Formación De Identidad No Binaria Analizada Desde Una Mirada Punk

Fotografía de Adrián Villar

 

Resumen

Partiendo del propio interés por el movimiento punk, se presenta una exégesis sobre los orígenes de dicho término junto con los de «Queer», resultando en semejanzas que al conjugarse dan lugar a nuevas formas expresivas e identitarias que van desde lo musical y escénico, hasta la enunciación de los límites de ambos discursos, no sin exención de reproducir comportamientos opresivos. El objetivo principal fue conocer los efectos de adoptar una identidad no binaria y disidente en diferentes aspectos. Entre los hallazgos aparece la dificultad para hallar palabras que ayuden a identificarse no normativamente fuera del activismo; además de que aún en los espacios disidentes, se excluye a quienes no cumplen con los arreglos que les legitimen como «parte de».

Palabras clave: identidad, punk, queer, no binarie, no normativo, disidencia.

 

Abstract

Starting from the own interest in the punk movement, the origins of this term were reviewed along with those of “Queer”, resulting in similarities that when combined give rise to new expressive and identity forms that range from the musical and scenic, to the enunciation of the limits of both discourses, although they are not exempt from reproducing oppressive behaviors. The main objective was to know the effects of adopting a non-binary and dissident identity in different aspects. Among the findings is the difficulty in discovering words that help identify non-normatively outside activism; In addition, even in dissident spaces, those who do not comply with the arrangements that legitimize them as “part of” are excluded.

Keywords: identity, punk, queer, non-binary, non-normative, dissidence.

 

Agradecimiento especial para Alo por su dedicación, su tiempo, su confianza para compartir sus experiencias, y, en general, por ser un lugar seguro.

 

Nunca encajé en vuestro corsé / Mi cuerpo no se amoldó a vuestra fe / Mil expectativas que no cumpliré / No me seduce provocar / No quiero circos, sólo dignidad / Que revuelva tu mundo la diversidad / ¿Es que no comprendéis? no soy varón, no soy mujer, soy sentimiento, soy piel / Y no hay definición sólo rechazo y frustración / Mi realidad, tu ficción / Sin roles, sin ley seré yo mismx o no seré[1]

 

De acuerdo con Rastrepo[2] entiendo el punk como un movimiento contracultural que trabaja forjando subterráneamente espacios alternativos, políticos, económicos y culturales, a través de la música, la estética, el cuerpo y el arte, que sintetizan el ruido urbano, mimetizándose en el asfalto, en las calles, reproduciendo con el cuerpo y la música el salvajismo de la ciudad y la crisis social:

 

El punk y su principio básico de “Hazlo tú mismo” (do it yourself o DIY) es una plataforma poético-política generadora de identidades atravesadas por la disonancia del ruido, la inmoralidad y la autogestión con un repertorio crítico de políticas sexocorporales, que dan lugar a una experiencia incendiaria que desde la precariedad y a través de la urgencia, dio origen a todo un discurso nuevo. Su faceta más agresiva y extrema, el Hardcore punk, consiste en una superficie en principio musical que radicaliza las sonoridades del punk intensificando sus elementos constitutivos (velocidad en la batería, distorsiones y disonancias en la guitarra, modulaciones, gritos y guturalizaciones en la voz), pero también de estética en tanto que se asume como una sensibilidad que resignifica, desde la corporalidad, el vestuario (como membrana de significaciones) y las prácticas de consumo, los valores sociales políticos y morales. Problematiza la noción de identificación trasladándola del plano ético (el deber ser) al terreno de lo estético (la sensibilidad y el deseo como potencia de transformación), exponiendo así los desplazamientos de la subjetividad contemporánea, urbana, primordialmente.[3]

 

Pero aún con el mensaje contestatario que se pretende comunicar a las masas, en el Punk, la idea de reforzar un estereotipo, seguir una moda o un “código de vestimenta” a manera de uniforme, no es aceptada realmente, aunque sí existe un conjunto de elementos que pueden ayudar a identificar a alguien como punk, pues como discurso involucra un sistema de significaciones materializadas en diversos soportes; que es a lo que Hundeide[4] llama estilo expresivo, donde el contenido ideológico se incorpora a patrones estilísticos junto con la vestimenta, los símbolos con que los representan, la forma de peinarse, la música que escuchan, las actividades sociales, el humor, la retórica y la expresión de opiniones políticas, formando una imagen “congruente”, haciendo una tipificación del dialogo en persona. Además, al crearse estas nuevas identidades, el sentimiento de pertenencia y de aceptación, se experimenta por primera vez en muchos jóvenes. Y ocurre tambien que aquellos elementos que no se ajustan al estilo de un grupo de personas, se muestran como ajenos e incongruentes, dando lugar al señalamiento hacia el otro ridículo. Sin embargo, en el punk, no todas las personas que se identifican con tal discurso adoptan todas estas modalidades.

 

Pero es importante detallar quiénes eran los sujetos a los que se aplicaba (y se sigue aplicando) esta denominación, así como su origen y su sentido peyorativo que, como veremos, no dista mucho de la forma en que se hace referencia a las personas diversas sexual y genéricamente. Siguiendo con Disalvo y Cuello[5] el término punk se constituyó como referente a la fragilidad y desposesión. Por un lado, las fotos de los archivos punk muestran una notable vinculación con subculturas sadomasoquistas, como si se tratase de una apología pública del exceso subterráneo frente a las leyes del pudor de las ciudades industriales.

 

Sin embargo, antes de que el punk se relacionara con el sexo, ya era una máquina de producción y marcación de sujetos sociales, aquellos fracturados por la desigualdad capitalista, concebidos como inservibles: jóvenes amanerados, precarizados, demasiado débiles, impetuosos, inexpertos, sodomitas y perversos, que vivían segregados de la mayoría, tal como se muestra a continuación:

 

Punk es un término arcaico para denominar a la madera seca que se utilizaba como mecha para prender fuego, el mismo significado tiene la palabra faggot (puto, marica). Tal vez recuerden que hace unos siglos las brujas, criminales, homosexuales y otros enemigos del Estado eran quemados en la hoguera, la palabra del material que utilizaban para prender ese fuego luego fue utilizado para denominar a las víctimas también. Nada accidental que las palabras punk y faggot tengan el mismo origen, ¿Será que los punks son putos?[6]

 

Vemos entonces que, desde el inicio, el término punk, ha consistido en un ejercicio de desprecio social acompañado de un señalamiento sexual hacia determinado tipo de cuerpos: pues su uso hacía referencia a ser penetrado analmente. Disalvo y Cuello[7] mencionan que, en Estados Unidos, muchos chicos jóvenes que iban a parar a las cárceles para satisfacer los deseos sexuales de los presos eran conocidos como “punks”, y entre los presos se usaba la frase “I punked the kid”. En efecto, uno de los lugares en los que esta denominación extrajo un sentido social e histórico marginalizante, fue la cárcel.

 

Siendo así, resulta fácil entender cómo el movimiento fue ligado a la denominación de tipologías sociales que conectaban juventud y criminalidad, como las figuras del rufián, el gánster y el merodeador. Al igual que una posible derivación fonética, ponk —en alusión tanto a la mugre como a la pólvora— que reúne las imágenes de la ruina y peligrosidad. Pero cabe recalcar que, ante esta connotación despectiva, con el paso del tiempo los sujetos a los que se hace referencia abrazaron este carácter de escoria y disidencia social como un diseño posible y deseable de existencia anti-normativa[8]. Este punto es otra gran enseñanza que desde hace tiempo recibí del punk, pues era de las pocas actitudes que veían como algo bueno y deseado ser diferente de la mayoría, como alternativa a la intención denigrante con que, normalmente, se busca evidenciar la particularidad de alguien, misma que suele ser incómoda para quien la observa.

