mismo sentido que la política, como afirmó Napoleón hace ciento cincuenta años, y la economía, según dijo Marx hace cien”.[5] Ahora bien, una vez que en el mundo aparecen nuevos hechos y nuevos problemas, la filosofía emerge y se las ve ante ellos. La forma en que Anders hizo filosofía resulta considerable de mencionar para entender su visión respecto la técnica.

 

En la cita más arriba el filósofo, nacido en la actual Polonia, decía que una de sus obras principales, La obsolescencia del hombre, trataba sobre filosofía de la técnica. No obstante, ¿en torno a la técnica, al nuevo sujeto de la historia, el filósofo se debe sólo consagrar a filosofar? ¿Es necesario conformarse sólo con meditar y reflexionar ante los hechos del mundo que van apareciendo? ¿Se filosofa en torno a algo sólo para incluirlo dentro de la estantería de los temas de la propia filosofía? En una entrevista que se le hizo a Anders sobre su labor, expresó esto: “Aunque se me tilda de ‘filósofo’, la filosofía me importa muy poco. Lo que a mí me interesa es el mundo”.[6] Es apreciable una actitud mundana, esto es, una actitud que antes de ocuparse por temas, se preocupa por el estado de hechos y cosas que están teniendo lugar en el mundo. Lo que interesaba e importaba a Anders era el mundo como tal: los hechos que sucedían en él.

 

Günther Anders consideraba su labor como una preocupación antes que un asombrarse o maravillarse por las cosas del mundo. Lo que le interesaba eran los hechos. Escribió que “[…] quien filosofa se comporta en el mundo no sólo como filósofo, no sólo envuelto en el horizonte de lo ‘general’, no sólo fascinado por la belleza del “todo”, no sólo intimidado o atraído por el ‘fundamento’, sino que además -o más bien, ante todo- vive como un normal vecino de sus convecinos a derecha e izquierda, como un simple hombre necesitado y mortal perseguido”.[7] Así, entendemos que la filosofía de Anders es una filosofía de lo particular y no de lo general. Piensa en la parte antes que en el todo. Se desarrolla en comunidad, entre el vecino de izquierda y derecha, antes que en solitario.

 

Todo lo anterior es esencial dado que permite vislumbrar en qué consiste la llamada filosofía ocasional, filosofía de la ocasión o la Gelegenheitsphilosophie. Gelegenheit es la palabra alemana para ocasión. Con una filosofía de la ocasión, Anders buscó situar problemas determinados, hechos concretos y circunstancias específicas. En vez de ahondar y adentrarse en lo general o en cuestiones más abstractas, pensó que la función de la filosofía era asentarse en situaciones puntuales. Llegó a decir que “[…] lo específico, singular y ocasional puede ser lo que hace trabajar de manera más aguda al que filosofa”.[8] Un filósofo y la misma filosofía actúan de forma más aguda en tanto que se atienen a cuestiones específicas, singulares y ocasionales.

 

La Gelegehenitsphilosophie tiene la finalidad de situarse en los hechos del mundo antes que en temas que resulten atractivos o interesantes. En palabras de Anders, en su filosofía sobre el mundo, y no sobre temas, en su Gelegenheitsphilosohpie, lo que buscó siempre fueron “[…] experiencias determinadas”.[9] No es de asombrar que el mismo dijera que esta filosofía sería cierto híbrido o fusión de metafísica con periodismo. Definió su filosofía de la siguiente forma:

 

[…] “ocasionalismo”, o sea, filosofía coyuntural [Gelegenheitsphilosophie]. Con esto me refiero a algo que, a primera vista, tiene que aparecer como un absurdo, como un híbrido cruce de metafísica y periodismo: una manera de filosofar que tiene por objeto la situación actual, o sea, los elementos característicos de nuestro mundo actual; pero no sólo como objeto, pues lo que pone en marcha realmente ese filosofar es el carácter opaco e inquietante de esos mismos elementos.[10]

 

