El joven Foucault, desafíos de su lectura

 

Entrevista realizada por Agustina Craviotto -Corbellini[1],

setiembre de 2022.

 

  Entrevista a Edgardo Castro[2] y Senda Sferco[3]

Con motivo de la publicación del primero de los manuscritos del llamado “joven Foucault: Ludwig Binswanger y el análisis existencial

 

AC:  Michel Foucault es sin duda uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX, con una amplia recepción en el campo intelectual y en el ámbito de la cultura como filósofo del poder y de la biopolítica. Su obra, que ya se consideraba voluminosa para una vida que acabó a los 57 años, hoy se presenta ampliada y diversificada con la aparición de nuevas publicaciones de un “joven Foucault”. Este acontecimiento parece reconfigurar el “archivo Foucault”, y así desencadenar efectos sobre el pensamiento en términos amplios para las humanidades. Hablamos con la profesora Senda Sferco y el profesor Edgardo Castro de este joven Foucault, las consecuencias de este acontecimiento editorial y la actualidad de Foucault para pensar el mundo contemporáneo.

 

AC:  Es sabido que en una carta que fue considerada como su última voluntad, Foucault establecía que no quería publicaciones póstumas. Como suele suceder con intelectuales de este calibre, esto no impidió la aparición de compilaciones de los trabajos que ya habían sido publicados en vida como Dichos y escritos (“Dits et écrits”), en 1994, o sus cursos en el Colegio de Francia, entre 1997 y 2015, así también otros cursos, como en Bélgica y en Estados Unidos. Esta voluntad expresa fue interpretada con diferentes matices y hoy puede verse que ingresaron en el territorio de lo inédito. Este movimiento parece tener alguna dificultad para el lector y estudioso de la obra de Foucault, atrapante sin duda, cuando las páginas se multiplican y todo parece tener que estudiarse nuevamente. Este nuevo archivo del joven Foucault ¿qué desafíos presenta?

 

EC y SS: Fue en 1982, en ocasión de un viaje a Polonia, cuando Foucault estipuló dicha cláusula testamentaria. Y por supuesto es campo de disputas interpretativas y de decisiones editoriales, ya que la misma envergadura que fue cobrando la obra de Foucault a nivel internacional, y no sólo en el ámbito filosófico, fue impulsando la necesidad de proseguir las publicaciones de sus ideas, sea en el formato de cursos o de comunicaciones públicas de todo tipo. En este sentido Dits et écrits, de 1994, fue una primera sistematización de estos últimos materiales, y estrictamente no hay allí ningún inédito, ya que se trataba de escritos que, de algún u otro modo, Foucault ya había puesto en circulación. Se trata, más bien, de una reedición de trabajos que ya estaban publicados y, aunque restringidamente, eran accesibles. La situación no es igual en cuanto a los cursos. Excepto algunas pocas lecciones (tres, para ser precisos) que habían sido publicadas en italiano, ningún curso de Foucault circuló impreso hasta 1997. Sin embargo, se puede decir que todo este material había sido publicado oralmente.

Si pensamos en el recorrido editorial de la obra de Foucault, un punto de inflexión a tener en cuenta es el tomo cuarto de la Historia de la sexualidad, Las confesiones de la carne, ya que el texto publicado, en efecto, incluye un trabajo de edición por el editor, Frédéric Gros, y ya no por el mismo Foucault. En cuanto a la pregunta por los textos efectivamente “inéditos”, en sentido pleno, es necesario girar la mirada hacia los últimos trabajos publicados, como Ludwig Binswanger y el análisis existencial. En este sentido, es importante señalar que los derechos de autor o las voluntades testamentarias sobre los trabajos intelectuales, en el fondo, no son absolutos. Están limitados por un determinado período de vigencia o por los derechos concurrentes de los lectores o eventuales lectores.