 

Pero este grupo de personas disidentes no son los únicos que eran rechazados por la normatividad occidental capitalista, pues si nos remontamos a los orígenes del término queer, podemos encontrar referencias similares. Como indaga Paul Preciado[9], en la lengua inglesa, a partir de su aparición en el siglo XVIII, queer servía para nombrar a aquel o aquello que, por su condición de inútil, mal hecho, falso o excéntrico, cuestionaba el buen funcionamiento del juego social, englobando figuras como el tramposo, el ladrón y el borracho, así como todo aquel que por su extrañeza no pudiera ser reconocido como hombre o mujer. De esta manera, la palabra queer indicaba la incapacidad del sujeto de acceder a una representación estable. Desde la época victoriana, se desconfiaba de los sujetos queer, pues su mera presencia borraba las fronteras y el valor de la heterosexualidad como eje de la familia burguesa, base de la reproducción de la nación y de la especie.

 

Se trataba entonces de una amenaza contra lo establecido (otra coincidencia con las personas punk), una nueva propuesta identitaria que desafiaba la concepción de que solo existen dos géneros. Como mencionan Viteri, Serrano y Vidal-Ortíz,[10] en lo queer se expresa un “no-lugar” dentro de los debates sobre género y sexualidad, además de reconocer disrupciones de la identidad (en tanto reconocimiento y autorreconocimiento en medio de la diferencia) referidos a asuntos étnicos, raciales y de clase en las sociedades contemporáneas.

 

En vista de la extensión de identidades y experiencias que abarcan las conceptualizaciones mencionadas, se pueden distinguir diferentes espacios en que las personas son discriminadas, poniendo en duda el imaginario mayoritario de igualdad de derechos y oportunidades, y abriendo cierta conciencia/sensibilidad interseccional en la que el poder aparece como una compleja trama de disciplinamientos, violencias, coerciones y disposiciones subjetivas que incluso afectan la formación del deseo. En este sentido, la interseccionalidad sirve como herramienta analítica para estudiar cómo diferentes fuentes estructurales de desigualdad mantienen relaciones recíprocas. Esta noción surgió de la necesidad de visibilizar realidades complejas y cotidianas que eran pasadas por alto por análisis políticos basados en universalizaciones y esencialismos limitantes, describiendo cómo en la práctica diferentes formas de discriminación pueden interactuar, yuxtaponerse y potenciarse entre sí.[11]

 

Aunque dicho término haya sido usado originalmente para describir cómo la raza y el género pueden intersectarse como formas de opresión, su uso se ha extendido, llegando a englobar un número adicional de factores sociales: orientación sexual, nacionalidad, clase, diversidad funcional, entre otras, permitiendo ver que los procesos disidentes de subjetivación que he venido mencionando no pueden abordarse de forma aislada, sino desde escenarios de yuxtaposición en que se relacionan los diferentes factores sociales, cuestionando el sentido y lugar de lo real-político.[12] Enfatizando en la construcción de identidad a partir de la participación diversa en diferentes espacios, Dreier[13] menciona que la identidad se construye en la trayectoria de vida, al transitar en diferentes contextos de participación, tomando una postura en cada uno, así como en cómo se refiere a sí mismx, a partir de relatos o narraciones en que se negocia su significado con los otros.

 

Por su parte, Lave y Wenger[14] plantean el concepto de participación periférica legitima, donde la identidad obtiene su significado a partir de sus múltiples interconexiones, con personas, actividades, conocimiento y mundo. Es decir, cuando el individuo se involucra en una práctica, inevitablemente se afectarán de diferente manera las otras prácticas en las que participa. De este modo, una persona que se identifica con el punk probablemente presentará actitudes transgresoras que alteren el orden de otros espacios y comunidades de práctica, incluyendo (aunque no necesariamente) la identidad de género y la orientación sexual, por lo que resulta fácil entender cómo se articula el movimiento queer con el punk, y viceversa.

 

Hundeide[15] propone el concepto de situación de oportunidad, refiriéndose a las encrucijadas disponibles para los actores en su medio, y cuáles de esas les resultan relevantes de acuerdo con su postura. Además, funciona para analizar las limitaciones que acarrea estar en cierta posición: Cuando una persona se localiza en alguna posición existencial, adopta un estilo de vida e identidad particular. Desde esa posición, alcanza a ver algunas oportunidades posibles, pero de esas, algunas son congruentes con su estilo, mientras que las otras son invisibles (no tiene forma de acceder a su conocimiento), incongruentes o imposibles (no cuenta con las habilidades o destrezas de acceso necesarias). Es decir, en el caso del punk, se trata de un discurso disponible en un contexto (espacio/ temporal) que puede interpelar exitosamente a algunos sujetos y ser indiferente (o incluso repulsivo) a otros más.[16]

 

También sobre esa compleja red de prácticas sociales en que participa la persona, Dreier[17] menciona que ésta diversificación da lugar a inquietudes que fácilmente se pueden entender a partir de un “lugar” específico que tiene la persona en las prácticas, pues al asumirse como parte de la misma (ya sea como diversx sexo-genéricamente, o bien, como persona punk), tambien genera una postura, que es la forma en que se involucra (en mayor o menor medida, con cierto nivel de compromiso) en cada práctica. Y de estas diferentes posturas, tambien se va formando la personalidad, basada en necesidades y desafíos propios de cada práctica social. Tales entrecruces de identidades rebeldes dan lugar a nuevas formas de identificarse y expresarse, pues ni la diversidad sexual ni el punk están ubicados en puntos opuestos, por el contrario: se pueden conjuntar. De esta manera, explican Disalvo y Cuello[18] que el hardcore (abreviado como HC) es la música de la supervivencia, la decisión salvaje de existir a pesar de todo y contra todo. La fuerza que surge de esta idea explota y se expande, entrecruzándose con diferentes corrientes musicales, llegando así a una gran variedad de sujetos e identidades.

 

De esta forma, existen personas cansadas de perseguir un respeto y reconocimiento social, que fueron seducidas por el HC: Gays que nunca se sintieron representados por la imagen convencional del homosexual cobarde, delicado, burgués y frívolo; que más bien se identificaban con el ruido del hardcore, el slam y la actitud rebelde. Muchachos que aman a los muchachos, pero salvajemente, con la fuerza y la velocidad del HC, que posteriormente crearon su propio movimiento: el Homocore o Queercore, abriéndose paso en la escena hardcore-punk norteamericana desde los ochentas, cuestionándola principalmente por su homofobia constitutiva. De esta manera, dicho movimiento crea lo diferente, más que exponer lo opuesto, y “rarifica” la estética hardcore-punk radicalizando la manifestación de la excepción, cuestionando el aparato “estético” y “político” del hardcore punk desde adentro.[19]

 

Tambien Lave y Wenger[20] desarrollan la idea de la naturaleza cambiante de las prácticas sociales, mencionando que este dinamismo da lugar a conflictos entre los participantes expertos veteranos y los novatos, y que estos últimos, eventualmente desplazarán a los primeros; es decir, que inevitablemente existirán contradicciones entre lo viejo y lo nuevo, lo conocido y lo desconocido, lo establecido y lo que promete, y estas contradicciones evidencian las diferencias y descubren tambien sus afinidades. Este tipo de «novedades» traídas por las generaciones más jóvenes, amenaza tambien con cuestionar y replantear las necesidades de la comunidad de práctica, renovándola, y eliminando aquellas ideas que dificultan el cumplimiento de los objetivos que se persiguen. En este sentido, si una de las propuestas principales del punk es ir en contra de lo establecido, el movimiento queercore llega a cuestionar el statu quo del punk, señalando las actitudes discriminativas (homofobia y transfobia) y desplazándolas junto con los veteranos que las reproducen en los supuestos espacios subversivos, contestatarios y de inconformidad.

