La desinformación como instrumento de guerra en la era de la posverdad

Vladimir Putin y Donald Trump, Brendan Smialowsi (2021)

Para Berenice

 Resumen

El siguiente ensayo expone a la desinformación como el instrumento clave para la guerra psicológica en la época de la posverdad. Esbozando algunas definiciones sobre este concepto, intentamos dar explicación a los procesos geopolíticos contemporáneos. Tal es el caso de la intervención del aparato militar ruso en los Estados Unidos. Así también, el ascenso político de la ultraderecha, con efectos nocivos para las libertades políticas y la democracia.

Palabras clave: desinformación, guerra total, guerra mental, guerra psicológica, guerra cibernética, posverdad.

 

Abstract

The following essay exposes disinformation as the key instrument for psychological warfare in the post-truth era. Outlining some definitions of this concept, we try to explain contemporary geopolitical processes. Such is the case with the intervention of the Russian military apparatus in the United States. As well, the political rise of right-wing extremism, with harmful effects on political freedoms and democracy.

Keywords: disinformation, total war, mindwar, psychological warfare, cyber warfare, post-truth.

 

Guerra total, guerra mental, guerra cibernética

 

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,

de ingénita malicia y natural astucia,

formó la inteligencia y acaparó la tierra.

¡Y aún la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

Antonio Machado

 

Se le atribuye a Sun Tzu en El Arte de la Guerra como el documento escrito más antiguo, relativo a la guerra. En el texto, encontramos una suerte de metáforas sobre movimientos, capacidades, dimensiones, visibilidad e invisibilidad, unidad y división, las cuales, llevadas a buen término; conseguirán el propósito de obtener la victoria final, en el arte de la guerra.

 

“La guerra, que ha existido desde la aparición de la propiedad privada y las clases, es la forma más alta de lucha para resolver las contradicciones entre clases, naciones, Estados, grupos políticos, cuando estas contradicciones han llegado a una determinada etapa de su desarrollo”.[1]

 

A lo largo de la historia de la humanidad, el desarrollo político de las grandes masas de la población siempre ha ido rezagado respecto a las condiciones sociales y económicas imperantes. “Ha habido insurrecciones populares a lo largo de toda la Historia. Pero casi siempre fracasaron o a lo sumo lograron únicamente una victoria fugaz, porque las técnicas que se emplean hoy no eran aplicables a la situación histórica de entonces”.[2]

 

“Guerra —dijo el gran teórico militar Karl von Clausewitz— no es nada más que un duelo a una escala más amplia. Esto fue a principios del siglo XX. Hoy en día no estamos más en duelo”.[3] El mero pensamiento de que dos hombres mayores creyeran que su honor les exigía que se encontraran al amanecer para darle a uno de ellos la oportunidad de asesinar al otro en una ceremonia ritual se ha vuelto absurdo, incluso ridículo. ¿Y la guerra? “¿Será algún día igualmente absurda?”.[4]

 

Ubiquémonos por un momento en la Europa del medioevo. Como ya se mencionó, los siervos, la clase oprimida, eran material e ideológicamente incapaces de oponerse al poder hegemónico, esto a causa de la falta de conocimiento, de conciencia política y de cohesión.

 

Desde el punto de vista económico estaban obligados a someterse porque vivían muy cerca de la indigencia para hacer otra cosa. Incluso eran incapaces de pensar en suspender el trabajo, su única base económica. Aislados en su brutalidad e ignorancia, estaban al margen de la vida política. Si padecían hambre o se rebelaban y eran aniquilados, no había nadie a quien eso le importara, ninguna clase económica y políticamente poderosa que se preocupara de eso en lo más mínimo.[5]

 

Con el desarrollo histórico del capitalismo y de su clase representante, la burguesía, se perfeccionaron los armamentos, los instrumentos, las técnicas y la organización de la guerra, marcando así el ritmo creciente de expansión colonialista durante los siglos XVI al XIX.