La publicación de los cursos y trabajos anteriores al Collège de France, llevada a cabo por un grupo de especialistas bajo la dirección de François Ewald (que se había desempeñado como asistente de Foucault en el Collège de France y que ya había editado los Dits et écrits y los cursos en el Collège de France junto con Alessandro Fontana), a nuestro modo de ver reúne los criterios técnicos necesarios: respeto por el texto del autor, abundantes notas, apartados dedicados a situar el textos y las conexiones con otros trabajos de Foucault, etc. Se trata de un proyecto editorial llevado adelante con seriedad académica.

Vale la pena señalar que este proyecto involucra a los cursos y trabajos anteriores al ingreso de Foucault en el Collège de France, es decir, no solo los que pueden delimitarse como “el joven Foucault”, es decir, los anteriores a la Historia de la locura en la época clásica, aparecida en 1961.

Estos cursos y trabajos del joven Foucault nos permiten desplazar el umbral respecto de las problematizaciones que desde muy tempranamente importan a Foucault. La relación entre psicología y filosofía, especialmente, es un terreno de exploración muy interesante de algunas claves de lectura que irá desarrollando luego -que conciernen a su idea de experiencia, a su búsqueda de una temporalidad singular que no quede subsumida en la dialéctica hegeliana, a la necesidad de descentrar el eje antropológico a través del cual estas disciplinas han buscado situar epistémicamente los asuntos de la vida y las posibilidades del sujeto. Es un Foucault de no mucho más de 25 años, que ya está buscando una voz propia entre las grandes monumentalizaciones de las ciencias humanas.

 

AC:  Es algo no se comenta mucho, pero, con esa edad, durante los años 50 Foucault enseñaba psicología en las universidades de Lille o Clermont-Ferrand, y en la École Normale Supérieure de la rue d’Ulm fue convocado por sus estudios en psicología, psicopatología. Las publicaciones de Gallimard en francés Phénoménologie et psychologie 1953-1954 y Binswanger et l’analyse existentielle y la traducción de Siglo XXI al español Ludwig Binswanger y el análisis existencial. Un enfoque filosófico de la enfermedad mental, permiten la entrada a los escritos de este joven investigador, que entre 1949 y 1954 se gradúa en Psicología y Psicopatología, asiste al “seminario de los miércoles” de Jacques Lacan y trabaja en el hospital psiquiátrico de Sainte-Anne. ¿Podemos decir que en este momento Foucault se encuentra entre el pensamiento filosófico y la psicología? ¿Es el estudio del pensamiento de Binswanger lo que lleva a Foucault a desplazar su interés a la filosofía?

 

EC y SS:  Foucault ingresa en l’École Normale en 1946 como alumno de filosofía. Luego dictó allí, entre otros, cursos de psicología y de psicoanálisis.  En la Universidad de Lille, en cambio, sí fue convocado por sus competencias en el campo de la psicología. Contaba con una licenciatura en esta disciplina (la carrera era muy reciente en Francia) y dos especializaciones. Una de ellas, específicamente, en psicopatología. Es desde estas claves, y desde una preocupación filosófica, que lo lleva a explorar la psicología, que el joven Foucault buscaba orientarse en el mapa intelectual parisino de las décadas de 1940 y 1950.

Vale la pena señalar, en este sentido, que, de todos modos, es la filosofía la que define el lugar desde el que este joven Foucault construye sus argumentaciones en los tres trabajos de este período ya publicados: Ludwig Binswanger y el análisis existencial (2020 en francés, 2022 en español), Fenomenología y psicología y La cuestión antropológica (de 2021 y 2022, respectivamente, todavía no traducidos).

Es cierto que hay algunos trabajos de Foucault, donde se expresa específicamente como psicólogo. Por ejemplo, algunos test de Rorschach. Pero los tres trabajos antes mencionados son reflexiones fundamentalmente filosóficas, aunque traten de conceptos psicológicos, psicoanalíticos, o de la historia de la psicología o de las relaciones entre filosofía y psicología: este es un vínculo que le permite ir abriendo una cantera de problematizaciones con un tono propio.