 

Desde el cuerpo en escena, se parte para provocar la reflexión en su público, pues esta encarna todas las disputas y tensiones normativas de los sistemas de opresión. En consecuencia, uno de los grandes problemas que devela el performance de las bandas de queercore es el estigma (como dispositivo de exclusión y segregación social) tanto al interior de la escena hardcore-punk como fuera de ella. La escenificación de cuerpos abyectos e indefinidos, andróginos y precarios la mayoría de las veces, es el lenguaje de la resistencia: una estética de la indefinición que en la sensibilidad y el deseo encuentra su potencia política. Además, predomina la imagen como recurso narrativo, denotado la intención antitética de expresar los opuestos en contradicción, exponiendo la incertidumbre de no tener un lugar en el discurso, como la estética vestimentaria fuerte del hardcore-punk que viste cuerpos andróginos, o también una vestimentaria trans y demostraciones de afecto homoeróticos en medio de la violencia visual de un escenario punk.[21]

 

La expansión de lo queer permitió cuestionar la normalización, desplazando categorías modernas como identidad, organización social, política y cuerpo hacia lo indefinible bajo categorías nominativas cerradas, admitiendo, además de las sexualidades en tránsito, espacios intermedios donde afloraban identidades no-normativas[22]. En este contexto se puede entender el hardcore-punk, en líneas generales como queer, y viceversa, aunque el primero prioriza una crítica al sistema social y político, mientras que en el segundo prevalece la discusión sobre el cuerpo, el género y la sexualidad. En ambos casos, tanto en la teoría como en el activismo político, se asumen como actos desestabilizadores frente a prácticas institucionales que definen la subjetividad.[23]

 

Conviene precisar que genderqueer, es un término empleado para referirse a cualquier identidad que no encaja dentro del espectro binario del género, es decir, que no es siempre hombre o mujer; incluso esta identidad puede abarcar a personas que se sienten como una mezcla de ambas. Asimismo, es un término “sombrilla” que incluye gran variedad de identidades que coinciden en la desidentificación con los modelos rígidos del género[24]. Es también conocido como género no binario, y se refiere a la experiencia de ser un hombre o una mujer en distintas ocasiones o, al contrario, no sentirse pertenecientes a un género y rehusarse a emplear una identidad de este[25]. En el proceso de construcción de la identidad de género genderqueer/no binaria, las personas se enmarcan en la desidentificación, entendida como una forma de lidiar con la ideología hegemónica del género (binarismo), en donde las personas se niegan a asimilarse dentro categorías dicotómicas del mismo (Hombre, Mujer), aun cuando presentan características, atributos o comportamientos asociados a las mismas.[26]

 

Como método para aproximarme al objeto de estudio, el enfoque cualitativo resulta pertinente por su énfasis en la construcción social de la realidad, con una proximidad casi íntima entre investigador y lo que se estudia, por lo que tanto la construcción de los datos como su interpretación ocurren en un diálogo (a su vez vehículo para conocer las experiencias del otro) de forma situada e irrepetible. Justo estos aspectos me permitieron involucrarme “de lleno” en el campo, pues salió a relucir mi interés por el punk, que no tardó en conjuntarse perfectamente con las identidades no-normativas, ayudando a posicionarme para problematizar, definir objetivos y darle un sentido a todo el proceder de la investigación. La metodología cualitativa hace hincapié en lo singular —lo diverso, sexo genéricamente hablando, en este caso—, que representa un cuestionamiento a las dicotomías de género y emerge de los limites normativos donde se centran las generalizaciones que persigue la mirada cuantitativa.

 

Opté también por prestar atención a los elementos que conforman el estilo conversacional de las personas (como la velocidad, el tono de voz y la extensión de los turnos que toma para hablar) que refiere Tannen,[27] ya que está en consonancia con la concepción de Schettini y Cortazzo[28] acerca el análisis de datos en la investigación cualitativa, que involucra descubrir lo profundo de lo dicho, de lo no dicho, de lo gestual, y en síntesis, extraer sentido de los datos, siendo una herramienta que me permite captar en mayor medida el mensaje que emite le participante.

 

Siendo así, destaco la escasez de investigaciones realizadas desde la psicología encaminadas a conocer el proceso en que las personas no binarias van definiendo su identidad, así como las opciones que se abren al cuestionar el paradigma binario de género, y más aún, haciendo un entrecruce con el punk, que representa también a una serie de identidades silenciadas. Bajo el entendido de que la gente vive identidades múltiples, derivadas de las relaciones sociales, la historia y la operación de las estructuras del poder, y que por pertenecer a más de una comunidad, pueden experimentar opresiones y privilegios de manera simultánea, utilizaré el análisis interseccional para complementar el planteamiento sociocultural de Dreier[29] para situar de forma precisa a la persona y entender claramente cómo se relaciona en diferentes contextos de práctica, mismos que, al sustentarse en discursos disidentes, están en consonancia con el punk.

 

La pregunta de la que partí fue: ¿Cómo se forma la identidad no binaria a partir de la participación individual en diferentes contextos y comunidades de práctica? Con el objetivo general de conocer los efectos que tiene adoptar una identidad no binaria y disidente en diferentes aspectos de la vida de la persona. De ahí se desprenden los objetivos específicos de conocer cómo repercuten en la persona los estándares de belleza y estereotipos de género heteronormativos; identificar cómo reafirma y expresa su género por medio de la indumentaria, formas de hablar, y cuáles son sus referentes; y distinguir como se construye la identidad a través del sentido de pertenencia dentro de la comunidad LGBTTTIQ+.

 

También surgió la hipótesis de que identificarse como persona no binaria acarrea conflictos para adaptarse a la normatividad en diferentes espacios como el trabajo, la escuela, la familia, etc. Teniendo como consecuencia, que la persona siga sintiéndose desplazada, “fuera de lugar” en comparación con la mayoría, de forma parecida a como ocurre con las personas punk.

 

 

Le participante fue Alo, quien es una persona no binarie, adulta, perteneciente a la asociación Musas de Metal; imparte un curso de filosofía para los estudiantes de la FESI y asiste a los talleres con los que cuenta la asociación, impartidos los martes y jueves por la noche. Se eligió a le participante luego de que mencionara durante las clases de filosofía, identificarse como persona no binarie, además de la práctica del BDSM, el poliamor, nudismo y estar afiliade a diferentes grupos activistas.

El primer contacto se efectuó vía Zoom, durante el seminario de filosofía que Alo imparte. De ahí opté por elegirle participante. Se obtuvo su contacto por WhatsApp con ayuda de lx profesorx, y en esa misma plataforma se le proporcionaron el consentimiento informado y un primer instrumento para recabar datos. Luego, se le invitó a participar en una reunión de Zoom para profundizar en la información, mencionando que habría una segunda reunión para compartirle los alcances que tuvo la investigación.

 

Primero se le propuso completar una serie de frases incompletas, redactadas de acuerdo con los objetivos de la investigación y el marco teórico en que se encuentra, las cuales, consisten en el diseño de un conjunto de troncos verbales que el entrevistado debe estructurar proyectando sus ideas, valores, creencias, temores, etc.[30] En este caso, se utilizó para conocer cómo la persona vive y se posiciona políticamente ante diferentes discursos desde el activismo social y la identidad no binaria.

 

Se extrajeron algunos fragmentos que era necesario profundizar de sus respuestas, por lo que se redactaron nuevas preguntas que funcionaron como guion de entrevista, misma que se llevó a cabo en una videollamada vía Zoom. La técnica empleada fue la entrevista-conversación, donde limité el uso de tecnicismos y expresiones coloquiales, guiando las preguntas intentado seguir la línea de una conversación que pudiese haber ocurrido en cualquier otro momento. Tambien se usaron de notas de campo para detallar sucesos relevantes desde el primer contacto, incluyendo preguntas que surgieron, sensaciones experimentadas, tópicos a detallar, etc.

 

Si bien, ya se tenía cierto contacto previo con Alo en las clases de filosofía, preferí que lx profesorx de la práctica le comentara primero si estaba dispueste a participar, y si estaba de acuerdo en que me facilitaran su número de contacto, en vez de escribirle directamente yo, pues consideré un tanto invasivo tomar su número del grupo de WA de Musas de Metal y escribirle sin previo aviso. Accedió sin mayor problema, y lx profesorx me envió su contacto por WA, que fue por donde se continuó la negociación de días y horarios en que llevaría a cabo una reunión tentativa vía Zoom.

