Atrapados entre la emotividad y el razonamiento estratégico. La virtuosidad digital y el vaciamiento de la democracia

 

 

Resumen

La gran polarización en las dos últimas elecciones presidenciales en los EE–UU y el papel de las redes en esos procesos plantean el problema de la relación entre las redes sociales y la democracia. En este trabajo recurrimos al mediólogo Marshall McLuhan, al psicólogo de la moral Jonathan Haidt, al también mediólogo John Robb y al científico informático Filippo Menczer, para entender la dinámica en la que las redes sociales han dado lugar a potentes “tribus intraconectadas” que, en efecto, vacían a la democracia de sentido. Con ello elaboramos una teoría filosófica de la subjetividad del hombre de las redes. Veremos que se trata de la estructura psíquica de un moralismo intuitivo que resulta incontrolable por el razonamiento y que, por lo tanto, con las redes sociales nos hemos retrotraído a la forma de una subjetividad primitiva, preilustrada, “tribal”, que es incapaz de cuestionarse a sí misma y que por lo tanto es contraria de raíz a la institución consistente en la democracia representativa basada en la deliberación, la negociación y el acuerdo. Las elecciones presidenciales norteamericanas, forma cumbre de la democracia liberal, se han convertido en un mero episodio de una gran guerra tribal que es efecto de la interrelación humana en las redes sociales.

Palabras clave: democracia, intuición, razonamiento, redes sociales, patrones, tribus.

 

Abstract

The great polarization in the last two presidential elections in the USA and the role of social networks in these processes raise the problem of the relationship between social networks and democracy. In this paper we turn to the mediologist Marshall McLuhan, the moral psychologist Jonathan Haidt, the also mediologist John Robb, and the computer scientist Filippo Menczer, to understand the dynamics in which social networks have given rise to powerful “networked tribes” corroding democracy. We elaborate a philosophical theory of the subjectivity proper to the man acting in the social networks. We will see that such a subjectivity is the psychic structure consisting in an intuitive moralism uncontrollable by reasoning and that, therefore, with social networks we are thrown back to the form of a primitive, pre-enlightened, “tribal” subjectivity, which is unable to put itself in question. For this reason, such a subjectivity is fundamentally contrary to the institution consisting of representative democracy based on deliberation, negotiation, and agreement. The American presidential elections, the highest form of liberal democracy, already became mere episodes of a big ongoing tribal war that is an effect  of human interrelationships in social networks.

Keywords: democracy, intuition, reasoning, social networks, patterns, tribes.

 

Las redes sociales están creando cada vez más odio y polarización política. (…) Soy extremadamente pesimista sobre el futuro de las democracias. [ ] [T]engo mucho miedo por mi país y veo que nuestros problemas (…) probablemente aumentarán cada año que pase porque las redes sociales (…) [e]stán creando cada vez más polarización política y odio. Pienso que en cinco años las cosas estarán peor.”

  1. Haidt

 

En los años recientes, y sobre todo frente al espectáculo ofrecido por las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016 y 2020, se ha repetido con mayor frecuencia e intensidad la queja de que en los países democráticos la pugnacidad de las redes sociales va de la mano con una polarización y una radicalización de la vida política tal que la democracia misma amenaza con resultar disfuncional. En este trabajo recurrimos al mediólogo Marshall McLuhan, al psicólogo de la moral Jonathan Haidt, al también mediólogo John Robb y al científico informático Filippo Menczer, para entender la dinámica en la que las redes sociales han dado lugar a potentes “tribus intraconectadas” que, en efecto, vacían a la democracia de sentido. Con ello elaboramos una teoría filosófica de la subjetividad del hombre de las redes. Veremos que se trata de la estructura psíquica de un moralismo intuitivo que resulta incontrolable por el razonamiento y que, por lo tanto, con las redes sociales nos hemos retrotraído a la forma de una subjetividad primitiva, preilustrada, “tribal”, que es incapaz de cuestionarse a sí misma y que por lo tanto es contraria de raíz a la institución consistente en la democracia representativa basada en la deliberación, la negociación y el acuerdo.

McLuhan y la dupla “compasión e ira”

 

En un trabajo que venimos desarrollando desde hace varios años con base en una formalización de tipo kantiano de la mediología que McLuhan ofreció en su obra cumbre Understanding Media. The Extensions of Man (1964), llegamos al resultado básico de que todos los “medios eléctricos”, empezando con el telégrafo, pasando por la fotografía, por el periódico diario, el radio, la TV y culminando con las redes sociales, reconfiguran la subjetividad de sus usuarios, su “psique”, diría McLuhan, imprimiéndole la forma cognitiva y moral “compasión por (…) e ira contra (…)”, una ira la cual pasa siempre por la etapa previa de la “indignación por (…) contra (…)” y que puede terminar cristalizándose como “odio a  (…)”.[1] Estas formas pueden ser ampliadas con el verbo sentir a la forma extendida  “(…) siente compasión por (…) e ira contra (…)”, que en principio no es otra cosa que una fórmula o forma lingüística, que debe ser materializada.[2]

 

Las fórmulas anteriores funcionan como formas lingüísticas que tienen que ser materializadas por entidades o eventos más o menos particulares a, b, c., etc. Así, el análisis lingüístico examina los verbos por sus “valencias”. El verbo “regalar”, por ejemplo, tiene tres valencias porque en su uso estándar presenta tres elementos, el sujeto que regala, a, el complemento directo u objeto, lo que se regala, b, y el complemento indirecto, a quien se regala, c. Por ello tenemos la forma “(…) le regala (…) a (…)”, que se materializa como ”a le regala b a c”. Usualmente a, b, c, son entidades que se llaman constantes y en general se tiene variables, x, y, z, etc., de tal manera que podemos escribir todo de manera puramente formal como la función lingüística “(x) le regala (y) a (z)”. En el habla se substituye las variables por las constantes, por ejemplo, a = Luis, b = un libro, c = María, resultando la expresión del tipo cotidiano “Luis le regala un libro a maría”. Con esto la forma lingüística queda materializada, resultando una proposición perfectamente normal.

 

En el caso mcluhaniano que nos ocupa, podemos tener, a = el público británico, el cuál durante la Guerra de Crimea se compadeció de b = los soldados y los caballos británicos, que estaban muriendo de hambre y frío por la incapacidad o desatención y burocratismo de c = los oficiales del ejército británico. Materializando, pues, la fórmula lingüística, que se corresponde con la forma de la subjetividad mediática eléctrica dada arriba, tenemos la expresión verbal o enunciando “el público británico siente compasión por los soldados y los caballos británicos (que sufren) e ira contra los oficiales responsables”.[3] Nótese que se trata de la materialización de la forma psíquica inicial “(…) siente compasión por (…) e ira contra (…)” llenando los espacios vacíos mediante las constantes del caso. Obviamente hay infinidad de tales materializaciones, por ejemplo “el público mundial siente compasión por el niño sirio Aylan (ahogado en una playa turca) e indignación por las circunstancias que atraviesan los migrantes del medio oriente”.[4]

 

Ahora bien, es evidente que el sujeto a de la forma lingüística “(…) siente compasión por (…) e ira contra (…)”, tiene que estar enterado de lo que le pasa a aquel por el que siente compasión, b, en su circunstancia, por lo que también siente indignación o ira contra c. Aquí es justamente donde entran en la consideración los “medios eléctricos”, como los llama McLuhan o, simplemente, “lo eléctrico”. Para empezar, el suceso que envuelve a b tiene que ser “actual”, es decir, algo tan cercano en el tiempo al instante vital que atraviesa a que el suceso es capaz de impresionarlo. Hay grandes eventos, ricos en contenido pero que son simplemente historia, por ejemplo, la caída de Constantinopla en 1453 en manos de los turcos, o bien el Día D, del desembarco aliado en Normandía en 1944 o la caída del Muro de Berlín en 1989. Mientras más lejano en la historia, menos impresiona el evento. Incluso un evento mucho más reciente como la muerte del niño sirio Aylan en 2015 hoy en día ya no nos afecta mayormente. Por ello es necesario definir el concepto de “lo actual” o la “actualidad”, de un evento. Se trata de una categoría formal, totalmente independiente del carácter o contenido concreto, material, del evento. Un evento es actual si quien se entera de él cree que es algo respecto de lo cual se podría hacer algo en el momento de conocerlo y todavía un cierto periodo de tiempo – más o menos cercano – hacia el futuro, hoy, mañana, en unos días o meses o incluso más. Un “evento” de este último tipo, con una actualidad que se extiende en un futuro más o menos lejano sería “el cambio climático”.

 

Para que un evento sea actual se necesita además que caiga dentro de lo que McLuhan llama el “interés humano”,[5] es decir, algo que es del ámbito de “lo político”, entendido esto último también como categoría formal. Algo es “político” si es del interés de la polis, es decir, de la “comunidad”.[6] Nótese que la formalidad de este concepto es tal, que el evento en cuestión no tiene por qué estar asociado con lo que corrientemente se considera político, como son la vida partidaria, electoral, los golpes de estado, un magnicidio, etc. No. Contemporáneamente un evento tan poco político en términos tradicionales como la crueldad contra un perro, puede convertirse en un evento político, es decir, del “interés humano” en tanto lo que concierne a la “comunidad”.[7] Está última también es una categoría formal, no predetermina el carácter concreto, es decir, la materia o substancia de la comunidad. Por ejemplo, si unos niños matan a un gato en un pequeño poblado, el poblado puede ser la comunidad concernida. Pero también puede tratarse de un matancero de focas bebé en el Ártico mostrado en la TV, y en este caso la comunidad compasiva e indignada o hasta furiosa puede extenderse por todo el globo terráqueo, convertido, como dice McLuhan, en una “aldea global”[8] gracias a la interrelación que dan los “medios eléctricos”.[9]

 