Es importante, con todo, no ver aquí un descubrimiento por parte de Foucault ni nada de eso. La relación entre filosofía y psicología es un clásico de la época que hunde sus raíces, además, en las últimas décadas del siglo XIX. Basta pensar en la obra de Edmund Husserl, particularmente en sus primeros trabajos. Ellas están atravesadas por la problemática del psicologismo, es decir, de la reducción del pensamiento y sus leyes, la lógica, a las condiciones psicológicas del sujeto pensante. Y Foucault se mueve en esta problemática. El pensamiento de Husserl es uno de los ejes del joven Foucault. Junto con Binswanger, por supuesto, domina el trabajo sobre el análisis existencial. Y la idea fenomenológica del “mundo”, es decir, la de ese lugar en el que el conocimiento y la experiencia, lo conocido y lo vivido se encuentran es la cuestión en torno a la cual gira Fenomenología y psicología.

Situar una reflexión en el ámbito de las relaciones entre filosofía y psicología no es entonces algo particularmente revolucionario por parte de Foucault. Era uno de los temas de la época. Desde este punto de vista, puede decirse, en cambio, que los matices más novedosos por parte de Foucault conciernen más que a la relación entre filosofía y psicología, a la relación entre filosofía y enfermedad mental, específicamente, sobre todo si atendemos a la manera en que Foucault conjuga las categorías filosóficas de espacio, tiempo o alteridad con los relatos de experiencias, es decir, los casos, de los enfermos mentales.

Un aspecto que merece ser subrayado de manera enfática es la siempre sostenida actitud crítica por parte de Foucault. Foucault, por ejemplo, lee Husserl y se sirve de los trabajos más relevantes para abordar su pensamiento (los de Eugen Fink, Merleau-Ponty o Marvin Farber); pero, a pesar de su joven edad, no deja de formular posiciones propias y frecuentemente críticas respecto tanto de Husserl como sobre todo acerca de sus intérpretes.

Y muy posiblemente encontramos acá uno los grandes desafíos y aportes de los trabajos foucaultianos de esta época: ver cómo el laboratorio conceptual foucaultiano comienza a formular sus propios instrumentos conceptuales en diálogo con la fenomenología y en relación con las experiencias patológicas, tanto para poner en consideración los aportes de estas perspectivas como para animarse a marcar y franquear sus límites.

 

AC:  Se ha señalado en varias oportunidades que Foucault no fue un estudioso de Freud. Sin embargo, como señala Frédéric Gros, si recurrimos al archivo escrito de Foucault, unas cuarenta mil hojas adquiridas por la Biblioteca Nacional de Francia, se constata la existencia de un gran número de notas sobre los escritos de Freud, principalmente entre finales de los años 40 y principios de los 50, y aún más cuando retomó sus cursos universitarios, tras su estancia en Suecia, Polonia y Alemania. ¿Puede hablarse de un interés destacado de Foucault por Freud?

 

EC y SS:  Puede decirse, en efecto, que Foucault no es un especialista en Freud; pero no puede negarse que haya sido un ferviente lector del psicoanálisis y un estudioso más que atento del padre del psicoanálisis. En la época que aquí nos interesa, Foucault dictó para un público particularmente calificado, los alumnos de l’ École Normale, numerosos cursos sobre psicoanálisis: “La angustia de Freud”, “Enfermedad y personalidad en Freud”, “Freud y la psicología de la génesis”, “La teoría psicoanalítica”, “El inconsciente en el psicoanálisis”, “Un ejemplo de psicoanálisis: el hombre de los lobos. La noción de medio psicoanalítico”. Y también elaboró algunos escritos específicos sobre el tema. Un manuscrito de Foucault sobre el psicoanálisis ha sido recientemente publicado por Elisabetta Basso, la editora del curso sobre Binswanger en francés (https://journals.openedition.org/asterion/4410).