 

Conviene mencionar aquí el excelente documental Exterminate all the Brutes del cineasta Raoul Peck, quien, con ayuda de historiadores críticos como Sven Lindqvist, Roxanne Dunbar-Ortiz y Michel-Rolph Trouillot, deconstruyen la historia, a contrapelo de la idea tradicional, de que los hechos aislados conforman una narrativa única, silenciando el pasado.

 

Para fines del presente escrito, no habrá espacio para desarrollar lo anterior. Sin embargo, podemos llegar a una especie de conjetura. La expansión imperialista que ocurrió en los continentes africano, asiático y americano tuvo lugar en el marco de una guerra total, i. e. una práctica bélica en la que los países y naciones fuerzan hasta el límite todos sus recursos.[6]

 

Que la guerra total se decidiría en última instancia por factores materiales, antes que morales fue algo que los alemanes entendieron perfectamente. La primera condición esencial para que un ejército pueda resistir el esfuerzo de la batalla —escribiría Rommel— es contar con una adecuada reserva de armas, petróleo y municiones. […] Desde 1940, los aliados habían estado aplicando el principio de causar el máximo de víctimas enemigas con el mínimo de víctimas propias. La fabricación de la bomba atómica requirió ciertamente una revolución en la física, pero no necesitó revolución alguna en la economía política de la guerra total.[7]

 

A este respecto, podemos ubicar al concepto de máquina abstracta como una máquina de guerra mundial, como lo refieren Deleuze y Guattari: “[…] es solamente después de la Segunda Guerra Mundial que la automatización y luego la automatización de la máquina de guerra han producido su verdadero efecto”.[8]

 

En el contexto límite de destrucción total del planeta por la amenaza nuclear, o actualmente con la inminente crisis climática, la paz mundial aparece como el opuesto de la guerra total. “Es aquí donde aparece la inversión de la fórmula de Clausewitz: es la política lo que deviene la continuación de la guerra, es la paz lo que libera técnicamente el proceso material ilimitado de la guerra total”.[9]

 

Desde sus comienzos, la guerra ha sido utilizada como una extensión de la política y de la economía. En el teatro de guerra, la lucha, la justicia y las reivindicaciones sociales se desvanecen; sea por el control biopolítico de los cuerpos, por la psicopolítica de las mentes o, de plano, por la necropolítica de la guerra.[10] En alusión directa, el filósofo Enrique Guerrero señala algunos elementos de análisis para entender este fenómeno:

 

La operación psicológica ha tenido un generalizado éxito y ha mostrado en efecto la vigencia de un sistema necrocapitalista que nos conduce (a buen ritmo) al precipicio. Pero mientras llegamos a ese precipicio (o mientras jalamos el freno de emergencia que se suele llamar: revolución, lo que pase primero), lo cierto es que la operación psicológica ha tenido bastante éxito y han logrado que hagamos lo que querían que hiciéramos, y por supuesto, no hay mejor manera de ganar una guerra que sin haber tenido que pelearla.[11]

 

En este escenario, conviene recordar que el dispositivo por todos conocido como Internet, fue creado originalmente como una máquina de guerra. Esto en analogía con el sistema de autopistas, ambos pensados como instrumentos descentralizados de movilización interior.

 

Los militares estadounidenses querían un dispositivo que preservara la estructura de mando en caso de ataque nuclear. La respuesta consistió en una red electrónica capaz de redirigir automáticamente la información incluso si la cuasitotalidad de los vínculos eran destruidos, permitiendo así a las autoridades sobrevivientes permanecer respectivamente en comunicación y tomar decisiones. […] Con un dispositivo así, podría ser mantenida la autoridad militar de cara a la peor de las catástrofes. Internet es, por tanto, el resultado de una transformación nomádica de la estrategia militar.[12]

 

¿Qué es la posverdad?

 

Hay en algún lugar un pedazo de papel

en el que está escrito el nombre

de aquellos que en un mundo de mentiras

han testificado la verdad.

Esta hoja existe, pero es ilegible.