Finalmente, el “interés humano” del evento, interés que se expresa en que cierta “comunidad” queda impresionada, afectada emotivamente por el evento, también es un concepto formal, una categoría. Todo evento actual afecta a los miembros de cierta comunidad si el evento en cuestión tiene un carácter que McLuhan llama “confesional”,[10] es decir, el que el evento se conozca en la comunidad tiene el carácter de sacar a la luz, de airear, de hacer público y por tanto político, algo que la comunidad considera como malvado, negativo, algo que al hacerse público es como si la comunidad confesara una mala acción, como si la comunidad estuviera en una relación de reconocer ella misma uno de sus vicios o faltas.[11] Esto lo formula McLuhan con la célebre frase de que “[l]as verdaderas noticias son las malas noticias (…)”;[12] se trata en especial del “lado sórdido”[13] y el “área turbia”,[14] de todo lo que es amenazante para los humanos en algún sentido. Esta inclinación por lo negativo, lo sórdido, no es ninguna perversión, sino, muy por el contrario, se trata de una tendencia – más adelante veremos que se trata de un patrón cognitivo – interconstruida en nuestro cerebro como un dispositivo seleccionado por la evolución para darnos mayor oportunidad de sobrevivir. Como dijimos en otro lado,

[…] lo que se percibe como bueno no mata – por lo menos no inmediatamente –, pero lo malo puede ser catastrófico inmediatamente, como la presencia de un predador durante cientos de miles de años de la historia humana, por ello los humanos estamos diseñados evolutivamente para prestar una atención intensa y preponderante a lo que nos aparece como negativo.[15]

 

El caso del rumor, del chismorreo, también corresponde al mismo diseño evolutivo. El morbo permite enterarse de cosas que en las relaciones intergrupales pueden ser si no amenazantes, por lo menos inconvenientes, las que, por lo tanto, más vale saberlas para evitar sorpresas, como que alguien no cumple su palabra, que es un estafador, que tiene un carácter de personalidad inconveniente, etc. Lo alarmante, el contenido del rumor,  del chismorreo, etc., conciernen a la comunidad, son algo político.

 

En resumen, algo es actual si es político, es decir, si involucra a la comunidad porque tiene un impacto emotivo en ella posibilitado por la coexistencia del evento con los miembros de la comunidad, en tanto coexistencia dada en un intervalo temporal bastante poco extendido hacia el pasado y extendido de manera más o menos cercana hacia el futuro. El impacto emotivo, mayor o menor, tiene que ver con lo negativo, con aquello que al hacerse público es como si la comunidad misma se confesara, reconociera sus fallas y flaquezas, por ejemplo, cuando la comunidad empieza a pensar que destruye el medio ambiente a partir de eventos aislados que devienen del conocimiento público y que, entonces, se han vuelto políticos. Este último ejemplo es una materialización o substancialización de todas las categorías formales recién discutidas.

 

Es claro que la estructura o forma “(…) siente compasión por (…) e ira contra (…)” no tiene que ver en principio con los medios ni con ninguna comunidad particular, sino que representa ya la forma psíquica de un simple individuo testigo de un evento en el que hay una víctima de algo o de alguien, un victimario. Pero McLuhan aborda la forma en cuestión en el marco de lo que él llama los “medios de comunicación de masas”,[16] es decir, de aquellos que presentan eventos a muchos individuos simultáneamente, lo cual empieza a ocurrir por primera vez con el telégrafo. Es claro que la simultaneidad tampoco tiene por que estar mediada, simplemente un grupo de personas puede coexistir espacialmente con un evento negativo que le sucede a alguien, ser testigo directo de que alguien es víctima de alguien más, de un victimario. Entonces la forma bajo análisis será una forma psíquica compartida, colectiva, pero no mediada tecnológicamente. Sin embargo, es claro que la forma dual que discutimos adquiere una verdadera dimensión social cuando es efecto, reconfiguración de la subjetividad o psique colectiva, por parte de un medio de comunicación de masas.[17] Tal es el diario o periódico del día, hecho posible por el telégrafo en tanto “medio eléctrico” que era capaz, dada la velocidad de la luz, de informar de eventos “actuales”. De hecho, McLuhan introduce la forma subjetiva bajo consideración recordando los “horrores” ocurridos a los soldados británicos y sus monturas en la Guerra de Crimea “transmitidos por cable [telegráfico] al The Times”. William Howard Russel, como autor de tales reportes, “(…) fue el primer corresponsal de guerra, porque el telégrafo les dio a las noticias la dimensión inmediata [el tiempo real] e inclusiva [masas] del ‘interés humano’ (…)”.[18] McLuhan agrega que eso “(…) es la dimensión electrónica o profunda del involucramiento inmediato en las noticias.”[19]

Poco más abajo llegamos a la idea de la forma psíquica de la que venimos hablando desde el principio de esta sección. McLuhan afirma que “[l]o eléctrico les da voces poderosas a los débiles y sufrientes (…)”,[20] y en la siguiente oración añade que “[l]a dimensión del ‘interés humano’ es simplemente la de inmediatez de la participación en la experiencia de otros que ocurre con la información instantánea (…)”,[21] y añade que “[t]ambién la gente deviene instantánea en su respuesta de compasión [con …] o de furia [contra …] cuando tiene que compartir la extensión común del sistema nervioso central [los medios de comunicación de masas, que son eléctricos por definición] con la totalidad de la humanidad.”[22]

Todas las consecuencias o “efectos psíquicos y sociales”[23] asociados con la forma en cuestión se intensifican con el radio y la TV, pero con las redes sociales se radicalizan a extremos cercanos a la histeria colectiva, según lo hemos experimentado repetidamente por lo menos a partir del año 2010.[24]

 

Haidt y la “mente virtuosa”

En esta sección podemos desentendernos de los medios para centrarnos en las emociones, en particular como guías cognitivas. Para ello recurrimos a la teoría del profesor Jonathan Haidt con su modelo del intuicionismo social tal como está expuesta en su libro The Righteous Mind (2012). La conexión con lo discutido es clara ya al inicio de la exposición de Haidt en dicho libro. Haidt se pregunta qué es la moralidad y cuál es su origen y notablemente nos resume la moralidad, al margen de qué pueda ser, mediante la fórmula o forma de “la mente virtuosa” o “moralista [righteous]”, a saber, el estado mental polar “estar por (…) y contra (…)”, o “estar en favor de (…) y en contra de (…)”.[25] Si bien la semejanza con la forma mcluhaniana es evidente, se trata de cosas ligeramente diferentes pero, a fin de cuentas, convergentes, porque Haidt va de “nuestras mentes moralistas” a “nuestros grupos moralistas” o pretendidamente “virtuosos”.[26] Es claro, entonces, que tanto en McLuhan como en Haidt está presente una dimensión social, lo que McLuhan llama la “psique pública”[27] o bien “psique social”.[28] En lo siguiente nos concentraremos solamente en los elementos pertinentes en nuestro contexto, los cuales, dicho sea de paso, nos harán volver a la forma psíquica ofrecida por McLuhan precisando el asunto de las emociones en ella. Empecemos de atrás para adelante con las ideas de Haidt en el capítulo uno de su libro.

 

Haidt tiene una teoría con consecuencias muy importantes, profundas, cuyo alcance quedará claro cuando tratemos la virtuosidad en las redes sociales. Empecemos por lo más notable. Ciertamente somos seres racionales, pero, contra lo que supone el sesgo intelectualista de Occidente, estos seres racionales que somos los humanos no estamos hechos para la búsqueda de la verdad.[29] Tenemos preferencias, digámoslo así por lo pronto, que nos nacen automática, irreflexivamente, sin la participación del habla o lenguaje, y una vez que las preferencias predeterminadas se actualizan en una situación dada pertinente, razonamos solamente para justificar, Haidt diría, para “servir”[30] a dichas preferencias. Se trata de razonamientos post hoc, meramente justificatorios.[31] Especialmente importante es que la mayoría de los animales también tienen preferencias del mismo tipo, es decir, automáticas, independientes de toda reflexión, pero a diferencia de los otros animales, nosotros tenemos lenguaje, que es el vehículo de los razonamientos.[32] Sin embargo, razonamos, es decir, hablamos, en principio solo para hacer avanzar nuestras preferencias mediante la formación grupos de apoyo o de seguidores, de aliados.[33] La verdad está aquí en principio excluida, es lo que menos importa, ya que, para decirlo de una manera más contundente que Haidt, lo cierto es que estamos hechos para la política, la politiquería, el chisme y el rumor, con el objetivo de salirnos con la nuestra, en especial formando grupos que apoyen nuestras preferencias y nos permitan imponerlas, hacerlas avanzar en las relaciones con los demás.[34] Dicho lo anterior podemos avanzar a clarificar aspectos centrales del esquema descrito.

El primer punto pertinente es que, según Haidt, nuestra mente cognitiva está, por así decirlo, empapada de emotividad, y se divide en intuiciones emotivas y razonamientos morales.[35] En un primer momento podemos decir que las preferencias a las que nos referimos en el párrafo anterior son básicamente las intuiciones emotivas. Como debería ser claro de la exposición anterior, el nombre de “intuición” lo utiliza Haidt en este contexto de manera formal para designar cualquier capacidad o estado mental que nos oriente en el mundo de manera automática y, claro, prelingüística. Las emociones, nos dice Haidt, “(…) están llenas de cognición. Las emociones ocurren en pasos [automáticos e inconscientes], de los cuales el primero es apreciar algo recién ocurrido según que impulse o bloquee (…) objetivos. Estas apreciaciones [ciertas preferencias] son un tipo de procesamiento de información, son cogniciones.”[36] A lo que Haidt añade que “[c]uando un programa de apreciación detecta ciertos patrones de estímulo, lanza [automáticamente] un conjunto de cambios en el cerebro que prepara para responder de manera adecuada.”[37] Obviamente todo eso ocurre en la conciencia, pero inconscientemente, simplemente nos ocurre. Haidt pone el ejemplo de escuchar correr atrás de uno en una calle obscura. Nótese que escuchar correr es un patrón de estímulo que se detecta sin más, inmediata e instantáneamente. Este proceso automático es, entonces, una intuición y es emotiva porque desata miedo – además de ciertos cambios fisiológicos como acelerar los latidos del corazón y ampliar las pupilas para obtener más información –.[38] En síntesis, “[l]as emociones son un tipo de procesamiento de información.”[39]

