Lo instituyente. Algunas aproximaciones desde Castoriadis

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Lo instituyente. Algunas aproximaciones desde Castoriadis

9.

Presentación

Existen incontables aspectos que el ser humano ha tratado de descifrar, explicar y cambiar. Miles de hombres han dedicado su vida a tratar de teorizar sobre el porqué y cómo la humanidad ha resuelto su vida en la manera en la que lo hace y de cómo transforma tanto su vida material como su vida social. Desde el primer momento en que surgió la conciencia, se han dado explicaciones y perspectivas que dan sentido y que responden a las incógnitas que la curiosidad ha forjado. Algunos razonamientos se desvanecen entre las nuevas consideraciones y las inagotables reflexiones de los que son capaces de leer entre las líneas de la vida, el tiempo y el espacio. Muchas conclusiones a las que llegaron culturas radicalmente opuestas, ya sea por sus características geográficas o por su lugar en el tiempo, son asombrosamente similares, tejiendo lo que entendemos hoy en día como realidad.

Algunos humanos tienen la sobrada sensibilidad para hacer ver a sus contemporáneos y sucesores la realidad a partir de sus palabras y afortunadas explicaciones; estos sujetos estan condenados a permanecer vivos, a través de sus teorías en el pensamiento, lenguaje y representación del mundo de los muchos otros que nos dedicamos al estudio de las manifestaciones humanas y que gracias a las observaciones y críticas de nuestros antecesores y contemporáneos podemos acercarnos a la conciencia. Uno de estos hombres fue Cornelius Castoriadis quien dedicó su vida a tratar de comprender y explicar cómo el individuo construía su mundo; vivió en una época en que el ser humano, gracias a la acumulación de información, conocimientos y riquezas, comenzaba a alterar su medio ambiente de manera tan acelerada como nunca antes se había visto, centrándose en la industria y en la economía. Castoriadis fue testigo de cómo la humanidad drásticamente se modificaba a sí misma sin suponer siquiera el resultado al que llegaría.

Las explicaciones por las transformaciones sociales son muchas y, por lo tanto, también muchas son las propuestas teóricas, sin embargo, debemos ser precavidos de no caer en maniqueísmos o relativismos y mantener el sentido crítico siempre despierto y bien alimentado. Hay que tener cuidado de no tropezar con lo llamativo y cómodo de las modas interpretativas y debemos aceptar las flaquezas y grandezas de las teorías existentes.

En este trabajo se analizará lo instituyente, desde la visión castoridiana y se tratará de comprender su manifestación en las instituciones y cómo, si es posible, se construye en el contexto moderno, para ellos se abordarán los aspectos teóricos para concluir con un par de ejemplos que para fines explicativos se consideran pertinentes.

Conformación de la institución

Castoriadis, en su máxima obra La institución imaginaria de la sociedad, se hace la pregunta de por qué hay distintas sociedades, y nos dice que no sólo hay incontables respuestas sino que también existen incontables maneras de formular la pregunta por la vida, por el humano y por la sociedad.

Las respuestas dadas a la pregunta por el individuo y sus sociedades propuestas desde occidente se pueden reducir a dos tipos y sus diversas combinaciones.[1] El primero lo conocemos como fisicalista, que es la posición de que cada cosa que existe lo hace dentro de los límites de sus propiedades físicas y no existe otra clase de cosas diferente a ellas,[2] difiere del materialismo en que reconoce la existencia de las cosas, conceptos, leyes, etc., y afirma que no pueden ser reducidas sólo a la materia. El fisicalismo sostiene que los estados mentales son idénticos a los físicos. El máximo exponente es el funcionalismo que estipula que la sociedad esta constituida por partes que funcionan para mantener el conjunto y en la que el mal funcionamiento de una parte obliga al reajuste de las otras.[3] Otro intento de elucidación por parte del funcionalismo es la postulación de una identidad de necesidades humanas a través de los periodos históricos, intentando proporcionar un punto estable; sin embargo, sólo lo logra de manera superficial, porque encontramos que la historia misma, analizada a profundidad, contradice esa identidad y nos muestra como, a pesar de que en sociedades distintas haya semejanza en la manera de organizarse o de construirse materialmente, en cada una de ellas significa algo único y radicalmente distinto.