Se detallaron por mensaje los objetivos de la investigación, y de nuevo pregunté si estaba interesade en participar. Respondió que sí sin rodeos, y procedí a proporcionarle el Consentimiento Informado, mismo que fue devuelto hasta días después ya con su nombre y firma. Después se le proporcionaron una serie de frases incompletas, que fueron devueltas en cuestión de horas, de las cuales se extrajo el contenido que más se apegaba a los objetivos para formular nuevas preguntas, mismas que tras ser redactadas, fueron retroalimentadas en clase por lx profesorx y compañerxs. Con las observaciones tomadas en cuenta, se le invitó a conectarse a una reunión de Zoom para esclarecer esas nuevas preguntas. Pasaron algunos días para que se concretara la reunión; que tuvo una duración de hora y media aproximadamente, llevándose a cabo en dos partes, pues la plataforma solamente permitía grabar y mantener activa la sesión por periodos de cuarenta minutos.

Al finalizar, se transcribió íntegramente la conversación. Después se categorizaron los datos a partir del contenido que se desprendió de cada pregunta, y de los tópicos abordados que en algunas ocasiones se pudieron conjuntar (como la influencia que tiene la hetero norma hegemónica, al momento de validar a un cuerpo atractivo, y a una identidad sexo genéricamente diversa), creando una triangulación para construir los datos entre el discurso de Alo, la bibliografía consultada y mis argumentos.

 

Los datos fueron analizados mediante dos categorías generales con sus respectivas subcategorías, nombradas de la siguiente manera: 1] Rompiendo moldes (Una luz en el camino); 1.1] Si no lo digo, no existe; 1.2] Mis influencias; 2] ¿Lo que importa es el interior?; 2.1] Tú decides a quién puedo amar.

 

En el transcurso de la reunión por Zoom, hubo dos tópicos generales que fueron abarcando gran parte de la plática: las experiencias que tuvo Alo, casi cronológicamente al ir descubriendo los conceptos y colectividades con que se iba identificando a partir de la militancia (por ello lo nombré entre paréntesis como “una luz en el camino”, pues además esa fue una frase que compartimos durante el encuentro; yo la usé para referirme a la experiencia que había tenido fluctuando de una identidad a otra, y Alo la retomó en un par de ocasiones para enfatizar en cambios que había experimentado después), y las inconsistencias que encuentra en los modelos relacionales y hasta en las formas de legitimar identidades diversas dentro de la misma comunidad LGBT+, cayendo en una nueva normativa.

 

Sigo en la primera categoría el orden cronológico con que fueron apareciendo las identidades en la vida de Alo, mientras que en la segunda me centro en cómo fue desarrollando cada crítica o cada limitante que encuentra en diferentes aspectos de los posicionamientos políticos disidentes. En ambas categorías retomo ideas de autores que vienen de la interseccionalidad, la psicología sociocultural, la antropología del cuerpo y algunos estudios sobre el punk en específico.

 

1] Rompiendo moldes (una luz en el camino)

1.1] Si no lo digo, no existe: No fue hasta el 2012 en una marcha gay que me transvestí {…} Me di cuenta que no me estaba transvistiendo, que es-que ese era yo, no sé si me explico, fue una experiencia tipo La Chica Danesa {…} Y a partir de ese momento me cae el veinte como un balde de agua fría de que eso no había aparecido en ese momento, sino que había estado desde que era peque, ¿no? Desde ese momento me trae traen recuerdos de niño, de que, de peque, como de los 5 o 6 años me ponía los vestidos de mi madre, me ponía los zapatos o agarraba una falda, ¿no? (2) o me entró la conciencia de por qué no me sentía totalmente bien en el ambiente de hombres o de mujeres

{…} apareció el término bisexual en mi vida, no lo conocía, pero yo ya sabía que me gustaban mujeres y hombres desde la prepa {…} Y en el momento más que una crisis fue como un decir: “ah, eso soy yo” {…} muchos se quejan de las palabras, pero las palabras te ubican, te muestran una luz, te hacen identificarte con un colectivo y te hacen decir: “ese soy yo”, ¿no? “soy gay, soy lesbiana, soy bisexual”

{…} Y fui también descubriéndome pansexual eh Bi, me convenció mucho esto de la teoría de los paraguas {…} el paraguas Bi que incluye al pansexual, al heteroflexible, al lesboflexible, eso me iluminó a mí, quien era yo ¿No? Las, estos, los paraguas, y de ahí pasé de Bi a Pansexual

{…} mi identificación como persona no binaria fue asumirme como tal {…} muchas personas nos habríamos dado cuenta de nuestros conflictos vivenciales si hubiéramos comprendido que el género no es blanco y negro, sino que es un espectro ¿no? {…} no viví el conflicto como lo vive un adulto {…} sino más como un niño o un adolescente que está confundido moviéndose y ubicándose en el mundo {…} siempre tuve un problema con ciertos roles de género masculinos ¿no? Y con ciertos roles de género femeninos, y nunca me adapté a ninguno de los dos polos ¿no? {…} siempre me gustó fluir y tener la necesidad de fluir

{…} mi mundo ideal sería que yo tuviera una perilla de cambio de corporalidad diaria, sería mi capricho del día, entonces mañana amanecer mujer este joven, al otro de trailera, al siguiente día este leñador, y al siguiente día hombre delgadito y menudo, así ir cambiando, de edad, de tamaño y de corporalidad, sería mi capricho, ser un tipo camaleón, pero pues no…

 

Esos fragmentos permiten ver cómo alguien insatisfeche con la cis-heteronorma, se ve en la necesidad de buscar nuevas opciones de identidad por su cuenta, caminando a ciegas con nada más que la propia intuición para guiarse, pues, como venimos mencionando, estas identidades diversas están en constante movimiento, en búsqueda de un espacio del que formen parte, que se sienta como un hogar, y  desde ahí ponen en duda la lógica binaria dominante: Alo elige salirse del molde y empezar a buscar alternativas, pues ese molde no se acopla a su figura, le es insuficiente, le queda chico, y elle necesita no uno, sino muchos moldes hechos a su medida, y a falta de opciones, empieza a diseñarlos por cuenta propia.

 

Llama la atención, también, que sea hasta ya bien entrada la adultez, cuando descubre a “su verdadero yo”, y empiezan a cobrar sentido las experiencias de la niñez, ávido de curiosidad, de cuando usaba ropa que la norma denomina como propia de la mujer; esos momentos que habían estado silenciados durante años, por fin salen a relucir, como si también dentro de la conciencia existiera un clóset que oculta recuerdos de cuando quisieron mostrarse las identidades verdaderas, y siguiendo esa idea, resulta aterrador pensar que desde edades tempranas, la misma noción de “lo bueno” y “lo normal”, se vuelven uno con nosotros, borrando o negando indicios de lo que contradiga esas concepciones, hasta que, si bien nos va, llega el día en que rompen el silencio, aunque bien sabemos que rara vez eso ocurre, ¿cuántas de esas identidades se habrán quedado en el anonimato para siempre?, ¿será que más bien las vidas “normales” que llevamos, son un disfraz que mantiene oculta la verdadera identidad?

 

Con el uso de palabras que ayuden a identificarse, aparece ejemplificado lo que Butler definió como performatividad, donde la sexualidad transgresora se construye por medio de la repetición ritualizada de actos de habla que por el sólo hecho de ser pronunciado en ciertas circunstancias, realizan una acción. De igual manera, en los últimos tres fragmentos, aparece la posición no binaria que rompe con la idea naturalista de que sexo y género deben estar en consonancia, y que son inamovibles, dándole un sentido diferente a la identidad, como algo fluctuante, como indica Acosta[31]: No tenemos una identidad fija e innata, sino que ‘ponemos en juego una identidad’ cuando realizamos determinados actos de habla.

De igual forma, y en sus propias palabras:

 

{…} Y eso tiene qué ver con lo punk también, esa idea de necesidad de dudar y cuestionar los moldes, las instituciones, las reglas es algo que siempre ha estado en toda mi vida.