Lo importante ahora que hay “[e]mociones morales”[40] asociadas con ciertas preferencias (atracción o repulsión, aceptación o rechazo) que se dan de manea automática ya frente a simples situaciones pensadas, que no son ningún patrón de estímulo sino, podemos decir, simples ideas. A esta categoría pertenecen reacciones negativas, repulsiones, digamos la idea de comer carne de una mascota muerta o bien la de tener sexo entre hermanos. La tesis es, entonces, que “[l]as emociones morales son un tipo de intuiciones (…)”,[41] a saber, precisamente “intuiciones morales”.[42] Lo interesante ahora es que los experimentos de Haidt lo llevaron a la conclusión de que los “juicios morales”, tales como rechazar el comer la carne de una mascota muerta o tener sexo entre hermanos, no son otra cosa que “intuiciones morales”, ya que se trata de simples reacciones o preferencias que ocurren de manera automática, sin pensar.[43]

Debemos decir que la exposición de Haidt acerca de las emociones es más detallada, pero para nuestros fines los elementos referidos son suficientes.[44] Lo importante ahora es el resultado de Haidt ya anunciado poco después del inicio de esta sección, de que las preferencias morales, es decir, las “intuiciones morales”, no solo ocurren sin razonamiento sino en principio antes que el razonamiento, con total independencia de él. Así, para que la idea de tener sexo entre hermanos resulte repulsiva, no se necesita pensar, es una simple reacción. En este contexto el segundo resultado experimental importante obtenido por Haidt es, de acuerdo con lo recién dicho, que el razonamiento acerca de las decisiones morales automáticas, es decir, de los juicios morales en tanto intuiciones sobre situaciones morales, ocurre post hoc, y siempre – salvo casos realmente especiales –,[45] para justificar la intuición moral.[46] Así, es común que la gente tenga problemas para justificar racionalmente su aversión al sexo entre hermanos o a comer carne de una mascota muerta, que la gente de vueltas y más vueltas a la pregunta de por qué rechaza tales conductas. Tan están separados la intuición y el razonamiento, que la gente no encuentra con facilidad el razonamiento adecuado, dándose el fenómeno de que queda “moralmente atónita, sin palabras”,[47] cuando trata de explicar o justificar su intuición. Nótese además la situación de que el rechazo a las conductas señaladas es automático y en tanto tal es una repulsión preverbal, totalmente al margen del lenguaje, aunque, obviamente, la idea o situación rechazada se haya presentado verbalmente a las personas. La parte lingüística viene apenas con el razonamiento que trata de explicar o justificar el rechazo, la preferencia intuitiva.

Por supuesto que los resultados anteriores son válidos no solamente para aprobaciones o rechazos, sino también para otras decisiones automáticas en las que la emoción está ausente:

“Pregúntese Usted si es mejor salvar cinco vidas extrañas que una (…). ¿Necesita Usted razonar? No, Usted simplemente ve, instantáneamente, que cinco son mejor que uno. Intuición es la mejor palabra para describir las docenas o centenas de juicios morales y decisiones rápidos, sin esfuerzo alguno, que todos hacemos todos los días. Solamnte unas pocas de estas intuiciones nos vienen incrustadas en emociones plenas.”[48]

Conviene ahora rescatar cierta terminología introducida por Haidt ligada con lo expuesto. De entrada debemos insistir en que hay “dos tipos diferentes de cognición: intuición y razonamiento”,[49] y poco más abajo Haidt nos dice que llamó a “estos dos tipos de cognición el jinete (procesos controlados, incluyendo el ‘razonar-por qué’) y el elefante (procesos automáticos, incluyendo la emoción, la intuición y todas las formas de ‘ver-que’)”.[50] Dado que la intuición y el razonamiento constituyen nuestra conciencia y que la mayor parte de la cognición tiene el carácter de intuición, llamar a esta parte de la conciencia “el elefante” alude a su predominio cuantitativo en ella.[51] Por otra parte, llamar al razonamiento “el jinete” alude a que el razonamiento, si bien está para servir a la intuición, en situaciones especiales puede redirigirla. El resultado de que el razonamiento es abrumadoramente una justificación post hoc de lo que previamente ya se ha decidido o preferido automática, “instantáneamente”,[52] con base en patrones innatos o adquiridos, lo formula Haidt diciendo que el jinete está “para servir al elefante”.[53] En este contexto es central la tesis ya señalada de que “[l]as intuiciones vienen primero y el razonamiento usualmente se produce después de que el juicio [moral] fue hecho, para influenciar a otra gente.”[54] En particular, la idea de que no estamos hechos para buscar la verdad queda formulada también en la tesis de que “[r]ápidamente hacemos juicios, y somos pésimos para buscar evidencia que pudiera contradecir esos juicios iniciales”.[55]

 

Haidt + McLuhan. El gran elefante sin jinete alguno

Regresemos a la forma de la “mente moralista” o “virtuosa”, que es el patrón moral básico de “estar por (…) y contra (…)”. Ahora debería ser claro que ambos miembros de la forma quedan en principio en las intuiciones emotivas, en los juicios automáticos y prácticamente instantáneos con los que afrontamos no solo asuntos tales como sorber jugo de naranja en el que se ha introducido una cucaracha esterilizada – uno de los ejemplos de los experimentos de Haidt –, o tener sexo con consanguíneos, sino en especial situaciones sociales que afectan a otros, sobre todo a aquellos que aparecen como “los débiles y sufrientes” de McLuhan, respecto de los cuales se activa la estructura o forma doble “sentir simpatía por (…) e ira o indignación contra (…)”.[56] La estructura o patrón de la virtud o moralidad ofrecida por Haidt es más formal que el patrón ofrecido por McLuhan. La diferencia es que a) en el caso de McLuhan estamos directamente en lo social y en que b) las intuiciones a favor de (…) y en contra de (…), ahora, en McLuhan, son lo que vimos que Haidt llama “intuiciones (..) incrustadas en emociones plenas”.[57] Es decir, la forma, estructura o patrón de la moralidad propuesta por Haidt deviene relativamente materializada, pasa de un “a favor de (…)” y un “en contra de (…)”, a algo mucho más sustancial o material, a las “emociones plenas” de la “compasión” y la “indignación” o la “ira” y hasta el “odio”; y esto, además, en un contexto social, dado que McLuhan ubica su discusión no solo en relación con alguien débil y sufriente sino en relación con “los débiles y sufrientes” a los que “lo eléctrico”, es decir, nada menos que los “medios de masas”, “(…) les otorgan voces poderosas (…)”.[58]

Manteniendo la base teórica de Haidt, en McLuhan pasamos a una “mente moralista” o “virtuosa” a) con emociones densas, muy profundas, b) en el marco de lo social c) mediado por las “tecnologías eléctricas”, y lo central, entonces, es que “lo eléctrico” es el portador de los “contenidos” mediáticos que suscitan la activación, que son el disparador de la psique o subjetividad moralista que evolutivamente nos caracteriza y que mantiene la cualidad de ser parte del elefante de Haidt, es decir, de las intuiciones o juicios morales automáticos, prerreflexivos, para los cuales el razonamiento no hace más que buscar una escusa, una explicación.[59] Como en el entorno eléctrico la mente o subjetividad moralista es puesta en acción masivamente en toda su inmediatez y automaticidad, tenemos una situación en que el elefante devino colectivo y queda desconectado del jinete porque este es individual. Una población más o menos grande, la “comunidad” de la que hablamos arriba, comparte el elefante, es decir, la forma psíquica moralista es compartida instantánea y automáticamente por la “comunidad”, pero en principio no hay forma de compartir el razonamiento, que siempre es individual. Peor aún, en el caso de que el razonamiento pueda influir sobre el elefante, este, en tanto forma de la subjetividad colectiva, no recibe influjo alguno. No se puede compartir el razonamiento porque “lo eléctrico” no es medio para razonamientos, sino para los contenidos en tiempo real, contenidos que son los disparadores de las “intuiciones”, en términos de Haidt.[60] El “efecto psíquico” –eso que es lo central en el análisis mediológico de McLuhan– de los “medios eléctricos” no es, de ninguna manera, propiciar el razonamiento sino la intuición moral. Ahora se tiene a un gran elefante que no tiene ningún jinete. Este aspecto es central y debemos examinarlo con el detenimiento que merece.

Es importante recordar que el jinete, es decir, el razonamiento post hoc, puramente justificatorio, es llamado por Haidt, “razonamiento estratégico”, es decir, para conseguir algo, no para encontrar la verdad; es un razonamiento para conveniencia propia o a lo más de grupo. Al margen de Haidt llamemos al razonamiento que cuestiona las intuiciones morales en su automatismo e inmediatez, razonamiento reflexivo.[61] Como vimos, Haidt considera que esto ocurre raramente y que es poca la gente que puede hacerlo, es decir, ir en contra de sus “intuiciones iniciales”.[62] Ahora planteemos la pregunta clave de qué pasa con estos dos tipos de razonamiento respecto de intuiciones morales compartidas por masas frente a un estímulo o disparador emotivo que es un contenido de los medios de masas. Un caso básico es el de “medios eléctricos” no interactivos, como la TV o el radio. La gente, como audiencia, ve o escucha algo impactante, se entera, posiblemente ve en tiempo real un evento que percibe como involucrando a una víctima y a un victimario, entonces se activa la estructura moralista dual de compasión e indignación, pero tales personas realmente no están involucradas en el evento, ni son responsables de nada. Si la dualidad (víctima, victimario) le resulta clara, entonces el testigo mediático del evento no tiene nada que justificar ante nadie respecto de sus intuiciones de compasión e indignación y el razonamiento estratégico, puramente justificatorio, no se da. En su moralismo o virtuosidad, es decir, en la dualidad emotiva de compasión e indignación o incluso ira, la persona testigo mediada tecnológicamente, puede, incluso, afirmarse por sentirse como virtuosa, ya que reaccionó como “debe ser”. Así como en principio no hay motivo para que la persona justifique sus emociones, es claro que todavía menos existe un motivo para que, en el momento o después, cuestione sus emociones o intuiciones emotivas iniciales; es decir, si el razonamiento estratégico queda ausente, más ausente aún queda el razonamiento reflexivo. En otras palabras, la audiencia mediática que comparte la forma “compasión e ira”, es un gran elefante carente de todo jinete. Es apenas en el contacto casual con otros que también supieron del evento en el radio o lo vieron en la TV, por ejemplo, que ocurre un chismorreo donde en realidad no se trata de explicar las intuiciones morales, sino que simplemente ocurre una confirmación recíproca. En esta función confirmatoria de razonamientos más o menos disconexos, que ya no son siquiera razonamiento estratégico sino simplemente razonamiento autocomplaciente y con apoyo de otros, la figura del jinete ya no tiene una función clara.