Lo ocasional o coyuntural puede entenderse como lo no acostumbrado o como lo no usual. En esa medida, Anders no hizo filosofía a la vieja usanza. Busco filosofar lejos de la forma acostumbrada. Recordemos que lo que realmente interesaba a él era el mundo y no la filosofía como tal. Buscó atenerse a los hechos mismos, a las experiencias que estaban surgiendo en el mundo, al mundo de todos los días y al mundo de todos. Por ello, su filosofía de situaciones actuales y determinadas estaba imbuida de periodismo. Se trataba no ya de sentarse a meditar o reflexionar, sino de salir a las calles, a las ciudades, al mundo y ver lo que ocurría; se trataba no de asombrarse por las cosas, sino de posicionarse ante los hechos, plantarles cara o afrontarlos.

 

Toda nuestra exposición sobre el modo de hacer filosofía de Anders parecería a primera vista algo insulsa o incluso banal, pero no es así. Todo lo contrario, es fundamental entender la filosofía ocasional de nuestro autor dado que a partir de ésta fue como él pudo pensar y desarrollar una filosofía de la técnica. La técnica moderna, como ya se dijo, es epocal. Como nuevo sujeto de la historia, cobra un papel determinante en el mundo: es ella el nuevo sujeto de acción del mundo y en el mundo. El filósofo judío sólo vio como posible adentrarse en el fenómeno de la técnica a partir una filosofía de la ocasión.

 

Con todo, ¿qué tienen que ver esta filosofía de la ocasión y filosofía de la técnica con la bomba atómica y, aún más, con el nihilismo? A partir de una filosofía de la ocasión Anders pudo vislumbrar los fenómenos determinados que propició la técnica en el siglo XX. Él no comprendió la técnica a la manera de Heidegger y de otros filósofos. No vio como suficiente pensar en la esencia de la técnica, sino que vio en ella una nueva posibilidad de nihilismo. Un nihilismo que trajera consigo aniquilación. Una aniquilación total y posible gracias a la bomba atómica. Pasaremos ahora a abordar la cuestión del nihilismo entendido como aniquilación para finalmente abordar la cuestión de la bomba atómica.

 

La cuestión de la Vernichtung

 

Aniquilación se traduce en lengua alemana como Vernichtung. Del mismo modo, el verbo aniquilar es en alemán vernichten. La palabra Vernichtung tiene contenida la palabra nicht. Nicht es una partícula que se utiliza en alemán para negar algo o hablar de una acción en su sentido negativo. Podemos poner un ejemplo: ich bin nicht müde, que significa “no estoy cansado”. Esta partícula niega una acción como lo es el hecho de estar cansado. Luego, está el caso de la palabra das Nichts, misma que se traduce al castellano como la nada. Entonces, el término Vernichtung contiene en sí ya la nada de la palabra das Nichts.

 

Nuestra palabra “aniquilación” tiene en otras lenguas la acepción de reducir algo a la nada. En el alemán se traduce Vernichtung y en el inglés como annihilation. Es interesante como en el propio inglés la palabra también contiene el nihil del nihilismo. Lo mismo sucede con el verbo annihilate –aniquilar– que tiene, de igual forma, el nihil del nihilismo. Por su parte das Nichts es la traducción del nihil latino. Así, tanto en el alemán como en el inglés se observa que la palabra aniquilación contiene la nada del nihil. Ahora, ¿por qué pensar que la técnica es un nuevo acontecer del nihilismo? ¿Cuáles son los cruces entre ella y el nihilismo? La técnica moderna es en parte nihilista dado que reduce toda la región de lo ente a nada.

 

Para la técnica moderna todo es explotable: la mano de obra, el trabajo, el esfuerzo, los mismos niños lo son, así como todo ámbito natural: desde ríos hasta montañas. Anders ya sentenciaba que “El mundo es considerado como una mina que hay que explotar. No sólo estamos obligados a explotar todo lo explotable, sino también a sacar a la luz todo lo explotable”.[11] Podemos agregar que también estamos obligados, no sólo a explotarlo, sino a aniquilarlo. Este mismo diagnóstico fue elaborado por Heidegger cuando en su texto Serenidad dijo que “[…] el poder oculto en la técnica moderna determina la relación del hombre con lo que es. Este poder domina la Tierra entera”.[12] La relación del hombre con lo que es se determina por el ámbito de la explotación y la aniquilación. En esa medida la técnica es un acontecer nuevo del nihilismo. En tanto que la Vernichtung acontece en el mundo, la nada lo hace de igual forma.

