Lo que te estoy escribiendo, ¿estará detrás del pensamiento? (Diálogo con Agua viva de Clarice Lispector)

Jean-Luc Nancy / Trad. Maria Konta

De escribirte, ¿a quién? a ti, a ti que eres ti, como yo soy yo. El libro lo dice y por accidente, por acuerdo de un epíteto, sugiere que el “tú” es masculino y de alguna manera que soy femenino. Esta es la única diferencia. Es la diferencia la que permite escribirte. Incluso si esta diferencia no tiene otra forma u otra claridad que estos acordes debido a los caprichos de la lengua. Pero permite escribirte, es decir, de escribir.

Basta una sola frase, en brasileño como en francés: “Te conozco por completo porque te vivo por completo.” Todo, toda.

Uno escribe a ti o a mí, pero siempre a. Hay que tomar esta distancia. Realmente no es una diferencia, es una distancia. De mí a ti o del uno al otro. O de la una a la otra: justo la diferencia de la distancia. En portugués, la palabra “você” para decir “tú” es el residuo de un antiguo “vosotros”. En brasileño, se borran todos los trazos. Uno utiliza você o tu con indiferencia. Pero uno dice “te” en cuanto es un complemento. — te conheço, te viver.

Você señala la interpelación. A ti que conozco y vivo, te escribo. Você sente? Eu sinto. Tu sientes? Yo siento.

A veces puedo construir você como complemento indirecto: Estou dando a você a liberdade. Te doy la libertad. A ti, a la plenitud de ti. Y es un gerundio – dando –— soy generosa, es una donación continua para ti todo entero.

Lo que hago mientras escribo. Escribiéndote te libero. Te libero toda. Tú o yo. Tu y yo.

Entre tú y yo existe esta distancia que se llama escribir. Que exige escribir. Que permite de escribir. Que siempre acaba siendo escrita, en todo momento y en todo lugar, con letra o libro, con voz o teclado.

Es la distancia entre conocer y vivir. Te conozco, te vivo. La escritura va del uno a la otra porque el uno sin la otra no va a ninguna parte, se queda quieto, pisotea, se congela. Del uno a la otra la distancia se extiende de tí a tí, de mí a mí. Distancia infinita y nula. Instante eterno.

Distancia del ser al ser sin la cual nada podría ser. Por eso ella dice: “Y si digo ‘yo’ es porque no me atrevo decir ‘tú’ o ‘nosotros’ o ‘una persona’. Estoy obligada a la humildad para personalizarme, hacerme más pequeña, pero soy tú” Ella no se contradice sobre el sujeto de la persona porque la primera vez es pessoa — literalmente como en francés “ninguna persona ” (y también el nombre de un gran escritor de esta lengua — mientras que la segunda vez es personnalizar.

Ser el “tú” es por supuesto la distancia a la que estás, a la que te sitúo o te proyecto para que tú seas y que yo mismo sea la apertura de esta brecha que nos mete a presencia el uno de la otra.

En presencia no es la palabra. Ni presencia ni relación. Se trata solo de ser. Es decir, de nacer. Ella escribe: “tú me haces nacer”. Naces en mi escritura, naces de ella, en ella y como ella. Entonces me haces nacer, uno no puede decir “me toca a mi” porque es en conjunto, simultáneamente, instantáneamente. “Este instante es. Tú que me lees es. »Y más lejos: « Yo es » Y aún más lejos; “Ahora es un instante. Tu sientes ? Yo siento.”

 

II

Pero yo aqui quien te leo? Yo que leo lo que escribes a ti que te leo? ¿Qué tengo que hacer aquí y ahora? Soy solo un lector entre otros. Corro tus líneas, doy vuelta a tus páginas. Comprendo. Intento comprender. Pero escribes: “No sé sobre qué estoy escribiendo. Soy oscura a mí misma.”

¿Quieres decir que depende de mí encontrar una claridad? Me dices: “Escúchame, escucha el silencio. Y enseguida: “Lo que te digo nunca es lo que te digo sino otra cosa. Así que tampoco es ese silencio de lo que acabas de hablar.

Entonces me haces oscuro para mí mismo. ¿Es esto lo que buscas? ¿Leerte vuelve a cerrar los ojos?

Pero es seguro que estoy, yo,  aquí, leyéndote y tratando de anotar mi lectura, seguro que soy yo a quien le dices “tú” o “você” (si es lo mismo, uno no volverá ahí ). ¿Quién es tu lector?

¿Es el filólogo o filósofo, teórico o amateur de la lengua, el que toma tu libro de la biblioteca y anota y glosa y prepara una conferencia sobre tu libro? Ese no te ha leído o no te puede leer. O no sabe qué es. No sabe que leerte no es leer a una otra. No sé que leer siempre te está leyendo a ti, quienquiera que sea.