Giorgio Agamben

 

Para la filosofía “[…] por verdad, se entiende, en general, la cualidad por la cual un procedimiento cognoscitivo cualquiera resulta eficaz o tiene éxito. Esta caracterización se puede aplicar tanto a las concepciones que ven en el conocimiento un proceso mental como las que ven en él un proceso lingüístico o simbólico”.[13]

 

En contraste, Friedrich Nietzsche —uno de los primeros maestros de la sospecha—, en sus Consideraciones Intempestivas y en El Ocaso de los ídolos, nos habla “De como el —mundo verdadero— se volvió fábula”. En la segunda obra, alrededor de la figura del sabio, personificado en Platón para plantear lo inalcanzable, lo inútil y lo destruido en lo verdadero.[14]

 

Agradezco a mi amigo Salvador Velasco, por haberme conducido a las Consideraciones Intempestivas en relación con la interpretación de la verdad, con la ilustración del “Efecto Rashomon” de Akira Kurosawa, y que puede utilizarse como un ejemplo para el análisis filosófico y la crítica cinematográfica.

 

En el año 1995, el sociólogo y filósofo Jacques Derrida pronunció en la Universidad de Buenos Aires una conferencia bajo el título de «Historia de la mentira». Esa charla impactó a aquellos que trabajaban en el campo de la manipulación informativa y sirvió para enfocar este objeto de estudio desde una perspectiva diferente, ya que, en lugar de hablar de manipulación, Derrida situaba su análisis en la construcción de mentiras intencionadas desde el poder político y otros ámbitos.[15]

 

Veinte años después de que se pronunciará esta conferencia, el fenómeno de la manipulación, la mentira construida desde el discurso del poder, el abandono de las certezas y los razonamientos tradicionales permeaba todas las esferas públicas, privadas, virtuales y reales.[16] “Los diccionarios de Oxford definen ‘posverdad’ como ‘aquello que se relaciona con, o denota, circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de conformar la opinión pública que las apelaciones a la emoción y las creencias personales’”.[17]

 

Conviene aclarar que esta definición y su prefijo —pos— no indica un sentido de avance o retroceso temporal de la verdad, como en el término posguerra. Desde los últimos debates, la posverdad eclipsa a la verdad, haciendo a esta última irrelevante.

 

Para muestra de lo anterior, presentamos aquí una referencia al libro The Death of Truth de la crítica literaria Michiko Kakutani.

 

En la era digital, sembrar confusión en línea a través de una barrera de desinformación se está actualmente convirtiendo en la estrategia a la cual ir de los propagandistas alrededor del mundo, dice el erudito Zeynep Tufekci en su perspicaz libro Twitter and Tear Gas.“En la red de la esfera pública” escribe Tufekci, “la meta de los poderosos a menudo no trata de convencer a la gente de la verdad de una narrativa particular o de bloquear una particular pieza de información para salir (que es cada vez más una dificultad), sino de producir resignación, cinismo, y un sentido de desempoderamiento entre la gente”.[18]

 

De la conferencia pronunciada por Jacques Derrida se han propagado infinidad de alusiones a la deconstrucción de origen francés, y cuyos efectos más inmediatos, en la época actual, se han incubado y florecido en la academia y en los medios de información anglosajones.

 

La deconstrucción ha postulado que todos los textos son inestables e irreduciblemente complejos y que significados siempre variables son imputados por lectores y observadores. En el enfoque de posibles contradicciones y ambigüedades de un texto, se ha promulgado un extremo relativismo eso fue en última instancia nihilista en sus implicaciones: cualquier cosa podía significar cualquier cosa; la intención de un autor no importaba, no podría de hecho ser discernida; no existía tal cosa como lo obvio o una lectura de sentido común, porque todo tenía una infinitud de significados. En resumen, no existía tal cosa como la verdad.[19]

 

Se atribuye al postestructuralismo, o el ascenso de la “teoría francesa”, la potestad del concepto de la posverdad. Desde la filosofía de la ciencia y la filosofía política se ha llevado a cabo un señalamiento en torno al posmodernismo de derechas que, bajo el manto protector de la deconstrucción, afirma que todo lo sólido se ha desvanecido en el aire, como dijera Marx citando de manera sutil al Hamlet de Shakespeare.