El segundo tipo es el logicista, su forma más pobre es el estructuralismo, entendido como la repetición de una misma operación lógica un cierto número de veces.[4] Afirma que ésto es la totalidad de la historia humana. Una de las combinaciones más común es con el funcionalismo, así el estructural- funcionalismo considera al cambio social como:

Una alteración apreciable de las estructuras sociales, las consecuencias y manifestaciones de esas estructuras ligadas a las normas, los valores y a los productos de las mismas. El cambio social incluye aspectos como el éxito o fracaso de diversos sistemas políticos y fenómenos como la globalización, la democratización, el desarrollo y el crecimiento económico. Es decir: el cambio social consiste en la evolución de las sociedades, desde cambios a gran escala hasta pequeñas alteraciones.[5]

Explica, esta unión teórica, que las diferentes formas de sociedad son las diferentes formas de combinaciones posibles, además que se cuentan con una cantidad finita de elementos. Debe suponer cada vez como indiscutible el conjunto de elementos en que recaen sus operaciones, como las oposiciones que recrea y postula entre ellos.[6]

Castoriadis, junto con muchos otros teóricos, nos demuestran que toda sociedad tiene actividades que no cumplen una función, que existen porque pueden existir, no porque sean necesarias. La diferencia entre las sociedades esta cubierta por banalidades que no se pueden definir en cuanto a qué funciones sirven.

Siguiendo a Castoriadis reconocemos que las sociedades se construyen a través de instituciones que regulan la vida en común, que marcan la pauta y coherencia entre las acciones y las ideas. Hay dos aspectos fundamentales a tomar en cuenta para la comprensión de las sociedades: el legein, que es dimensión conjuntista-constituyente del representar-decir-social, y el teukhein, que es la dimensión conjuntista-constitutiva del reunir-adaptar-fabricar-construir del hacer social.[7] Tanto el legein como el teukhein, se apoyan en el aspecto identitario, pero son creaciones sociales, instituciones primordiales e instrumentales de toda institución.

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El lenguaje es en virtud de estas dos dimensiones y componentes indisociables; es lengua porque significa, en tanto se refiere a un magma de significaciones; es código que organiza identitariamente el sistema de conjuntos. El ser código del lenguaje no se limita al aspecto material abstracto ni se extiende al enfoque significativo, se mantiene como tensión entre ambos. La existencia de la sociedad, es decir el hacer/representar, es colectivo, es anónimo y es imposible en ausencia de la institución del legein-teukhein. El hacer/representar social siempre presupone que se refiere a objetos distintos y definidos que se pueden reunir para formar propiedades determinadas que sirven de soporte a su misma definición, por ejemplo: de las vacas siempre nacen vacas.[8]

El teukhein es dimensión identitaria-conjuntista del hacer socialmente instituido, es lo que permite que se dé la existencia como tecné: técnica. Es una manifestación particular de aspectos secundarios y derivados para la transformación del medio que rodea al individuo y del ser humano mismo. Esta implícito en el instituir, al igual que el legein y también responde a los esquemas operadores, es decir, dispone de la separación-reunión, hay que disponer de la equivalencia y de la utilización, es el orden que se establece y que rige coherentemente en cada sociedad.[9]

La sociedad es siempre institución de legein y se despliega de la lógica de conjuntos-identitaria. No podemos ni hablar ni pensar sin el lenguaje, sin el legein; para cuestionar a la institución nos valemos solamente de su historia, de su lógica, es decir de ella misma. Muchas veces, la sociedad y la época del investigador le impiden ver el entrecruzamiento entre la lengua y la técnica pero, sin lenguaje no hay pensamiento; es creación espontánea de un colectivo humano[10] y no puede ser de otra forma; es decir, no se pudo planificar ni idear más que en la reproducción misma, “Toda sociedad existe gracias a la institución de su mundo como su mundo, o de su mundo como el mundo, y gracias a la institución de sí misma como parte de ese mundo”.[11]