El caso más importante es el de los medios eléctricos interactivos en tiempo real, a saber, las redes sociales. Aquí la situación es mucho más compleja por lo que solo adelantaremos el resultado, pero posponemos su examen completo para las dos secciones siguientes. El resultado que analizaremos consiste en que en las redes sociales la interacción entre los testigos del evento suele llevar a la formación de grupos con intuiciones encontradas que sí requieren de razonamiento simplemente confirmatorio, pero la irrupción del razonamiento reflexivo está excluida casi por completo debido al fenómeno de las “cámaras de resonancia”. Es decir, en las redes sociales sí hay un sirviente del elefante el cual ya no asume nunca la función de guía, de jinete de Haidt, porque en la cámara de resonancia respectiva lo que ocurre es una especie de chismorreo confirmatorio como el examinado arriba; no se trata de justificar nada sino básicamente de afirmarlo. En este caso no solo no se requiere del razonamiento estratégico, sino que necesariamente impera el razonamiento confirmatorio. Ya no hay manera de que ocurra la situación descrita por Haidt de que ”(…) los amigos puedan hacer lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos (…)”,[63] a saber, “(…) desafiarnos, dándonos razones y argumentos (…) que algunas veces disparan nuevas intuiciones y con ello hacen posible que cambiemos de opinión.” Claramente en este caso queda herméticamente excluido el razonamiento reflexivo. En una cámara de resonancia de las redes sociales simplemente no se admite cuestionamiento alguno, la gente que la forma comparte de manera total sus intuiciones morales y sin dudar de ellas en lo absoluto porque quien duda, es decir, introduce el razonamiento reflexivo, es expulsado de la cámara de resonancia.[64] Ahí solo se admite razonamiento confirmatorio.[65] Se tiene realmente, entonces, a un elefante con un sirviente que solo acompaña los impulsos del elefante, más que explicarlos lo valida confirmatoriamente, con lo que desaparece por completo el jinete como tal. El resultado es que el elefante colectivo que comparte la forma psíquica de compasión e ira solo recibe del sirviente un mayor impulso mediante repetidas confirmaciones. No es que la psique colectiva ya no sea influida por el razonamiento, sino que es reforzada por él.

De acuerdo con lo anterior veremos que la validez del modelo social intuicionista de la moralidad de Haidt tiene consecuencias fatales en la sociedad configurada psicológicamente por el entorno eléctrico centrado en las redes sociales en tanto los medios interactivos que son.

 

Robb, McLuhan, Haidt y la intuición como emparejamiento de patrones

En la sección anterior regresamos brevemente al análisis mediológico y utilizamos expresiones clave, a saber, prerreflexivo, reflexivo y disparador emotivo, con ello tenemos el puente para pasar a nuestro siguiente elemento teórico, aportado por el teórico de medios especializado en conflicto y en las redes sociales John Robb.

 

Robb viene desarrollando desde hace tiempo un análisis de las redes sociales que es compatible tanto con la mediología de McLuhan como con el modelo intuicionista de la virtuosidad de Haidt. En el texto de Robb McLuhan on War (julio de 2018) encontramos la conexión directa con ambos autores, aunque con Haidt solo implícitamente. Apenas en el segundo párrafo del texto Robb señala que la famosa tesis de McLuhan de que “el medio es lo que importa” (the medium is the message),[66] significa “(…) que nuestras tecnologías nuevas nos transforman (…)”,[67] e inmediatamente Robb pregunta cómo constatamos eso y poco más adelante Robb especifica la pregunta ajustándola a las redes sociales, “¿[c]ómo es que Twitter, Facebook, SMS, YouTube, Instragram, etc., están cambiando nuestros patrones perceptivos y de pensamiento?”[68] La respuesta de Robb a su propia pregunta es contundente al decirnos que “[l]as redes sociales han cambiado la manera en la que pensamos. Nos han convertido en emparejadores de patrones [pattern matchers].”[69] Lo anterior concuerda perfectamente tanto con McLuhan como con Haidt.

Robb pasa inmediatamente a explicar dicho cambio “(…) en la manera en la que pensamos (…)” diciéndonos que “[s]omos bombardeados con vastos volúmenes de información arribando paralelamente.[70] Esto es precisamente el tema mcluhaniano de la información procedente de una infinidad de fuentes que nos llega “simultáneamente” gracias a la “compresión” resultante de la velocidad de la luz a la que operan los “medios eléctricos” que nos interconectan con un alcance global.[71] Robb continúa diciendo que “[e]s imposible procesar toda esa información de una manera significativa y reflexiva (como hacemos cuando leemos un reporte o un libro).”[72] En este punto conviene hacer las conexiones necesarias con Haidt.

Robb no habla de intuiciones y razonamientos, ambos en tanto formas cognitivas, como Haidt, sino de la “manera en la que pensamos”, y esta va a cambiar, de la forma del pensamiento propia de la lectura de “reportes y libros”, al simple “emparejamiento de patrones”. Tenemos que reformular esto en los términos de Haidt. Robb continúa diciendo que como respuesta al “gran flujo”[73] de información “[l]o único que podemos hacer es verla como una figura [gestalt]” de la cual se obtiene un sentido solamente en el “(…) emparejamiento de patrones. Esto es el comportamiento típico: constantemente lanzamos una mirada [scan], buscando pedazos [bits] de información que quepan limpiamente en los patrones que previamente hemos adoptado como nuestros.”[74]

La diferencia entre este proceso de “emparejamiento” con un patrón previo y el caso de “(…) cuando leemos un reporte o un libro (…)”,[75] es precisamente la diferencia entre las intuiciones de Haidt y los razonamientos en general. Las redes con su flujo imparable e inabarcable de información nos fuerzan, según Robb, a intuir en términos de Haidt. Se trata del “rápido emparejamiento inconsciente de patrones”,[76] que por simplicidad podemos reducir simplemente a “emparejamiento de patrones”, siempre y cuando convengamos en que se trata de una actividad intuitiva en el sentido de Haidt, es decir, automática, instantánea, lo que equivale justamente a rápida e inconsciente. Así, correctamente entendido como una intuición, el “emparejamiento de patrones” es central para el análisis de Robb de la actividad en las redes sociales. Hasta aquí queda claro que el pensamiento, es decir, la cognición, en las redes sociales queda reducida a la dimensión intuitiva.

Resulta, pues, pues que el siguiente aspecto decisivo de lo recién discutido es que la reducción del usuario de las redes sociales a un mero “emparejador de patrones” significa que en principio en ellas ya no hay lugar para el razonamiento, lo cual está en perfecta consonancia con la mediología de McLuhan, por lo que en la sección anterior afirmamos que las redes no son el lugar para el razonamiento.[77] Ahora, conjuntando el modelo intuicionista de Haidt con Robb eso resulta particularmente claro. Así, inmediatamente después de la afirmación de que, en tanto emparejadores de patrones, en las redes ya solo utilizamos piezas de información para introducirlas “(…) limpiamente en los patrones que previamente hemos adoptado como nuestros (…)”,[78] Robb pregunta cómo es que esto nos transforma, a lo que contesta con igual contundencia que antes que

[e]so nos limita [narrow us]: únicamente nos involucramos con nuevas informaciones y conversaciones que caben en los patrones que ya apoyamos.[79] Nos hace rápidos pero superficiales: juzgamos inmediatamente [¡intuimos!] eventos e información basados en la apariencia de una concordancia con los patrones que hemos adoptado.[80]

Nótese la masividad de la tesis: las redes sociales nos limitan, nos estrechan cognitivamente porque bajo la presión del tiempo real (la “compresión” de información, de McLuhan), en principio ya solo ejercemos la cognición intuitiva, el emparejamiento de patrones. Este es el cambio de “la manera de pensar”. Se trata, en auténticos términos mcluhanianos, de una verdadera “reconfiguración [reshaping]”[81] de nuestra subjetividad, de uno de esos “efectos psíquicos (…) de los medios”[82] que son el núcleo de la discusión mediológica de McLuhan en Understanding Media. Justamente en vista de tales efectos psíquicos o reconfiguradores de la subjetividad es que la discusión de McLuhan en dicha obra parte de que “lo que importa es el medio [the medium is the message]”. Nótese la importancia del tema y la claridad con la que lo expone Robb: las redes sociales nos limitan cognitivamente, su único uso posible, que es el uso en tiempo real, nos reduce a la cognición de tipo intuitivo, a ser emparejadores o llenadores de patrones.

Pero Robb da un siguiente paso e inmediatamente afirma que “eso”, el convertirnos en llenadores patrones previamente adoptados,

[…] también nos hace inflexibles: información nueva que pone en duda un juicio previo resulta considerada como un desafío a nuestros patrones ya adoptados y no como un evento en sí mismo. Puesto que tales patrones adoptados son vistos como esenciales [para nuestra identidad y por tanto] para nuestra sobrevivencia online, esta nueva información es rechazada inmediatamente.[83]

 

Resulta, entonces, que el “condicionamiento psicológico”[84] que nos da la tecnología de las redes sociales, no solamente nos reduce o estrecha cognitivamente limitándonos a las intuiciones consistentes en el llenado de patrones, sino que nos hace inflexibles en dos sentidos. Por un lado, nos evita captar la información nueva en su novedad, es decir, o se adapta al patrón ya adoptado o la rechazamos. Pero por otro lado tal rechazo a aquello nuevo que no quepa limpiamente [fit neatly] en un patrón ya aceptado, es un asunto de “supervivencia” en el entorno mediático constituido por las redes porque nuestra identidad no es otra cosa que el conjunto de patrones adoptados, de hecho, sedimentados de manera subconsciente, que nos permiten orientarnos en el mundo. Dicho de otra manera, la sedimentación de todos esos patrones es el componente de nuestra subjetividad en tanto marco o forma cognitiva personal, en tanto una verdadera identidad personal de la orientación en el mundo.