 

Heidegger decía, con relación a la técnica griega, lo siguiente: “Los griegos piensan la τέχνη, el pro-ducir, desde el dejar aparecer”.[13] La técnica moderna es distinta a la griega. ¿En qué sentido? ¿Qué las diferencia una de la otra? Si bien la τέχνη griega es un dejar aparecer, un traer, la técnica moderna, a la inversa, es un des-aparecer. La técnica moderna es el desaparecer de cualquier región de lo ente. Las montañas desaparecen dado que sólo son espacios para construir carreteras u hoteles; los mares desaparecen debido a que sólo son lugares o espacios que pueden ser explotables para empresas o industrias. Así podemos continuar con todo ente. Lo que viene a relucir es que este des-aparecer propiciado por la técnica moderna es en sí ya el acontecer o manifestación de la Vernichtung.

 

Vernichtung y asesinato

 

La aniquilación tiene un vínculo con el asesinato. En nuestra lengua se esconde esa relación llena de sentido. Por un lado, cuando decimos que algo es aniquilado significa que eso ya no contiene en sí la vida. Por otro, asesinar significa arrebatar la vida. Por tanto, la aniquilación y el asesinato aguardan una correspondencia ontológica. La aniquilación es el asesinato de lo ente. Y, en tanto que algo es asesinado, es aniquilado. Anders dedica un apartado a la cuestión del asesinato dentro de su obra La obsolescencia del hombre. El filósofo concluye que en el siglo XX ocurre un fenómeno puntual y determinado: la obsolescencia del morir. Si el morir es obsoleto, se debe a que lo que es, o lo ente, ya no vive o experimenta su propia muerte. La muerte le viene desde fuera, esto es, ocurre el asesinato. Anders lo expone de esta forma: “La mayoría de veces la muerte es producida. Uno es muerto [muere pasivamente]. Los contemporáneos no somos mortales; más bien, antes que nada, somos asesinables”.[14] Uno puede ser asesinado por un misil balístico, por el narcotráfico o por un desastre nuclear. La muerte ya no figura como nuestra mayor posibilidad. No somos seres-para-la-muerte, por tomar prestada una expresión de Heidegger. Ahora somos seres-para-el-asesinato.

 

En el siglo XX acontece una obsolescencia de la muerte. Pero no sólo de ésta, sino también de la vida misma. No sería arriesgado decir que el término obsolescencia (Antiquiertheit) que usa Anders en todo momento de su obra tiene la acepción de sin-sentido. La obsolescencia vendría a ser lo falto de sentido o la falta de sentido. Así como hay una obsolescencia o falta de sentido de la muerte, también lo hay de la vida en general; por ello “[…] no es infundado que hablemos de la falta de sentido de la vida actual”.[15] Todo tiene un carácter de obsoleto o de sin sentido: la muerte, el trabajo, la historia, el mundo, el tiempo y la vida misma.

 

La aniquilación (Vernichtung) total ocurre debido a la falta de sentido de todo. Yaciendo en el terreno de lo sin sentido es como ocurre el nihilismo. No fue gratuito hablar al inicio de este trabajo del nihilismo histórico y situar a Nietzsche como uno de sus representantes. Él sopesaba, en cierto modo, el advenimiento del nihilismo en tanto que ocurre la carencia de sentido. No es de extrañar que por ello hable en varios pasajes del Zaratustra sobre el sin sentido de la tierra y de la vida. Para el pensador alemán, poniéndolo en términos simples, nihilista es todo aquel detractor de la vida, todo aquel que delinque contra ella. Por ello consideraba el Platonismo y el Cristianismo como nihilistas.[16] Los juzgaba como calumniadores de la vida y de la tierra. Ahora bien, una vez exponiendo todo esto, ¿Cómo acontece un nuevo nihilismo en estos últimos siglos? ¿Qué pautas tenemos para poder identificarlo? La nueva manifestación del nihilismo se propaga por el orbe dado la experiencia total de la aniquilación (Vernichtung), aquella que aguarda en sí el nihil –la nada– del nihilismo. La aniquilación total, para Anders, es posible desde un artefacto, diseño técnico o arma, como se le quiera llamar. Este artefacto es la bomba atómica: la máxima expresión del nihilismo occidental.