La sociedad no es cosa, sujeto, idea, colección o sistema. Toda relación entre objeto y sujeto es una relación social y sólo son lo que son porque así lo ha instituido cada sociedad en particular. No hay articulación de lo social que se dé de una vez para siempre, la articulación a las partes es creación de cada sociedad que se instituye como modo y tipo de coexistencia en general como creación específica de la sociedad en cuestión. La articulación de lo social se representa en lo técnico, lo económico, lo religioso, lo jurídico, lo político, como modo de institución de lo social particular.

Para comprender el comportamiento de una sociedad y sus instituciones, además de considerar al legein y al teukhein, hay que tomar en cuenta otros dos elementos o manifestaciones, lo instituido y lo instituyente. Lo primero nos indica los aspectos que han sido establecidos como representaciones de la realidad a la que los miembros de la sociedad se ciñen; es lo que une y ordena de manera incuestionable las diversas partes y elementos. Es lo inamovible y permanente y se encuentra en cada cultura, con sus particularidades y con sus estructuras.

Lo instituyente se presenta de manera menos evidente. La sociedad instituyente es la autodestrucción de la sociedad en tanto que instituida, es la autocreación de otra sociedad a manera de palimpsesto. En la aparente conservación de los modos y las formas, lo que permanece constantemente es la alteración de los mismos, es decir, se mantiene gracias a las transformaciones incesantes.[12] Castoriadis nos dice que por debajo de lo instituido hay una potencia instituyente que convierte lo social en algo inestable, alejado del equilibrio; el agente que activa y moviliza esa potencia desestructurante es el pueblo, la gente;[13] sin embargo, un nuevo tipo de sociedad nunca sustituye instantáneamente la estructura disuelta o en ruinas.[14]

Lo instituyente es tanto la fractura como su causa en las estructuras sociales. No se puede crear de la nada ni con fines utilitaristas; es decir, es un proceso de cambio que no se reconoce a simple vista a pesar de estar presente de manera permanente. Los individuos no pueden generar factores instituyentes a voluntad a pesar de estar colaborando con las fracturas y discontinuidades sociales a partir de la conciencia de la institución y de la sociedad; es un proceso que se da de manera colectiva y con manifestaciones de tiempo propias: autocreación y autodestrucción simultáneas.

La familiaridad que tenemos con la capacidad de crear suspende la sorpresa de su misma existencia; las discontinuidades son ignoradas en su enlace que es inesperado y discontinuo, es el lugar por el cual se acuña la potencia de la imaginación.[15] La decadencia de las sociedades esta inscrita en la vida colectiva por las mismas razones que la reproducción de las instituciones y el dinamismo capaz de inventar nuevas formas de relaciones humanas.[16]

En el campo de creación de lo socio-histórico las sedes de creación se reconocen en lo colectivo humano y se extiende en un campo englobador que incluye contactos e interacciones con otros campos particulares; la cultura y las alteraciones particulares del medio, son reductible a esto. El pensamiento es histórico: es decir, cada manifestación es un momento en un encadenamiento histórico, a manera de una expresión particular. Esto aplica a todas las instituciones primordiales sin las cuales no habría vida social; es decir, no podría haber raza humana. El pensamiento social es el momento del medio social que actúa sobre él sin ser reductible a este hecho. Lo histórico social constituye la condición esencial de la existencia en tanto pensamiento y reflexión, no es exterior sino intrínseca y participa activamente de la existencia.

El individuo siempre esta o ha sido socializado; los hombres son fragmentos hablantes de cada sociedad, pero se les debe considerar como seres totales, ya que encarnan el núcleo esencial de las instituciones y las significaciones. Una asamblea de individuos puede producir una sociedad porque los individuos ya estan socializados. No es una simple adjunción de elementos exteriores, sino del núcleo psíquico, generando efectos inextricablemente entramados con la psique.