Recordemos que Haidt afirma que la gran mayoría de la gente es incapaz de ir en contra de sus intuiciones, es decir, de los casos singulares de emparejamiento de patrones. Se trata de algo natural, pero ahora, en el entorno de las redes sociales, el estrechamiento de la capacidad cognitiva a la dimensión intuitiva intensifica dicha incapacidad. Nuestra autocomprensión queda de pie o se desploma con esos patrones sedimentados. El rechazo inmediato, intuitivo, de toda información que choque con nuestras intuiciones, es decir, que no sea conforme con nuestros patrones ya adoptados, se convierte en un asunto de estabilidad de la identidad personal fomentado por la tecnología de las redes sociales. Si es cierto que no somos seres para la verdad, que el razonamiento básico es el estratégico, solamente justificatorio, ahora en el entorno eléctrico de las redes sociales, “reducidos” cognitivamente por el flujo incuantificable e imparable de la información en tiempo real, a la “velocidad instantánea”[85] de la luz, a meros emparejadores de patrones, ya ni el razonamiento estratégico resulta necesario.[86] No solo operativamente sino por cuestión de mera estabilidad personal cognitivamente nos convertimos en seres meramente reactivos, que responden a toda pieza de información con una mera reacción de integración confirmatoria a un patrón (un esquema mental) o de rechazo de dicha pieza. La irreflexividad reactiva se convierte en el patrón cognitivo dominante, en el “entrenamiento psicológico” al que nos someten las redes sociales.

 

McLuhan + Haidt + Robb + Menczer = la cámara de resonancia

Por supuesto, la discusión anterior es válida respecto del moralismo o virtuosidad mediada eléctricamente ya de manera específica por las redes sociales. La forma o patrón psíquico “(…) siente compasión por (…) e indignación o furia o hasta odio contra (…)” se convierte en la estructura dominante en las redes sociales en cuanto sus usuarios entran a la esfera de “lo público” o “lo político” según lo definimos en la primera sección de este trabajo. Pero en vez de que tal virtuosidad haya llevado al ideal de “una condición pentecostal de comprensión y unidad universales”,[87] en la “aldea global”, como lo avizoraba McLuhan en Understandinge media, lo que experimentamos es un ambiente generalizado de confrontación. En otro lugar[88] discutimos ampliamente el concepto mcluhaniano del “involucramiento exclusivo en la red de la consanguineidad [kinship],[89] en tanto “sensibilidad tribal”[90]  – restaurada por el radio –, y vimos que en Understanding Media McLuhan discute con amplitud los patrones de la psique o mente tribal y sostiene que como “efecto” de los “medios eléctricos” ocurre una reactualización contemporánea de los mismos, es decir, una recuperación de la tribalidad en tanto forma psíquica. También en la misma obra McLuhan plantea claramente la idea de la “aldea global” como una estructura acorde con la “sensibilidad tribal”. En el mismo lugar vimos también que en la obra de referencia McLuhan realmente no utiliza el concepto de “involucramiento exclusivo”, el cual es el único concepto que en la obra podría servir para ser desarrollado de tal manera que diera cuenta de cómo es que la virtuosidad mediada por las redes ha devenido en una conflictividad permanente y creciente.[91]

Por el contrario, para Robb la pugnacidad que caracteriza a las redes sociales en la dimensión de “lo político” es un tema decisivo, el cual guía la totalidad de sus trabajos desde hace algunos años. Así, en el trabajo The Long Night (julio de 2020) Robb empieza hablando de “(…) un futuro totalitarismo tribal tan completo que nada podría desafiarlo desde su interior (…)”,[92] lo cual no puede extrañarnos, dado que como ya vimos la condición psíquica básica del usuario de las redes es la de simple emparejador intuitivo de patrones bajo exclusión total del razonamiento reflexivo. Significativamente, el segundo subtítulo del texto de Robb The Long Night es A Descent into Tribalism, y un par de oraciones abajo nos dice que hay un “(…) tribalismo intraconectado [networked tribalism][93] nacido de la manera en la que las redes sociales han reorganizado [rewired] cómo pensamos e interactuamos.”[94] Inmediatamente después Robb se refiere a las “tribus intraconectadas [networked tribes]”[95] en tanto “(…) unidades sociales cohesivas (…) que proveen un fuerte sentido de consanguineidad ficticia [fictive kinship].”[96]

Especialmente interesante es que, si bien Robb no retoma directamente el concepto de McLuhan del “involucramiento exclusivo en la red de consanguineidad” propio de la “sensibilidad tribal”, de la mano de su propio concepto de “consanguineidad ficticia” Robb da cuenta del carácter excluyente de la psique tribal ahora como tribalidad intraconectada. En efecto, después de lo recién citado, Robb nos dice que “(…) a diferencia de las tribus del pasado, estas tribus no se han formado alrededor de narrativas positivas (…)”,[97] de aquello por lo que “(…) están a favor, lo cual en un entorno intraconectado [networked] resultaría demasiado divisivo. En lugar de ello se forman alrededor de una descripción de a quién o a qué se oponen (…)”.[98] Tal “descripción” es en realidad lo que Robb llama una “narrativa” como un conjunto de “patrones cultivados”. Examinemos brevemente este asunto que es básico para caracterizar la naturaleza de una “tribu intraconectada”.

Ocurre que cada tribu intraconectada se basa, tiene su transcendental o condición de posibilidad en un conjunto de patrones cultivados, estos serían lo que Robb llama una “narrativa”. En vez de “cultivar” la pertenencia, nos dice Robb en Triger, Pattern, Tribe (junio de 2020), “[e]n el mundo en línea parece ocurrir lo contrario. Las tribus grandes generan cohesión al entretejer una narrativa de aquello a lo que se oponen.”[99] La expresión “narrativa” da la idea de una coherencia discursiva, y lo cierto es que el conjunto de patrones tribales es coherente pero no es discursivo. Tales patrones son solamente fragmentos de sentido que operan, en términos de Hume, por asociaciones por similitud o cercanía.[100] En el mejor de los casos son “descripciones” tanto propias como del enemigo y sirven para la identificación de los propios y los ajenos. En el caso muy notable del tribalismo norteamericano en las redes Robb distingue en especial dos grandes tribus que en su escrito The Online War determina como “la #insurgencia” y ‘la #resistencia”,[101] la primera estructurada alrededor de Trump y la segunda alrededor de todo lo que es la “izquierda”, como la define Robb.[102]

“La #resistencia”, por ejemplo, “(…) se entreteje a sí misma basándose en una narrativa de su oposición a los patrones que ella cultiva activamente: el racismo sistémico, el colonialismo, el imperialismo norteamericano, el privilegio blanco y la superioridad blanca.”[103] Esos patrones cultivados son, más que descripciones, simples marcadores del enemigo y la “narrativa” es la simple aglomeración de los mismos, su mera coexistencia simultánea[104] como patrones reactivables. Todos son cultivados, y se activan a partir de un “disparador de empatía”,[105] el cual es un contenido de la red, “(…) una fotografía, un video, un relato que provoca una respuesta empática fuerte (…)”[106] en el receptor, al tiempo que sirve para identificar a los enemigos existenciales – otra gran tribu intraconectada –.[107] Recordando a Haidt es claro que tenemos aquí es proceso cognitivo de “darle sentido a un evento disparador al hacerlo concordar con un patrón”. Robb dice que “[e]n el mundo en línea”, es decir, en las redes sociales, “no procesamos la información aisladamente, ni como individuos ni tampoco la información nueva como singular.”[108] Como veremos en seguida, el procesamiento de la información al que se refiere Robb, es el caso de la intuición como “emparejamiento de patrones” y por lo pronto lo interesante es que tal procesamiento, es decir, el “emparejamiento de patrones”, es algo individual pero no aislado sino compartido: los patrones son colectivos, son formas de la psique social, aunque ahora definidos tribalmente. Además, el item de información nueva tampoco queda como algo singular, único, sino que es clasificado cognitivamente no conceptualmente sino como algo que satisface o “cabe limpiamente” en un patrón prexistente. Nótese entonces que el dar sentido a un item de información nuevo es un proceso cognitivo intuitivo que consiste en el tipo especial de clasificación que ocurre haciendo corresponder el item con un patrón, emparejarlo con él.

Robb continúa diciendo que el tratamiento singularizado de la información “(…) es imposible. En vez de ello nos hemos adaptado a este nuevo entorno reorganizando [rewiring] nuestros cerebros al emparejamiento de patrones, para ver toda nueva información que encontramos como parte de un patrón más amplio más que como algo único.”[109] Robb se refiere al caso de la muerte de G. Floyd la cual “(…) no se procesa como una tragedia aislada. En lugar de ello, el emparejamiento de patrones instintivo la convierte instantáneamente en un ejemplo manifiesto de racismo sistémico, un patrón cultivado en línea por millones.”[110] Como dijimos, el patrón es una forma psíquica social.

Lo interesante es que en el caso recién visto el patrón es algo muy conceptual, “el racismo sistémico”. Sin embargo, es claro que para quien no solo piensa un concepto sino quien realmente aplica el patrón, “instintivamente”, con base en un “disparador de empatía”, el proceso de dar ese sentido a un evento conlleva una carga emotiva. Recordemos la forma colectiva del moralismo aportada por McLuhan “(…) siente compasión por (…) e ira contra (…)”; en nuestro contexto actual es claro que la segunda variable, la entidad por la que se siente compasión es G. Floyd y la tercera, aquello contra lo que se siente ira, es el policía o grupo de policías involucrados en la muerte de Floyd. Es claro que para sentir compasión por Floyd no se requiere compartir el patrón “racismo sistémico”, y tampoco para sentir ira contra los policías involucrados. Ambas emociones proceden de otros patrones mucho más básicos que el patrón, que podríamos llamar de segundo grado, “racismo sistémico”. Para empezar, seguramente las mismas “emociones plenas” (Haidt) las habría sentido mucha gente sin que la víctima, Floyd, tuviera que haber sido un negro. Es decir, el patrón “racismo” – más simple por cierto que el complejo “racismo sistémico” – no es necesario para disparar la forma dual mcluhaniana constituida por la compasión y la ira. Lo que sí es cierto es que la forma es un patrón psíquico para muchos tipos de testigos, ya sea directos o indirectos a través de los medios, pero definitivamente son los medios los que le dieron a la dupla “compasión e ira” un alcance comunitario muy amplio que llegó hasta otros países.