 

Esas palabras esclarecen el camino, mas no su final, ya que lo importante en estas identidades no es consumarse en un gran concepto que las defina de una vez por todas, sino transitar entre muchos, que, en el proceso de descubrirse, pueden incorporar, abandonar o complementar las etiquetas que cada uno asume. Lejos de generar confusiones, esta amalgama da lugar a coordenadas acerca de qué se es y qué no. La identidad se diversifica, se complejiza y se encuentra en constante cambio, en movimiento, sólo limitada (provisionalmente) por la corporalidad. La idea de libertad prometida por la modernidad terminó reduciéndose a un estancamiento: seleccionar entre opciones fijas, ser varón o mujer, ser ciudadano o ser punk; pero ni siquiera estos extremos polares son tan fijos como se esfuerzan por aparentar: se es varón o mujer de manera distinta a los 7, a los 20 y a los 40 años. Las identidades disidentes desenmascaran la fluidez intrínseca de todo complejo identitario.

 

Desarrollando la idea de que las palabras permiten ubicar a la persona, aparecen otro par de fragmentos donde éste “sentido de pertenencia” da lugar a movilizaciones colectivas a partir de la emoción de sentirse acogidx:

 

{…} las palabras permiten el encuentro, permiten crear grupos de apoyo, ya el mero encontrar un grupo donde te encuentres con otras personas como tú, ya es un apoyo, aunque sea un grupo de convivio y desmadre, ya sabes que no eres el único de eso, ¿no?, ahora, si aparte de eso hay grupos que te dan conocimientos de sexualidad, o de manejo de emociones, o de manejo de relaciones, etcétera, como Musas, mejor, ¿no?

Descubrí hace, ¿qué será? 2017, 2018 que había un grupo que se llamaba Resistencias No Binarias. “ahhh, a ver, no soy la única persona, hay otras 30 o 40 que vinieron este día, personas no binarias”, entonces es sorprendente, hasta para una persona no binaria es sorprendente porque uno en su percepción es, se siente el único bicho raro del planeta ¿no? y de repente volteas y de repente ves que hay otras personas como tú.

 

La idea de organizarse, crear comunidad, de reunirse y crear lazos íntimos y duraderos con les demás, implica una forma de hacer frente al sentido de soledad e incertidumbre que surge al no encontrar un lugar en el mundo, y es una necesidad primordial que muches, a partir de algún momento crucial, intentamos cubrir, mediante la búsqueda de personas como nosotres, con quienes podamos congeniar, y que se conviertan en nuestra familia elegida. Hay momentos en que esto se consigue, y la sensación de saber que alguien más pasa por circunstancias similares a las nuestras, es una satisfacción que no cabe en definiciones, y que muchas veces es suficiente para hacer crecer a la comunidad y tener mayor visibilidad en el espacio público.

 

Pero no hay que mirar solo la parte dulce, de compañerismo al hablar de la formación de colectividades disidentes, pues como venimos indicando, están conformadas de personas que no tienen voz ni voto en muchos espacios; y esa misma inconformidad de vivir sin ser escuchadxs va creando un sentimiento de rabia y frustración hacia las estructuras de poder que perpetúan este silencio. La emoción compartida por varias personas puede ser capaz de movilizarlas y organizarlas con vistas a un cambio, como lo plantea Scheer[32], al decir que las acciones sociales no sólo generan emociones, pues lo que se siente, constituye del mismo modo una potencia para encauzar prácticas y acciones sociales específicas, concretas y materiales. Dentro del discurso de Alo, se distingue que parte de esta movilización dentro del activismo, además de cohesionar diferentes grupos, le sirvió como fuente de conocimiento para otros temas, como sucedió al preguntarle por su iniciación en las relaciones abiertas:

 

La militancia me fue orientando a esos temas, oí a P, obviamente y estaba en esa época una persona con la que después se peleó medio mundo que se llama AR ¿No? Que era persona no binaria entonces yo creo fue la primer persona no binaria que yo conocí que se asumía no binaria {…} ya llevaba 8 años investigado el poliamor, y saber en dónde se reunían y era muy difícil encontrarlos porque había un chat en Yahoo! pero no era fácil encontrar en qué lugar se iban a reunir ¿no? Y después este fui a una primera reunión, apareció un grupo de Facebook y eso ayudó a organizar una primera reunión

Aquí, además de ser reconocido como miembre legítime en una comunidad de práctica, como apuntan Lave y Wenger,[33] aparece un ejemplo de cómo les miembres más expertes dentro de la misma van guiando a les novates hacia nuevas áreas de conocimiento, construyendo entre todes un saber común acorde con las propias necesidades e intereses de la comunidad, mediante el diálogo y la participación en conjunto.

 

1.2] Mis influencias: El nombre lo tomé porque hablar de influencias es bastante común en el ambiente punk y underground, para hacer referencia a aquellos grupos o personajes que fueron la puerta de entrada al mundo del punk, y que muchas veces nos dieron una primera impresión de cómo era el sonido, la estética, los temas que se tocaban, y que, en el mejor de los casos, sirvieron como inspiración para conseguir un instrumento y comenzar a tocar. Esta misma idea me llevó a preguntarme sobre esos referentes que posiblemente existan para las personas sexo diversas, y que Alo mencionó en un par de ocasiones:

 

David Bowie fue, es uno de mis ídolos musicalmente, ¿no? (3) Desde que conozco la película de Transilvania es una fascinación, es una de mis películas eh… esa canción, sobre todo, lo que dice y la forma en que se expresa eh la transgresión, sí, me identifico yo con la transgresión y con el cuestionamiento.

 

Y casi al final de la sesión, retoma a Bowie para enfatizar sobre su deseo de ser una persona con una corporalidad cambiante, referida al final de la primera subcategoría:

Eso tiene mucho David Bowie, tal vez por eso es una de las personalidades con las que me identifico, ¿no? este ser camaleónico, multifacético.

 

Si bien, esos referentes muestran los límites del modelo binario, y pueden servir como modelos a seguir con los que las personas se identifican, no hay que perder de vista que representan también figuras que dan pie a estereotipar la imagen de algún grupo o comunidad, en especial si se trata de alguien con tanta visibilidad como Bowie, quien podría considerarse un ícono con la androginia, que en ocasiones se torna como el imaginario colectivo que se tiene sobre las identidades no binaries, como veremos más adelante. También se podrían considerar situaciones de oportunidad, que al estar al alcance de audiencias más o menos grandes, permiten que las personas vean la posibilidad de dirigir su vida en esa dirección, siempre y cuando sus intereses, estilos de vida, posturas y demás, sean congruentes con el estilo de dichas figuras[34] que en este caso no se reducen a la ejecución musical, sino también a la actuación y por supuesto, a la identidad Queer.

 

En otro momento, Alo destaca la importancia que tienen esos modelos actualmente, en comparación con la época en que creció y fue formando su identidad:

 

{…} sí hace falta hacer más talleres de diversidad en prepa, porque en preparatoria todavía actualmente, tienen la ventaja que ya tienen en la cultura, en la tele, todo eso, en los medios, referentes que antes no tenías, que yo no tuve en mi época {…} y poco a poco es más fácil que la gente salga del closet en la cotidianidad, o que le diga a sus amigos: “soy bi o soy gay” y que el amigo ya nomas le diga: “ah, qué bueno”{…} Pero eso en las ciudades, en los centros urbanos, porque si te vas todavía a los barrios, las periferias, a los pueblos, pues siguen como antes y siguen matando a gente por ser mariquita o por ser lesbiana (2)

 

No hay que perder de vista que, como precisa Hundeide,[35] existen alternativas que se abren, en un contexto histórico y cultural específico, ante ciertas trayectorias de vida, mientras que otras se bloquean por las elecciones previas de la persona, ya sea que resulten invisibles (las personas no tienen forma de acceder a su conocimiento), incongruentes o imposibles (no cuentan con las habilidades o destrezas de acceso necesarias); es decir, el hecho de que Ale haya tenido acceso a la obra de Bowie refiere que hubo condiciones que favorecieron que éste conocimiento llegara a elle, y a su consecuente identificación, mientras que en otros contextos, donde se ubican por ejemplo las comunidades rurales o sin mucho acceso a las imágenes de los íconos anglosajones, esas alternativas son casi imposibles de concebir.