Podría decirse, sin connotaciones peyorativas, que el interés de Foucault por Freud, especialmente en esta época, pero no únicamente, es ambiguo, y oscila entre la crítica y la valoración al mismo tiempo. En este sentido, al igual que Sartre y otros intelectuales de la época, Foucault critica la raigambre biologicista o naturalista del psicoanálisis freudiano; pero, por otro, valora los elementos que van en sentido contrario, es decir, el de la historia. Respecto del bíos, de la idea de bíos, Foucault habla, precisamente, de “ambigüedad” para referirse al hecho de que, con este mismo prefijo, se sitúa una mirada epistémica que abarca tanto a la biología como a la biografía, es decir, a la naturaleza tanto como a historia. En este sentido, podemos decir que la relación de Foucault con el psicoanálisis es ambigua. Crítica respecto de sus supuestos biologicistas; valorativa de sus elementos históricos y biográficos, ya que esta será una clave para reavivar un vínculo singular entre tiempo e historia, cabal en su perspectiva crítica.

 

AC:  El alejamiento de Foucault con respecto a Binswanger. ¿Nos dice algo de la recepción de la obra de Freud en este momento? ¿Qué puede decirse de la importancia creciente de Lacan en la escena parisina y el pensamiento francés? ¿Y puede establecerse con ulteriores críticas al psicoanálisis en el futuro?

 

EC y SSBinswanger y el análisis existencial se sitúa en los primeros años de la década de 1950. Es difícil establecer con exactitud cuándo, pero, en todo caso, se trata de esos primeros años. El año 1953 marca un punto de quiebre y, sobre todo, anuncia progresivos alejamientos y futuras rupturas en el campo del psicoanálisis. Este año, distanciándose de Marie Bonaparte y, por lo tanto, de la Société Psychanalytique de París, Daniel Lagache funda la Société Française de Psychanalyse, que realiza en Roma, en el mes de septiembre, su primer congreso. En esta ocasión, Lacan expone su “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, conocido como el “discurso de Roma”. También este año, además, Lacan traslada su seminario al hospital Sainte-Anne. Foucault asiste asiduamente. Binswanger y el análisis existencial se sitúa en este contexto de circulación de ideas. Y, precisamente, uno de los aspectos que merecen desarrollarse en relación con este curso es la relación Lacan-Binswanger-Foucault.

Binswanger era un autor muy relevante en la época. El lacanismo, por hablar de algún, recién comenzaba a desarrollarse. Binswanger aparecía como una alternativa no biologicista al psicoanálisis freudiano; pero todavía Lacan no había entrado plenamente en el juego. Para comprender el juego discursivo de esta época, es muy relevante tener en cuenta esta situación, los futuros desplazamientos que se anuncian; pero que todavía no han sido plenamente desarrollados.

En cuanto a Lacan, específicamente, como se anuncia en el título del discurso de Roma, la cuestión del lenguaje terminará dominando la escena. Poco a poco, en Francia, terminará desplazando en el campo de la filosofía, y también en el de la psicología, a la noción de “existencia”. En Fenomenología y psicología, una de las recientes publicaciones del joven Foucault, puede observarse, en el mismo sentido, un desplazamiento de la cuestión de las vivencias a las del lenguaje, es decir, un cierto corrimiento de Husserl a Heidegger. Precisamente, la cuestión del lenguaje, de la mano de Lacan, acercará a Foucault a posiciones psicoanalíticas. Podemos pensar, en este sentido, la función que le atribuye en Las palabras y las cosas, por ejemplo, es decir, posicionarlo como una contra-ciencia respecto de las ciencias humanas. Estos desplazamientos comienzan a tomar forma por esta época.

 

AC:  Las interpretaciones sobre la lectura de Freud, principalmente de los seminarios entre el 70 y el 84, es un tema que ha desplazado a Foucault como opositor radical del psicoanálisis o hasta se lo ha evaluado como “mal lector”. ¿Qué pueden decirnos al respecto? ¿Qué no dicen estos nuevos archivos de esta polémica relación?

 

EC y SS:  Sobre todo, a partir de 1976, de La voluntad de saber, Foucault ha sido crítico del psicoanálisis en términos que podrían definirse como explícitamente “políticos”, es decir, elaborados y sostenidos desde la perspectiva abierta por su analítica del poder. Hacia el final de esta obra, que puede ser pensada como una arqueología del psicoanálisis, Foucault denuncia, precisamente, la ironía de ese dispositivo, refiriéndose al psicoanálisis, en el que la estrategia deiberaciónn coincide con la táctica de sujeción. De esta época, 1972 para ser preciso, es el Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, que, con argumentos diferentes, se mueve en la misma dirección.

