Nos roban la universidad y otros ensayos de filosofía de la educación y hasta gestión del conocimiento de Juan Carlos Moreno Romo

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Nos roban la universidad y otros ensayos de filosofía de la educación y hasta gestión del conocimiento de Juan Carlos Moreno Romo

La obra Nos roban la universidad y otros ensayos filosóficos de la educación y hasta de gestión del conocimiento es un conjunto de ensayos que reflexionan en torno a las consecuencias que el proyecto moderno ha causado a la universidad, a la educación y —hay que decirlo— a la filosofía. En este libro nos encontraremos con un pensador que se atreve a cuestionar los estándares que el “establishment” ha impuesto como verdaderos. Es un acto verdaderamente filosófico el que emprende Juan Carlos Moreno Romo en las páginas de su obra.

¿Cómo nos roban la Universidad?

La Universidad es la comunidad que busca que los hombres se formen en la cultura. La cultura debe entenderse como la formación del hombre de acuerdo con un ideal y a su perfeccionamiento integral. La cultura es la enseñanza primordial que la universidad debe de enseñar a su comunidad estudiantil.[1] Sin embargo, señala Juan Carlos Moreno Romo, el proyecto moderno ha transformado la visión universitaria de formación del hombre en la cultura a la de formar meros empleados. La modernidad tiene como fin usar la universidad para formar a los hombres en instrumentos para el incremento de bienestar económico, no para formar hombres. Además, al transmitir la cultura de generación en generación lo que se esta produciendo es una comunidad en la que el otro sí es escuchado, creándose fuertes lazos entre las generaciones pasadas y las nuevas.

¿Qué tiene que ver la modernidad con los problemas que adolecen hoy a nuestras universidades? La respuesta la encontraremos en la raíz del proyecto moderno: la manipulación de la naturaleza para mejorar la calidad de vida. Con esta premisa la modernidad tiene como repercusión una primicia de lo útil sobre los bienes que no se pueden medir ni pesarse ni verse. Este germen de lo “útil sobre lo invisible” se impregna en las instituciones más importantes de una sociedad para terminar siendo un instrumento del proyecto moderno. Esto llega inevitablemente a la Universidad.

Para entender lo anteriormente dicho, Juan Carlos Moreno Romo menciona que la Universidad se ha transformado en el instrumento fundamental del proyecto moderno.[2] Con este hecho, las perspectivas que dan al hombre un horizonte que ve más allá de lo útil (como lo es la filosofía, las artes, las ciencias teóricas) se convierten en un extraño ente que sirve como folklore a las universidades y no como una disciplina que deba tomarse enserio. Las universidades se vuelven una institución que capacita a las personas para el área laboral y dejan de ser una comunidad que hace que los hombres se interesen más en la cultura. Por esto, las disciplinas mencionadas se tornan anacrónicas, sin una utilidad para su tiempo o, más bien, para el proyecto moderno. La universidad moderna ya no busca formar gente culta, sino obreros bien calificados para el crecimiento económico:

“La filosofía, desde la perspectiva de la Modernidad —que es, todos estarán de acuerdo, la edad a la que con todos sus esfuerzos trata de entrar plenamente nuestro país y, por ende, también y sobre todo nuestra universidad—, es una disciplina radicalmente anacrónica. Su objeto o, si se quiere, sus objetos no son ni visibles, ni medibles, ni pesables. Sus ‘resultados’ nada tienen que ver con el ‘fortalecimiento de nuestra economía’ y sus profesionales nos son todo inútiles y prescindibles dadas nuestras actuales expectativas de progreso. ‘Te vas a morir de hambre’, sentencia, espontáneamente, el universitario común, muy seguro de la solidez de la visión del mundo y de la vida desde la que lanza la valoración, pero al mismo tiempo perplejo ante la para él casi inaudible posibilidad de que un contemporáneo suyo decide entregarse a tan excéntrica vocación”.[3]

Con lo dicho anteriormente queda claro que, para la modernidad, la universidad debe transformarse en una institución que forme empleados útiles, sin importar si son hombres cultos. Moreno Romo señala que la consecuencia de este proyecto sobre la universidad es que la misma universidad termina por morir: “El problema es que al hacer eso, al instrumentarse a ese punto al servicio de las necesidades de la profesión y de la eficacia a cualquier precio, las universidades se vacían de ellas mismas, se vuelven desiertos”.[4]

La Universidad moderna: un cuerpo sin alma

Ahora bien, al transformar la Universidad en una producción de empleados para los grandes capitales, señala Juan Carlos, el estudiante bajo la visión moderna de la educación comenzó a perder el interés por la propia cultura y, en consecuencia, por la comunidad. Y generó así una dilución de la comunidad universitaria, fragmentándola y forjando conciencias atomizadas en los recintos universitarios y llevadas posteriormente a la polis. La universidad moderna crea masas, en lugar de comunidad. La comunidad estudiantil masificada deja de tener interés por la cultura llevando también al desinterés por los otros que le han precedido. A la Universidad así concebida le es imposible poder crear una comunidad donde se pueda crear una vía común para todos sus habitantes:

“El ‘recién llegado’, se queja Finkielkraut, el niño, el joven, es considerado el igual del adulto, el igual de sus padres y de sus profesores ‘democráticos’, hasta el extremo ridículo en el que ya no se busca más el integrarlo en el mundo, y en el conjunto de los valores que sostienen al mundo —la lengua, la civilidad, la moral a la que todo el mundo está sordo en nuestros días, la comunidad— que le precede, en nombre de su individualidad al fin reconocida. Atorada en el relativismo y en el escepticismo moderno (y en el fondo en el laicismo que le impide proponer cualquier modelo de ‘vida buena’) la escuela ya no puede educar”.[5]

Con lo anteriormente dicho, el estudiante se transforma en un ente que pretende guiarse solo por el mundo, sin tratar de conectarse con los otros, afectado también por nuestros concursos de “competencias” donde el otro se ve como una amenaza a las expectativas profesionales de uno mismo. Así, la Universidad, que tenía como estructura una comunidad estudiantil con una relación directa con sus superiores, termina por convertirse en un cuerpo sin alma, sin capacidad de poder formar una comunidad por los sistemas de competencias que dictan los estándares de “excelencia académica”, donde los educadores terminan por tomar una distancia abismal con sus alumnos:

“Entre más concentra sus esfuerzos una universidad en ocuparse estrictamente de su función útil, la de asegurar una formación profesional del mejor nivel de eficiencia posible, menos está abierta, o es menos propicia para hacer en ella otras cosas —ciencia, filosofía, poesía, música, incluso política, y amistad, y amor, y, ¿por qué no?, también un poco de caos y desorden, de revuelta creativa—, y más se va quedando ésta sin alma. Un cuerpo sin alma, como se sabe, o es una fría máquina, o es un también muy frío cadáver”.[6]

El proyecto moderno —señala Juan Carlos Moreno Romo— ha terminado por transformar a la Universidad en un cadáver. En un lugar donde las relaciones humanas no solo no existen, sino que se vuelven hostiles.

Urge superar la Universidad Moderna

Juan Carlos Moreno Romo señala que, para superar la crisis que atraviesan nuestras universidades, es necesario volver a pensar su papel en nuestra sociedad. “La universidad —señala el filósofo mexicano— no es la administración de la misma, ni el espacio en el que ésta se reúne, ni mucho menos una fábrica de profesionales, o una agencia de empleo”.[7]

PIERRE LOUIS DUMESNIL, “DESCARTES EN LA CORTE DE LA REINA CRISTINA DE SUECIA”

PIERRE LOUIS DUMESNIL, “DESCARTES EN LA CORTE DE LA REINA CRISTINA DE SUECIA”

La Universidad moderna tendrá no sólo que replantearse, sino incluso superarse. Es decir, ya no pretender que la Universidad sea la fábrica de empleados, sino de personas comprometidas con su comunidad y, por lo tanto, con la cultura. Con el fin de dejar en claro que las disciplinas que el establishment llama “inútiles” y “desprendibles” son realmente el sostén de nuestra cultura e, incluso, de nuestra humanidad misma. No son disciplinas que estén superadas, sino que llegan a ser liberadoras de las ideologías que poco a poco llegan a dominar las conciencias individuales:

“Si hemos de ser consecuentes con todo lo anterior, debemos proponer la desaparición, la superación de la universidad moderna. Si pretendemos que la cultura y consecuentemente la filosofía, dejen de ser anacrónicas, dejen de ser un añadido extraño y se transformen en el centro de la universidad, nuestra universidad tiene que dejar de ser una universidad moderna”.[8]

La propuesta de Juan Carlos Moreno Romo es revitalizar lo que la Universidad tenía como fundamento original: conducir al hombre a lo bueno, bello y verdadero. La propuesta de conducir al hombre a lo bueno, bello y verdadero dentro de la Universidad no es algo nuevo, pues ésta era la vocación original de las universidades en la Edad Media, sin embargo, lo original que presenta Juan Carlos es la “novedad misma”, en el sentido de presentar lo antiguo como nueva solución ante la crisis en la Universidad. Por ello, la Universidad no debe tener como fin formar empleados, sino hombres cultos que tengan como misión formar una comunidad con los otros. Y no sólo con los otros del presente, sino también con los del pasado, para poder transmitir una tradición a los que vienen, pues la comunidad existe sólo si se toman en cuenta las voces del pasado. Para Juan Carlos Moreno se debe llevar a cabo el proyecto de Universidad postmoderna. Es decir, una Universidad que ya no sea esclava del proyecto moderno:

“Puesto que en la Universidad postmoderna —señala Juan Carlos— antes que por la formación de ingenieros y contadores debe preocuparse por formar hombres cultos, proponemos también que los cursos de filosofía y humanidades se extiendan a las escuelas y Facultades de nivel profesional, que los químicos o los abogados, en razón de que además de prepararse en su disciplina deben prepararse para ser hombres, estudien ética y poesía, estética y filosofía de la religión”.[9]

 

Bibliografía

  1. Moreno Romo, Juan Carlos, Nos roban la universidad y otros ensayos de filosofía de la educación y hasta gestión del conocimiento, Ediciones Texere, Zacatecas, 2017.

 

Notas

[1] Moreno Romo, Nos roban la universidad y otros ensayos de la filosofía de educación y hasta gestión del conocimiento, ed. cit., p. 17.

[2] Ibid., p. 14.

[3] Idem.

[4] Ibid., p. 64.

[5] Ibid., p. 72.

[6] Ibid., p. 66.

[7] Ibid., p. 96.

[8] Ibid., p. 18.

[9] Ibid., p. 20.

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