 

2] ¿Lo que importa es el interior?: Como mencionaba al inicio de este apartado, hubo varios momentos de la conversación en que Alo señaló algunas inconsistencias sobre las mismas prácticas sociales en que participa, que no dejan de reproducir estándares hetero normados al momento de elegir (o juzgar) a las personas con quien desean relacionarse sexo afectivamente, llegando a compararlas con una copia de la norma cis-hetero patriarcal:

 

{…} creo que cuando yo digo: “la postura anárquica contra todo” también termina siendo un acto de violencia y de imposición (3) porque es como decirles: “yo no creo en la institución del matrimonio, entonces todos lo que estén casados son unos loosers y todos deberían de anular su matrimonio” ¿Qué derecho me da a mi imponer a todos mis ideas anarquistas?

{…} si se creó esta normatividad, heteronorma o cis norma como un castillo de cristal perfecto, que lo vemos como algo perfecto bien construido, pero al criticarlo se construyó otro castillo de cristal que simplemente es un negativo, igual de rígido, igual de cerrado, igual de normativo, si no tienes relaciones igualitarias todas, entonces no eres poliamoroso, porque “no se vale tener relaciones jerárquicas”; bueno, y si las tres personas son felices ¿Quién chingados tiene derecho a juzgarlas? ¿y si tres viven su polifidelidad en una relación cerrada poliamorosa y son felices con ese acuerdo?, más bien yo creo que el chiste es establecer acuerdos como personas maduras y respetarnos y tal vez meter meta-acuerdos para saber qué hacer cuando el acuerdo se rompa, un acuerdo sobre los acuerdos, ¿No?

{…} hemos avanzado en la parte legal y algo en la parte cultural y ya hay series gays, ya hay personajes gays en las series, hay personajes bis, pero pues todavía están muy estereotipados, todavía son muy, o sea es el gay galán, este que lleva tipo la vida americana o L word, o sea es pura lesbiana normativa ¿No? Pura lesbiana que parece modelo ¿No? Guapa, joven, rica, con dinero, con la vida resuelta

Los bisexuales son como {…} es una identidad invisible, porque parece que la única forma en la que te aceptan como persona bisexual es si eres poliamoroso y traes a la novia y al novio, besas a uno y al otro {…} pero si traes a la novia eres heterosexual, si traes al novio eres gay, ¿no? y también la identidad no binaria es invisible porque si me visto de mujer trans, soy mujer trans,  si me visto de hombre, soy hombre cis, pero pues tendría que andar todo el tiempo como Baron Ashler, ¿no?, mitad hombre, para que me creyeran que soy no binarie, y entonces caería en el estereotipo de lo no binario también, ¿no?

 

En todos estos fragmentos, se evidencian las contradicciones que enfrenta la lucha por deconstruir el orden binario donde se reconozca la diferencia, pero que esa diferencia no devenga desigualdad, pues cuando se cuestiona la disidencia desde su interior, también se excluye a quien piense diferente, y salen a flote lxs puristas a decidir qué si y que no es admisible. Algo parecido sucede con el punk en subgéneros como el pop punk (mejor conocido como happy punk en México). Incluso en los círculos disidentes se ven rehabilitadas las estructuras de opresión macrosistèmicas: estereotipos hacia la sexodiversidad, reglas rígidas en modelos relacionales, conservadurismo estilístico en el punk.

 

También sucede que la supuesta visibilidad que van ganando los sectores oprimidos se ve sesgada porque los personajes que los “representan” en la pantalla grande o frente a una gran audiencia, refuerzan el ideal atractivo occidental, pareciendo más un anuncio publicitario que el reflejo de las personas que han vivido silenciadas. Y es que ese supuesto reconocimiento pasa por una serie de filtros, donde incluso las personas LGBT cuestionan a quienes salen de la lógica binaria, ya sea en términos de orientación sexual (como les bisexuales) o en cuanto a identidad genérica (con el no binarismo), como para dar el “visto bueno” a base del intercambio de argumentos, ya que en la apariencia física parece no legitimarse, pues continúan leyendo a las personas dentro de la lógica heteronormativa o estereotipada, y eso da pie a la discriminación y falta de reconocimiento.

Es importante también que el reconocimiento de la diferencia no se limite a la ampliación de derechos, pues representa, la mayoría de las veces, la voluntad, elevada a categoría de ley de la ideología dominante (como sucede con el matrimonio igualitario o la adopción), y como vemos, el no hacerlo da lugar a formas legítimas e ilegítimas del intercambio sexual y de la expresión de género, fortaleciendo los poderes de dominación a través de la misma participación en la tarea de oponerse.[36]

 

Pero también todo esto ocurre con los cuerpos que no encajan con los estándares de belleza modernos, donde se privilegia el estado de bienestar corporal, el buen parecer (con uso de cosméticos y productos dietéticos), y la pasión por el esfuerzo y el riesgo (cuerpos atléticos), duplicando los signos de distinción, dándoles un valor:[37]

 

{…} de adolescente fui muy normativo y fui muy guiado por lo normativo, después me llegaron a gustar ciertas parejas, pero me daba vergüenza reconocerlo porque no estaban dentro de la normatividad {…} fue hasta los 40 donde ya no me importó tanto el… ya empecé a ver más que había gente gordita que me gustaba o gente flaca que me gustaba o gente que estaba muy dentro de la normativa que no me atraía

{…} me causaba conflicto que no tuvieran un cuerpo demasiado estilizado, perdí una relación por no valorar eso, ¿no? o por no darme cuenta que sentía atracción, pero estaba metido en las estructuras normativas, ahorita me doy cuenta, lo hago consciente, pero en ese momento no era consciente, es que ¿cuántos procesos vive uno que no hace conscientes? {…} y entonces yo no me di cuenta que no tomaba en serio a esta chica porque pues no era el ideal de belleza y después me arrepentí mucho de haberle perdido el contacto, ¿no? esta relación era padre, concordamos, la pasábamos muy bien y (2) pues me di cuenta que el que no estaba maduro para esa relación era yo (3)

Simplemente la gordofobia, ¿no?, A mí me sigue conflictuando {…} que, ya ya, la vejez, ¿no?, estoy envejeciendo. O sea, sí acepto mi vejez, mi transcurrir en la vida. mi estado de deterioramiento constante, ¿no?, pero también es difícil, ¿no? es mentira que es fácil. Es complicado aceptar que uno está envejeciendo.

 

Entendiendo al cuerpo como vehículo simbólico que permite un nivel básico de comunicación con los demás, es lo primero que los demás “leen” de nosotros, y esa mirada normalmente está influenciada por “marcos de sentido” normativos, que cuando se trata de un cuerpo gordo, se apega a prácticas de segregación y discriminación, pues el cuerpo con sobrepeso resulta incongruente con los símbolos del prestigio social como la moda, el arte, la publicidad, al igual que con valores como el éxito, la autonomía, la felicidad y el placer individuales; lo cual, tiene como consecuencia la interiorización de estereotipos y actitudes, de tal manera que los pone en condiciones de elegir, o simplemente de llevar a cabo por hábito, determinados cursos de acción[38] como los mencionados anteriormente retomando a Le Breton.

 

Pero no es solo el cuerpo robusto el que es desplazado de la norma, sino que los cánones estéticos dejan de lado a la apariencia y la corporalidad vieja, con “imperfecciones” que se representan sinónimos de lo obsoleto, caduco, y es también un esfuerzo adicional de la persona el tratar de darle un significado no peyorativo a la vejez, dando la impresión de que no hay un solo momento en la vida en que las ideologías dominantes dejen de ejercer presión sobre los individuos, llegando siempre a segregarlos por una u otra razón. Sin embargo, también representa un acto de resistencia el hecho de que Alo actualmente opte por sentir atracción por cuerpos que no son necesariamente normados, considerando otros factores, como la sonrisa, cosa que mencionó al responder el ejercicio de Frases Incompletas.

