La esfera de lo femenino múltiple como potencia

María Lugones

 

Resumen

Lo femenino como orden social y simbólico es un lugar de opresión y al mismo tiempo, de posibilidad de trastocamiento. El/los feminismo/s han formulado diversas teorías y prácticas políticas para comprender cómo lo que llamamos diferencia sexual se traduce en desigualdades. No pretendo realizar un mapa de esta apasionante multiplicidad genealógica, sino sólo navegar por algunos de sus territorios epistemopolíticos con la brújula de mi experiencia. El enigma por descifrar propuesto es, de qué manera(s) “lo femenino” es un territorio fértil para resistir estos tiempos violentos pandémicos, concluyendo que se puede articular lo común desde lo femenino múltiple para resistir de diversas maneras colectivas.

Palabras clave: femenino, diferencias, feminismo, descolonialidad, mujeres, potencia.

 

Abstract

The feminine as a social and symbolic order is a place of oppression and at the same time a possibility of disruption. The feminism(s) has formulated a diversity of political theories and practices to understand how the sexual difference become inequalities. Its main aim is not to elaborate a map about this thrilling genealogic multiplicity, but only to navigate for some of the epistemicpolitical territories with guided by my experience compass. The enigma that I propose to decipher is in what sense the feminine is a fertile territory to resist in this violent pandemic times, concluding that the common can be articulated from the feminine as a multiplicity to resist in different collective ways.

Keywords: feminine, differences, feminism, decoloniality, women, potency

 

Lo femenino como orden social y simbólico es un lugar de opresión y, al mismo tiempo, de posibilidad de trastocamiento. El/los feminismo/s han formulado diversas teorías y prácticas políticas para comprender cómo lo que llamamos diferencia sexual se traduce en desigualdades (o esta es parte constitutiva de aquellas), dicha geografía cognoscente puede producir una sensación laberíntica. No pretendo realizar un mapa de esta apasionante multiplicidad genealógica, sino sólo navegar por algunos de sus territorios epistemopolíticos con la brújula de mi experiencia. Incluso, podría decir que soy navegante de las mareas feministas y que este viaje es en colectividad —aunque a veces necesite un espacio a solas para repensar nuestros rumbos—. Y qué sentido tiene esta formulación de más de un par de siglos en estos tiempos pandémicos que arrasaron con muchas de nuestras certezas y dejaron al descubierto la crueldad de las desigualdades sociales. No daré una respuesta decisoria, este es un ejercicio desesperado de autopoiesis que se inscribe en un sujeto colectivo mutante y floreciente. El enigma por descifrar propuesto es: de qué manera(s) “lo femenino” es un territorio fértil para resistir en este maremoto pandémico —producido (o no) maquínicamente por fuerzas fármaco—bélicas genocidas. Lo propongo como enigma porque no es un planteo transparente, sino más bien opaco y, como enigma, me acercaré con cautela sin pretender que mis elaboraciones se erijan como verdad o solución, sino sólo como experiencias parciales.

 

Aunque me escribiré en singular, esta que habla, es un anudamiento rizomático de determinaciones y experiencias agénciales, corpohistóricas, clasemedieras, racializadas, estructurales, generacionales, etcétera, etcétera.

 

Para sentipensar lo femenino como potencia, me pregunto, qué es lo femenino. Inicio este texto diciendo que lo femenino es, al mismo tiempo, opresión y resistencia. Para ubicar mi reflexión, me hizo sentido elaborar una brevísima y tropezada arqueología de la diferencia como potencia, pues tenía la intuición de que los nuevos movimientos sociales y teorías —que se construyen desde una o múltiples diferencias— tenían algunas coordenadas comunes: los feminismos de la diferencia, algunos teóricos posmodernos, los movimientos indígenas, afro y feminismos latinoamericanos y de Abya-Yala.

 

No quise iniciar abriendo camino con Deleuze-Guattari, pues, discutiendo conmigo misma y en voz alta para organizar este recorrido, me negaba a pensar que la cuestión de la(s) diferencia(s) sea lineal y que las filosofías de la diferencia sean la génesis de los cismas del pensamiento moderno (aunque ellos mismos niegan que exista algo así), en otras palabras, del agrietamiento del muro de la modernidad y sus grandes narrativas. La dupla Deleuze-Guattari tampoco se adjudicaba semejante pretensión, pero era un riesgo leerlo de esa manera. Medité y pienso que, más bien, estos filósofos franceses leyeron los signos de su tiempo y crearon un aparato crítico del sujeto moderno yendo hacia los cimientos filosóficos del mismo. El sujeto moderno (capitalista) ha sufrido una larga agonía filosófica y social que no termina de transmutarlo (y que continúan surgiendo nuevos brotes a la hidra capitalista ahora pandémica).

