Ucrania: el deber de pensar desde la víctima

Fotografía de Oksana Parafeniuk

Resumen

El presente trabajo es una breve reflexión sobre las víctimas en el lugar de la guerra. La misma toma como punto de partida la reflexión de Zizek sobre el conflicto actual de Ucrania y las implicaciones que tiene esta con el papel geopolítico de Europa de Europa como hegemonía. El presente trabajo es crítico de este trabajo y ofrece partir desde las víctimas para refundamentar la democracia.

Palabras clave: víctima, democracia, justicia, Zizek, imperialismo, vida.

 

Abstract

This work is a brief reflection on victims on the scene of war. It takes as its starting point Zizek’s reflection on the current conflict in Ukraine and its implications for the geopolitical role of Europe of Europe as hegemony. This work is critical of this work and offers to start from the victims to rebuild democracy.

Keywords: victim, democracy, justice, Zizek, imperialism, life.

 

La noche del 23 de febrero el presidente Vladimir Putin habría de anunciar la realización de una operación especial en la región del Donbás. Esto tras reconocer la independencia del lugar, pero también ante la insistencia del país ucraniano de anexarse a la OTAN. Primero, es importante tener presente aquella promesa que le hizo el gobierno de Bush a Gorbachov en la década de los 90’s: “Ni una pulgada hacia el Este”. Pero también es importante considerar el largo conflicto que ha habido entre los antiguos países adheridos a la URSS en los últimos años: el desprecio hacia los rusos parlantes, el ascenso de un nuevo nazismo en la región y el carácter neofascista del gobierno de Putin. Todo esto es de suma relevancia, pues nos permite no caer en el juego de apoyar el bando ruso.

 

Sin embargo, también es de suma relevancia recordar el carácter imperialista de varios de los países que conforman la OTAN y los daños históricos que ha realizado un país como Estados Unidos a lo largo de su historia —como es el largo y sangriento siglo XX latinoamericano, en el que hubo varias dictaduras impulsadas por ellos y ante las cuales no se han hecho responsables––. Esto, a su vez, nos impide entrar en una dinámica de apoyo a una organización y un gobierno que históricamente sólo han visto por intereses de los grandes capitales y, para los cuales, las vidas de millones no son más que “sacrificios necesarios” para alcanzar el “paraíso”.[1]

 

Propongo lo siguiente a lo largo de las siguientes páginas: enfocarnos en las víctimas, en aquellos que se ven directa o indirectamente perjudicados por la guerra y, a partir de allí, generar un compromiso hacia aquellos que con su sufrimiento interpelan a las instituciones a partir de la exigencia de justicia.

 

Considero que esto nos permite no sólo no caer en un juego tan simplista como el del enfrentamiento entre el modo de capitalismo ruso y el occidental, como nos insiste Zizek, sino que, también, evitar la simplicidad argumentativa de la oportunidad europea de resignificarse como la única opción viable para los países dependientes, pues esto no sería otra cosa que plantear la imposibilidad de generar un proyecto político propio de aquellos países y su necesidad de circunscribirse en el área de influencia de alguna región. Siendo esto una forma “neocolonialista” en la que parece recaer el gran filósofo esloveno,[2] a pesar de su extenuante crítica al mismo.

 

Capitalismo e imperialismo: disputa por la hegemonía internacional

 

En su Para una crítica de la violencia, el gran filósofo Walter Benjamin habrá de sostener lo siguiente:

 

La palabra “paz”, en el sentido en que está relacionada con el término “guerra” (pues existe otro, por completo diferente, enteramente concreto y político: aquel en que Kant habla de “paz perpetua”), indica justamente esta sanción necesaria a priori —independiente de todas las otras relaciones jurídicas— de toda victoria. Esta sanción consiste precisamente en que las nuevas relaciones sean reconocidas como nuevo “derecho”, independientemente del hecho de que de facto necesitan más o menos ciertas garantías de subsistencia. Y si es lícito extraer de la violencia bélica, como violencia originaria y prototípica, conclusiones aplicables a toda violencia con fines naturales, existe por lo tanto implícito en toda violencia un carácter de creación jurídica.[3]

 

En este sentido, no hay que olvidar que el rasgo primigenio de los Estados Modernos reposa sobre la necesidad del monopolio de la violencia. Una violencia que tiene como fin preservar el orden de una sociedad existente y de los individuos que la conforman. En este sentido, la violencia se empleará para mantener este orden, y sólo en caso de grave peligro habrán de utilizarse agentes capaces de preservarlo —como lo es la policía. Sin embargo, en muchas ocasiones el mismo Estado podrá fundar un nuevo derecho, el cual le permita controlar la situación a la cual hace referencia. El derecho y la violencia van de la mano, son indisociables. ¿En estos parámetros puede acaso encuadrarse la justicia? Por supuesto que no, pero esto he de tratarlo en el apartado siguiente.

 

Pero antes resulta de suma importancia hacernos el siguiente cuestionamiento: ¿quién define lo qué es el orden?, ¿existen relaciones simétricas para definir al mismo? Claramente no, pensar lo contrario sería ignorar que los Estados-nación surgieron dentro de la lógica del capitalismo y que, en todo momento, generan leyes que permitan su reproductibilidad sin importar que sea a costa de la vida de millones.

