Vidatécnica Notas desde Simondon y Uexküll

HAMA, SYRIA , A NORIA AT THE TOWN’S PARK

 

 

Resumen
Con este texto se pretende contribuir al debate que en muchos ámbitos ha sido conducido bajo la dirección de dos pensamientos: por una parte, el del filósofo Heidegger y por otra, el del biólogo Darwin. Se parte del hecho de considerar que técnica y vida o tecnología y naturaleza son una condición inseparable de nuestra existencia. Se intenta reflexionar principalmente, desde las nociones de individuación y transducción de Simondon y de mundo circundante y conformidad a plan de Uexküll. Se considera que en un mundo biopolítico, en una sociedad altamente medicalizada, la reflexión sobre la vidatécnica es impostergable.

Palabras clave: técnica, vida, individuación, transducción, conformidad a plan, mundo circundante.

 

Abstract

With this text we intend to contribute to the debate that in many areas has been conducted under the direction of two thoughts: on the one hand, that of the philosopher Heidegger and on the other, that of the biologist Darwin. It starts from the fact of considering that technique and life or technology and nature are an inseparable condition of our existence. It is intended to reflect mainly, from the Simondon’s notions of individuation, and transduction, Simondon’s and the surrounding world and conformity to plan from Uexküll’s. It is considered that in a biopolitical world, in a highly medicalized society, reflection on technicallife cannot be postponed.

Keywords: technique, life, individuation, transduction, conformity to plan, surrounding world.

 

No busco a la naturaleza, en ella es donde a menudo busco.

Novalis

La técnica es la continuación de la vida por otros medios que la vida.

Stiegler

El propósito de este texto, es contribuir a un debate que en muchos ámbitos parece, si no cerrado, sí claramente encaminado o conducido bajo la batuta de dos pensamientos. Por una parte, el del filósofo Heidegger y por otra, el del biólogo Darwin. Técnica y vida, o tecnología y naturaleza son una condición de nuestra existencia. Intentar reflexionar desde autores como Simondon y Uexküll impone otros ritmos y prioridades. En primer lugar, introduce la cuestión de la velocidad en el tiempo y espacio que habitamos y en segundo término, no se trata de tecnofilias o tecnofobias y mucho menos de vitalismos o naturalismos.

 

Es verdad que vivimos técnicamente, pero pensamos pretécnicamente. La cultura se conduce más despacio frente al desarrollo de los objetos técnicos, hay quienes miran en esto el Apocalipsis y tienen razón, si se piensa en la capacidad destructiva de la tecnología hipersónica de los misiles chinos y rusos que supera cinco o más veces la velocidad del sonido. Se podría invertir la imagen de Cronos devorando a sus hijos, por la del tiempo siendo engullido por sus vástagos. Pareciera que la hipótesis de Freud sobre el asesinato del padre se hace efectiva, pero no por los motivos que el psicoanalista supone. La técnica dice Stiegler es lo impensado,[1] habría que agregar que la vida también, como lo sugiere Foucault en su último ensayo.[2]

 

Individuación, transducción, mundo circundante y conformidad a un plan, son conceptos que entre otros pivotean, hacen girar la mirada sobre la vida y la técnica, no son unas rejillas que sirven para cernir la realidad, sino todo lo contrario, buscan en y desde la naturaleza misma sus inagotables, múltiples e infinitas derivaciones. Así como la crítica a la razón instrumental planteada en su momento por la Escuela de Frankfurt permite comprender sólo algunos aspectos de las condiciones sociales actuales, asimismo, las reflexiones darwinianas sobre la vida precisan de una crítica. En un mundo biopolítico, en una sociedad altamente medicalizada, la reflexión sobre la vidatécnica es urgente. Es verdad, como dice Simondon, que “[…] el animal está mejor equipado para vivir que para pensar, y el hombre para pensar que para vivir. Pero ambos viven y piensan de forma corriente o excepcional”.[3] O, como señala Uexküll: “La conformidad a plan es la potencia del mundo que crea sujetos […] Se manifiesta en la estructura corporal de todos los seres vivos, pero también de los humanos, quienes en su vana ilusión creen ser un imperio dentro de otro. El humano, cree llevar el cetro de la libertad. No puede subsistir sin el azote de la naturaleza, de allí su dolor. Sólo hay que devolverle su mundo circundante, para su consuelo”.[4]