 

Anudándose a esta genealogía crítica, las feministas de la diferencia nos han mostrado al Uno como un régimen Falogocéntrico que forcluye (expulsa) lo femenino, constituyéndolo como un afuera oscuro, irrepresentable, irracional e inferiorizado. Las posibilidades que avizoran las teóricas de la diferencia son diversas estrategias para crear un nuevo orden simbólico organizado desde lo materno, la escritura femenina —écriture feminine— como alteración del régimen falocentrado. Este sitio femenino imaginado pienso que conserva su potencia (yo lo sigo explorando) en este acto mismo de escriturar lo femenino. Sin embargo, creo inminente hacerlo conversar con las críticas de los feminismos descoloniales al sujeto del feminismo occidental, que cuestiona que se instaure la diferencia sexual como la única diferencia que organiza las desigualdades sociales velando las diferencias entre las mujeres, como si lo femenino fuese una esencia compartida entre todas ocultando las jerarquías al interior. Esta crítica la realizan mujeres negras e indígenas de AméfricaLadina[1] y de Abya Yala.[2] El feminismo descolonial anuda estas genealogías interseccionales y de movimientos indígenas, cartografiando las diferencias que se producen en la Modernidad-colonialidad creando una matriz genérico-racializada.

 

Lugones enhebra dos marcos teóricos en su proyecto teórico-práctico en el que construye la categoría “sistema moderno-colonial de género”;[3] el trabajo sobre género, raza y colonización que constituye a los feminismos de mujeres de color de Estados Unidos y los feminismos de mujeres del Tercer Mundo, marcos analíticos que han enfatizado el concepto de interseccionalidad y han demostrado la exclusión histórica y teórico-práctica de las mujeres no-blancas de las luchas liberatorias llevadas a cabo en el nombre de la Mujer. El otro marco es introducido por Aníbal Quijano,[4] es el concepto de la colonialidad del poder, que es central para su trabajo sobre colonialidad del saber, del ser, y decolonialidad y el poder global capitalista.

 

Esta trama que enhebra Lugones, podemos atrevernos a pensar que está hilada a la urdimbre de la diferencia colonial.[5] Aunque pueda ser un tanto irrelevante mencionarlo, tuve un insight en la duermevela nocturna tras varios días de estar trabajando en el presente escrito; me sorprendió que emergió en mi conciencia adormilada esta categoría: diferencia colonial. Seguramente la había visto referenciada en mis escasas pero apasionadas lecturas del giro decolonial, pero no la tenía mapeada para este ensayo. En mi intento por rastrear quién de los autores decoloniales la formuló, encontré que fue Mignolo, aunque no pude encontrar con exactitud el texto en dónde la propone. Cito uno de sus trabajos en donde bordea su conceptualización: “The colonial difference is a connector that, in short, refers to the changing faces of colonial differences throughout the history of the modern/colonial world-system and brings to the foreground the planetary dimension of human history silenced by discourses centering on modernity, postmodernity, and Western civilization”.[6]

 

Así, esta(s) diferencia(s) es/son específicamente producidas por el sistema-mundo moderno/colonial, es decir, por el avasallamiento protagonizado por Occidente en el proceso de colonización y colonialidad. Aunque tengo pocos elementos aún para decirlo, creo que estas diferencias responden a la invención de la raza y a las clases sociales derivadas del sistema económico capitalista, como podemos deducir por los párrafos anteriores. Es sólo con Lugones[7] que se revela el género como una diferencia gestada en estas coordenadas moderno/coloniales. Y es a partir de la misma autora y tras el texto citado, que las feministas comprometidas con la crítica descolonial desarrollan sus trabajos sobre la colonialidad del género.

 

Quiero delinear someramente algunos de los argumentos centrales de Lugones para enunciar el Sistema Moderno/Colonial de género. La primera coordenada que me fue difícil de procesar es que, siguiendo el hilo expuesto en el párrafo anterior, la diferencia colonial de género se produce como un fenómeno inédito, en voz de la autora: “Como el capitalismo eurocentrado global se constituyó a través de la colonización, esto introdujo diferencias de género donde, anteriormente, no existía ninguna”.[8]

 

Para elaborar esta afirmación, retoma el trabajo de dos autoras de color: Oyewùmi, Oyéronké —académica feminista nigeriana— y Paula Gunn Allen (1986-1992) —escritora y profesora universitaria de origen sioux-libanés— quienes, a decir de Lugones, “[…] nos han ayudado a darnos cuenta de la magnitud total del alcance del sistema de género colonial/moderno en la construcción de la autoridad colectiva, de todos los aspectos de la relación entre capital y trabajo, y en la construcción del conocimiento”.[9] Oyewùmi[10] afirma que las mujeres son una invención de occidente, por tanto, entiende al género —de cuño colonial— “[…] como una herramienta de dominación que designa dos categorías sociales que se oponen en forma binaria y jerárquica”.[11] De acuerdo con Lugones, Allen, “[…] razona que muchas comunidades tribales de Nativos Americanos eran matriarcales, […] y entendían al género en términos igualitarios, no en los términos de subordinación que el capitalismo eurocentrado les terminó por imponer”.[12]