En los cursos en el Collège de France, sobre todo los de la década de 1970, esta línea crítica respecto de los saberes psi, aparece con toda claridad. En particular, en relación con lo que Foucault denomina el poder disciplinario, del que el poder psiquiátrico es una de sus formas. En los cursos más tardíos, en cambio, pensemos en la Hermenéutica del sujeto, nos encontramos, específicamente en relación con Lacan, con una valorización de la práctica psicoanalítica, de la relación de transferencia, ahora, desde la perspectiva de las técnicas de subjetivación.

Volviendo sobre algo que dijimos antes, de nuevo, ambigüedad es el calificativo que mejor describe la posición de Foucault respecto del psicoanálisis: crítica de la propuesta de liberación-sujeción, valoración desde la perspectiva vincular y reelaborativa que implican las prácticas de subjetivación. ¿Se trata de una posición contradictoria? Ciertamente no, hay una crítica política acompañada de una valoración ética.

En las publicaciones recientes de Michel Foucault nos encontramos con un tono similar, aunque aún no problematizado a través del material de archivos que reunirá en sus indagaciones histórico-críticas. En este sentido, para Foucault, no se trata del sí o del no, respecto del psicoanálisis; sino de sí y no, al mismo tiempo, pero no respecto de lo mismo.

 

AC:  Trabajos tempranos ya conocidos, como Enfermedad mental y personalidad, de 1954, pero también artículos como “La psicología de 1950-1950” y “La investigación en científica y la psicología”, ambos de 1957, muestran no solo el interés de Foucault en la historia y epistemología de la psicología, sino en el rol del psicoanálisis en una historia que llegaba a un callejón sin salida. Ya en la década de 1960, psiquiatría, psicología y el psicoanálisis están presentes en Historia de la locura en la época clásica y en Las palabras y las cosas (1966). ¿Qué podemos esperar de este nuevo libro para comprender estos intereses?

 

EC y SS:  El psicoanálisis freudiano era uno de los temas de la época en el ambiente intelectual francés de la década de 1950. Luego será el psicoanálisis lacaniano, sobre todo en relación con lo que se denominó estructuralismo, por la relevancia acordada al lenguaje y a la noción de sistema. Pero, en la década de 1950, el psicoanálisis es sobre todo Freud. Estas nuevas publicaciones nos muestran, en detalle, dos cuestiones clave: por un lado, la crítica, compartida por Sartre y Foucault, para citar dos nombres, respecto de los resabios naturalistas de la concepción freudiana; por otro lado, la confrontación del psicoanálisis respecto de los conceptos de la fenomenología husserliana y de la hermenéutica heideggeriana. La figura de Binswanger se encuentra en el cruce de estas corrientes.

 

AC:  La recepción en la crítica latinoamericana del pensamiento de Foucault se ha interesado particularmente en el segundo Foucault, siendo Vigilar y castigar (1975) el trabajo más referido en la obra del autor. Hay razones editoriales, aunque también de interés temático para esta preferencia. ¿Qué efecto puede tener la publicación de este libro en la lectura de Foucault?

 

EC y SS:  La recepción de Foucault en Latinoamérica no solo ha estado marcada por Vigilar y castigar que circuló en español, también editado por Siglo XXI, rápidamente, en el momento en que, precisamente, florecían los gobiernos dictatoriales y las prácticas de docilización de todo tipo en nuestras latitudes. Más tarde, a partir de la segunda mitad de la década de 1990 la categoría que, de algún modo, capitalizó no pocas lecturas de Michel Foucault fue la de “biopolítica”. De algún modo, los conceptos centrales de Vigilar y castigar, el poder disciplinario, la idea de dispositivo, fueron desplazados por la centralidad explicativa que fue cobrando la idea biopolítica, como gobierno de la vida biológica de la población, aunque no siempre bien entendida en el alcance crítico con el que la había investido Foucault. En este sentido, la cuestión de la vida, de hecho, del bíos, como dijimos, está bien presente en estos escritos recientes y, desde este punto de vista, estos textos pueden sumar elementos relevantes a las discusiones contemporáneas sobre el tema.