 

Hoy, más que nunca la reflexión sobre la vida biológica, tanto como la social o la psíquica, si acaso es posible separarlas, se encuentra en profunda conexión con el mundo de los objetos técnicos. Seguir pensando que existe una separación entre naturaleza y espíritu, entre materia y forma, o que existe una sustancia primordial, un elan vital o una energía pura que mueve y motiva todo, no deja de ser productivo. Más aún, se trata de una provocación al pensamiento que ya no encuentra sentido en un mundo técnico y cibernético, bajo esas cómodas reflexiones. Hasta ahora se ha buscado explicar la naturaleza, pero más bien, se trata de buscar en ella la explicación de lo que nos rodea. Sin dejar de considerar, por supuesto, que todo en la naturaleza es espíritu y todo en el espíritu es naturaleza.

 

Las tendencias de un pensamiento como el que señala Heidegger: “[…] la piedra es sin mundo, que el animal es pobre en el mundo y que el hombre configura el mundo”,[5] son múltiples. Una, y quizás la más frecuente, es considerar que los objetos técnicos son una materia inerte, unos aparatejos hechos de silicio, cobre y plástico, que nosotros configuramos. Otra, sería pensar que los animales nos son útiles, incluso afectivamente, pero que su crianza o su estado salvaje, también depende de nuestra voluntad constructiva. Como resultado de esta distancia y diferencia sustancial entre los objetos y los animales respecto al humano, es común considerar la existencia de los objetos técnicos como salvífica o condenatoria. Se les ama y/o se les odia. Probablemente buscar “una esencia de la técnica que no sea técnica” como afirma Heidegger, nos haga pensar en una esencia de la vida que no sea vida. En algo distinto y quizás superior. ¿Y si la esencia de Dios también es técnica?

 

La noción de conformidad, a plan de Uexküll, y la de individuación viviente de Simondon, contribuyen a pensar y a dar sentido a la relación entre la vida biológica y los objetos técnicos. Se trata de un ajuste entre dos seres, es decir, de una conexión entre lazos que comunican a un viviente que actúa sobre otro ser que es portador de ciertas características. Este ajuste de ninguna manera es dócil y la adaptación de un ser a otro, o al mundo es graciosa. Ajustarse requiere de un principio de retroactividad, de un trabajo interno que permita al viviente modificar, mediante operaciones, las estructuras necesarias para apropiarse de su mundo circundante. No es, sino cómo se dice en México, hasta que “le cae el veinte” al viviente, es que se produce la conexión y la comunicación. De manera contraria, la adaptación es una teoría de la evolución, como la de Darwin, que se reconoce en causas físicas o fisiológicas con una lógica taxonómica filogenética. Mientras que la conformidad a plan y la individuación viviente se establecen de manera ontogenética. Es decir, ellas buscan en los estímulos genéticos, en las leyes técnicas propias de la formación y desarrollo de un organismo. En particular indagan en un embrión. La noción de conformidad a plan es algo más que un programa genético, ya que siempre se da en relación a un mundo circundante y perceptible para el viviente. No se trata de pensar que el viviente está conectado con todo, sino sólo con su mundo circundante, la garrapata percibe su mundo al igual que el ser humano percibe el propio.