 

El carácter violento del capitalismo, de forma interna en los Estados, se expresa como explotación a los trabajadores y a los recursos naturales, pero de manera externa, como bien nos enseñó Lenin, opera como imperialismo. Recordemos que la “[…] acumulación de grandes capitales, la necesidad de controlar las materias primas y los mercados dieron lugar a la constitución del imperialismo, definido por Lenin como una etapa superior del capitalismo, que se caracteriza por la dominación de las naciones a través de los flujos de capital del centro a la periferia”.[4] Aunque es cierto que puede recurrirse a la invasión de una nación sobre otra para lograr esto último: por ejemplo, Estados Unidos invadiendo diversos países bajo el pretexto de resguardar el bienestar internacional o Rusia que busca controlar a Ucrania y los países que le rodean bajo la idea de la seguridad nacional.

 

Ante esto cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué se está jugando en la dinámica global del capitalismo? La respuesta es simple: la hegemonía internacional. En este sentido, Zizek tiene razón cuando crítica la idea de que son dos formas de capitalismo distintos las que están en disputa, pero yerra en ver que lo que en realidad se juega es quién habrá de tomar las riendas del actual capitalismo, sin plantearse nunca su superación: Estados Unidos que desde hace unos años ha perdido fuerza económica y política o la “alianza” Rusia-China —siendo el último el más importante— cuyos ingresos e inversiones a nivel mundial van en incremento.

 

Por eso al principio del presente texto llamaba sobre el peligro de no caer en un juego tan simplista como el de los bandos. Un juego por el que, a través de los medios de comunicación, hemos sido constantemente bombardeados; pintando una lucha entre buenos y malos. Un juego en el que Rusia es el mayor enemigo de las “sociedades occidentales” o donde es, a causa del hijo de Biden y los supuestos “biolaboratorios” en Ucrania, por los que hay tanto interés en este conflicto. Una situación tan hiperrealista como aquella que Baudrillard describió en su momento,[5] en la que el carácter de lo verdadero y lo falso se co-funden, se imbrican y, en algunas ocasiones, diagraman una forma de comprensión de las situaciones aledañas desde este bombardeo mediático: imperialistas vs. liberacionistas, demócratas vs. nazis. ¿Cómo proceder ante esto?

 

Interpelar la guerra desde la víctima

 

Aunque actualmente hay un exceso de información, la cual frecuentemente no es verídica, sí hay algo que es patente en las guerras, y estas son las víctimas. Víctimas directas de los conflictos. Victimas cuyos cuerpos y psiques se ven afectadas por las múltiples violencias que les rodean. Víctimas que se desplazan de su país para preservar su vida. Y las víctimas indirectas, las víctimas del incremento de los precios de gas y luz en Europa, las víctimas que están en el país invasor (Rusia) y que se ven afectadas por el conflicto a causa de los ataques económicos de los miembros de la OTAN. En este sentido, la víctima interpela todo esquema interpretativo desde los enfoques dualistas de índole pro-OTAN o pro-Rusia. Dice ¡no!, a cualquiera de estas posiciones y busca interconectarse, entonces, con otras víctimas sistémicas de los procesos neoimperialistas del siglo XXI. Pues la víctima no puede ser entendida desde lo Mismo, ya que esto traería consigo la valoración de unas víctimas sobre otras.

 

Lo que ocurre actualmente en Occidente es esto último. Al respecto Zizek relata cómo el gobierno esloveno promovió la acogida de los ucranianos porque son semejantes, mientras que las víctimas del Medio Oriente son de un lugar ajeno a Europa. Definiendo de la siguiente forma este comportamiento: “Europa debe de defenderse de lo no europeo”.[6] Esto no denotaría más que la gradación de víctimas según una lógica de poder que yacería detrás: ¿por qué hoy prestamos más atención a lo sucedido en Ucrania que a lo ocurrido en lugares como Yemen?, ¿por qué si este último conflicto ha sido promovido por varios de los países de la OTAN no han recibido la misma represalia que Rusia?, ¿no acaso se premió en los últimos años como Nobel de la Paz a un criminal de Guerra? ¿Por qué se guarda silencio ante la violencia histórica que ha ejercido Israel y que no sólo ha afectado a los musulmanes sino también a los propios judíos que vivían desde antes en Medio Oriente?[7]

 

Las víctimas interpelan al sistema político y al capitalismo. Tener un enfoque ético es poner la vida en el centro. ¿Quién habrá de responder ante el sufrimiento del que padece directamente la guerra?, ¿cómo responder ante su grito?, ¿cómo reparar su daño? En este sentido, me gustaría traer a colación la reflexión de Derrida sobre la justicia como un don, como algo incalculable que excede al propio derecho.[8]

 

Así, la justicia no sería más que la responsabilidad ante el sufrimiento del otro, la respuesta a su grito, el tender la mano y acogerlo. La justicia como don gratuito que presupone la disimetría estructural con el otro. La justicia como el excedente al derecho pero que exige, en todo momento, su recomposición para responder al sufrimiento de aquel —¿y por qué no de lo otro también?—; la justicia no como algo presente, patente en las leyes, sino como una temporalidad hiperbólica que acoge lo sido y el porvenir, una justicia anamnética que afronta y confronta la injusticia histórica y las causas estructurales que subyacen en ella.