 

Sin embargo, la explicación y la salida a estos debates no son sencillos. Como veremos más adelante, es un complejo escenario geopolítico el que ha promovido un contexto de desinformación y confusión. Para finalizar este apartado nos bastaría con señalar una observación de Jean-Luc Nancy al respecto:

 

Era una ecología completamente diferente en los Estados Unidos donde, después de diversos viajes para dar lecturas, tuve diferentes estancias en la Universidad de Irvine. Este Sistema había sido inaugurado (al menos en lo que respecta a la ‘Teoría Francesa’) por Derrida, Lyotard, Marin, Goux, Damisch, Lacoue-Labarthe y muchos otros. Lacan, Deleuze y Foucault aparecían ahí frecuentemente, pero en otras formas que en estancias extendidas. Este fue el ascenso de la “Teoría Francesa” y lo encuentro doloroso; para decir hasta qué punto este largo episodio, sobrecargado con rivalidades, pero también trabajado con profundos movimientos tectónicos, se volvió insufrible para mí, incluso pensé que yo era parte de esto: acumulando tantas malinterpretaciones y tanto sin sentido. En este caso no es cuestión de un acordeón, en su lugar existe una cacofonía contra un fondo de sordera.[20]

 

La geopolítica del ciberespacio

 

¿Tu verdad? No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela.

Antonio Machado

 

El filósofo esloveno Slajov Zizek nos recuerda la premisa básica del análisis marxista del capitalismo:

 

El capitalismo es un reino de la abstracción; en este, las relaciones sociales son permeadas, reguladas y dominadas por abstracciones que no son solamente abstracciones subjetivas, abstracciones realizadas por nuestras mentes, sino abstracciones “objetivas”, abstracciones que gobiernan la realidad social en-sí misma, lo que Marx ha llamado Realabstraktion.[21]

 

Tomando en consideración esto, se hace más sencillo comenzar a entender la importancia estratégica del control de la información por parte de la hegemonía estadounidense a la sombra de los intereses rusos. Desde las elecciones presidenciales de 2016 se ha acusado a Rusia de influir directa e indirectamente en los votantes por medio de una guerra cibernética.

 

La propaganda rusa, que fue extensivamente exportada en la carrera hacia 2016 de las elecciones en EUA y en Europa, ha arrancado rápidamente en respuesta hacia las noticias de última hora, y está infinitamente reciclado, en un alto volumen de tasas de alta rotación, a través de varios canales de medios para alimentar la percepción de múltiples fuentes.[22]

 

Si pudiéramos encuadrar los últimos 6 años en un solo personaje, la mayor parte de la población mundial señalaría a Donald Trump como el infame protagonista de una guerra, en un mundo virtual abstracto, cuyas repercusiones son reales. Algunos otros hablarían sobre Vladimir Putin, como el antagonista de la geopolítica del ciberespacio en la era de la posverdad.

 

El periodista y escritor norteamericano Michael Wolff ha publicado una trilogía de libros en torno al personaje de Donald J. Trump y a su equipo de asesores durante el período que abarca 2016 hasta 2020. Dichos libros son Fuego y Furia (2018), Asedio (2019) y Landslide (2021).

 

En Asedio podemos seguir la crónica de los hechos que llevaron a Donald Trump al proceso de juicio político o impeachment, en dónde un cuerpo legislativo presenta cargos contra un presidente en funciones. Este es un hecho aparentemente inédito en la política norteamericana —hay que recordar los casos de Andrew Jackson en el siglo XIX y de Bill Clinton en 1998.

 

Según la acusación esbozada, el plan de Donald Trump para obstruir la justicia comenzó el séptimo día de su administración. Dibujaron la línea de la obstrucción desde las mentiras que le dijo el asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, al FBI acerca de sus contactos con representantes rusos.[23]

 

Los motivos, de este primer intento de destitución, fueron las investigaciones que condujeron a descubrir que el gobierno de Trump coaccionó a Ucrania. Esta intervención se realizó, a cambio de declarar que su rival más próximo, el demócrata Joe Biden y su hijo Hunter eran objeto de una investigación internacional.