Para pasar al nivel siguiente, se necesita que mucha gente cultive un patrón, para empezar “racismo” y luego el más complejo “racismo sistémico”. Estos patrones de segundo orden son, justamente, cultivados por un activismo político. Gracias al cultivo de patrones adicionales a los “naturales” de simple “humanidad” o “persona” en tanto tal, la dupla de compasión e ira pierde el carácter entitativo singular de compasión por b e ira contra c. Se pasa a sentir compasión no por b sino por “un negro”, no importa cuál, sino que sea negro. Análogamente, se no se siente ira contra el policía c como simple persona sino como “un blanco” y con mucha probabilidad como “un policía blanco”. En las anteriores fórmulas (patrones) utilizamos el artículo indefinido que despersonaliza desingularizando y colocando a los sujetos concretos, según diría Heidegger, “como ejemplares y casos”,[111] no de una especie sino, básicamente, como miembros de una tribu (Robb), una tribu de víctimas y una tribu de victimarios, según sea el caso.

La tribalización de la víctima y del o los victimarios significa que el sujeto sentiente de la dupla “compasión e ira” no es cualquier persona que “instintiva” o “automáticamente” aplica los patrones humanos neutros, sino alguien que evalúa a la víctima no en su simple humanidad sino por una característica diferencial tribal.[112] Como veremos todavía, Robb se refiere a lo tribal: se trata de una víctima antes que individual tribal. Resulta claro, entonces, que el sujeto sentiente puede ser de tres tipos básicos. El más simple, el que utiliza los patrones o intuiciones morales más simples, es el que juzga en términos puramente humanos, “se está matando a alguien indefenso”, se está contra eso (Haidt) y se siente compasión por la víctima (McLuhan); se está contra los policías (Haidt) y se siente ira contra ellos (McLuhan). Luego tenemos al negro que se identifica con la tribu. Él siente no simplemente que se está matando a una persona sino a un negro en tanto tal, a un miembro de la tribu, a “uno de nosotros”. En vez del patrón “matar a un humano” se tiene el “matar a uno de los nuestros”. Finalmente está el sujeto sentiente que no es negro, sino que es blanco (o tal vez de alguna otra minoría racial) pero aplica el patrón “matar a un negro de esta manera” es “racismo”. Este sujeto pertenece a la tribu de los aliados blancos de la tribu de los negros.[113]

Tenemos entonces tres tipos de “mente virtuosa” o “moralizante”, la humanamente neutra, que siente por personas y contra personas. Tenemos la virtuosidad de carácter tribal, que siente no por las personas indefinidamente cuáles, sino por los miembros de la propia tribu y, finalmente, tenemos la virtuosidad o moralismo de los aliados tribales: estos no sienten tanto por y contra personas, sino que se compadecen por una tribu como tal y se enfurecen contra otra tribu (o grupo “opresor” como “la policía”). La estructura de la “mente virtuosa” queda tribalizada (o por lo menos grupalizada) gracias al cultivo de patrones tales como “racismo sistémico”. Por supuesto, lo importante de estas virtuosidades es que están constituidas por intuiciones según el modelo de Haidt, y que todo razonamiento de los sujetos virtuosos solo puede ser confirmativo, ni siquiera post hoc, es decir, estratégico, porque la tribu intraconectada comparte el moralismo correspondiente sin límite alguno. La virtuosidad de Haidt – McLuhan ha devenido virtuosidad o moralismo intratribal. Cabe señalar todavía que en todas sus versiones la virtuosidad en su modelo mcluhaniano, que conlleva la dupla (víctima, victimario), supone necesariamente lo que Haidt llama el “corrimiento al modo de combate”,[114] un “modo” que en realidad es un patrón psíquico o actitud mental, que él ve como rechazando el cuestionamiento de temas morales y políticos, actitud que impide todo acuerdo porque refuerza la posición moralista ya adoptada.

El elemento que aún nos falta considerar es la demostración mediante modelación matemática ofrecida por Menczer y su grupo de investigación OSoMe[115] que remite a la arquitectura o forma de las redes consistente en que existen en ellas la opción de “seguir”, de hacer “amigos” o bien de “bloquear” personas. Dadas estas opciones que son características puramente formales de las redes, las relaciones – las conexiones – entre los usuarios, necesariamente acaban en la formación de “cámaras de resonancia”, que son grupos prácticamente sin interacción entre ellos. Es claro que la arquitectura o forma de las redes consistente en la simple opción de bloquear a alguien procede del “modo de combate” señalado por Haidt, porque el que bloquea reacciona de esa manera contra quien de alguna manera le disgusta, pone en entredicho alguna de sus preferencias o intuiciones emotivas. Análogamente las opciones de “seguir” y de hacer “amigos” remiten a la conformidad empática discutida por Robb. Aunque en su modelo matemático Menczer no menciona en absoluto las emociones, aplicando el modelo a las ideas de Haidt y de Robb, es claro el que resultado de rondas de bloqueos sucesivos y de establecimiento de conexiones de “amistad” no es otro que la formación de un grupo psíquicamente resonante (empatía en el sentido restringido). La “resonancia” de cada cámara es justamente la uniformidad psíquica consistente en la empatía resonante.

Menczer no habla de “tribus”, pero en su modelo el “disparador” de las conductas “seguir”, “bloquear”, etc., demuestra que dadas dos, tres o más “opiniones”, después de un determinado número de interacciones “haciendo amigos” o “bloqueando personas”, los usuarios de la red acaban conglomerados en tantos grupos separados entre sí como opiniones diferentes se haya supuesto.[116] Tales grupos son las “cámaras de resonancia” – que son bien conocidas de la realidad de las redes no del simple modelo matemático formal – las que, entonces, quedan definidas por una uniformidad completa de la opinión. Es importante insistir en que el modelo de Menczer es completamente formal, se trata simplemente de “opiniones diferentes” sin dar ningún contenido definido, las opiniones A, B, C, por ejemplo. Si pensamos en las opiniones en la esfera de lo político, de lo que escandaliza, provoca, indigna, es claro que el caso más importante es el del escándalo, de lo negativo, producido precisamente por la determinación de duplas (víctima, victimario), las cuales en un entorno de activistas remiten a los “patrones cultivados”. Ya vimos el de las “tribus de izquierda”,[117] pero también existen los patrones cultivados por las “tribus de derecha”,[118] por ejemplo “antipatriota”, “socialista”, “woke”, etc. Todas las tribus están en la órbita del escándalo y la sensación producida por los patrones ya aceptados, por ejemplo, alrededor de G. Floyd o de K. Rittenhouse.[119] Es claro que las dos grandes tribus intraconectadas, “la #insurgencia” y ‘la #resistencia”, forman cada una cámara de resonancia, por lo que en cada una todo razonamiento que no sea meramente confirmatorio no tiene cabida alguna. En términos de las virtuosidades o moralismos correspondientes, tribales, impera la “empatía selectiva”,[120] de modo tal que

“[a]quellos fuera de la tribu, particularmente la gente asociada (así sea tangencialmente) con los patrones a los que se opone la tribu, no reciben ninguna empatía. Se convierten en caricaturas (…), apenas humanos. Esta selectividad posibilita denigrarlos, menospreciarlos y dañarlos sin restricción alguna.”[121]

Lo anterior es una exacerbación de lo que vimos que Haidt llama el “modo de combate” y así quedan completamente excluidas tanto la visión armoniosa de la sociedad relacionada eléctricamente que McLuhan esboza en Understanding Media,[122] como la propuesta de Haidt de usar la “empatía” para tratar de superar la brecha constituida por las diferencias de intuiciones políticas.[123] De hecho, en total acuerdo con la tesis de Robb (ver arriba) de que las redes sociales nos hacen inflexibles, la modelación matemática arroja el resultado de que en el intercambio de “información” las redes “(…) refuerzan nuestros sesgos y también nos volvemos más resistentes a la corrección.”[124]

 

El liberalismo y la democracia como instituciones políticas sin substancia

Dada la subjetividad social constituida por el patrón del moralismo tribal, y dada la penetración de las redes sociales, es claro que en Occidente predominan las “intuiciones” a partir de “patrones cultivados” para ser llenados con los “disparadores de empatía” correspondientes y que todo lenguaje o razonamiento no tiene más que una función confirmatoria, de reforzamiento. Como consecuencia del dominio del moralismo intratribal, toda posibilidad de discusión pública liberal, característica de la democracia representativa queda eliminada cuando los otros medios e incluso instituciones son succionados por la dinámica tribal de las redes o, como lo formula Robb de los medios tradicionales, cuando quedan “tribalmente alineados”.[125] El resultado es, en el caso de los EE – UU, que las elecciones presidenciales no son elecciones donde votan simples individuos abstractos con intereses y actitudes muy diversificados, sino emotivos miembros de las tribus intraconectadas, es decir, individuos intratribalmente alineados. En otras palabras, dado que todo discurso o razonamiento reflexivo está excluido, con lo que los individuos han devenido militantes tribales firmemente ligados a su tribu y fieramente opuestos a los individuos de otras tribus, las elecciones, y con ellas, la democracia representativa, pierden su carácter liberal definitorio. Las elecciones se convierten en una mera batalla tribal que no resuelve ningún conflicto, sino que solamente prepara los siguientes. Como lo expresa Robb en Tribal Polítics, “(…) la elección es meramente un escalón en la guerra tribal (…)”.[126] El resultado es un liberalismo sin sustancia, carcomido por las tribus intraconectadas. Al margen de los patrones que definen la identidad de cada tribu, sus individuos están dominados por virtuosidades o moralismos radicalmente enfrentados. Con ello la forma nación como estructura psíquica de acuerdo colectivo no existe más, subyace la posibilidad de la guerra civil.