Ser lector es ser tu lector. El lector de esta oscuridad que sola es la tuya. Que no escapa sino a tí.

Entonces, ¿soy otro lector? que no sea el erudito o el amateur? Tres veces escribes “Você que me lè.” Me gusta pensar que me honras así, que me saludas. Pero también escribes, también me escribes: “Te escribo porque no llegas a aceptar lo que soy. “Así que si aceptara lo que eres, no me escribirías. Entonces escribse: “Nunca leerás lo que escribo. ”

Entonces puedo rendirme porque ya está perdido.

Incluso si quisiera persistir en leerte, sería una pérdida de tiempo.

 

III

Sin embargo, tú misma me explicas por qué la pena no es completamente perdida. Escribes, me escribes que “una vez que uno te ha leído es difícil reproducir [tu] música al oído.” Claro. La música nunca se puede reproducir; uno solo puede resonar con ella, en otro pentagrama. Sin embargo, me escribes que todavía habré “compartido esta primera existencia silenciosa”.

Silenciosa en el sentido de que no contó una historia, no me proporcionó un retrato ni de anécdotas ni de una narración. Pero quién lleva “la entonación emocional de alguien que podría mentir pero no miente». Y añades que «esto basta» para que mi lectura no sea en vano. Por eso merezco tu frase: “Voce que me lè.”

Me escribes: “Escúchame, escucha el silencio. Y agregas: “Lo que te digo nunca es lo que te digo, sino algo más.”

Algo diferente de lo que estamos hablando: esto es lo que está o se esconde detrás del pensamiento.

Preguntas o finges preguntar si lo que me escribes se halla o pasa detrás del pensamiento. Agregas que en todo caso no está “detrás del razonamiento”. Incluso especificas: “Por supuesto que no.” Sin embargo, sugieres que uno podría acompañarte en el cese del razonamiento. Pero no sería para entregarse a piruetas de cine. Tu libertad no es “ni arbitraria ni libertina”. No se trata de alterar o desafiar ningún tipo de orden, composición, concepción o de figura. Se trata de estar en el nacimiento de la palabra y de la cosa. En el momento de su nacimiento común que es también el tuyo en el momento en que “quieres la palabra última que también es tan primera que ya se fusiona con la parte intangible de lo real”.

“Es de una tal pureza el contacto con el núcleo invisible de la realidad “.

Ahora bien, dices, “es sólo la gracia de una persona común la que de repente la hace real porque es común, humana y reconocible”.

Esto es lo que me dices. Y me escribes: “¿Cómo traducir el silencio del encuentro real entre nosotros dos? ”

 

IV

Lo real, sí, eso es lo que hay detrás del pensamiento, en el punto preciso donde coinciden lo tangible y lo intangible, la cosa y el sentido. El sentido, se puede que se zafa. Escribes “Puedo que no tenga sentido, pero es el mismo sentido que tiene la vena que palpita.”

A veia que pulsa … sí tu sentido es el de la pulsación, de la pulsión, del impulso, de lo que late y que marca el ritmo, de lo que sacude y que mueve. No un “sentido de vida” imaginario, sino la vida que se siente vivir, que se siente venir y pasar, que se eleva a su superficie y se hunde en lo más oscuro.

Lo real lo más real pulsando, escapándose, abandonándose, dilatándose y cerrándose, exacerbándose, dispersándose. Sobre todo, nunca dejando de retroceder más que atrás que detrás. Detrás es demasiado simple, demasiado accesible incluso en su disimulo o en su evasiva. Lo dices: “Detrás del pensamiento, más atrás, está el techo que miraba cuando era niña.”

El techo, la pared más opaca, la más insensible. El límite mismo – que la mirada del niño ilimita, porque continúas: “De repente estaba llorando. Ya era amor. O ni siquiera estaba llorando. Me quedé al acecho. A escrutar al techo. El instante es el vasto huevo de cálidas vísceras. De repente detrás hay una profundidad, un espesor inagotable.

¡Y cómo lo escribes! Cinco frases breves seguidas de una expansión, de una efusión inesperada con dos epítetos. Más adelante será tu perfume y tu cifra lo que estará “detrás del pensamiento”. Un poco más adelante, se vuelve más pronunciado y resuena: “Bueno, detrás del pensamiento tengo un trasfondo musical. Pero más atrás está el corazón que late. Entonces, el pensamiento más profundo es un corazón que late. “Detrás del pensamiento está el pensamiento. Es su ritmo, su pulsión. Una página más lejos “hay una sensación detrás del pensamiento”, dice usted de la “nueva realidad” para la cual que hasta ahora no hay ni pensamiento y tampoco palabra. Más adelante especificarás “más bien un sentimiento detrás del pensamiento”. No es solo por detrás: el retraimiento, el sinsentido se siente ahí. Mientras tanto has insistido, apoyado sobre la retirada: vas, escribes “Detrás de lo que es detrás del pensamiento.” Más allá escribirás: “Detrás del pensamiento llego a un estado. Me niego a descomponerlo en palabras” ¿No es la palabra “estado” una palabra? pero no se separa, solo dice que llegas. Que tocas. Que estás ahí. Que eres – o que vives y que esta vida late.