 

El acto de proponerse a buscar e ir encontrando conceptos nuevos de los cuales apropiarse para dar forma a una identidad sexo genérica disidente, representa una difícil labor porque el sentido convencional que tiene la identidad de género binaria es resultado de una práctica significante que es construida y producida históricamente a partir de relaciones de poder[39], mismas que excluyen de su lógica la idea de un género diferente al de hombre y mujer, y que por lo tanto, evitan se hable de esas otras posibilidades, manteniéndolas en el plano “subterráneo”, como ocurre con el punk. Todo esto contribuye a que en el mismo lenguaje se sigan invisibilizando las identidades como la pansexual y no binarie que competen a Alo, pues siguen conteniéndose a volverse parte del conocimiento público y a ser adoptados por la mayoría, conformando todo un lenguaje excluyente, orillando a les identidades disidentes a ir buscando sus propios espacios para informarse, expresarse y donde se respete el uso de sus pronombres en especial, como ocurre con el no binarismo.[40]

 

Al igual que el lenguaje verbal, la expresión corporal también toma una connotación de resistencia al salir de la norma como lo refiere Alo, al travestirse durante una marcha LGBT y practicar el nudismo, pues  el cuerpo es el recinto del sujeto, el lugar de la libertad y sus límites, el objeto privilegiado de una elaboración y de una voluntad de dominio[41], fabricando tanto un cuerpo como una identidad propios, manifestando que en lo corporal no existe una homogeneidad, y dentro de su misma expresión puede indicar desigualdades, comunicando rebeldía y enojo orientados a algún cambio que se quiere implementar, conformando así un cuerpo político.[42] Esa enunciación transgresora desde la apariencia física es algo que también se efectúa en el punk.

 

Por otro lado, la pertenencia a alguno de los grupos que oscilan constantemente entre el no-lugar, en los rincones que la norma no voltea a ver, se convierte en nuevas formas de identificarse, pues las alternativas y contrastes se han ido multiplicado, mientras cuestionan lo que naturalmente ya estaba garantizado en cuanto a los senderos de vida que se tenían predeterminados para las personas, “el deber ser”, permitiendo que surjan identidades contraculturales, que lejos de ajustarse a los nuevos o viejos valores sociales, optan por crear una alternativa propia de identidad a partir de esta inconformidad[43], que es lo que sucede con lxs punks y con las identidades diversas sexual y genéricamente.

 

De acuerdo con Dreier[44], vemos que la participación de Ale en diferentes contextos no se encuentra estática, sino que es multifacética y cambiante, y a través de ella persigue preocupaciones que sólo pueden realizarse de esta forma contextualmente variada de participar, buscando cambios en el contexto macro social y su situación futura en él, con vistas a difuminar las desigualdades entre personas, partiendo del reconocimiento y respeto a las identidades diversas, así como a otras formas no normativas de relacionarse, como el poliamor o la práctica del BDSM.

 

Sobre los referentes que retoman las personas como modelos para definir su identidad, sostengo que pueden ser puertas de entrada para acceder a nuevas posibilidades (disidentes en algunos casos), pero que, al convertirse en personajes o íconos de alguna comunidad con un alcance suficiente para aparecer en diferentes medios de comunicación, su imagen se vuelve familiar al mismo tiempo que va creando estereotipos, que es lo que la sociedad busca para referenciarse en el mundo con la creencia de que así se definen las identidades. Esos estereotipos están enraizados en la sociedad y la cultura; y específicamente en la publicidad, que muestra a las personas más posibilidades de pertenecer a un grupo, convirtiéndose en un asunto efímero que establece representaciones colectivas que están siempre presentes y siempre son deseables, con lo que se corre el riesgo de segregar [45] a quienes no cumplan con ese estereotipo, como detallo en el siguiente párrafo.

 

Considero que el hallazgo más preocupante es el de buscar la forma de legitimar a las personas que fluyen en cuanto a su orientación sexual y a su identidad de género, partiendo de estas mismas preconcepciones normativas en las que se espera que si alguien se asume como bisexual, por ejemplo, esté constantemente denotando su gusto hacia hombres y mujeres, y no solo hacia uno de ellos; de igual forma con las personas poliamorosas que parece que para ser reconocidos como miembros legítimos[46] deben efectuar diferentes actividades frente a los miembros “expertos”, como el presentarse con más de una pareja en todo momento, y por último, es lo mismo que ocurre con las identidades genderqueer, al leerlas desde la idea de que si tal o cual aspecto de su apariencia es muy propio de uno u otro género, no son congruentes con su discurso de encontrarse “fuera de la norma”, pues deberían representar una imagen andrógina en vez de reproducir los estereotipos binarios de género. Todas estas ideas se basan en la búsqueda de tendencias, de patrones comunes que nos sean familiares para validar que una u otra identidad efectivamente coinciden con lo que la persona nos dice, lo cual, nos lleva a romper con la cualidad cambiante y movediza que tienen las identidades diversas, contradiciéndolas y ubicándolas en un lugar de fijeza para que se adecuen a nuestra visión hegemónica, normativa e impositiva.

 

Por último, vemos que no sólo es la mirada cis-hetero-normada la que legitima las identidades, sino también los estándares de belleza ejercen presión, decidiendo qué es atractivo y que no, de acuerdo con la mirada occidental de simetría, juventud, delgadez, atletismo y tez clara. Cuando todos estos factores se combinan con las identidades diversas, inadaptades, sitúan a la persona en un lugar cada vez más alejado, reduciendo sus posibilidades de relacionarse sin complicaciones con les demás, remarcando esta noción que mencionaba Alo, de ser vistes como “bichos raros”.

 

Antes de pasar al último apartado, quiero señalar que entre las limitaciones que encontré desde la entrada al campo, está el haberme presentado desde el principio como estudiante de psicología haciendo servicio social, que aunado a la imagen física que represento de varón cisgénero heterosexual, me dificultó “ganarme la confianza” de les miembres de la asociación, pues pienso que se cumplió con el cliché de que la presencia del investigador es como la de un espía, y hubo varias ocasiones donde me sentía desplazado, fuera de lugar, aunque esa sensación me ayudó a empatizar y justificar esta investigación.

 

Por otro lado, el uso de lenguaje inclusivo y la apertura para compartir o escuchar experiencias personales en un plano mucho más cotidiano, sin tomar la posición de un estudiante universitario que debe entregar un reporte, me ayudó a tener más soltura y confianza al hablar con todes les participantes. También reconozco que la comunicación vía chat con alguien que no pasó su adultez temprana usando esas plataformas, es mucho menos fluida que con alguien de mi generación o menor, llegué incluso a sentir las respuestas en la negociación un tanto cortantes por lo concretas que eran; sin olvidar que al momento de hacer la entrevista vía Zoom, la presteza que tenía por recolectar datos me impidió profundizar en casi todos los tópicos que abarqué con las preguntas, pasando de una a otra con cierta brusquedad. Aún con eso, se construyeron datos que cumplieron mis objetivos e incluso los rebasaron, dando pie a investigaciones futuras, como la norma dentro de lo no normativo.

 

Para finalizar, considero que sí se cumplió el propósito de tener una idea más completa del sentido que tienen las diferentes problemáticas abordadas para le participante partiendo de su experiencia relatada, pero por cuestiones de tiempo, dejé de lado la dimensión gesticular y no verbal de su comunicación para complementar el análisis e interpretación del discurso, lo cual habría sido valiosísimo.

 

La propia reflexión sobre la identidad personal, ese sentimiento de pertenencia a prácticas particulares (cis-hetero-normadas); desarrollada sobre el trasfondo de ser parte de ellas, configura aquellas reflexiones en posturas personales[47] que toman un sentido político al posicionarse fuera de ellas y buscar otras maneras de entenderse y representarse a sí misme y ante les demás, así como otras comunidades a las cuales pertenecer, dándole un nuevo sentido a su práctica identitaria y guiándola en trayectorias de vida fuera de la norma. Además, ese posicionamiento cuestiona la lógica binaria al asumir una identidad de género cambiante, que resignifica el ubicarse fuera de la norma ya no como algo peyorativo, sino como parte de la diferencia identitaria, tal como sucedió con el punk, y por supuesto, con el término Queer.