 

Trump fue acusado, por primera vez, por la Cámara de Representantes el 18 de diciembre de 2018 por cargos de abuso de poder y obstrucción del Congreso, a raíz de la controversia Trump-Ucrania. Fue absuelto de ambos cargos por el Senado de los Estados Unidos el 5 de febrero de 2020.

 

Slavoj Zizek, en su libro The Age of Hopelessness, caracteriza la manera en que Trump manipula los hechos y la verdad de acuerdo con las preguntas que le hace un periodista:

 

¿Existe algún otro punto en el que desee llamar la atención de la prensa, Señor presidente? Trump replica: Acerca del curioso incidente de anoche en Suecia. El sorprendido periodista reacciona: Pero ningún incidente ocurrió anoche en Suecia. Trump reviró: “Ese fue el curioso incidente”. Este breve diálogo arroja la verdad acerca del escándalo-traficante de la propaganda de Trump de los “hechos alternativos”: La “curiosidad” no reside en los hechos mencionados por Trump sino en cómo él presenta los no-eventos como hechos.[24]

 

Ya en el siglo XIX, el pensador Alexis de Tocqueville, plantea algunos de estas cuestiones cuando habla de la libertad de prensa en La Democracia en América.

 

Un gran hombre ha dicho que la “ignorancia estaba en los dos extremos de la ciencia”. Tal vez hubiera sido más exacto decir que las convicciones profundas no se encuentran sino en los dos extremos, y que en medio está la duda. Se puede considerar, en efecto, a la inteligencia humana en tres estados distintos y a menudo sucesivos. El hombre cree firmemente, porque acepta sin profundizar. Duda cuando las objeciones se presentan. A menudo logra resolver todas sus dudas y entonces vuelve a comenzar a creer. Esta vez, ya no abraza la verdad al azar y en tinieblas; sino que la ve frente a frente y camina directamente hacia su luz.[25]

 

Recapitulando, durante el primer mandato de Trump (2016-2020). Desde un principio existieron una serie de irregularidades que, para los analistas de la geopolítica mundial, fueron parte de una conspiración rusa para socavar la influencia de Hillary Clinton.

 

Putin no fue un maestro de la influencia o un omnisciente villano sentado detrás de una consola con botones parpadeantes. Él fue un oportunista. Él fue despiadado y bien practicado. Sus intentos de jugar a ser Dios en las elecciones de otros pueblos frecuentemente no dieron resultado alguno. El apoyo práctico de Moscú para favorecer a políticos externos cayó en la categoría de: tratemos y observemos. Y sí, Rusia fue atrapado en el acto, ¿y qué? Eso también representó una ventaja para Moscú. Mostraba la fuerza del enemigo e infundía orgullo entre aquellos en casa.[26]

 

En este universo, del Estado sombra influyendo en la democracia en América del Norte, se introduce una de las teorías de la conspiración más recientes. Desde 2017, los grupos de extrema derecha se agruparon virtualmente en el contexto de la liberación de documentos clasificados —mejor conocidos como WikiLeaks—, la conformación del grupo de hackers Anonymous y/o la participación anónima en grupos encriptados en los sitios 4chan y 8chan.

 

Recomendamos a los lectores de este ensayo la miniserie documental Q: Into the Storm del director Cullen Coback. En resumen, QAnon o Q publica en un foro de 4chan una supuestra trama secreta del “Estado profundo”, encabezados por el partido demócrata que participa en una red internacional de tráfico sexual de menores, algunos supuestos miembros de esta red serían Barack Obama, Hillary Clinton y George Soros.

 

La letra Q hace referencia a la autorización de acceso por el departamento de energía de los Estados Unidos. Dicha conspiración fue escalando hasta llegar a vincular a los grupos de extrema derecha, que orgánicamente eran los mismos simpatizantes de Trump, para destruir esta red de pederastia. Los Anons, o usuarios anónimos, suponían que el personaje Q era cercano a la administración trumpista. Se sospechaba del general Michael Flynn, del ex asesor Steve Bannon y del propio Donald Trump.