 

Otras coordenadas que Lugones nos proporciona para dilucidar el entramado que hace en su categoría del sistema moderno/colonial de género, son los dos lados de este sistema, uno visible/claro y otro oculto/oscuro. El primero “[…] construye, hegemónicamente, al género y a las relaciones de género. Solamente organiza, en hecho y derecho, las vidas de hombres y mujeres blancos y burgueses, pero constituye el significado mismo de «hombre» y «mujer» en el sentido moderno/colonial”,[13] por tanto, este lado se convierte en el foco, el primer plano, el centro, lo normalizado. Y el segundo, el lado violento, corresponde a la serie de operaciones de despojo de la condición de humanidad de los colonizados, de sometimiento al sexo forzado y de explotación laboral que en muchas ocasiones les aniquilaba.

 

Para esta autora, el sistema de género moderno/colonial es el que instaura las diferencias de género en términos de opresiones, sometimiento, violencia. El inquirir el texto sobre la función de la diferencia en su propuesta teórico-política me llevó a buscar otros escritos en los que la autora confirmara mis inferencias e intuiciones que dibujaban, en la coalición política de las mujeres de color y en las diferencias de raigambre nativa en su “integridad comunal”, la resistencia a dicho sistema. En un texto posterior[14] encuentro esas dos claves mapeadas, en su desplazamiento del feminismo de color “Hacia un feminismo decolonial” y en su formulación sobre las socialidades alternativas y no-modernas, basadas en formas creativas de habitar la diferencia colonial:

 

[…] el movimiento hacia la coalición que nos impulsa a conocernos el uno al otro como sí mismos que son densos, en relación, en socialidades alternativas y basadas en formas tensas, creativas, de habitar la diferencia colonial. Para ello es necesario el análisis de la opresión de género racializada y capitalista, es decir, de “la colonialidad del género”, a fin de vencerla mediante el “feminismo descolonial”.[15]

 

Pienso que no podemos sustraer y pensar la(s) diferencia(s) en sí, sino que hay que mirar cómo es/son producida(s), qué sujet*s/subjetividades/corporalidades crea, dónde es colocada, por qué procesos históricos, instituciones, discursos y prácticas, y sobre todo, qué se hace con esta(s) diferencia(s), cómo se reelabora(n), se reescritura(n), cómo desplaza(n) la hegemonía (tal como hizo cuestionarme la Dra. Silvia Gil[16]), cómo trastoca el centro, cómo da un manotazo al tablero para volver a colocar las piezas en otras posiciones.

 

Jalando algunas hebras de lo aquí dialogado con las autoras, desde los planteos de Lugones, pienso en que el mismo sujeto racializado y engenerizado, constituido en la matriz moderno-colonial, es el que puede resistir y habitar desde otras sociabilidades, desde otras articulaciones, produciendo otras existencias.

 

Este recorrido me lleva a pensar que la potencia está no en lo femenino per se, sino, quizá, en la problematización de este, en las interpelaciones que han formulado los feminismos, en las articulaciones del sujeto múltiple y contradictorio del feminismo[17] con otros sujet*s de los movimientos sociales críticos, en la construcción de lo común desde las diferencias. La crítica de lo masculino/femenino como una de las dicotomías fundantes del sistema moderno-colonial y, por tanto, de su sujeto occidental/blanco/heteronormado/capitalista, nos lleva a pensar que otras epistemes feminizadas, subalternizadas, como las indígenas y afrodiaspóricas, (para territorializarlas en nuestro Sur), pueden dar testimonio de “otros mundos posibles”.

 

Como experiencias encarnadas de lo femenino occidental cuestionado, quiero invocar mi andar con una red de mujeres de diversos pueblos en resistencia de mi geografía morelense. Las Mujeres Indígenas Líderes Comunitarias nos entretejemos desde hace ya varios años, desde nuestros territorios, y nos acompañamos en los diversos procesos de resistencia de nuestras comunidades y espacios. Algunas de las integrantes pertenecen a pueblos que tienen una tradición de lucha como Xoxocotla, Hueyapan, Coatetelco, Cuentepec y Tepoztlán, y que hoy continúan resistiendo contra los megaproyectos. Las compañeras de MILC, articulan su experiencia y saberes femeninos de raigambre indígena redimensionando las luchas. Danzamos, ritualizamos nuestros encuentros desde la espiritualidad de las mujeres de nuestros pueblos, nos acuerpamos frente a las violencias machistas, poemamos juntas, existimos y resistimos enlazadas. Mi lugar, entre nosotras de MILC, lo he nombrado desde el mundo Ch´ixi que Cusicanqui elabora retomando como metáfora un vocablo aymara que designa a