Es posible demostrar, lo cual sería materia de un trabajo adicional, que el fenómeno de la conversión de las dos últimas elecciones presidenciales norteamericanas en un mero teatro más de guerra entre dos grandes tribus identitaria, que se sobrepusieron tanto al partido demócrata como al republicano, alineándolos y arrastrándolas a un enfrentamiento radical, con tintes de lucha final entre el bien y el mal, se gestó en el periodo que empezó más o menos en 2014 con importantes cambios estructurales o arquitectónicos en las redes sociales, en particular Twitter y Facebook. Desde hace tiempo es muy común señalar con alarma la polarización extrema, radical de las dos elecciones presidenciales, pero no queda claro de dónde procede el fenómeno. En algunos casos se señala a las redes sociales como un elemento más de ese fenómeno, en otros como un elemento importante en esa radicalización, en otros incluso se les señala como elemento central, lo cual es totalmente correcto. Pero no acaba de quedar claro cómo es que las redes se han desempeñado en este proceso. En este trabajo hemos dado la respuesta. Más allá de solo ver el eje o núcleo de la radicalización norteamericana en las redes a partir de 2014, incursionando en elementos de carácter histórico, aquí hemos dado una explicación mediológica de cómo, por qué, la forma, la arquitectura o estructura de las redes sociales refuerza mecanismos cognitivos muy básicos de las personas, llevándolas a un radicalismo emotivo de carácter neotribal. En síntesis, hemos dado la explicación mediológica de cómo la arquitectura de las redes lleva, de manera automática, sin que nadie lo determine así, al fenómeno de las “cámaras de resonancia”, que en la esfera de lo político no son otra cosa, a fin de cuentas, que las tribus digitalmente intraconectadas. Esa, la tribu digital, la cámara de resonancia radicalizada de las redes sociales, se devela como la figura concreta de la decadencia o descomposición del liberalismo y la democracia norteamericana. Por ello creemos que el pesimismo del profesor Haidt expresado en el epígrafe a este trabajo tiene mucho fundamento.

 

Bibliografía

  1. “Aylan Kurdi”, Wikipedia (2022), https://es.wikipedia.org/wiki/Aylan_Kurdi (Consultado el 7 de marzo de 2022).
  2. Carrillo Canán, Alberto. “Fukuyama y McLuchan: Los Estados Unidos y la destrucción de la identidad nacional por la identidad tribal”. De próxima aparición en la revista Reflexiones Marginales.
  3. Carrillo Canán, Alberto. “Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica”, Reflexiones Marginales (2021), https://reflexionesmarginales.com/blog/2021/03/29/los-chalecos-amarillos-trump-y-la-antipolitica/ (Consultado el 11 de noviembre de 2021).
  4. Carrillo Canán, Alberto. “Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica. Segunda parte”, Reflexiones Marginales (2021), https://reflexionesmarginales.com/blog/2021/05/26/los-chalecos-amarillos-trump-y-la-antipolitica-segunda-parte/ (Consultado el 11 de noviembre de 2021).
  5. Carrillo Canán, Alberto José Luis, McLuhan y la subjetividad mediática trascendental. Las redes sociales y la decadencia de Occidente, Editores y Viceversa, UNAM, Reflexiones Marginales, Ciudad de México, 2020.
  6. Haidt, Jonathan, The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion, Vintage Books, New York, 2013.
  7. Heidegger, Martin, Sein und Zeit (1927), Ed. 16, Max Niemeyer, Tübingen, 1986.
  8. “Jonathan Haidt: ‘Soy extremadamente pesimista respecto al futuro de las democracias’”, El mundo (2022), https://www.elmundo.es/la-lectura/2022/02/07/61fff51cfc6c83f64a8b4606.html (Consultado el 9 de marzo de 2022).
  9. Menczer, Filippo; Hills, Thomas. “Information Overload Helps Fake News Spread, and Social Media Knows It”, Scientific American, https://www.scientificamerican.com/article/information-overload-helps-fake-news-spread-and-social-media-knows-it/ (Consultado el 18 de marzo de 2021.
  10. Robb, John. “Tribal Politics”, Global Guerrilla Report (2020) [Patreon Blog], https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022)
  11. Robb, John. “Trigger, Pattern, Tribe”, Global Guerrilla Report (2020) [Patreon Blog], https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022)
  12. Robb, John. “McLuhan on War”, Global Guerrilla Report (2018) [Patreon Blog], https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022)
  13. Robb, John. “The Long Nacht”, Global Guerrilla Report (2020) [Patreon Blog], https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022)
  14. Robb, John. “The Online War”, Global Guerrilla Report (2019) [Patreon Blog], https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022)

 