 

En meses recientes el diario The New York Times reveló la posible identidad de Q. Esto gracias a una investigación de lingüística forense a través del aprendizaje de máquina. En dicho reportaje se identificaba a Paul Furber, un desarrollador de software residente en Sudáfrica, como el primer usuario que se ajustaba al perfil de Q.

 

A partir de 2018, el perfil de Q migró a la plataforma 8chan, el usuario CodeMonkeyZ, era el operador de dicha plataforma. En el mundo real se llama Ronald Watkins y actualmente es candidato para el Congreso de Arizona. A grandes rasgos, el lenguaje de Q está redactado de manera críptica para un selecto grupo de patriotas (Q drops), con muchas alusiones militares, “[…] para despertar a la gente de esta masiva guerra secreta contra la cábala”.[27] Su última publicación fue en diciembre del 2020.

 

¿Qué relevancia tiene esta teoría de la conspiración? En su segundo proceso de destitución, a Donald Trump se le acusaba de incitación a la insurrección. Se recordará que el 6 de enero de 2021 tuvo lugar el asalto al Capitolio de los Estados Unidos por parte de simpatizantes de Q/Trump. Y aunque este fue absuelto por el Senado, se cancelaron sus redes sociales, principalmente Twitter, ante la serie de aseveraciones sobre un supuesto fraude electoral.

 

Otros expertos en el ámbito de la ciberseguridad han dicho esencialmente que los trolls rusos y los operadores políticos domésticos amplificarán lo que de por sí está allá afuera, pero sólo los americanos pueden crear teorías de la conspiración que pueden embaucar a los americanos. Y ningún americano ha embaucado a tantos de sus compatriotas como Donald Trump. Como el antiguo agente especial de contraterrorismo en el FBI, Clint Watts, ha dicho en una entrevista de 2020 para NPR, Rusia no tiene que hacer “fake news”. Ellos sólo repiten las conspiraciones que surgen de la Casa Blanca y de la administración de Trump”.[28]

 

En medio de esta esfera nebulosa de la guerra cibernética siempre conviene llegar a la esencia de las cosas, o en palabras más sencillas, llegar a la economía de los procesos políticos. El economista y premio Nobel, Paul Krugman, lo ha descrito de este modo:

 

Después de todo, América, desde el día en que Trump llegó a la oficina, no era una utopía. El conjunto de la economía se estaba desempeñando bien, con crecimiento de trabajo estable, y caída en la tasa de desempleo —tendencias que continuaron, con ninguna visible ruptura, durante los últimos tres años. Pero partes del país han sufrido de persistentes debilitaciones económicas y bajo empleo. Los homicidios eran bajos, pero las “[…] muertes por desesperación, de drogas suicidio y alcohol estaban ascendiendo de manera aguda”.[29]

 

¿Conclusión?

 

Aunque veas florecer los labios de tu verdadero

amor, aunque veas florecer unos párpados que

quisieras olvidar o recobrar. No te acerques.

No des vueltas alrededor de ese equívoco. No

muevas los dedos. Créeme. Allí sólo crece

la pesadilla.

Roberto Bolaño

 

El 28 de abril de 2020, el filósofo romano, Giorgio Agamben publicó una entrada en su blog titulada “Sobre lo verdadero y lo falso”, allí nos indica que

 

[…] la humanidad está entrando en una fase de su historia en la cual la verdad se reduce a un momento en el movimiento de lo falso. Es verdadero aquel discurso falso que debe ser tomado por verdadero incluso cuando su no verdad queda demostrada. Pero de este modo es el propio lenguaje como lugar de manifestación de la verdad lo que se confisca a los seres humanos. Ellos ahora sólo pueden observar mudos el movimiento —verdadero por real— de la mentira. Por esta razón, para detener ese movimiento es necesario que cada uno tenga el coraje de buscar sin hacer concesiones el bien más preciado: una palabra verdadera.[30]

 

A manera de conclusión —entre signos de interrogación—, hemos visto que la guerra, desde sus orígenes, ha sido una extensión de la política, pero cuya esencia es el dominio, el despojo de los recursos y el exterminio de un grupo a manos de otro. Surge de ahí un nuevo paradigma: la guerra total, encaminada a la destrucción total del planeta, y el fin de la humanidad por el holocausto nuclear.