 

La bomba atómica como mayor despliegue de la Vernichtung

 

Para comenzar esta parte es menester señalar estas palabras de Anders: “[…] los dueños de la bomba son nihilistas en acción”.[17] ¿Cuál es esa bomba de la que habla el pensador polaco? ¿Y quiénes son los dueños de dicha bomba? En el primer volumen de La obsolescencia del hombre hay varios apartados dedicados a la bomba atómica. Uno de ellos se titula Aniquilación y nihilismo. En éste el escritor polaco reflexiona sobre el surgimiento de la bomba atómica y lo qué ésta significa para el mundo y el hombre. Los dueños de la bomba atómica son los hombres. Pero, ¿quiénes en específico? ¿Acaso los gobiernos que la poseen? ¿Los que ya han hecho uso de dicho artefacto? O ¿Los científicos que la desarrollaron? ¿Son únicamente los Estados Unidos aquellos dueños? Anders sostiene que todos somos dueños. Todos: científicos, gobiernos, víctimas y verdugos, así como los amenazados y los amenazantes. Y todavía más radical en su exposición: no sólo somos dueños, sino también nihilistas. Siendo dueños somos, a la vez, nihilistas.

 

El autor que medita sobre la bomba atómica llega a esta conclusión: “[…] en nihilistas se convierten no sólo quienes amenazan con la bomba, sino también quienes son amenazados con ella. Es decir: todos nosotros”.[18] Nihilistas son los poseedores del armamento atómico y nuclear, son aquellos gobiernos que aguardan y pueden desplegar la destrucción masiva: nihilistas son aquellos agentes activos en la medida en que pueden reducir todo a la nada. Nihilistas son, pues, aquellos que tienen la bomba atómica. Sin embargo, somos nihilistas también todos aquellos que no poseemos dicho instrumento de devastación debido a que no hacemos nada en contra de la bomba. Somos nihilistas, de igual forma, porque somos aquellos que podemos ser reducidos a la nada. Somos los nihilistas pasivos. Nihilistas son, para concluir, aquellos que poseen la bomba atómica y aquellos que no hacemos nada contra ella.

 

Ya sea de una u otra forma, ningún bando, ni los nihilistas pasivos ni los activos, estamos a la altura de lo que implica la bomba atómica para nosotros y para el mundo. A este fenómeno lo llama Anders desnivel prometeico. Lo define así: “[…] llamamos desnivel prometeico al hecho de la a-sincronía del hombre con su mundo de productos”.[19] La tesis de Anders es que el hombre actual no está a la altura de los productos o maquinaciones que comenzó a desarrollar e implementar en la época de la técnica moderna. El hombre no está al nivel de sus productos. Éstos le sobrepasan. Por todo esto se habla de un desnivel. Y, ¿por qué prometeico? El pensador judío lo aclara: “Denomino ‘prometeica’ la diferencia que se da en el desnivel fundamental; o sea, el desnivel que existe entre nuestra ‘capacidad prometeica’ -los productos hechos por nosotros, los ‘hijos de Prometeo’- y todas las demás capacidades; el hecho de que no estemos a la altura del ‘Prometeo que hay en nosotros’ ”.[20] Nosotros, los hijos de Prometeo, no estamos al nivel de nuestros productos. Uno de esos productos es la bomba atómica.