Notas

[1] Por qué esas pasiones o emociones son cognitivas quedará claro en la sección 2 de este trabajo.
[2] Más abajo se da las referencias textuales precisas.
[3] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 253.
[4] “Aylan Kurdi o Alan Kurdi (Kobane, Siria; 4 de mayo de 2012 – Turquía, 2 de septiembre de 2015) fue un niño sirio de origen kurdo de tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía y las fotos en que aparece su cadáver en la costa turca y en la que se ve a un agente de la policía turca transportándolo dieron la vuelta al mundo poniendo de manifiesto la gran problemática de la crisis humanitaria siria.” Véase “Aylan Kurdi”, Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Aylan_Kurdi (Consultado el 7 de marzo de 2022).
[5] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 253.
[6] Ibidem, p. 204.
[7] En ese caso el evento es algo que afecta “la vida psíquica entera de la comunidad” (Ibidem, p. 21). Las itálicas en el interior de una cita son nuestras a menos que se indique otra cosa.
[8] Ibidem, p. 34.
[9] Ibidem, p. 47.
[10] Ibidem, p. 205.
[11] Véase: “Ambos, el libro y el periódico, tienen un carácter confesional, creando el efecto de la historia interior por su mera forma, sin importar el contenido. Como la página del libro arroja la historia interior de las aventuras mentales del autor, así mismo la página del periódico arroja la historia interna de la comunidad en acción e interacción. Es por esta razón la prensa parece desempeñar más su función cuando revela el lado sórdido. Las verdaderas noticias son las malas noticias (…)” (Ídem. Los subrayados son nuestros y las cursivas son del autor).
[12] Ídem.
[13] Ídem.
[14] Ibidem, p. 214.
[15] Carrillo Canán, Alberto. “Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica. Segunda parte”, Reflexiones Marginales, https://reflexionesmarginales.com/blog/2021/05/26/los-chalecos-amarillos-trump-y-la-antipolitica-segunda-parte/ (Consultado el 7 de marzo de 2022).
[16] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 349.
[17] Para un examen destallado de esto ver el capítulo 13, sección 2.1 de nuestro libro, McLuhan y la subjetividad mediática trascendental, ed. cit., y la segunda parte de nuestro texto “Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica”.
[18] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 253.
[19] Ídem.
[20] Ídem.
[21] Ibidem, p. 254.
[22] Ídem. Es claro que McLuhan usa la conjunción “o” en vez de la conjunción “y”, pero la diferencia formal es menor.
[23] Ibidem, p. 11.
[24] Recuérdese la muy notable indignación que corrió como reguero de pólvora por numerosas ciudades norteamericanas por el caso de G. Floyd, en Minneapolis, en la primavera de 2020.
[25] Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 15.
[26] Ídem.
[27] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 54.
[28] Ibidem, p. 63.
[29] Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 85.
[30] Ibidem, p. 71.
[31] Ibidem, p. 55.
[32] Ibidem, p. 58.
[33] Ibidem, p. 62.
[34] Véase: “Las intuiciones vienen en primer lugar, el razonamiento estratégico en segundo. Las intuiciones morales [las preferencias, hemos dicho] surgen automáticamente y casi instantáneamente, mucho antes de que el razonamiento haya tenido la oportunidad de iniciarse (…). Si Usted piensa que el razonamiento moral es algo que tiene que ver con dilucidar la verdad, Usted será frustrado constantemente por lo tonta, sesgada e ilógica que la gente deviene cuando no concuerda con Usted.” (Ibidem, p. 12) Lo cierto es que “(…) el razonamiento moral es una habilidad que desarrollamos los humanos para hacer avanzar nuestras agendas – para justificar nuestras propias acciones y para defender a los grupos a los que pertenecemos (…), [algo] elaborado para avanzar hacia (…) objetivos estratégicos.” (Ídem).
[35] La teoría de Haidt se remite a la investigación científica propia y de otros autores para llegar a conclusiones que rompen con ideas muy arraigadas en el ámbito científico, académico y también filosófico. En este punto de la exposición tenemos el rechazo de la tesis tradicional, muy popular, de una diferencia radical entre emoción y cognición. La emoción es fundamental en la moralidad, y lo verdaderamente decisivo es que la cognición no puede darse sin emoción. Esto lo fundamenta Haidt básicamente con los resultados experimentales obtenidos por el psicólogo cognitivo Antonio Damasio a partir de pacientes con total discapacidad emotiva pero no intelectual. Damasio pudo constatar que el hecho, aunque no sea claro por qué, es que sujetos adultos perfectamente funcionales en términos intelectuales devienen gente incapaz de tomar decisiones racionales si la parte emotiva de su cerebro está dañada. Es decir, la racionalidad realmente funcional necesita de la emotividad. (Ibidem, p. 60)
[36] Ídem.
[37] Ídem.
[38] Ídem.
[39] Ídem.
[40] Ídem.
[41] Ídem.
[42] Ídem.
[43] Véase: “Intuición es la mejor palabra para describir las docenas o centenas de juicios morales y decisiones rápidos, sin esfuerzo alguno, que todos hacemos todos los días.” (Ídem)
[44] Entre los aspectos de la teoría de Haidt que aquí no necesitamos está su respuesta a la pregunta de de si las intuiciones o juicios morales son innatas o aprendidas (cfr. Ibidem, p. 41).
[45] Ibidem, p. 63.
[46] Señalemos aquí que los resultados de Haidt fueron obtenidos en muestras en diferentes entornos culturales y de clase social, y en este contexto es que Haidt discute el asunto de lo innato y lo adquirido cultural y clasistamente.
[47] Ibidem, p. 39.
[48] Ibidem, p. 60.
[49] Ídem.
[50] Ídem.
[51] Haidt señala que casi todo lo que experimentamos nos lleva intuiciones: “(…) casi cualquier cosa que vemos dispara pequeños chispazos de afecto.” (Ibidem, p. 71, c. a.) Véase también el concepto de “primacía afectiva” (Ibidem, p. 70)
[52] Ibidem, p. 60.
[53] Véase: “El jinete es hábil para fabricar explicaciones post hoc para cualquier cosa que el elefante acabe de hacer, y es bueno para justificar cualquier cosa próxima que el elefante quiera hacer. Una vez que los humanos desarrollamos el lenguaje y lo empezamos usar para chismorrear unos de otros, para los elefantes devino extremadamente útil llevar en su lomo una empresa de tiempo completo para las relaciones púbicas.” (Ibidem, p. 61) En este contexto Haidt dice que “(…) el jinete (el razonamiento basado en el lenguaje) evolucionó porque hizo algo útil para el elefante.” (Ídem) Se trata de que “[l]a razón es el sirviente de las intuiciones. El jinete fue puesto ahí en primer lugar para servir al elefante.” (Ídem)
[54] Ibidem, p. 62.
[55] Ídem.
[56] A diferencia del caso del jugo con la cucaracha, las emociones señaladas no solo son emotivas, sino que ya están en el ámbito de lo moral, como lo define Haidt en relación con el daño que pueda subrir algo. Nosotros tenemos una definición que no necesariamente equivale a la de Haidt, simplemente referida a todo tipo de relación interpersonal, pero eso no es importante aquí.
[57] Ibidem, p. 60.
[58] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 253.
[59] Abajo veremos que en la teoría de Robb los disparadores, como “disparadores de empatía”, tienen un papel central. Veremos también que las emociones que “disparan” están condicionadas por un “patrón cultivado”. Ese patrón cultivado es parte de la psique, de la subjetividad, de la tribu intraconectada. Para efectos de claridad conviene tener en mente a la dualidad o pareja “forma subjetiva” – “contenido” de la misma, el disparador. En términos kantianos que aquí solo podemos recordar, la forma subjetiva como marco que da sentido al disparador, no es otra cosa que el análogo del transcendental kantiano en tanto condición de posibilidad de los objetos de la experiencia. Esto lo hemos discutido ampliamente en nuestro libro McLuhan y la subjetividad mediática trascendental, especialmente en el capítulo 3, relativo a la tecnología y las “formas de la experiencia”.
[60] Este tema, sin la terminología de “intuiciones”, es central en todo Understandig Media de McLuhan, quien lo desarrolla abordando la diferencia entre los “medios mecánicos”, cuyo modelo más pleno es la “tipografía alfabética”, y los “medios eléctricos”. Por nuestra parte hemos examinado esto con bastante detalle, sobre todo en los capítulos del 13 al 15 de nuestro ya señalado libro McLuhan y la subjetividad mediática trascendental.
[61] Según Haidt solo se puede cambiar una intuición dada de otra persona no razonando, sino “hablándole al elefante” (Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 65), lo que significa confrontar a la persona con algo que le dispare una intuición diferente a la que ya tiene. Entonces el razonamiento reflexivo sería el que fuera capaz de hacer eso. Aquí no desarrollaremos tal discusión.
[62] Haidt incluso dice, desde nuestro punto de vista de manera tal vez un tanto optimista, “(…) sospecho que los filósofos son capaces de superar sus intuiciones iniciales con mayor facilidad que la gente común.” (Ibidem, p. 362)
[63] Ibidem, p. 62.
[64] Como quedará claro abajo al considerar la teoría de Robb sobre las tribus interconectadas, la duda pone en peligro la identidad personal de los miembros de la tribu y, por tanto, a la tribu toda. Es prácticamente un traidor.
[65] Por ello en este caso impera la empatía en el sentido restringido de la simple resonancia o conformidad psicológica.
[66] En diferentes lugares hemos examinado detalladamente esta tesis, ver, por ejemplo: “Contra la impresión superficial generalizada, McLuhan examina no los medios sino los medios como formas o estructuras que tienen como efecto estructuras o formas de la subjetividad. Lo que importa es el efecto del medio sobre el sujeto, que nunca es puntual sino estructural, formal. Lo que importa es, pues, la manera en la que el medio estructura o da forma al sujeto. Por eso, ‘el medio es lo que cuenta’, the medium is the message, que es la tesis mcluhaniana más conocida.” (MS xxvi.u) Ver sobre todo la primera sección, “Los medios y la subjetividad”, del tercer capítulo de MS.
[67] Robb, John. “McLuhan on War”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 2, c. a. Cuando las cursivas en una cita son del autor lo indicamos con la abreviatura c. a., como en este caso.
[68] Ibidem, p. 3.
[69] Ídem.
[70] Ídem.
[71] Cfr. McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., Introducción.
[72] Robb, John. “McLuhan on War”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 3.
[73] Ídem.
[74] Ídem, c.a.
[75] Ídem.
[76] Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 56.
[77] Toda la teoría de McLuhan sobre la diferencia entre los “medios eléctricos” y los “medios mecánicos” (McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 155), cuyo modelo es la tipografía alfabética, conlleva el que solo la “tecnología mecánica” (Ibidem, p. 7) da el “condicionamiento psicológico” (Ibidem, p. 136), es decir, la estructura subjetiva que permite el razonamiento o pensamiento discursivo, es decir, no intuitivo. Una discusión específica sobre las redes sociales y la crisis de la discursividad la presentamos en las dos partes del trabajo “Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica”.
[78] Robb, John. “McLuhan on War”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 3, c.a.
[79] Nótese que esto prefigura el tema ya mencionado de las “cámaras de resonancia”.
[80] Ibidem, p. 4, c.a.
[81] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 355.
[82] Ibidem, p. 11.
[83] Robb, John. “McLuhan on War”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 4.
[84] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 136.
[85] Ibidem, p. 12.
[86] Aunque con el efecto “camara de resonancia”, lo que prolifera sin límite es el razonamiento autoconfirmativo o autocomplaciente.
[87] Ibidem, p. 80.
[88] Ver nuestro trabajo “Fukuyama y McLuchan: Los Estados Unidos y la destrucción de la identidad nacional por la identidad tribal”, de próxima publicación.
[89] McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 215.
[90] Ídem.
[91] Como hemos podido observarlo en una notable serie de convulsiones sociales por lo menos desde 2010 y, en particular, en los procesos electorales norteamericanos de noviembre de 2016 y 2020.
[92] Robb, John. “The Long Nacht”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 9 de marzo de 2022), p. 1.
[93] Recordemos que Robb no usa la expresión social media sino la expresión social networks.
[94] Ibidem, p. 2.
[95] Ídem.
[96] Ídem.
[97] Ídem.
[98] Ídem.
[99] Robb, John. “Trigger, Pattern, Tribe”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 9 de marzo de 2022), p. 4 c.a.
[100] Este tema lo desarrollamos en Los chalecos amarillos, Trump y la antipolítica, parte 1, en la revista Reflexiones Marginales.
[101] Robb, John. “The Online War”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 9 de marzo de 2022), p. 2.
[102] Robb, John. “Tribal Politics”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 4.
[103] Robb, John. “Trigger, Pattern, Tribe”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 4.
[104] McLuhan llamaría a esto una “imagen icónica”, tema que no podemos desarrollar aquí.
[105] Ibidem, p. 2.
[106] Idem.
[107] Robb utiliza el concepto resonante de empatía, que se limita a ser conforme sentimentalmente con otra persona. Robb ve la empatía como una “conexión involuntaria” de conformidad mental: “La empatía es el modelado rápido e involuntario del estado mental de otra persona en la propia mente.” (Ibidem, p. 3) En esta versión la empatía es la replica o resonancia del estado mental de una persona en otra. Por su parte Haidt utiliza el concepto hermenéutico de empatía, en el que cabe, por ejemplo, la compasión pero es posible la diferencia. Haidt nos dice que empatizar es “el impulso a identificar las emociones y pensamientos de otra persona y a responder a ellos con una emoción apropiada” (Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 130).
[108] Robb, John. “Trigger, Pattern, Tribe”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 4.
[109] Idem.
[110] Idem.
[111] Heidegger, Martin, Sein und Zeit (1927), ed. cit., 42.
[112] Eventualmente también de “grupo social opresor”, como “policías”, que pueden ser tanto negros como blancos o de cualquier otra etnicidad.
[113] Para una discusión amplia de diferentes tribus, en especial la de los “aliados”, véase nuestro trabajo “Fukuyama y McLuchan: Los Estados Unidos y la destrucción de la identidad nacional por la identidad tribal”, de próxima aparición.
[114] Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 64.
[115] Véase Menczer, Filipo; Hills, Thomas. “Information Overload Helps Fake News Spread, and Social Media Knows It”, Scientific American, https://www.scientificamerican.com/article/information-overload-helps-fake-news-spread-and-social-media-knows-it/ (Consultado el 18 de marzo de 2021. OsoMe = Observatory on Social Media, Universidad de Indiana (https://osome.iu.edu/demos/echo/).
[116] Véase la simulación contenida en Idem. OsoMe (https://osome.iu.edu/demos/echo/).
[117] Robb, John. “Tribal Politics”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 1.
[118] Idem.
[119] Ibidem, p. 5.
[120] Ibidem, p. 2.
[121] Ibidem, p. 4.
[122] En Understanding Media, al desarrollar su teoría de los “medios eléctricos”, McLuhan pone un gran énfasis en lo que él llama el “involucramiento” de los unos en los otros como resultado subjetivo de lo que vimos que Robb llama un rewiring de nuestros cerebros (cfr. Robb, John. “Trigger, Pattern, Tribe”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 4). McLuhan lleva la idea del involucramiento hasta el nivel de la “aldea global”, en la que todos estaríamos, según él, involucrados con todos, acabano por “portar a la humanidad como nuestra propia piel” (McLuhan, Marshall, Understanding Media, ed. cit., p. 47).
[123] Véase: “La empatía es un antídoto contra la virtuosidad, aunque es muy difícil empatizar a lo largo de una división moral.”
[124] Menczer, Filipo; Hills, Thomas. “Information Overload Helps Fake News Spread, and Social Media Knows It”, Scientific American, https://www.scientificamerican.com/article/information-overload-helps-fake-news-spread-and-social-media-knows-it/ (Consultado el 18 de marzo de 2021. El tema de los “patrones cultivados” de Robb coincide parcialmente con el tema de Haidt de los “grupos sociales como primordiales” (Haidt, Jonathan, The Righteous Mind, ed. cit., p. 72, c.a.), por ejemplo: “Resulta que la mayoría de la gente tiene asociaciones negativas implícitas con muchos grupos sociales, tales como los negros, los inmigrantes, los obesos y los viejos.” (Ídem, s.) Este tema no lo podemos desarrollar aquí por diferentes razones.
[125] Robb, John. “Tribal Politics”, Global Guerrilla Report, https://www.patreon.com/johnrobb (Consultado el 8 de marzo de 2022), p. 2. Esto la succión de las instituciones y los profesionales es lo que en otros lugares hemos llamado la antipolítica.
[126] Ibidem, p. 4.

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