 

Los estímulos genéticos en el origen no son una varita mágica en manos de un azaroso aprendiz de brujo llamado evolución, todo lo contrario, hay un plan, la naturaleza no hace experimentos como el humano. Lo que hay es creación ex nihilo, creación de la nada, que no es un vacío absoluto, y tampoco es una abstracción mental. De modo distinto, en la conformidad a plan, y en la individuación viviente, se trata de una nada plena de todo aquello impensable e irreductible a la razón. Al fin de cuentas lo que hace que operen los estímulos genéticos es una relación que ajusta los estímulos exteriores en un interior. La ontogénesis significa la búsqueda del ser en su correlación de fuerzas originarias, naturales, busca en el nacimiento, en la creación de un embrión. En sentido opuesto, la filogénesis ordena a los individuos conforme a ciertas características fenotípicas atribuidas, como en el origen de las especies, donde las reglas de la naturaleza son producto de una mano invisible que mueve, como en la economía liberal, de manera azarosa e incierta, el destino de la vida. En la ontogénesis no hay azar, en todo caso hay caosmosis, se trata de una puesta en perspectiva pragmática de la eficacia ontológica como sugiere Guattari.[6]

 

En resumen, la vida no es efecto o imagen superadora de la naturaleza física, de la materia inerte, o de la piedra que no está en el mundo. Ni tampoco la fantástica evolución progresiva y ascendente de algunos débiles animales o especies, hasta devenir en humanos configuradores del mundo. El viviente es un interior siempre contemporáneo de sí mismo, que se ajusta, que se informa constantemente con un exterior, con su mundo circundante y perceptible.

 

Dos nociones centrales para entender la individuación viviente son las de metaestabilidad y transducción. Es cierto que en el principio de los estímulos genéticos no parece haber nada que los motive o impulse, ¿cómo es que una fuerza o una potencia se convierte en polo de atracción o repulsión? No basta con reconocer que el devenir no es un marco de actuación del ser, sino que es necesario aceptar que el devenir es una dimensión propia del ser. El ser es devenir.

 

El reconocimiento de la luz, de que los electrones se comportan como partículas o como ondas dependiendo del caso o del tipo de individuación, no hace sino señalar que hay algo antes de la individuación. Se trata de un ser metaestable, sin fase o preindividual, que quizás valdría denominar como la nada de la que ya se habló antes. Una nada que insiste en ser, en conservarse a través de intercambios entre operaciones y estructuras anteriores a la ontogénesis propia de la individuación. Por así decirlo, la ontogénesis es una especie de membrana permeable y metaestable entre lo preindividual, como incompatibilidad potenciada, y la individuación. De hecho, así como se capta lo preindividual antes de la individuación es preciso captar al ser individuado a partir de la individuación. Queda claro entonces que hay que conocer al individuo mediante la individuación y no la individuación a partir de un individuo, como lo plantean las posturas hilemórficas, (que dividen materia y forma) o de las posturas sustancialistas. Este principio de individuación es aplicable al conocimiento, es decir hay una dimensión preindividual en los modos de conocer.

 

Lo preindividual no se agota en el origen, sino que se mantiene presente en el devenir de toda individuación, sea física, vital o psico-colectiva. La individuación del ser viviente no tiene el mismo límite que la de un ser físico. El individuo viviente persiste en la colonia, en lo psíquico y en lo colectivo. La vida late, es un impulso activo más allá del individuo. El cristal, el mineral y una molécula están perpetuamente descentrados, sellados, fuera de sí, en cambio el viviente posee una interioridad, un núcleo o un plasma propio en su interior que se despliega con avidez. El ser viviente tiene hambre de vida. En el pasado del viviente se encuentra su futuro y la persistencia del presente. Para el ser físico sólo hay presente, sin pasado ni futuro, o en todo caso un pasado en el pasado. El viviente, dice Simondon:

 

[…] es agente y teatro de individuación; su devenir es una individuación permanente o más bien una sucesión de accesos de individuación que avanza de metaestabilidad en metaestabilidad; de este modo el individuo no es ni sustancia ni simple parte de lo colectivo: lo colectivo interviene como resolución de la problemática individual lo que significa que la base de la realidad colectiva está ya parcialmente contenida en el individuo, bajo forma de realidad preindividual.[7]

 

En suma, la metaestabilidad no es caos, no es pura entropía, ni azar. Más bien, es: 1) Energía potencial, 2) Orden y aumento de entropía y 3) La información de un sistema. Cabe aclarar que la información es aquello que intenta siempre poner orden, es una dimensión organizadora.