 

Respecto a la maquinaria de guerra bélica, se han perfeccionado métodos de propaganda y manipulación psicológica, no sólo para el encierro de los cuerpos y las mentes, sino que, también, de las emociones. Durante la Guerra Fría se desarrolla el dispositivo Internet como analogía de una red interconectada que podría prever grandes catástrofes en un conflicto.

 

En un intento de aproximarnos a la banalidad de nuestra época, hemos esbozado el neologismo de “posverdad”. Palabra que surge del postestructuralismo o, como coloquialmente se le conoce, de la posmodernidad. Desde la Teoría Francesa hasta las universidades anglosajonas, se ha utilizado a la deconstrucción en clave derrideana para finalizar los —ismos, las interpretaciones unidireccionales y el sentido entre el autor, la obra, los lectores y los críticos.

 

Considerando estos antecedentes, la posverdad hace de la verdad algo irrelevante. En el horizonte cibernético las opiniones adquieren el mismo peso que los argumentos, al mismo tiempo, los grandes discursos objetivos pierden su preeminencia ante las teorías subjetivas del conocimiento. Nuestra conclusión se realiza a manera de cuestionamiento. No negamos ni afirmamos que la verdad sea absoluta. Ponemos en duda la manipulación de la información por parte de los grupos en el poder, de las corporaciones y/o de los grandes conglomerados del Big Tech —a los que entregamos nuestros datos de manera voluntaria.

 

Un signo más de nuestra época, que se incrusta en esta manera de obtener datos, cultura, conocimiento y un criterio propio, es el terreno de la falsedad. Es en este terreno de la realidad, o lo que a simple vista parece ser, en donde se abren brechas que hacen insostenible la mentira.

 

Hemos ilustrado dichos fenómenos en el choque entre dos grandes potencias: Estados Unidos y Rusia. La manera en que la guerra cibernética ha desencadenado manifestaciones individuales y colectivas, de carácter fanático, populista y de extrema derecha.

 

Estos discursos hacen surgir lo peor del relativismo y de la subjetividad basada en la desinformación. Los antivacunas, los antimascaras, los terraplanistas, los negacionistas del cambio climático; voceros pasivos de la acumulación, por la acumulación misma de riqueza, son los mismos que durante la corta edad del capitalismo han destruido la vida por la muerte.

 

Si la guerra ha sido una extensión de la política, y el internet es una más de las redes de redes en el espacio social conocido como humanidad, entonces ¿por qué no hacer política de manera auténtica? ¿Por qué no generamos nuestras propias redes, sin la mediación de dispositivos que anulen nuestra identidad? La cuestión está en el lenguaje, no solamente es un entramado binario, que alguien más ha programado, para que sigamos el código. La libertad de todos.

 