Pero quizás también podemos pensar, aunque más no sea a modo de hipótesis, que nos encontramos en la línea descendente de lo que podríamos denominar, entonces, la parábola biopolítica. No porque la categoría de biopolítica haya sido desmentida; sino todo lo contrario, porque los recientes acontecimientos vinculados a la pandemia de Covid la han completamente verificado. Se ha vuelto una noción evidente y, por ello, menos potente desde el punto de vista hermenéutico y crítico. Y aquí nos encontramos con un problema, recordemos que Foucault siempre buscaba reabrir una pregunta acerca de lo que nos resultaba, a nuestros ojos, obvio y evidente.

Las publicaciones recientes del joven Foucault que, ciertamente, no responden históricamente a esta coyuntura conceptual, ni tampoco a la lectura del presente nuestro en 2022 que no es el de finales de los años 70, pueden servir para responder, en este caso desde el punto de vista de la recepción, a esta coyuntura conceptual. Para expresarlo, en otros términos, estos trabajos nos permiten repensar la cuestión de la vida y del sujeto y, de este modo, contribuir a un debate que precisa ser reabierto. Este es, sin duda, unos de los desafíos o de las oportunidades que estos trabajos nos ofrecen.

 

AC:  Una pregunta para cada uno:

 

AC:  Castro nos explicaba, en otra entrevista realizada en 2014, que había en América Latina una lectura didactizada que, producto de la aparición de Vigilar y castigar, enfatiza demasiado en un Foucault que describe los dispositivos disciplinarios y denuncia cualquier forma de poder que, podríamos decir, banaliza un trabajo de pensamiento mucho más complejo. ¿Esta apertura a los escritos de Foucault puede permitir una visión más global de la profundidad de la obra? 

 

EC: Claro. Absolutamente. Cierto foucaultianismo devenido una vulgata, que desconoce las fuentes clásicas del debate filosófico contemporáneo (por ejemplo, las obras de Hegel, Husserl y Heidegger con las especificidades de las recepciones francesas de estos autores) tiene, afortunadamente, los días contados. Ya lo era, pero ahora todavía más, se vuelve imposible hablar seriamente del pensamiento de Foucault sin haber leído las Investigaciones lógicas de Husserl o la Fenomenología del Espíritu de Hegel. No es algo que descubramos ahora, por supuesto. Cualquiera que conozca mínimamente el pensamiento filosófico del siglo XX sabe de la relevancia de un texto como el de Husserl. De algún modo, inaugura la filosofía del siglo XX, y no solo por la cronología de publicación de sus dos volúmenes, 1900 y 1901. Y no se trata solo de Foucault, también de Deleuze y de Derrida. Esta obra de Husserl ha sido central para todos ellos.

Las cuestiones de la vivencia, de la imaginación, del mundo, de la expresión, que atraviesan los tres volúmenes recientemente publicados de Foucault, resultan incompresibles sin remitirse a Husserl.

 

AC:  En la conferencia realizada el año pasado, en el marco del Seminario anual de la Red Foucault en la web Latinoamérica[4], titulada “Michel Foucault y el deseo”, Sferco realizaba un recorrido genealógico, para retomar la cuestión del deseo como pieza clave de una problematización de la sexualidad, la carne, el cuidado de sí, los placeres. ¿Qué nuevas líneas de investigación abre sobre estos temas este joven Foucault?

