La nostalgia de la memoria en “Relación de los hechos” de José Carlos Becerra

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La nostalgia de la memoria en “Relación de los hechos” de José Carlos Becerra

Resumen 

Escritores como José Emilio Pacheco, Octavio Paz, entre otros, han visto en la memoria el medio para reflexionar acerca de la fugacidad del tiempo. José Carlos Becerra, por su parte, logra materializar las ausencias y el instante perdido para reconstruir una realidad que ya está reducida al polvo. En “Relación de los hechos”, obra medular del poeta tabasqueño, la fugacidad del tiempo es comprendida como la nostalgia y la melancolía por aquello que se ha ido, ambas entendidas como el dolor de no poder asir el instante vivido, entonces la palabra se vuelve la única realidad que le sobrevive a las ruinas aunque el dilema ahora sea ¿cómo nombrar eso que colinda entre el pasado y el presente?

Palabras clave: melancolía, poética, José Carlos Becerra, Relación de los hechos, pérdida, tiempo.

 

Abstract 

Writers like José Emilio Pacheco, Octavio Paz, among others, have seen in the memory the means to reflect on the transience of time. The poet José Carlos Becerra, for his part, manages to materialize the absences and the lost moment and with that, reconstruct a reality that is already reduced to dust. In “Relación de los hechos”, the masterpiece of the Tabasco poet, the transience of time it is understood as nostalgia and melancholy for that which has gone away, both understood as the pain of not being able to grasp the moment lived, then the word becomes the only reality that survive the ruins, although the dilemma now is how to name that which borders between the past and the present?

Keywords: melancholy, poetics, José Carlos Becerra, “Relación de los hechos”, loss, time.

 

José Carlos Becerra nació en Villahermosa en 1936. Junto a Carlos Pellicer y José Gorostiza, es una de las figuras literarias más importantes de Tabasco. En vida publicó algunos cuentos y poemas sueltos que fueron incluidos en diversas revistas: “Cuadernos del viento” (1963), “Revista Mexicana de Literatura” (1964), “Revista de Bellas Artes” (1965) y antologías como en “Anuario de la poesía mexicana” (1962), “Poesía en movimiento” (1966) entre otras, además de sus libros “Oscura palabra” (1964) y “Relación de los hechos” (1967), este último considerado su obra central. Después de su muerte su obra fue recogida en “El otoño recorre las islas” (1973), incluyendo libros que nunca publicó entre ellos “Fiestas de invierno”, “Cómo retrasar la aparición de las hormigas” y “Fotografía junto a un tulipán”.

Respecto a la recepción de su obra, se sabe que fue bien recibida por el medio literario de la época. Octavio Paz por ejemplo, ya lo había incluido en “Poesía en movimiento”, antes de publicarse “Relación de los hechos”. Y precisamente es “Relación de los hechos” el libro que presenta a Becerra como un poeta mayor, confirmando la trascendencia de su poesía, motivo también para que se le otorgue la beca de la fundación Guggenheim en 1969.

En 1970 el escritor cubano, José Lezama Lima, en la carta que le envía al poeta mexicano, menciona que su poesía ya es leída en la isla y que encuentra en “Relación de los hechos”, precisión en su palabra, que atestigua el minucioso reconocimiento de la ciudad y el sueño donde se exhibe una soledad, una ausencia que nos rodea, que no podemos escuchar pero que las palabras habitan esa ausencia porque la poesía define a la presencia como una doble ausencia. Finalmente escribe “Usted interroga, se pregunta por su cuerpo y por los cuerpos, pero se comprueba por la respiración de los pulmones”.[1]

JOSE LEZMA LIMA

JOSE LEZMA LIMA

Asimismo, Gabriel Zaid, a propósito de la reciente aparición de “Relación de los hechos”, da una efusiva recepción a la obra de José Carlos Becerra, en un breve artículo que posteriormente fu recogido en “Leer poesía” (1972), Zaid deja en claro dos cosas: la primera, que el poeta tabasqueño “es un poeta de verdad” y, la segunda, que “Relación de los hechos” es “un libro muy maduro para ser un primer libro”.[2] En lo anterior, Zaid coincide con Paz al señalar que Becerra es un poeta mayor y que “Relación de los hechos” viene a dar muestra de una fuerza poética, de un vasto dominio del lenguaje, así como, una fuerza prosódica que en el poema se aprecia como una totalidad que finalmente se resuelve en una melancolía por demás poderosa.