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Notas
[1] Mao Tse Tung, Seis escritos militares del presidente Mao Tse Tung, ed. cit., p. 3.
[2] Robert Taber, La Guerra de la pulga, ed. cit., p. 21.
[3] “No queremos comenzar con una definición altisonante y grave de la guerra, sino limitarnos a su esencia, el duelo. La guerra no es más que un duelo en una escala más amplia. Si quisiéramos concebir como una unidad los innumerables duelos residuales que la integran, podríamos representárnosla como dos luchadores, cada uno de los cuales trata de imponer al otro su voluntad por medio de la fuerza física; su propósito siguiente es abatir al adversario e incapacitarlo para que no pueda proseguir con su resistencia”. Karl von Clausewitz, De la Guerra. I, ed. cit., p. 7.
[4] Sven Lindqvist, A history of bombing, ed. cit., p. 16. [La traducción es nuestra]
[5] R. Taber, loc. cit., p. 21
[6] Este grado de conciencia política y de clase ha permitido establecer una versión contraria al planteamiento clásico de la guerra. Al respecto nos habla William J. Pomperoy: “Constituye una trágica ilusión de la política imperialista el pensar que, después de un período de aplicación de técnicas contrarrevolucionarias para suprimir los movimientos populares podrán restaurarse los ‘buenos viejos tiempos’ de ‘buena vecindad’ imperialista con América Latina, o el pensar que volverán a ser ‘normales’ las relaciones coloniales con el sudeste de Asia”.
W.J. Pomperoy, Guerrillas y contraguerrillas, ed. cit., p. 110.
[7] Niall Ferguson, The War of the World, ed. cit., p. 574. [La traducción es nuestra]
[8] Tiqqun, La hipótesis cibernética, ed. cit., p. 6.
[9] Idem.
[10] En el contexto de la pandemia esbozamos los dos primeros planteamientos. Ahora observamos fenómenos análogos en el contexto del conflicto bélico entre Rusia-Ucrania. Emilio Anguiano, “Capitalismo Autoritario”, ed. cit.
[11] Enrique Guerrero, “Critica del Pandemónium”, ed. cit. Se consultaron algunos manuales militares sobre operaciones psicológicas para este ensayo: Psychological Operations Tactics, Techniques, and Procedures. Headquarters, Department of Army, Washington, DC, 31 December 2003. From PYOP to Mindwar: The Psychology of Victory, Paul E. Valley & Michael Aquino. Headquarters, 7th Psychological Operations Group. United States Army Reserve, Presidio of San Francisco California, 1980.
[12] Tiqqun, La hipótesis cibernética, ed. cit., p. 14.
[13] Nicola Abbagnano, Diccionario de Filosofía, ed. cit., p. 1076.
[14] Friedrich Nietzsche, El Ocaso de los ídolos, ed. cit., pp. 55-56.
[15] Roberto Aparici y David García-Marín, Historia de la mentira: Más allá de Derrida, ed. cit., p. 12.
[16] “El fenómeno de la ‘posverdad’ saltó a la atención publica en noviembre de 2016, cuando los diccionarios Oxford nominaron este término como palabra del año 2016”. Lee MacIntyre, Posverdad, ed. cit., p. 29.
[17] Lee MacIntyre, loc. cit., p. 30-31.
[18] “Esto puede ser hecho, ella nota, en una variedad de modos: Inundando a las audiencias con información; produciendo distracciones para diluir la atención y el enfoque; deslegitimizando a los medios que proveen de información precisa; deliberadamente sembrando confusión, miedo y duda; creando o reclamando falsedades ‘generando campañas de acoso diseñadas para hacerlo más difícil para conductas creíbles de la información a operar’ ”. Michiko Katukani, The Death of Truth, ed. cit., p. 100. [La traducción es nuestra]
[19] Michiko Katukani, loc. cit., p. 57. [La traducción es nuestra]
[20] Jean-Luc Nancy, “An Accordion Tune”, ed. cit., pp. 239-242. [La traducción es nuestra]
[21] Slavoj Zizek, The Courage of Hopelessness, ed. cit., p. 345. Respecto a este punto, Karl Marx y Friedrich Engels desarrollaron en La Ideología Alemana un famoso pasaje que trascendió a la roedora crítica de los ratones: “También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones familiares. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”. Carlos Marx y Federico Engels, La ideología aleman, ed. cit., p. 26.
[22] M. Katukani, The Death of Truth, ed. cit., p. 99. [La traducción es nuestra]
[23] Michael Wolff, Asedio, ed. cit., p. 104. También puede revisarse el libro The Room Where It Happpened, publicado, en 2020, por el antiguo Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton.
[24] S. Zizek, The Courage of Hopelessness, ed. cit., p. 312. [La traducción es nuestra]
[25] Alexis de Tocqueville, La Democracia en América, ed. cit., p. 204.
[26] Luke Harding, Shadow State, ed. cit., p. 10. [La traducción es nuestra]
[27] David D. Kirkpatrick, Who is behind QAnon? ed. cit.
[28] Mike Rothschild, The Storm is upon us, ed. cit., p. 216-217.
[29] Paul Krugman, QAnon is Trump’s Last, Best Chance, ed. cit.
[30] Giorgio Agamben. ¿En qué punto estamos? La epidemia como política, ed. cit., p. 40.

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