 

La transducción es una traducción, es una operación física, biológica, psíquica y social mediante la cual una actividad se propaga, se difumina progresivamente en el interior de un dominio. Se trata de un conjunto de operaciones estructurantes. La transducción de ninguna manera es un procedimiento lógico, en todo caso es un proceso analógico que busca seguir al ser en su génesis. La transducción no es deducción, no busca un principio racional. No es dialéctica, no es un elemento que se niega para luego obtener una síntesis, no es inductiva, no conserva los elementos empíricos de la realidad, no es evolución ni adaptación al medio. La transducción es transformación y creación ex nihilo, es información y ajuste con determinado mundo circundante.

 

La transducción tampoco es un vehículo unificador de la forma con la materia, porque no hay separación entre materia y forma. Más bien la transducción es una operación que piensa y que busca en la realidad, tanto en la naturaleza pensante, como en el espíritu que se piensa a sí mismo a través de la naturaleza. La transducción es movimiento estructurante en diferentes regiones, es un vehículo, que encarna, que se trasmina, se filtra en lo que transporta, es metamorfosis constructiva; un plano de construcción.

 

A continuación, se ilustra de modo breve los argumentos anteriores sobre la individuación y el plan de conformidad. De ningún modo es la constatación empírica de algunos conceptos y mucho menos la deducción lógica y racional de un aparato teórico o de una filosofía. Cuatro ejemplos: El ladrillo de Simondon, La campana de Uexküll, El caballo de Bateson y El brazo de Wittgenstein. El ladrillo de Simondon: No es casual que el inicio del primer capítulo de La Individuación esté dedicado de manera profusa y detallada a explicar las condiciones de la individuación a partir de la crítica a los fundamentos del esquema hilemórfico (materia y forma), y a las operaciones técnicas de la adquisición de forma. Referir a la arcilla, por un lado, y al molde, por otro, en donde ambos elementos, mediante una operación técnica devienen en un ladrillo, sirve al autor para ejemplificar de modo nítido cómo el pensamiento que separa en dos extremos la materia y la forma no permite reconocer la operación misma de adquisición de forma, sino que más bien, la oculta. La forma del molde y cierta condición de la arcilla son, efectivamente, dos extremos, pero no de materia y forma, sino de una cadena de procesos técnicos que, al encontrarse, mediante la intervención técnica del hombre, constituyen la individuación de un ladrillo de arcilla. Se trata de una modulación, de una resonancia entre las formas y la información contenidas en el interior de la arcilla con su potencial de deformaciones. De tal manera que el molde actúa como límite a uno de los impulsos propios de la tierra para devenir forma. La forma nunca es pura forma, tanto como la materia tampoco es pura materia. La arcilla tiene formas coloidales, características de estructuras moleculares de ciertos metales y minerales que le permiten interactuar con un molde de cierta forma. Todo lo anterior producto del entrecruzamiento de la fuerza, de la energía técnica del obrero con la arcilla, del molde y del ambiente. Algo semejante sucede en la individuación viviente, en una complejidad y magnitud muy diferentes. Piénsese, por ejemplo en una célula, su membrana y su plasma.

 

La campana de Uexküll: Para el estonio, la naturaleza, incluyendo lo humano, es un conjunto armónico de resonancias musicales. Reconocer la vida, lo biológico por lo vital mismo, es quizás una de sus motivaciones principales. Qué es la vida y no cómo funcionan los órganos de la vida es quizá su pregunta central. Conformidad a plan, es la invitación a tratar la vida desde la vida misma y no como un simple efecto de operaciones físico-químicas y mucho menos de una evolución. Para el biólogo, igual que para el filósofo, la forma es una secuencia de signos, de dirección ordenada mediante un esquema.