“Relación de los hechos” es un libro de poemas de carácter testimonial que consta de cuatro partes tituladas: “Betania”, “Apariciones”, “Reglas del juego” y “Ragtime”, unidas por una visión autocrítica y por la nostalgia del instante pasado. En cada una de ellas, el poeta logra plasmar el paso del tiempo y su indiferencia sobre la materia. Es entonces cuando el poeta recurre a la memoria, al recuerdo, a la evocación, como recursos intrínsecos para la construcción del poema.

La importancia de tomar “Relación de los hechos” como objeto de estudio para explorar y definir una poética de la memoria, estriba en que en esta obra hay una representación de la realidad y del presente por medio del acto de recordar. Dicha representación transcurre a través de la evocación constante del pasado en que por medio de imágenes, el poeta busca detener el tiempo o mejor dicho recuperar el instante vivido y para darle el mismo valor del presente, además, funciona como la evidencia implacable del paso del tiempo.

 

Hacía una poética de la memoria

La memoria como tema o asunto de estudio se encuentra presente en diversas áreas del conocimiento como la historia, la psicología, la sociología, la filosofía, la antropología y la literatura, que recurren a ella como herramienta para establecer el orden preciso de los hechos transcurridos en el tiempo y en el espacio, además, de situar los acontecimientos en un contexto específico que coadyuve a lograr una mejor comprensión sobre el proceder individual y colectivo. Aunque la memoria puede alterar ese orden, contribuye a la preservación del pasado: asegura la continuidad del individuo y todo aquello que lo envuelve, ya sea tradición o cultura; entonces funge como representación consciente del pasado. La memoria también ayuda a construir la identidad, otorga coherencia y orden a los sucesos transcurridos, sobre todo señala un origen que vendrá a ser punto de partida para la comprensión de todo lo que ha sido, es decir: la memoria es una construcción de la realidad.

Muchas poéticas se circunscriben al uso de la memoria para fabricar mecanismos en contra del olvido y del paso fugaz del tiempo. A través de la palabra de un modo similar a la fotografía, la memoria contiene en su interior ambigüedad temporal que hace actuar a las imágenes como signos de los cuales se desprenden ausencias/presencias que se erigen de la pérdida, de lo irrecuperable. Lo anterior para Julia Kristeva es entendido como un sistema de ciertas equivalencias simbólicas con lo ausente. Este ejercicio que se desprende de la memoria como recurso literario, trata al tiempo, específicamente al pasado, como un tiempo estático que ha perdido su significación, al mismo tiempo, a través del presente, que vuelve su mirada a él, el pasado se retoma en la enunciación a través del recuerdo y la representación discursiva. La memoria en este sentido se puede entender como la mediación entre lo vivido y la narración.

Aristóteles deja en claro que no hay memoria del presente, sino percepción; atribuye al recuerdo todo lo que es pasado. La memoria es capaz de distinguir las imágenes nuevas de las antiguas, mejor aún, es capaz de distinguir aquellas experiencias que las han causado. La memoria y la imaginación son parte de la naturaleza, pero el recuerdo es sólo propio del hombre. Para Aristóteles la memoria es un estado de afección que se vuelve sensación o juicio una vez que el tiempo ha transcurrido. Recordar algo que no está presente se debe a la impresión que ha quedado en el alma semejante a la pintura o el grabado en la piedra. Es de vital importancia la consideración que Aristóteles plantea ¿Qué es lo que uno recuerda? Y también ¿Cuáles son las cosas de la memoria? Todas las cosas que son imaginables pertenecen a la memoria.

La memoria está íntimamente ligada al concepto del tiempo. San Agustín lo expresa al señalar que aquello que el presente mira en el pasado no es otra cosa que la memoria. De modo que mediante el uso de la memoria escritores como Marcel Proust abordan el tema del tiempo, y en específico la recuperación del pasado para llegar a la verdad, y con ella, reconstruir una vida a través de la memoria involuntaria, la cual permite restaurar el tiempo vivido para formalizar la verdadera vida que se encuentra sólo en la literatura. Esta unión de tiempo y memoria son indisolubles; permiten al escritor preservar del óxido del olvido, los hechos del pasado, sobre todo la forma en que el tiempo se desvanece (tempus fugit).