 

SS:  La problematización acerca del deseo es un terreno de exploración muy interesante tanto respecto de los desplazamientos y de las valoraciones que venimos señalando en relación con el psicoanálisis en el joven Foucault. Foucault, desde los años 60, va a ser muy crítico de la impronta soberanista sobre la que se yergue el deseo, como fondo oculto, casi sustancial, de una sexualidad que, desde la modernidad -así lo expondrá en La voluntad de saber, de 1976- le presta el cuerpo a una estrategia de control anatomopolítica a nivel del individuo y normativa a nivel de las poblaciones que hace mella en nuestra subjetividad. La eficacia de esta gubernamentalidad señala Foucault en el curso de 1981, Subjetividad y verdad, es que hoy ya no podamos pensar nuestra propia subjetividad de otro modo que haciéndonos la pregunta acerca de qué deseamos. Es la interrogación que veridicciona al sujeto, dando forma -desde un código de conductas, pensamientos y afectos- a una interioridad que vivimos como propia y que debemos objetivar. La obediencia a esa relación de verdad consigo mismo, insiste Foucault, aparece inscripta como “necesaria” en nuestra cultura al punto tal que devino “ley”, escudándose detrás de lo que aparece como una libertad deseante. Desde este diagnóstico del presente, y a grandes rasgos, habría dos líneas críticas que la problematización del deseo habilita a Foucault: Una, es esta relación de obediencia entre interioridad subjetiva y objetivación de códigos de conducta, que es ocasión de un recorrido histórico genealógico buscando registrar cómo es que dicho vínculo se ha fraguado a través de focos de experiencias particulares. Allí es cabal el momento en el que, en las Confesiones de la carne, Foucault hace responsable a Agustín, entre el siglo IV y V d.C. del nacimiento del sujeto libidinizado -transido por la concupiscencia de la carne- y también del sujeto jurídico -libre por amor a Dios y siempre culpable-. La confesión como dinámica que consuma una relación con la verdad que será dicha al individuo por boca de otro, es decir, que ya no le pertenece, trae la necesidad de un mecanismo de vigilancia constante y verbalización que consuma una relación de gobierno, juridificada, frente a la cual -dirá Foucault- no somos más que animales de rebaño. Otra, que se articula a este trabajo de archivos, es la preocupación acerca de cómo habilitar una mirada crítica sobre el poder que no quede subsumido a la cara externa, represiva y docilizante, por la que opera el poder jurídico y sus múltiples discursividades, las carcelarias, las del poder psi y las filosóficas incluso. En este sentido, por la vía del deseo y la insistencia en la productividad circulatoria, ética y política de los modos de subjetivación -resistentes a las formas de esta subjetividad ya asignada, incluso en los términos de la pregunta “qué deseo” como identidad propia-, Foucault viene a “aguar la fiesta” de quienes sitúan en su despliegue -el del deseo- un movimiento de liberación posible (está discutiendo a Marcuse, a Reich, a Lacan y también a Deleuze, y obviamente sottovoce al Hegel de Kojève). Con esta discusión, a mi entender, anticipa de algún modo las inquietudes transformadoras de la escena actual, en la que vemos que el neoliberalismo puede ser muy afín a una producción “libre” y diferencial de sí mismo que no deja de asignar clasificaciones identitarias a través de un deseo cada vez más captado por las lógicas del mercado. Buscando una vía crítica e histórica que habilite otro registro y otra acción menos pasiva que el del sujeto obediente, la genealogía de Foucault se demora en la antigua Grecia, para situar la mirada en otro foco de experiencia posible, donde todavía hallamos un sujeto activo que, por la vía de las aphrodisias, se ocupa de sostener un trabajo de interrogación crítica sobre sí, a partir del vínculo con los otros. Se trata de una relación de ensayo y error, de búsqueda de puntos de enlazamiento y elaboración de modos de subjetivación otros capaces de desdoblar -desde el nivel de la experiencia en la que se teje nuestra subjetividad- las relaciones de fuerza vigentes. Este sujeto es activo porque sostiene desde este trabajo con los otros una relación con la verdad, una relación ética que surge -por así decirlo- desde abajo, y desde los actores efectivamente implicados; no desde la boca de un tercero que viene a confirmarla. Es, también, según la lectura de Foucault, la tarea que permite un trabajo de amplificación de la libertad propia a través de un lazo de registro y ocupación de y con los otros- en esto es contundente-, ya que no hay otra salida ética y política que no sea reposicionando polivalente y tácticamente las relaciones de fuerza en las que nuestras posibilidades de acción fueron quedando solapadas por la reproducción de una subjetividad obediente, a fines de crear otros modos de subjetivación. Es una puerta muy actual y muy preciosa, también, para revisitar las posibilidades transferenciales y ético-políticas del psicoanálisis, en estos tiempos tan solícitos de amo, y tan autorreferenciales.