 

En este sentido, no se trata del peligro de las democracias occidentales-liberales ante el “totalitarismo” ruso. La democracia occidental está enferma, nació enferma, y se expandió como modelo a partir de esa enfermedad. Enfermedad histórica que tiene como base los sufrimientos de los colonizados, de los cuerpos feminizados, de los cuerpos racializados. La lógica del Estado Moderno es generar lo indeseable, el enemigo, para incluirlo en su exclusión. En los primeros siglos de la Modernidad, ese enemigo fue el salvaje, el bárbaro, la bestia; hoy día en occidente son los residuos «nazis», los residuos del «comunismo», el «progresismo».

 

Sobre esto último, recientemente veía cómo un par de conocidos exaltaban a grupos como el Batallón de Azov y deseaban tener uno semejante en sus países, con el objetivo de que sacarán fuera todo lo «indeseable». Mientras otros exaltaban a Rusia por acabar con cierto neonazismo, ignorando que el gobierno ruso es sumamente represivo y su presidente un conservador de tintes neofascistas. ¿Usted toma posición por un bando? Sólo tenga cuidado de que su posición no termine apoyando cierto fascismo o imperialismo.

 

La guerra, como la colonización, opera de forma semejante: deshumaniza.[9] Deshumaniza tanto al que la padece como al que la efectúa. Siendo así quien la padece reducido a lo peligroso por exterminar y, al que lo efectúa, lo convierte en un mecanismo para aniquilar la vida del otro sin importar si es o no participe en la guerra. ¿Cuántas veces no hemos leído, escuchado o visto ataques de ejércitos en contra de civiles?

 

Es evidente que, cuando termine este conflicto, la dinámica a nivel internacional entre los Estados más poderosos y el propio capitalismo se habrá modificado y regulado, pero mientras eso sucede no hay que ignorar al resto de los que padecen. Hay que condenar toda injusticia por igual, incluso la injusticia ambiental. ¿En qué medida la guerra de Ucrania, como los demás conflictos, no aceleran la crisis ambiental que cada vez parece más inevitable y la cual dejará aún más víctimas que las que tenemos hoy en día?, ¿no acaso ya la ONU no muestra preocupación ante este conflicto por el riesgo que implica para seguridad alimentaria mundial?

 

Bibliografía

  1. Baudrillard, Jean, La guerra del golfo no ha tenido lugar, Anagrama, Barcelona, 1991.
  2. Benjamin, Walter, Para una crítica de la violencia, Leviatán, Buenos Aires, 1995
  3. Cesaire, Aime, Discurso sobre el colonialismo (Fragmento), UNAM, D.F., 1979.
  4. Derrida, Jacques, Spectres de Marx, Galilée, Paris, 1993.
  5. Dussel, Enrique, Para una ética de la liberación, Siglo XXI Editores, Argentina, 1973.
  6. Marx, Karl, Páginas malditas. Sobre la cuestión judía y otros textos, Libros de Anarres, Buenos Aires, 2012.
  7. Mo Sung, Jung, Deseo, mercado y religión, Sal Terrae, España, 1999.
  8. Parra Bautista, Johanna y Urrego Miguel Ángel, “Capitalismo, guerra y nación” en Nómadas, Num. 19, 2018.
  9. Zizek, Slavoj, “¿Qué es defender Europa?” en Project Syndicate, marzo, 2022. https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-unequal-treatment-of-refugees-exposed-by-ukraine-by-slavoj-zizek-2022-03/spanish Consultado el 1 de mayo de 2022.

 

Notas
[1] Vid. Jung Mo Sung, Deseo, mercado y religión, ed. cit., pp. 15-47
[2] Cfr. Slavoj Zizek, “¿Qué significa defender a Europa?”, ed. cit.
[3] Walter Benjamin, Para una crítica de la violencia, ed. cit., pp.37-38
[4] Johanna Parra Bautista y Miguel Ángel Urrego, “Capitalismo, guerra y nación”, ed. cit.
[5] Vid. Jean Baudrillard, La guerra del golfo no ha tenido lugar, ed. cit.
[6] Slavoj Zizek, Op. cit.
[7] En “La historia tal como mi abuela me contó: La memoria personal frente a la memoria colectiva sionista”, Sigal Nagar-Ron relata toda la violencia que tuvieron que padecer los judíos de Medio Oriente durante la conformación del Estado de Israel, poniendo así en crisis la narrativa del antijudaísmo musulmán y la conformación de aquel como único medio para preservar la vida de los judios.
[8] Vid. Jacques Derrida, “Usures (tableau d’un monde sans âge)”, ed. cit., pp. 129-155
[9] Vid. Aime Cesaire, Discurso sobre el colonialismo (fragmento), ed. cit., p. 11

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