 

A la época de la bomba atómica y de la energía nuclear la llama Anders la Tercera Revolución Industrial. Esta nueva revolución es, a palabras del pensador que nos ocupa, la última en la historia. ¿Por qué? Debido a que ella es la que posibilita la aniquilación total. Hablamos pues, de un nuevo nihilismo que se ha arraigado no ya sólo en Occidente, sino en el mundo entero. El fantasma del nihilismo recorre todo el orbe. Según el diagnóstico de Anders “[…] hace unos diez años, el nihilismo alcanzó un estadio completamente nuevo”.[21] Es pertinente cuestionar si este nuevo estadio no es el último en el sentido en que es la máxima expresión posible del nihilismo, uno que nos lleva a la nada total.

 

La Tercera Revolución Industrial, la de la era nuclear y atómica, surgió en la historia el día 6 de agosto de 1945. Fue ese día cuando la bomba atómica mostró su ser por primera vez. Hizo su patencia en la ciudad de Hiroshima. He aquí el relato de una de las mayores atrocidades:

 

La mañana del 6 de agosto de 1945 tres aviones B-29 de la Fuerza Aérea estadounidense salieron desde su base en el pacífico sur rumbo a Japón para realizar el ataque. El blanco fue seleccionado por el primer avión, que llevaba un equipo meteorológico; el segundo llevaba en sus entrañas la little boy, como fue bautizada la primera bomba atómica por el coronel Tibbets, y el tercero, un equipo de observación que filmó la explosión y la nube radiactiva que se formó de inmediato. La bomba arrasó tres cuartas partes de la ciudad y aniquiló a más de 80 mil personas.[22]

 

Aquella arma llamada little boy llevaba en sus entrañas el germen del nuevo nihilismo, de aquel nihilismo que comenzó a vagar por el mundo. Esa mañana del 6 de agosto de 1945 el little boy inauguraba la nueva era para el hombre. Anders relata lo que emergió en él a partir de este suceso: “[…] comprendí que el 6 de agosto de 1945 representaba el día cero de una nueva era, el día a partir del cual la humanidad ya era irrevocablemente capaz de exterminarse a sí misma”.[23] Debemos hacer unos señalamientos y unas aportaciones sobre esto. Ese día representaba no sólo la inauguración de aquel acontecimiento que dictaba que la humanidad podía exterminarse a sí misma. Aún más: ese día se conmemoraba el hecho de que la humanidad puede aniquilar el mundo entero, toda región de lo ente.

 

Entonces, la bomba atómica figura el papel de aquel sujeto de la historia que puede destruir todo lo conocido y existente. Ella es la máxima expresión de die Vernichtung (la aniquilación). Ella está para llevar todo al ámbito de la Vernichtung. Contiene en su ser la Nichts de la Vernichtung.

 

La máxima secreta de la bomba –reflexiona Anders– es idéntica con la del monismo, y respectivamente, del nihilismo; la bomba se comporta como un nihilista, en la medida en que lo considera y lo trata todo, no importa que sea hombre o aparato, pan o libro, casa o bosque, animal o planta, por igual y como uno: como naturaleza; y en este caso esto significa: como algo susceptible de ser contaminado por la radiactividad.[24]

 

La bomba atómica es, como ya se ha dicho, nihilista a causa de que lo considera todo como nada. Al tratar a todo —hombre, mujer, niño, bosque, libro, casa o planta— como una nada, su único despliegue posible de relación con el todo es algo que contenga la nada, esto es, la Vernichtung. La aniquilación es, pues, la meta de aquel producto que nos supera, que está a una altura mayor de lo que podemos pensar o imaginar. Anders dice, excepcionalmente, estas palabras que le erizan a uno la piel: “[…] puesto que de todos modos estamos-ahí para nada, la bomba ha llegado a tiempo; y como la bomba está-ahí, no valemos nada; y como no valemos nada, la bomba tampoco puede empeorar ya nada”.[25] Para la bomba atómica todo ente es nada; considera el todo como nada. No estamos en este mundo ni para la vida ni para la muerte. Estamos para la aniquilación, para el asesinato, para la nada.