9.2

Conformación y elementos de las sociedades

La reflexión sobre la sociedad nos exige considerar términos que no pertenezcan a lo conjuntista-identitario pero, en la lógica heredada esto es imposible ya que se trata de una situación lógico-ontológica inédita. Desde el punto de vista ontológico, lo social es lo que es porque no puede ser de otra manera; carece de análogo y nos obliga a considerar de nuevo el sentido del ser; lo que se ha llamado “diferencia ontológica”, que es la diferencia entre la cuestión del ser y de los entes. Es imposible de sostener con argumentos clásicos porque pone de manifiesto el límite del pensamiento heredado.

En tanto coexistencia, lo social no puede ser pensado con la lógica heredada; no puede ser entendido como unidad de una pluralidad en sentido habitual y debemos pensarlo como ‘magma de magmas’. El modo de organización de una diversidad no susceptible de ser reunida en un conjunto, sólo puede ser abordada a través del lenguaje social existente. En términos del legein, nos referimos a lo conjuntista pero sólo entendiéndolo como términos de referencia y no como auténticas categorías puesto que no hay categorías transregionales: cada sociedad es responsable de representar según su posibilidad al mundo y la realidad. La sociedad se da como coexistencia de multitud de términos o entidades. El pensamiento heredado es entonces obligado a conferir sustanciabilidad a los individuos, las cosas, las ideas y los conceptos de la suma de individuos.

La sociedad es creación de sí misma; es decir, autocreación, emergencia nueva de forma ontológica, nuevo eidos, nueva forma de ser. Las instituciones y significaciones representan creaciones ontológicas que no hay en ningún otro lugar; no podemos explicar la forma, hecho e instituciones primarias específicas que además, siempre estan reflejadas en el modo de relación que mantiene la cohesión: las instituciones.

La autocreación no es lo mismo que la autorganización. En la primera no hay elementos pre-existentes, es decir, son creados por la sociedad misma, son reconocidos de manera teórica como autoinstitución, aunque, pragmática o vivencialmente, es ocultada por la sociedad misma pero nunca de manera consciente sino como fuerza creadora. Cada sociedad es una creación específica en lo particular, han resulto sus necesidades y han construido su mundo de manera única, aunque si las vemos en el mapa general, siempre se reconocen como históricas. Es imperceptible para el ojo y la experiencia individual el cambio y transformaciones, aunque en los últimos cuatrocientos años ha sido más rápido y violento, mostrando de manera más evidente los cambios sociales. La pregunta por la identidad es diacrónica: ¿cuándo una sociedad deja de ser la misma? No existe respuesta concreta porque para ello, el individuo, en su temporalidad y espacio, tendría que reconocer los cambios particulares que estan cambiando a su sociedad. Lo instituyente no es producible causalmente, ni es deducible racionalmente; tienen las instituciones y significaciones creaciones libres e inmotivadas de lo colectivo, se presentan como creaciones ex nihlo, y tienen ciertas restricciones en términos sociales:

Externas: impuestas por el primer estrato natural, lo vivo, desde la biología. El hábitat natural condicionado, más no causada. La sociedad recrea la lógica ensídica, impuestas a la psique; crea mundo dotado de sentido. La funcionalidad de las instituciones es la producción material y sexual.

Internas: vienen de la materia prima, la psique, el tener sentido por la institución, son las significaciones sociales.

Históricas: ninguna sociedad emerge in vacuo, siempre existe el pasado y la tradición: algunas lo intentan reproducir casi literalmente.

Intrínsecas: coherencia en relación a las características y principales impulsos; con las significaciones; con las instituciones; no excluye las divisiones, oposiciones y luchas internas.[17]

Cada sociedad esta estructurada y sostenida por la coherencia; no entre sociedades sino para con ella misma; es decir, nunca sucederá en una sociedad dada un acontecimiento no espontáneo que rompa con la lógica conjuntista-identitaria. La coherencia no esta puesta en peligro por las contradicciones entre la dimensión imaginaria y la conjuntista-identitaria por que la primera esta sobre la segunda; esto se ve claramente reflejado en los artefactos, los regímenes políticos, las obras de arte y los tipos humanos. Las significaciones son las que crean un mundo propio para cada sociedad; la sociedad es ese mundo que conforma la psique de los individuos, siendo, a su vez, la representación del mundo.

