Primera parte La obra de Derrida es una tarea interminable, como si lo que completara su pensamiento fuera arena, una orilla abierta, un límite que nunca deja de desmigarse o alejarse.[1] Así ocurre a veces con el horizonte, cuando la distancia parece aumentar justo cuando creíamos adentrarnos en sus parajes. Página tras página, la...