 

[…] una campana no se produciría fundiendo el bronce en un molde con su forma, sino que el metal líquido, al enfriarse en la caldera, adoptaría por sí mismo la forma de una campana […] Por la ‘ley técnica de la campana’ no hemos de entender únicamente la regla de funcionamiento del campaneo, sino el conjunto de relaciones espaciales y materiales que constituyen el cuerpo de la campana […] La ley técnica de la campana, concebida como una fuerza natural […] debería ser capaz de formar la campana a partir de la materia prima apropiada y mediante su modelación espacial, del mismo modo que las leyes de cristalización dan forma al cristal.[8]

 

Sin duda alguna en este ejemplo se encuentran coincidencias entre las nociones analógicas de conformidad a plan e individuación viviente.

El caballo de Bateson: No es necesario introducir aquí al biólogo y antropólogo inglés, que como en el caso de Uexküll y el propio Simondon requieren de una detenida presentación, quizá sólo valdría la pena insistir en sus coincidencias. Aquí se recupera la alusión que el filósofo alemán Hoffman, hace de Bateson, en medio de su argumentación con respecto a la noción peirceana de la abducción.

 

Cada cognición está incrustada dentro de un conjunto de contextos. Uso el término ‘contexto’ en el sentido de Gregory Bateson. Bateson pone el ejemplo de la co-evolución del caballo y la sabana: La evolución de los caballos, dice el antropólogo, está determinada por la sabana en la que se alimentan, del mismo modo en que la evolución de la sabana está determinada por los caballos.[9]

 

De este modo, dice Hoffman, existe ahí un contexto de dependencia mutua entre ambos. Para definir el significado de contexto de un modo más preciso se dirá que es una relación mutua de dependencia entre los hábitos de entidades diversas. El contexto no es un medio ambiente, en cuanto conjunto de cosas determinadas desde fuera, sino una relación específica entre hábitos de entidades que interactúan.

 

El brazo de Wittgenstein: Del libro Musicofilia del neurólogo Oliver Sacks[10] se ha rescatado el siguiente caso: Se sabe que el pianista Paul Wittgenstein perdió el brazo derecho durante la primera guerra mundial. Wittgenstein, según afirma su alumna Erna Otten, decía que se fiara de cómo él elegía la digitación porque sentía todos los dedos de la mano derecha. Erna confirma que la digitación elegida por su maestro era siempre la mejor. Mitchell fue el primero en demostrar que las extremidades “fantasma” eran “reales”, es decir, hay construcciones neurológicas que se basan en la totalidad que forman el cerebro, la columna vertebral y las porciones residuales y proximales de los nervios sensoriales y motores que van a las extremidades, y por tanto la sensación y los “movimientos” de los miembros amputados iban acompañados de excitación de todas esas partes fisiológicas. Se trata de extremidades biónicas. Las operaciones técnicas que impulsan la vida no siempre dependen de un exterior o de una sensación “real”, por lo contrario, son parte de un mundo circundante que aunque parezca fantasmático existe para ese individuo.

 

En conclusión, lo que aquí se ha planteado intenta reconocer la vidatécnica como un todo, y no como la separación binaria entre materia y forma, naturaleza y espíritu, entre la técnica y lo humano. Las estructuras de emplazamiento de la naturaleza no son un hecho reciente, no se tuvo que esperar a la construcción de una presa hidroeléctrica o una central nuclear para reconocer la inherencia entre técnica y vida. Que lo anterior encierra un peligro para la vida es evidente, pero desde la primera quijada de burro aplastando una cabeza, con el primer pozo artesanal, con los molinos de viento y agua, hasta una bomba nuclear, es claro el carácter congénito entre vida y técnica, sin una no hay otra. Pero la técnica no sólo es “[…] el papel de la mano en la transformación del mono en hombre”. En el supuesto que así hubiera sido, no sólo es un hacer de la vida hacia fuera, sino también es un hacer operativo de la técnica en el interior de la vida desde el nivel celular hasta el psico-colectivo.