Y que lo escribes tú. O más bien que está escrito, que su latido está escrito. Como dirás hacia el final, “Lo que te estoy escribiendo es un ‘esto’: esto no ​​se va a parar. Continúa.”

 

V

Así como atrás siempre está más retraído atrás, del mismo modo lo que escribes continúa. No aquí, no al final de este libro. Para terminar escribes: “Lo que te estoy escribiendo aquí es un ‘esto’. Ya has escrito “Esto que estoy escribiendo, ¿estaría detrás del pensamiento?” Esto, algo. Lo que escribes es esto: es sólo que “es esto”. Igualmente dijiste que es un “esto” la leche que quieres darme. A menudo escribes “esto” – isto – el ello que es y es solo eso, que está enteramente en la plenitud o la fugacidad del ser. El corazón que late en tu pecho es suficiente para ti y dices: “Lo impersonal vivo del it me basta”.

Esto es lo que continúa de tu libro. Tú lo dices: continúa. Continúa aquí en tres líneas:

“Mírame y ámame. No: te miras a ti misma y te amas. Y eso es lo justo.

Lo que te escribo permanece y estoy hechizada.”

Lo que me escribes permanece en el amor de mi, lo cual es justo porque es la vida de it. Se ama a sí mismo, es decir, vive. La vida que vives de mi me hace vivir de lo que me escribes. Me amo impersonalmente. Eso es lo que significa leer. Escribir significa hacer impersonalmente que se ame a sí mismo quien lee. Tu, yo.

Me miro, sí: veo un otro. No un lector, alguien que no se parece a nadie, sino alguien o alguna que me vive. Estoy vivo. Lo sé. Puedo sentirlo detrás de mí. O a lado. Uno o una que sea. Dices “esta es la palabra más importante del lenguaje”. Y lo escribes en negrita. Y dices que en tu lengua solo hay una letra: É. En mi idioma solo un sonido: Es.

No se trata de ser. Se trata del instante. Lo escribes: “en el instante es el ‘es’ del instante mismo”. El instante es, solo existe el instante que es. No tiene por qué serlo, lo es.

Esto es lo que está detrás del pensamiento y más atrás. El instante es vivido como yo por ti. Entonces yo no soy pero él soy yo, como tú.

Él es, luego yo no soy. Está escrito. Él mismo se escribe. Es decir, está escrito “a filo de la pluma” como tú dices y la pluma desenrolla este hilo a su voluntad. Dices: “No toco lo que ella va a escribir”.

Escribir está todavía por venir. Incluso si lo has preparado. El hilo se desliza detrás del pensamiento.

 

VI

Así es como continúa. Al final de este libro comienzan otros libros. O comienzan de nuevo.

Todos los libros pasan por ahí. Vienen ahí o vienen de ahí. Escribes: “Quizás el título de lo que te estoy escribiendo debería ser […] ‘¿Y las tortugas?’” Ya que “todos los seres vivos […] son ​​un escándalo de maravilla” y lo son en tanto que son formados de la “materia prima-it”. La materia prima es lo que trabajas, lo has dicho. Esto es lo que hay detrás del pensamiento. En tu lengua, materia-prima se escribe con un guión. Como un bloque, como una palabra.

¿Y las tortugas? las bestias del Tártaro, dice tu lengua tartaruga, los vivos los más cercanos al instante, bloques tranquilos aquí abajo que de pronto levantan la cabeza. El “este” de la tortuga está bombardeado. Todos los libros permanecen bajo su caparazón, y el tuyo les hace levantar la cabeza. Las Tortugas, Agua Viva, Genjimonogatari, Invitado de Piedra, De Natura rerum, 2666: todos vienen de detrás del pensamiento, todos conducen allí.

Cuando los leo, puedo oír que me hablan como tú. Todos me están escribiendo. Me dicen que me viven. Me dicen que están escribiendo un “esto”. Cada uno lo suyo, incomparable, inimitable, inasimilable. Cada uno tiene su momento y cada uno, como tú, escribe “a la medida de su aliento”. Nadie sabe que siento cada vez su respiración y el latir de su sangre.

Y cada uno escribe como tú que “sólo está en el acto del amor -por la límpida abstracción de una estrella que uno la siente- se capta lo desconocido del instante que es ásperamente cristalino y vibrante en el aire, y la vida es este momento incontable, más grande que el acontecimiento en sí mismo.”

Só no ato do amor: esta asonancia, esta aliteración, eres solo tú que la canta, aquí, en este instante.

 

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