Lo instituyente en las sociedades contemporáneas

Si entendemos lo instituido como lo que se mantiene y permite la continuidad de la institución y lo instituyente como lo que modifica y altera discontinuamente, sería fácil pensar que las protestas sociales en general son parte de lo instituyente, del cambio que provee de continuidad; sin embargo, este pensamiento es, además de fácil, cómodo, pues nos da una respuesta que se asoma como evidente. Lo instituyente, como se ha mencionado a lo largo de este trabajo, no se puede crear a voluntad ni imponer individualmente. “Cuando se producen en escala microsociológica en una sociedad dominada por un Estado poderoso y coercitivo, como sucede en la actualidad con casi todos los países del mundo, esos cambios provocan con mayor frecuencia manifestaciones individuales de anomia o atipismo que cambios sociales completos”.[18]

Las protestas sociales se han convertido en parte del sistema en el que nos desarrollamos. El sistema económico funciona a base de crisis pues en ellas los individuos agilizan los flujos de capitales; es decir, mueven el dinero que aparentemente escasea. Lo que aparentemente sería lo opuesto al sistema es en realidad juez y parte. No es a pesar de las crisis, sino precisamente por ellas que el sistema neoliberal se fortalece y se vuelve más bravo. De igual manera, las demás instituciones necesitan de la fuerza contraria para fortalecerse; nadie defiende lo propio si no hay amenaza. Las manifestaciones públicas contra ciertas circunstancias sociales no sólo denuncian las irregularidades o faltas de un sistema, también fortalecen el significado de la sociedad, pues aunque se revelan contra él, lo reconocen como autoridad, como fuerza que cohesiona. A manera de ejemplo utilizaremos la lucha contemporánea por la igualdad de derechos por parte de la población homosexual. La protesta surge porque todos aquellos que se sienten atraídos por su mismo sexo tenían prohibida la expresión de su sexualidad abiertamente; no podían contraer matrimonio ni todos los beneficios económicos y de bienestar que las parejas heterosexuales tenían; eran discriminados laboralmente y una larga lista de aspectos en los que eran excluidos.

9.3

Las comunidades homosexuales se defendían hablando y exhibiendo las brutalidades e imposiciones del sistema capitalista occidental, en el que un manto conservador lo cubría todo y dejaba fuera a todos aquellos que no se ajustaran a la ideología reguladora. Se tomó como acto político radical cualquier manifestación abierta de la sexualidad, y en esta lógica o en este momento, hombres y mujeres se vieron violentamente atacados por parte de las instituciones. Estos movimientos tomaron fuerza en los años setenta, en donde se estaba cuestionando el autoritarismo estatal y se estaba buscando que la libertad estuviera por sobre toda cuestión. Cincuenta años después podemos decir que las relaciones homosexuales son vistas con mucho mayor naturalidad; han ganado una infinidad de derechos y se ha puesto la libertad de elección por sobre muchos otros aspectos; sin embargo, ante este panorama surgen preguntas: ¿es otra sociedad la de hoy en día?, ¿qué fue lo que cambió?, ¿se han modificado las significaciones sociales imaginarias?, ¿fueron los homosexuales los que cambiaron algo?, ¿cambiaron algo en realidad?.