 

Sin embargo, el mismo mecanismo de invisibilización, ausencia de reconocimiento y discriminación en términos de arreglos contextuales que definen quién cuenta como un participante legitimo en determinadas prácticas sociales[48] que viven les persones bisexuales y no binaries en específico, ocurre también en el punk, siendo algo que difícilmente se encuentra en las definiciones de ese término, consistiendo en un ejercicio de segregación, con lo que sostengo que también ahí se perpetúan relaciones de poder de distinta índole (como el lugar de procedencia distinto del de una zona urbana, el apoyo “mutuo” que resulta elitista entre personas blancas, y por supuesto, el género, entre muchas otras).

 

La idea anterior se complementa con los estereotipos que atraviesan a diferentes grupos para ser validados, como sucede con la androginia y con la imagen corporal para definir si alguien es atractive. En suma, estos hallazgos analizados a la luz de la interseccionalidad dan cuenta de los diferentes escenarios de opresión y de las experiencias individuales que resultan de la conjunción de diferentes tipos de identidad no normativas.

 

Específicamente al abordar identidades en resistencia, resalta la cualidad de que los conceptos orientadores tengan un marcado grado de inaccesibilidad al encontrarse en el subterráneo del lenguaje hegemónico. Esto representa una traba, un mecanismo de opresión, limitación y exclusión para quienes se experimentan en alguna medida como diferentes de la norma; no es accidental que haga falta buscar por oscuros caminos las palabras que posibilitan identificarse como subalterne. En este sentido, construir una narración sobre sí misme en tanto marginal (punk, merodeador, queer, no binarie, bisexual, poliamorose, bedesemere, vegetariano, nudista…) es simultáneamente un acto de resistencia en múltiples frentes y un ejercicio constante de auto(in)formación.[49]

 

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Notas
[1] Accidente. (2016). Yo misma [Canción]. En Pulso. Estudios Musigrama.
[2] Andrea Restrepo Restrepo, “Una lectura de lo real a través del punk.”, ed. cit., pp. 9-37.
[3] Morgan Disalvo y Juan Nicolás Cuello. “¿Será que los punk son putos? Estéticas urgentes y disidencia sexual en la contracultura punk argentina”, ed. cit., pp. 233-252.
[4] Karsten Hundeide. “Socio-cultural tracks of development, opportunity situations and access skills”, ed. cit., pp. 241-261.
[5] Morgan Disalvo y Juan Nicolás Cuello. “¿Será que los punk son putos? Estéticas urgentes y disidencia sexual en la contracultura punk argentina”, ed. cit., pp. 233-252.
[6] Ibid., p. 235.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Paul Preciado (2012). Citado en Morgan Disalvo y Juan Nicolás Cuello. “¿Será que los punk son putos? Estéticas urgentes y disidencia sexual en la contracultura punk argentina”, ed. cit., pp. 233-252.
[10] José Fernando Serrano et al (2011). “¿Cómo se piensa lo “queer” en América Latina?” citado por Pablo Santamaria y César Augusto Molina-Saldarriaga, ed. cit., pp. 47-60.
[11] Morgan Disalvo y Juan Nicolás Cuello, “¿Será que los punk son putos? Estéticas urgentes y disidencia sexual en la contracultura punk argentina”, ed. cit., pp. 233-252.
[12] Ibid.
[13] Ole Dreier. “Personal trajectories of participation across contexts of social practice”, ed. cit., pp. 5-32.
[14] Jean Lave y Etienne Wenger. “Situated learning: Legitimate peripheral participation”. ed. cit.
[15] Karsten Hundeide. “Socio-cultural tracks of development, opportunity situations and access skills”, ed. cit., pp. 241-261.
[16] Arcelia Salomé Lòpez-Cabello. La música punk como un espacio identitario y de formación en jóvenes de México”. ed. cit., pp. 185-197.
[17] Ole Dreier. “Personal trajectories of participation across contexts of social practice”), ed. cit., pp. 5-32.
[18] Morgan Disalvo y Juan Nicolás Cuello. “¿Será que los punk son putos? Estéticas urgentes y disidencia sexual en la contracultura punk argentina”, ed. cit., pp. 233-252.
[19] Pablo Santamaría-Alzate César Augusto Molina-Saldarriaga. “Queercore: Corporalidad, Ruido y Poética de la indefinición”, ed. cit., pp. 1-11.
[20] Jean Lave y Etienne Wenger. “Situated learning: Legitimate peripheral participation”, ed. cit.
[21] Pablo Santamaría-Alzate y César Augusto Molina-Saldarriaga “Queercore: Corporalidad, Ruido y Poética de la indefinición”, ed. cit., pp. 1-11.
[22] Ibid.
[23] Ibid.
[24] Monro, (2019), citado por Natalia Torres Patiño y Sebastián Villamizar Gil. “Aproximación a narrativas de construcción identitaria no binaria en transiciones de género”, ed. cit.
[25] Matsuno y Budge (2017) citado por Natalia Torres Patiño y Sebastián Villamizar Gil. “Aproximación a narrativas de construcción identitaria no binaria en transiciones de género”, ed. cit.
[26] Ibid.
[27] Deborah Tannen. “¡Yo no quise decir eso!: Cómo la manera de hablar facilita o dificulta nuestra relación con los demás”, ed. cit., pp. 15-43.
[28] Patricia Schettini e Inés Cortazzo. “Análisis de datos cualitativos en la investigación social”, ed. cit.
[29] Ole Dreier. “Personal trajectories of participation across contexts of social practice”, ed. cit., pp. 5-32.
[30] Javier Gonzalo Calzada. “La técnica de las frases incompletas: Revisión, usos y aplicaciones en procesos de orientación vocacional”, ed. cit.
[31] Carlos Acosta. “Judith Butler y la teoría de la performatividad de género”, ed. cit., pp. 85-95.
[32] Scheer (2012). Citada por Oliva López y Guadalupe López. “Redes de periodistas para vencer el miedo: comunidades emocionales ante la violencia de Estado. El caso de México”. ed. cit., pp. 54–66.
[33] Jean Lave y Etienne Wenger. “Situated learning: Legitimate peripheral participation”, ed. cit.
[34] Karsten Hundeide. “Socio-cultural tracks of development, opportunity situations and access skills”, ed. cit., pp. 241-261.
[35] Ibid.
[36] Carlos Acosta. “Judith Butler y la teoría de la performatividad de género”, ed. cit., pp. 85-95.
[37] David Le Breton. Antropología del cuerpo y modernidad, “Lo inaprehensible del cuerpo”, ed. cit., pp. 13-27 y “El cuerpo hoy”, ed. cit., pp. 83-90.
[38] Guillermo Claudio Piedras. “La experiencia subjetiva del cuerpo con sobrepeso: Un análisis desde el interaccionismo simbólico.”, ed. cit., pp. 125-155.
[39] Alejandro Gil Alzate et al. “Investigar la identidad de género: representaciones colectivas, comunicación y lenguaje”, ed. cit., pp. 87-109.
[40] Ártemis López. “Cuando el lenguaje excluye: consideraciones sobre el lenguaje no binario indirecto”, ed. cit., pp. 295-312.
[41] David Le Breton. Antropología del cuerpo y modernidad, “Lo inaprehensible del cuerpo”. Ed. Cit. pp. 13-27 y “El cuerpo hoy”, ed. cit., pp. 83-90.
[42] Nancy Scheper‐Hughes y Margaret Lock. “The mindful body: A prolegomenon to future work in medical anthropology”, ed. cit., pp. 6-41.
[43] Karsten Hundeide. “Socio-cultural tracks of development, opportunity situations and access skills”, ed. cit., pp. 241-261.
[44] Ole Dreier. “Personal trajectories of participation across contexts of social practice”, Ed. Cit. pp. 5-32.
[45] Alejandro Gil Alzate et al. “Investigar la identidad de género: representaciones colectivas, comunicación y lenguaje”, ed. cit.,  pp. 87-109.
[46] Jean Lave y Etienne Wenger. “Situated learning: Legitimate peripheral participation”. ed. cit.
[47] Ole Dreier. “Personal trajectories of participation across contexts of social practice”, ed. cit., pp. 5-32.
[48] Ibid.

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