Por su parte Henri Bergson en “Materia y memoria” (1896) propone que la memoria no es una facultad para poder clasificar los recuerdos en un cajón o inscribirlos en un registro, sino que es un instrumento que está sujeto al ejercicio reflexivo. Además, para recuperar el pasado, es necesario hacer el ejercicio de representarlo ya que “no vuelve a la conciencia más que en la medida que pueda ayudar a comprender el presente”.[3]

 

Memoria y poesía

En la historia de la literatura existen un sinfín de escritores que han manifestado un interés particular por el tema del tiempo y los estragos que éste infringe sobre las cosas y los cuerpos, tales como la vejez, la muerte, el anhelo y la nostalgia por la pérdida de la juventud, estragos que nos hacen pensar que todo se acabará en determinado momento y solo quedarán las nostalgias de aquello que fue o los recuerdos de la muerte (memento mori). Es aquí donde la memoria juega un papel importante como herramienta para tender lazos con el pasado, por ello, muchos escritores ven en la memoria la posibilidad de diluir el olvido a través de la palabra y por medio de ella, trascender el espacio y el tiempo.

Entre los contemporáneos de Becerra, el tema del tiempo y la memoria se puede apreciar por ejemplo, en gran parte de la poesía del escritor mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014). En su obra, se observa la nostalgia por la imposibilidad de recuperar el pasado. La angustia se hace presente en algunos de sus poemarios como “Irás y no volverás” (1973) y “La arena errante” (1999); en estos dos libros, el poeta muestra ese sentimiento de desesperanza ante los efectos devastadores del tiempo sobre los seres y las cosas y ve en el tiempo la posibilidad de cambiar y seguir siendo los mismos: “Somos la piedra a la mitad del torrente, siempre igual y distinta a cada segundo, pulida por las incesantes aguas del cambio”,[4] el poeta advierte en la poesía, un medio paradójico por el cual ha de perdurar pero también olvidarse aquello que se nombra: “La poesía es la sombra de la memoria pero será materia del olvido”.[5]

Otro caso particular es el del poeta Octavio Paz (1914-1998), figura fundamental para la poesía mexicana del siglo XX. Entre la gran variedad de temas que desarrolló en su poesía, el tema del tiempo y la melancolía por el pasado fue una preocupación primordial que plasmo en “Pasado en claro” (1974), largo poema en el que se lee una meditación profunda sobre el tiempo, sobre el pasado que por momentos parece ya disiparse, entonces; la memoria vendrá a ser el puente para rescatar del pasado aquello que en los años de la infancia desconoce: la corruptibilidad de los seres y las cosas. Por medio de la memoria, la instancia poética nos acerca una realidad que parece dispersa; el poeta se asume consciente del momento en el que escribe, dando como resultado una comunión absoluta entre pasado y presente.

La memoria en muchos casos se hace acompañar del testimonio pacífico. Desde el exilio muchos escritores escribieron sobre el dolor, las pérdidas familiares y materiales, sobre los días y los lugares de la infancia, sobre los momentos felices en su lugar natal, sobre la adolescencia y los primeros amores, pero también, escribieron para denunciar la arbitrariedad y la injusticia que padeció su pueblo, los asesinatos cobardes para callar a aquellos que alzaron la voz. En el exilio grandes libros fueron escritos como especie de memorias que contribuyen a la historia; en ellos se aborda el destierro. José Ángel Valente en un artículo publicado en “El País” sobre la memoria poética, llama a la poesía española del periodo franquista una poesía del arte de la memoria, donde la supervivencia de los olvidados, los derrotados, es posible gracias a que recuperan su voz. Algunos casos particulares son: los de Max Aub, Luis Cernuda, Juan Gelman, Pablo Neruda, Rafael Alberti, César Vallejo, etcétera.