 

[…] un tipo de tonalidad gris. Se trata de un color que por efecto de la distancia se ve gris, pero al acercamos nos percatamos de que está hecho de puntos de color puro y agónice: manchas blancas y negras entreveradas. Un gris jaspeado que, como tejido o marca corporal, distingue a ciertas figuras —el k’usillu— a ciertas entidades —la serpiente— en las cuales se manifiesta la potencia de atravesar fronteras y encamar polos opuestos de manera reverberante.[18]

 

Así, mi posición se nombra desde un mestizaje en descolonización que reconoce los puntos blancos y negros, indígenas, afro y occidentales como epistemes que coexisten en mí, y que me habitan de formas contradictorias y algunas veces irreconciliables, que me permiten ser nómada, liminal, fronteriza. Así se los dije y me han abrazado en sus luchas y sus conocimientos sin que me sienta extractivista, sino siempre en un continuo aprender unas de las otras.

 

Con este trozo de mapa que —con el tiempo, las experiencias, marchas, asambleas y lecturas— se irá uniendo a otros fragmentos, quiero concluir diciendo que de todos estos modos la(s) diferencia(s) desplazan, cuestionan e interrogan determinados discursos de poder que tratan de imponerse de manera hegemónica y universal, y potencian lo femenino urdido con múltiples diferencias. Articulándose lo femenino múltiple en lo común para resistir en estos tiempos violentos pandémicos de diversas maneras (a través de colectividades críticas del modelo capitalístico rapaz, desde las artes, la ciencia comprometida con los movimientos sociales, los feminismos descoloniales, las espiritualidades y un largo etcétera. Coloque aquí su experiencia (______________).

 

Bibliografía

  1. Allen, Paula Gunn, The Sacred Hoop. Recovering the Feminine in American Indian Traditions. Beacon Press, Boston, 1986, 1992.
  2. De Lauretis, Teresa, Etapas de un camino a través del feminismo. horas y HORAS, Madrid, 2000.
  3. Lugones, María, “Colonialidad y Género”, en Tabula Rasa, Vol. 9, Bogotá, 2008, pp. 73-102,

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S179424892008000200006&lng=en&tlng=es

  1. _____________, “Hacia un feminismo descolonial”, en La manzana de la discordia, Julio-Diciembre, Vol. 6, No. 2, Colombia, 2011, pp. 105-119.
  2. Mignolo, Walter, The Geopolitics of Knowledge and the Colonial Difference. The South Atlantic Quarterly—Duke University Press, Durham, 2002.

http://www.unice.fr/crookall-cours/iup_geopoli/docs/Geopolitics.pdf

  1. Oyewumi, Oyeronke, The Invention of Women. Making an African Sense of Western Gender Discourses. University of Minnesota Press, Minneapolis, 1997.
  2. Quijano, Anibal, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América latina” en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, compilador Edgardo Lander. Buenos Aires, 2000, pp. 201-246.
  3. Rivera Cusicanqui, Silvia, Un Mundo Ch´ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis. Tinta Limón, Buenos Aires, 2018.

 

Notas

[1] El término AméfricaLadina es propuesto por González, Lélia, Amefricanidad. La categoría político-cultural de amefricanidad, 2021.
[2] Vocablo de la lengua del pueblo Cuna de Colombia que significa “tierra que florece”, “tierra madura”, “tierra viva”; con el que se autodesignan políticamente los pueblos originarios de estas latitudes, en contraposición del término América Latina asignado por los colonizadores.
[3] María Lugones, Colonialidad y género, ed. cit., p. 77
[4] Anibal Quijano, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América latina”, ed. cit.
[5] Walter Mignolo, The Geopolitics of Knowledge and the Colonial Difference, ed. cit.
[6] Ibid., pp. 61-62
[7] María Lugones, Colonialidad y género, ed. cit.
[8] Ibid., p. 8
[9] Ibid., p. 99
[10] Oyeronke Oyewumi, The Invention of Women, ed. cit.
[11] María Lugones, Colonialidad y género, ed. cit. p. 87
[12] Ibid., p. 86
[13] Ibid., p. 98
[14] María Lugones, “Hacia un feminismo descolonial”, ed. cit.
[15] Ibid., p. 105
[16] Este ensayo es un cruce del planteamiento que he formulado para Esférica y elaboraciones producidas en la relación con la Dra. Silvia Gil en su cátedra Teorías Feministas, del Doctorado de Estudios Críticos de Género.
[17] Teresa De Lauretis, Etapas de un camino a través del feminismo, ed. cit.
[18] Silvia Rivera Cusicanqui, Un Mundo Ch´ixi es posible, ed. cit. p. 79

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