La respuesta que más se antoja es decir que sí; que vivimos en una sociedad distinta en la que los valores de respeto y comunión triunfaron. La realidad o la respuesta que mejor objeta sería que no; que la estructura social autoritaria no se desvaneció sino que se fortaleció y que solo ha cambiado de fachada, porque sería arriesgado decir que de forma. La sociedad occidental, lejos de modificarse o de resignificarse, ha permitido la entrada al juego a los individuos que clamaban un lugar en el discurso social. El matrimonio sigue representando lo mismo: un contrato social entre, únicamente dos partes y les sigue imponiendo responsabilidades jurídicas y morales. La familia lejos de verse afectada, se ve fortalecida pues el discurso, aunque se proclame subversivo, sigue reconociendo a las mismas instituciones como las rectoras de lo social. Los manifestantes homosexuales no querían cambiar la sociedad, querían embonar y ser parte de lo que no les reconocía pues ellos nunca pusieron en duda que esas formas también los representaban. A simple vista la familia se ha modificado pero la significación y lo conjuntista-identitiario de la familia no ha siquiera temblado; se sigue buscando y reconociendo que dos adultos, con uno o varios hijos sigan siendo la célula de la sociedad y que desde ahí se comience la socialización. A pesar de la aparente fractura al status quo, no se ha impuesto nada que quebrante la lógica del sistema tradicional occidental.

La República de Irlanda, que es reconocida como uno de los países con mayor número de población católica, votó a favor del matrimonio homosexual en un referéndum realizado por el gobierno. El “sí” fue aplastante; los votantes afirmaron, precisamente, que su intención era preservar la familia. A estos católicos les preocupan más aquellos jóvenes heterosexuales que no estan casados, no viven juntos y no quieren tener hijos. Ven en ellos el verdadero derrumbamiento de la familia nuclear y de los valores que vienen junto con ella.

9.4

El papel de los jóvenes que no se casan, que no tienen hijos y que llevan una vida independiente, ataca con mucha más fuerza a las instituciones tradicionales de la familia, pues no la reconocen. El discurso de estos individuos es que no se ven reflejados en la vida que llevaron sus padres y que, aunque quisiesen, económicamente les es imposible. La inestabilidad económica a nivel global esta haciendo que los antes casaderos busquen nuevas opciones para sobrellevar la crisis; se mudan con desconocidos a colonias recuperadas y monetariamente accesibles. Este fenómeno lleva más tiempo en Europa, en dónde el concepto de familia ya no esta tan arraigado a la cotidianidad de los sujetos jóvenes; la repercusiones de las crisis ha obligado a los ancianos a también buscar entre desconocidos la manera de pagar un alquiler digno y estar acompañado.

Aunque el concepto de familia continuará, las significaciones ya no será las mismas y lo conjuntista-identitario se conformará con otros elementos. Los que ahora ocupamos el espacio no veremos los cambios radicales de lo que hoy apenas se asoma, sólo podemos reconocer alguno que otro acto espontáneo como respuesta a las demás instituciones y a los sujetos.

Otro ejemplo similar lo encontramos en las manifestaciones pacíficas de las masas como modo de protesta ante ciertos eventos políticos, sociales y económicos, que van desde la denuncia del uso de la violencia extrema por parte del Estado, hasta la apertura de carriles para bicicletas en avenidas principales.

En la última década las manifestaciones pacíficas se han vuelto sumamente populares entre los individuos que se encuentran descontentos ante el panorama social que se vive a lo largo del planeta. En el caso de México, por ejemplo, “las marchas” se han convertido en una de las herramientas más recurrentes por diversos grupos sociales con distintas inclinaciones políticas e intereses económicos. Se vio en ellas una manera de llamar la atención de la población y de los gobernantes para que les prestasen atención y atendieran a sus demandas. En un inicio, obtuvieron una respuesta favorable y obtuvieron su cometido; la ciudadanía hablaba de lo sucedido, les generaba inquietud y dudas pues les recordaba que no todos vivimos en las mismas circunstancias y que la situación del país no esta estable como tanto insisten en hacernos creer. Al ver la respuesta favorable, se le dio un gran peso, como si el salir a protestar fuese en sí el cambio tan buscado, como si esa acción en concreto derrocara instituciones. Se empezaron a hacer marchas por todo tipo de motivos: la “marcha del silencio”, contra la violencia fue organizada por los grupos conservadores de la Ciudad de México; también hubo por la liberación de la marihuana, por el maltrato animal, contra el gobierno, contra candidatos presidenciales, contra el abuso infantil, contra la trata de personas, a favor del aborto, en contra del aborto, a favor del matrimonio homosexual, en contra del matrimonio homosexual, y así una enorme lista de marchas realizadas solamente en la Ciudad de México en los últimos diez años.