JOSE ANGEL VALENTE

JOSE ANGEL VALENTE

 

A propósito de “Relación de los hechos”

El paso del tiempo fue una preocupación fundamental para Becerra. La corrupción de la carne y el estar consciente de dejar de existir hacen eco en su poesía, hay en ella, una mirada al pasado y toda presencia vienen a contrarrestar la ausencia, Becerra recurre a la memoria para construir una realidad que ya está reducida al polvo, luego la memoria vendrá a convertirse en la palabra fatal, similar al silencio. Lo que supone una poética de ocultamientos y de realidades transfiguradas –expresa Olivo en “Poetas contemporáneos de España y América: ensayos críticos”–: “No representó el mundo para Becerra una entidad absoluta y unívoca, sino una misteriosa y amarga dialéctica entre la verdad y la apariencia”.[6]

En Becerra, la ausencia, la melancolía, la tristeza por la pérdida y lo irrecuperable, el paso del tiempo y sus efectos sobre la carne, son materia pendular de su poesía. No obstante la realidad que se construye a partir de la memoria y que José Olivo Jiménez vislumbra en Becerra, no sólo está reducida al polvo sino que en ella, el poeta logra quizá por un instante; el de la palabra, alcanzar la verdad de lo que fue, pero al mismo tiempo, es apariencia y representación de una realidad que se ha difuminado y que es inalcanzable, sólo la palabra le da vida dentro de las ruinas.

Un libro que resulta fundamental para el presente trabajo es el de Ignacio Ruiz Pérez, “Nostalgia de la unidad natural: La poesía de José Carlos Becerra”. En él, el autor hace un acercamiento a la obra de Becerra centrándose en el análisis de varios de sus poemas, proponiendo así una lectura que revele la nostalgia del poeta “por recuperar aquello (infancia, paisaje, amor) que de manera natural perteneció al sujeto; una pertenencia que nunca recuperará”[7] tesis que viene a reforzar lo propuesto en este trabajo. Ruiz Pérez expone a su vez, que en “Relación de los hechos”, el sujeto o la instancia poética contempla cómo el tiempo transforma todo a su paso, lo que lleva a la imposibilidad de recuperar lo acontecido; entonces la memoria vendrá a recrear lo vivido, entonces el sujeto se preguntará: ¿cómo nombrar eso que colinda entre el pasado y el presente?

Resulta especialmente interesante el capítulo tercero del libro de Ruiz Pérez titulado “Materia memorada, materia memorable: apariciones y desencuentros” donde toma las dos primeras partes de “Relación de los hechos” como punto de partida en que los extravíos del poeta evocan su infancia y sus amoríos, además de sufrir la fugacidad del tiempo y su consecuente corrupción sobre la materia, a lo que el poeta siempre irá en busca del pasado pero siempre de manera infructuosa, lo que supondrá una pérdida porque todo ha quedado en ruinas.

Hay en “Relación de los hechos” una imposibilidad que obedece a la propia distancia entre la misma palabra y la cosa nombrada, ya que la palabra es la representación de esa ausencia y para Becerra esa ausencia se refleja en la palabra como en un espejo y ésta a su vez, no puede asir el mundo, ni siquiera puede sujetar su propio significado porque tiene muchos. Por su parte Ana Leonor Cuandón Alonzo en “La palabra y la memoria en Relación de los hechos de José Carlos Becerra” expone que en esta obra del poeta tabasqueño, se rescatan los recuerdos del olvido; además, está en búsqueda de los instantes vividos no para recuperarlos de manera absoluta, sino para recuperar su intención a través del lenguaje, afirmando lo siguiente: “el recuerdo y el poema se revelan como invenciones distintas e independientes de la experiencia vivida”.[8]

La palabra es la representación de una realidad que el poeta añora. La palabra en la poesía de Becerra representa la imposibilidad por recuperar lo acontecido, pero también se vuelve la mejor herramienta para expresar aquello que existe en la memoria de la instancia poética, y que logra dar sentido a los actos del pasado traídos al presente. Si bien la palabra es ausencia tal y como señala Cuandón Alonzo, para Becerra la palabra también es presencia, porque logra dar continuidad temporal a los hechos del pasado y logra rescatar del olvido aquello que importa para construir un presente, no como una invención alterna de la realidad, sino como continuación de aquello que fue o pudo haber sido.