 

La bomba atómica inauguró la época en la que el ser humano y todo ente están en el mundo no ya para-vivir ni para-morir, sino para la aniquilación, para el asesinato y para-la-nada. Es ella la realización de la falta de sentido de la tierra y de la vida. Todo ente, toda cosa –sea esta animal, planta, bosque o niño– que habita en la tierra es para ella obsoleto y, por tanto, posible de ser reducido a la nada. Todo ser o toda vida posible en la tierra contienen en sí la semilla de poder ser aniquilado. Para Anders la bomba atómica, aquel producto desarrollado y desplegado en la época de la técnica moderna, expresaría su verdadera esencia de este modo: “Todo es uno. Tanto si existe el mundo como si no, todo es uno. ¿Por qué no debería no existir?”[26]

 

Aquel 6 de agosto de 1945 todo hombre, mujer, animal, casa, niño o planta que habitaran en Hiroshima se volvieron una nada. La ciudad de Hiroshima se volvió el lugar cero donde nació la nueva revolución industrial y el nuevo destino del mundo. Todos los entes que habitaban en Hiroshima devinieron uno. Todo ese uno debía no-existir para el gobierno estadounidense. Ese día aquel gobierno y sus militares se convirtieron en los padres del nuevo nihilismo; los padres del nihilismo consumado. Para aquellos nihilistas Hiroshima y, también, Nagasaki pasaron a ser obsoletos, sin sentido: una pura nada.

 

Finalmente, podemos cerrar con este pensamiento: si Leibniz hubiese vivido en la época de la bomba nuclear y de la bomba atómica no hubiera planteado su famosa pregunta ¿Por qué el ente y no más bien la nada? Su cuestionamiento, muy seguramente, hubiera rezado así: ¿Por qué la nada y no más bien lo ente?

 

Bibliografía

  1. Anders, Günther, La batalla de las cerezas, Paidós, Barcelona, 2013.
  2. _____________, La obsolescencia del hombre. (Volumen 1), Pre-Textos, Valencia, 2011.
  3. _____________, La obsolescencia del hombre. (Volumen 2), Pre- Textos, Valencia, 2011.
  4. _____________, Llámese cobardía a esa esperanza, Besatari, Bilbao, 2009.
  5. Heidegger, Martín, “Construir, habitar, pensar” en Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
  6. _______________, Serenidad, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2002.
  7. Linares, Jorge Enrique, Ética y mundo tecnológico, FCE-UNAM, México, 2008.
  8. Nietzsche, Friedrich, Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid, 1985.

 

Notas

[1] Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, ed. cit., p. 39.
[2] Ibid., p. 34.
[3] Ibid., p. 35.
[4] Günther Anders, La obsolescencia del hombre. Volumen 2, ed. cit., p. 13.
[5] Günther Anders, La obsolescencia del hombre. Volumen 1, ed. cit., p. 24.
[6] Günther Anders, La batalla de las cerezas, ed. cit., p. 125.
[7] Günther Anders (Volumen 1), op. cit., p. 27.
[8] Ibid., p. 27.
[9] Günther Anders (Volumen 2), Op. cit., p. 14.
[10] Günther Anders (Volumen 1), Op. cit., p. 25.
[11] Günther Anders (Volumen 2), Op. cit., p. 38.
[12] Martín Heidegger, Serenidad, ed. cit., p. 24.
[13] Martín Heidegger, ”Construir, habitar, pensar” en Conferencias y artículos, ed. cit., p. 140.
[14] Günther Anders (Volumen 2), Op. cit., p. 247.
[15] Ibid., p. 357.
[16] En este punto no voy a indagar sobre si Nietzsche leyó bien a Platón o no. Simplemente señalo esto con fines técnicos sobre el pensar del filósofo alemán.
[17] Günther Anders (Volumen 1), Op. cit., p. 282.
[18] Ibid., p. 288.
[19] Ibid., p. 31.
[20] Ibid., p. 259.
[21] Ibid., p. 289.
[22] Jorge Linares, Ética y mundo tecnológico, ed. cit., pp. 187-188.
[23] Günther Anders, Llámese cobardía a esa esperanza, ed. cit., p. 79.
[24] Günther Anders (Volumen 1), Op. cit., p. 287.
[25] Ibid., p. 292.
[26] Ibid., p. 287.

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