 

La técnica y el modo de existencia de los objetos técnicos, quizás deberían ser consideradas como algo más que la mera producción o instrumentalización de la naturaleza por parte de los humanos, algo más que la simple elaboración de aparatejos que nada tienen que ver con la esencia de la técnica. Ni provocación ni destino, ni derrota o salvación, ni ocultamiento o develación, sino simplemente horizonte y posibilidad de futuro de la vida misma, por lo que es fundamental reconocer, como plantea Stiegler: “[…] la hipótesis de que entre los entes inorgánicos de las ciencias físicas y los entes organizados [orgánicos] de la biología existe un tercer género de “entes”, los entes inorgánicos organizados, que son los objetos técnicos”.[11]

 

Bibliografía

  1. Giorgi, Gabriel y Rodriguez Fermín, (compiladores) Gilles Deleuze, Michel Foucault, Antoni Negri, Slavoj Zizek, Giorgio Agamben, Ensayos sobre biopolítica. Excesos de vida. Paidós, Buenos Aires, 2009.
  2. Guattari Felix, Caosmosis, Manantial, Buenos Aires, 1996.
  3. Heidegger, Martin, Los conceptos fundamentales de la metafísica, Alianza, Madrid, 2007.
  4. Hoffman, Michel, “¿Hay una lógica de la abducción?” en Revista Analogía filosófica, investigación y difusión. ISSN0188-86X Vol. 12 No. México, 1998.
  5. Sacks, Oliver, Relatos sobre la música y el cerebro, Anagrama, Barcelona, 2009.
  6. Simondon, Gilbert, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Cactus, Buenos Aires, 2015.
  7. Stiegler, Bernard, La técnica y el tiempo 1. El pecado de Epimeteo. Hiru, Euskal Herria, 2003.
  8. Uexküll, (von) Jacob Johan, Cartas biológicas a una dama, Cactus, Buenos Aires, 2014.

 

Notas

[1] Stiegler, Bernard, La técnica y el tiempo 1. El pecado de Epimeteo. Hiru, Euskal Herria, 2003, p. 9.
[2] Foucault, Michel, “La vida: la experiencia y la ciencia” en Giorgi, Gabriel y Rodriguez Fermín, (compiladores) Gilles Deleuze, Michel Foucault, Antoni Negri, Slavoj Zizek, Giorgio Agamben, Ensayos sobre biopolítica. Excesos de vida. Paidós, Buenos Aires, 2009, pp. 41-57.
[3]  Simondon, Gilbert, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Cactus, Buenos Aires, 2015, p. 201.
[4] Uexküll, (von) Jacob Johan, Cartas biológicas a una dama, Cactus, Buenos Aires, 2014, pp. 139-149.
[5] Heidegger, Martin, Los conceptos fundamentales de la metafísica, Alianza, Madrid, 2007, p. 264.
[6]“Nuestra problemática de caosmosis y de salida esquizoanalítica del encierro significante apunta, como contrapartida de esos préstamos, a una necesaria deconstrucción significante de su discursividad y a una apuesta en perspectiva pragmática de su eficacia ontológica”. Guattari Felix, Caosmosis, Manantial, Buenos Aires, 1996, p. 108.
[7] Simondon, Gilbert, La individuación, pp. 16-17.
[8] Uexküll, (von) Jacob Johan, Cartas, p.142.
[9] Hoffman, Michel, “¿Hay una lógica de la abducción?” en Revista Analogía filosófica, investigación y difusión. ISSN0188-86X Vol. 12No. México, 1998. pp.41-56
[10] Cfr. Sacks, Oliver, Musicofilia. Relatos sobre la música y el cerebro, Anagrama, Barcelona, 2009.
[11]  Stiegler, Bernard, La técnica y el tiempo 1. El pecado de Epimeteo. Hiru, Euskal Herria, 2003, p. 9.

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