Ante este panorama se trataron de crear leyes que regularan las manifestaciones; es decir, se trató de proponer que los que quisiesen marchar tuvieran que pedir permiso y hacerlo bajo ciertas condiciones; esta ilógica ley no fue aprobada y en México, todavía no se tiene que pedir permiso para manifestarse, en España, en cambio, existe una “ley mordaza”[19] que castiga a todo aquel que se atreva a criticar al gobierno y a la realeza, y deberá pagar tal atropello con la cárcel. A pesar de la atrocidad de las propuestas y de las leyes aceptadas, ésto es sólo una muestra de cómo este tipo de manifestaciones se ha instituido; es decir, no es una amenaza real contra la coherencia de las instituciones. En la lógica de estas sociedades se sabe que los ciudadanos protestan y que si no se les frena pueden cambiar, en efecto, el rumbo; entonces, a partir de las mismas leyes que los ciudadanos respetan, les dicen que sólo pueden protestar de tal o cual forma ya que son los gobernantes quienes escriben las leyes e imponen los castigos o condiciones que a ellos les parecen más favorables a sus intereses. Los individuos viven en una sociedad autonomizada que no les representa pero que sí les sanciona y golpea. Estas leyes, sin embargo, no acaban con el malestar ni con la protesta; sólo regulan las manifestaciones pacíficas. El individuo, al verse limitado, detiene momentáneamente sus actos rebeldes para crear nuevos modos de protesta, adecuándose a las circunstancias.

Las leyes no son las únicas evidencias de institución de cierto tipo de demostraciones. En México, a través de diversas redes sociales, se comentaba dónde había marchas hasta que se hicieron tan comunes que se crearon aplicaciones para teléfonos móviles en la que te notificaban en dónde había marchas, cómo evitarlas y cuál era la mejor ruta en automóvil o transporte público: “Las manifestaciones son una constante en la Ciudad de México pero nunca se sabe hasta dónde puede llegar el caos vial; por ello es mejor estar prevenido. A continuación enlistaremos cinco App´s para combatir el tráfico en la ciudad o sacarle el máximo provecho al transporte público”[20] Pronto, los organizadores de estos eventos de participación masiva comenzaron a aprovechar la cantidad de personas reunidas para vender alimentos, bebidas y souvenirs del evento.

El discurso oficial gubernamental se dedicó a crearles la peor de las reputaciones a las movilizaciones en tono de protesta, pero no nada más fue el discurso lo que hizo que se volvieran mal vistas e incluso inútiles; fue el uso acrítico de lo que simplemente es una herramienta, fue la creencia de que las marchas eran la respuesta y el inicio del cambio que nunca fue propuesto, que nunca fue nombrado.

9.5

Reflexiones finales

Aunque el matrimonio homosexual o las leyes anti protestas fisuran algunas significaciones sociales, no podemos decir que son lo instituyente. En una generación e incluso en dos, no se alcanza a ver el cambio radical por que atraviesa permanentemente una sociedad; se necesita de perspectiva histórica para poder comprender los cambios por los que ha atravesado. Podemos decir que el cristianismo derrumbó el imperio romano para orientarnos en el tiempo pero, estrictamente hablando, debemos resaltar que no fue el cristianismo, como no lo es el matrimonio homosexual, lo que transformó radicalmente esa cultura. Fue la resignifiación del mundo, la creación continua de la lógica conjuntista-identitaria, es decir, lo instituido, lo que permitió a la sociedad permanecer a pesar de las transformaciones en la forma y en el contenido.

Lo instituyente esta presente en cada momento, en cada sujeto, en lo que hace y en lo que dice cuando toma conciencia de su ser en el mundo y se responsabiliza de sus decisiones y de sus acciones hay mucho de lo instituyente.