Este tiempo poético en el poeta conduce a la añoranza y al rescate de la misma memoria para evocar los lugares perdidos de la infancia. Es a través de la memoria como perduran ciertos acontecimientos y a es través del recuerdo como se reviven imágenes de un mundo grabado en la mirada. A partir de la poesía es que el poeta detiene el tiempo para que las pérdidas se erijan como estatuas en el poema ante la imposibilidad de recuperar el pasado, ya que hay una línea irreversible que marca sus pasos. Por eso hay una angustia constante. A su vez el tiempo pasa y nos transforma aunque siempre seamos los mismos. Sobre todo, el poeta insiste en dejar ese testimonio ante el devastador efecto del tiempo que afecta a los seres y a las cosas, enfatizando que a través de la palabra y la memoria se puede alcanzar la ilusión de vencer al tiempo. 

En la obra de Becerra, específicamente en “Relación de los Hechos”, la memoria es un recurso fundamental para la construcción de los poemas. Asimismo el poeta busca darle continuidad al pasado, nombrando desde el presente las ausencias para recuperar las imágenes que se han borrado o que permanecen ocultas de aquello que fue o puedo haber sido. El olvido, el recuerdo, la historia, aparecen en el poema como sitios indeterminados que por medio de la palabra recuperan su solidez y su importancia. Entonces la memoria en Becerra nos permitirá encontrar esa dolencia, no como queja ni como lamento, sino como la verdadera ausencia de aquello que se ha perdido.

“Relación de los hechos” manifiesta un carácter testimonial que entre los espacios personales y las colindancias con la memoria, hace de su obra una realidad diversificada dónde todo es presencia, todo a partir de su propia búsqueda del tiempo perdido que en la poesía recupera. Desarrollar la poética de la memoria a partir de la obra de Becerra, es descubrir en su poesía nuevos significados y a su vez descubrirnos nosotros mismos, a partir de su propia búsqueda del tiempo perdido que en la poesía se recupera.

 

Bibliografía 

  1. Bachelard, Gastón, La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, México, 2016.
  2. Becerra, José Carlos, El otoño recorre las islas, Era, México, 1981.
  3. Bergson, Henri, Memoria Y vida, Alianza, Madrid, 2012.
  4. Cuandón Alonzo, Ana Leonor, “La palabra y la memoria en “Relación de los hechos” de José Carlos Becerra”en http://tesiuami.izt.uam.mx/uam/aspuam/presentatesis.php?recno=10256&docs=UAMI10256.PDF Consultado el 10 de octubre de 2018.
  5. Hipona, Agustín de, Las confesiones, Tecnos, Madrid, 2007.
  6. Klein, Irene, La ficción de la memoria: la narración de historia de vida, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2007.
  7. Olivo Jiménez, José, Poetas contemporáneos de España y América: ensayos críticos, Verbum, Madrid, 1998.
  8. Pacheco, José Emilio, Los días que no se nombran, Era, México, 2017.
  9. Paz, Octavio, Obra poética II (1969-1998), Fondo de Cultura Económica, México, 2004.
  10. Ruiz Pérez, Ignacio, Nostalgia de la unidad natural: la poesía de José Carlos Becerra, Colección Raíz del hombre, México, 2009.
  11. Zaid, Gabriel, Leer poesía, Joaquín Mortiz, México, 1972.

 

Notas

[1] José Carlos Becerra, El otoño recorre las islas, ed. cit., p. 307.
[2] Gabriel Zaid, Leer poesía, ed. cit., p. 124.
[3] Henri Bergson, Materia y Memoria, ed. cit., p. 68.
[4] José Emilio pacheco, Los días que no se nombran, ed. cit., p. 34.
[5] Ibid., p. 112.
[6] José Olivo Jiménez, Poetas contemporáneos de España y América: ensayos críticos, ed. cit., p. 345.
[7] Ignacio Ruiz Pérez, Nostalgia de la unidad natural: la poesía de José Carlos Becerra, ed. cit., p. 11.
[8] Cuandón Alonzo, La palabra y la memoria en Relación de los hechos de José Carlos Becerra, ed. cit., p. 10.

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