Esther

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Esther

JAREK KUBICKI

 

Esther es una mujer triste, tiene 22 años y una belleza extraña que emana de su juventud, de su delgadez, de su indefensión. Sin embargo ella dice que es fea, que es una basura como la han considerado sus amantes y sus padres.

            Esther no quiere a sus hijos, me lo ha dicho, los intentó matar cuando quiso ahorcarse, mejor que se fueran con ella que abandonarlos como su hermana que dejó a su hija con una tía que la maltrata.

            Que extraña liga, que extraña atadura de Esther con el mundo, quiere ser otra, ser libre, ser como los demás y cree que para esto tendría que dejar de ser ella, abandonarlo todo, partir.

            Cuando tenía dieciocho años se fue a vivir con Mariano y tuvo con él un hijo, estaba enamorada. Él le había empezado a pegar desde que eran novios y a ella eso no la detuvo, lo quería.

            A los seis meses cuando estaba embarazada del segundo hijo (que fue niña) Mariano le dio una patada en el vientre, estaba furioso porque ella pretendía dejarlo, fue por ella a casa de los suegros, la regresó a golpes y poco después tuvo una relación con su hermana mayor de la que nació una niña.

 

JAREK KUBICKI

 

            Esther no le perdona esto al marido pero a su hermana sí, porque está convencida de que el mal lo traen los hombres que la han encadenado, amarrado, violado y encerrado en un mundo de donde ha intentado salir con la muerte como única opción.

            La madre le cuenta que a los quince días de nacida la operaron y cuando regresó del hospital su padre la medio mató a golpes. Dice su mamá que le daba en la herida como queriendo ratificar su destino trágico.

            Hace poco el padre la intentó violar “pero mi madre me defendió, mi padre me odia y yo también lo odio”

          

JAREK KUBICKI

 

            Mariano, su primer marido y padre de sus dos hijos, la traiciona con la hermana e intenta matarla, luego se une a Adolfo que también la amenaza, la amarra y la viola cuando ella no quiere tener sexo amenazándola con matar a sus hijos si no se deja.

-“Por eso he intentado matar a mis parejas, a Mariano lo salvó la almohada, pues el cuchillo iba al corazón cuando lo encontré con mi hermana”.

-“A Adolfo quise matarlo también con un cuchillo mientras estaba dormido, pero los niños estaban despiertos y me detuve pero me quedó el coraje”

            Esther tiene vergüenza de estar loca, de estar internada en el hospital psiquiátrico. Escucha una voz que le dice que su vida no tiene sentido y le ordena matarse y matar a los niños, esa voz es de un hombre y apareció después de que empezó a pelear con su segundo marido, Adolfo, justo después de intentar matarlo.

            La voz fija ese momento de su vida. Está en el lugar del asesinato de los maridos convertidos en persecución sonora y le pide exactamente lo mismo que ella iba a hacerles “ojo por ojo, diente por diente”.

            Ahorita yo estaría en la cárcel dice Esther. Y él muerto, agrego yo.

            Hacemos un silencio y advierto una gran paz en su rostro como si al ubicar el síntoma ordenara las cosas y pusiera a cada quien en su lugar.

            Quisiera irme agrega, irme de aquí, ser otra.

***

 

Pienso en la herencia de Esther, el libro de Sándor Marai que habla de una mujer enamorada y maltratada por “su hombre” que la engulle, que toma de ella todo cuanto posee, con su anuencia por supuesto.

            Y viene a mi mente también la Protagonista de La pasión turca, (de Antonio Gala) que mata al amante que la traiciona ante el miedo de que éste lo abandone. Esther teme encontrarse a Mariano en la calle porque ahora es taxista y teme que él la encuentre. Su vida gira alrededor de ese temor-deseo.

            Yo nunca había estado aquí, me dice Esther, me siento rara en este lugar. Mi salida era de la casa al mercado y sólo veía a mis niños, no con amor ni cariño, sino con coraje porque me traían recuerdos de mi primer marido Luciano.

            Ellos no tienen la culpa de venir al mundo lo sé, pero así lo sentía. Ellos cuando estén grandes tal vez me reprochen y les tendré que decir la verdad de su papá. No que ya se murió porque a lo mejor un día se lo topan, pero la verdad de su maldad. La verdad de que nos abandonó, porque irse es como morirse.

            Y las medicinas. ¿Para qué me las dan? Los doctores no me explican, me mandan. ¿Por qué será que no me pueden quitar el medicamento? Estoy mareada, no veo. Cuando me trajeron aquí, mi hermana, me veía muy diferente, me decía que me odiaba. Pero la que me traicionó no fue ella, fue él y los doctores no la dejan venir porque no entienden. Todos lo supieron.

            Mi hermana dice que va a traer a mis hijos cuando me vea mejor. Pero ¿cuál mejor? Si ahora, todo me da asco . . . el sexo que me gustaba tanto, me da asco.

            Ya veo que lo mejor es vivir sin marido. Se necesitan sólo dos pies y dos manos para mantener a los hijos.

            Me casé con Adolfo para mantenerlos pero él, mi segundo marido, les pegaba. Él también se quiso matar por culpa mía, porque ya lo estoy dejando. Él vino aquí por mi, pero lo corrieron después que lo interrogaron.

-¿Usted le pegaba a su esposa y a sus hijos y los dejaba sin comer? Le dijo el doctor a mi marido y él dijo sí, por eso es que yo quiero dialogar con ella y que tome una decisión. Pero yo ya la tomé: es no, perdóname mucho pero no puedo seguir contigo y es que lo que yo quería es que no les hicieras daño a mis hijos.

            Pero me siento mal, no sé por qué los quise matar, tal vez por las voces que me decían mátate y mata a tus hijos pero ya no las escucho, desde que tomé mi decisión ya no las escucho, que bueno ¿verdad? Pero ¿y si me lo topo con Mariano?

JAREK KUBICKI

 

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