El principio de conservación de la sociedad es conservación de sus “atributos arbitrarios” o sea, sus significaciones imaginarias sociales. Entonces, las transformaciones de sentido (lo instituyente) opera siempre con la resistencia de aquello consagrado (lo instituido) que hasta tanto no sea trastocado, funciona como régimen de verdad.[21]

Bibliografía

  1. Beyer, Ricardo, Biblioteca de psicología social, consultado el 11 de febrero del 2016 en http://milnovecientossesentayocho.blogspot.mx/2014/11/resumen-ana-fernandez-las-logicas_14.html
  2. Castoriadis, Cornelius, El imaginario social instituyente, Biblioteca Omegalfa, París, 2007.
  3. ______, La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, Barcelona, 2013.
  4. Duvingaud, Jean, El sacrificio inútil, Fondo de Cultura Económica, México, 1979.
  5. Echegoyen, Javier, Diccionario de psicología científica y filosofía, consultado el 7 de febrero del 2016 en
  6. http://www.e-torredebabel.com/Psicologia/Vocabulario/Fisicalismo.htm
  7. DeRosso,Deb Estructural funcionalismo, consultado el 7 de febrero del 2016 en
  8. https://sociologiaa.files.wordpress.com/2011/09/tema-3-enfoque-sociolc3b3gicos1.pdf
  9. NLB, El Economista, consultado el 10 de febrero del 2016 en http://www.milenio.com/tendencias/apps_manifestaciones-apps_trafico-aplicaciones_viales-waze-urban_df-moovit-agu_movil_0_232777077.html
  10. R, Felipe, Boletín oficial del Estado, España, consultado el 10 de febrero del 2016 en https://www.boe.es/boe/dias/2015/03/31/pdfs/BOE-A-2015-3442.pdf

 

Notas

[1]Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, Barcelona, 2013, p 185
[2]Javier Echegoyen, , Diccionario de psicología científica y filosofía, consultado el 7 de febrero del 2016 en
http://www.e-torredebabel.com/Psicologia/Vocabulario/Fisicalismo.htm
[3]Deb DeRosso, Estructural funcionalismo, consultado el 7 de febrero del 2016 en
https://sociologiaa.files.wordpress.com/2011/09/tema-3-enfoque-sociolc3b3gicos1.pdf
[4]Cornelius Castoriadis, La institución, op. cit., p 187
[5] Deb DeRosso, Estructural funcionalismo, op. cit.
[6]Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, op. cit., p 205.
[7]Ibid, p. 377.
[8]Ibid, p. 361.
[9]Ibid, p. 411.
[10]Cornelius Castoriadis, El imaginario social instituyente, Biblioteca Omegalfa, París, 2007, p 355
[11]Cornelius Castoriadis, La institución, op. cit., p. 300.
[12]Ibid, p. 323.
[13]Cornelius Castoriadis, El imaginario, op. cit., p. 1.
[14]Jean Duvingaud, El sacrificio inútil, Fondo de Cultura Económica, México, 1979, p. 71.
[15]Cornelius Castoriadis, El imaginario, p. 2.
[16]Jean Duvingaud, op. cit., p. 73.
[17]Cornelius Castoriadis, El imaginario, p. 10.
[18]Jean Duvingaud, op. cit., p. 209.
[19]Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana, ley española cuyo anteproyecto se presentó el 29 de noviembre de 2013, basándose en la Ley Orgánica sobre Protección de la Seguridad Ciudadana de 1992. Esta ley entró en vigor el 1 de julio de 2015 y entre sus sanciones se encuentran las que se producirán al manifestarse junto al Congreso y al Senado, fotografiar o grabar a policías, parar un desahucio o el maltrato a los animales.
[20]NLB, El Economista, consultado el 10 de febrero del 2016 en http://www.milenio.com/tendencias/apps_manifestaciones-apps_trafico-aplicaciones_viales-waze-urban_df-moovit-agu_movil_0_232777077.html
[21]Ricardo.Beyer, Biblioteca de psicología social, consultado el 11 de febrero del 2016 en http://milnovecientossesentayocho.blogspot.mx/2014/11/resumen-ana-fernandez-las-logicas_14.html

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