 

AC:  Por último, en una entrevista recientemente realizada en Argentina, Castro señalaba que en el libro Ludwig Binswanger y el análisis existencial, así como en otros próximos a publicar, queda en evidencia la recepción de la filosofía clásica alemana, la de Hegel, Husserl, Heidegger, Marx, Nietzsche, etcétera. Así también, anunciaba que está por editarse la tesis de Foucault sobre Hegel.  Sobre el anti hegelianismo de Foucault ¿puede adelantarnos algo?

EC:  Son célebres las expresiones de Foucault en El orden del discurso, su lección inaugural en el Collège de France: toda nuestra época intenta escapar de Hegel… Hacia finales de la década del 1940, entre los años 1947 y 1949, para ser más precisos, tres jóvenes amigos escriben sus trabajos de finalización de estudios superiores (equivalente a nuestra tesis de maestría) acerca de Hegel: Jacques Martin, Louis Althusser, Michel Foucault. Los dos primeros en 1947, el mismo año que aparecía la publicación del conocidísimo seminario de Alexandre Kojève (editado como Introducción a la lectura de Hegel). Foucault en el 49.   Recientemente se ha publicado la tesis de Martin, El individuo en Hegel. Desde hace tiempo circulaba el de Althusser y ahora aparecerá la de Foucault. Con todo este material, ya no solo hablaremos, como habitualmente se hace, de un momento hegeliano, hasta 1960, y otro posterior anti-hegeliano; estos trabajos nos permitirán conocer mejor cómo se pasa de uno a otro y, por lo tanto, conocer mejor las raíces del anti-hegelianismo del pensamiento francés contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX. Dispondremos finalmente de un escrito de Foucault enteramente dedicado a Hegel.

 

Notas 
[1] Profesora adjunta en la Universidad de la República (Uruguay), donde co-dirige el grupo de investigación Analítica y erótica del cuerpo. Integra la Red Foucault en la Web Latinoamérica. Email: [email protected]
[2]  Doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo (Suiza). Es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y profesor titular de Historia de la Filosofía Contemporánea en la Universidad Nacional de San Martín, en Argentina. Dirige la serie Fragmentos Foucaultianos en Siglo XXI Editores. Su Diccionario Foucault y su Introducción a Foucault constituyen dos obras de referencia sobre el tema. Es el editor de la serie Fragmentos Foucaultianos (Siglo XXI Editores), integrada por cuatro volúmenes: El poder, una bestia magnífica (2012), La inquietud por la verdad (2012), ¿Qué es usted, profesor Foucault? (2013) y Obrar mal, decir la verdad (2014). Cabe mencionar también su labor como responsable de la revisión técnica de la edición en castellano de Una lectura de Kant (2009), el primer volumen de la tesis complementaria de doctorado de Foucault, orientada por George Canguilhem, también en Siglo XXI Editores.
[3]  Doctora en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina) y Doctora en Filosofía de la Université Paris 8 (Francia). Es Investigadora del CONICET y profesora de Antropología Filosófica en la Universidad Nacional del Litoral, en Argentina. Estudiosa del campo de pensamiento francés filosófico y político contemporáneo, especialista en el pensamiento de Michel Foucault. Integrante del equipo editor de la serie Fragmentos Foucaultianos, dirigida por Edgardo Castro en Siglo XXI Editores.
[4]  La Red Foucault en la Web Latinoamérica es un espacio académico de colaboración internacional entre investigadores e investigadoras de México, Colombia, Argentina, Uruguay y Chile. Parte del trabajo realizado, desde el 2020 hasta hoy, puede verse en el canal de YouTube: Foucault en la Web Latinoamérica.

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