Mi encuentro con doña Paula

Mi encuentro con doña Paula
Pacientes realizando trabajos en La Castañeda, (1945).
Carmen Tinajero

Yo sé que no me han llevado al hospital para sacarme al hijo, me dijo Doña Paula, así que aquí lo tengo. Hace mucho me embaracé de un abusivo, pero el niño nació, lo pusieron en una canasta, llegó mi padre y se lo llevó. Luego tuve otro, y mi madre se enojó, me dijo: ¡tú no aprendes! Es siempre lo mismo. El hombre se fue y mi hijo se murió de tétanos.

El que tenía mi padre, también se murió. Mi madre me amenazó: si te vuelves a embarazar te lo vamos a sacar. Por eso este lo traigo en la panza, ¡es mi hijo, es mío!

El martes doña Paula, me dice emocionada, al pasar con la fila de pacientes que van al comedor: ¡estoy embarazada! Y yo le contesté: ¡Felicidades!  –no, pero si ya no quiero tener más hijos–. Bueno doña Paula, pero ya está embarazada así que téngalo, ahora sí lo tiene que cuidar.

– Sí ¿verdad? – sonríe. Le voy a decir a la enfermera que me lleve al Rovirosa[i].

Doña Paula tiene más de sesenta años y su cara poblada de arrugas expresa una apacible dulzura, doña Paula llora por sus hijos perdidos; doña Paula es una loca, una madre sin hijos.

 

Nota:

Hay muchísimos testimonios, muchísimas historias que vienen a mi mente y con ellas vienen a mí las palabras: exclusión, esclavitud y goce como ejes del devenir que las arrastra.

Estas dimensiones no son exclusivas de las mujeres locas, pero sí se articulan de una manera especial en la maternidad imposible de sostener y en el incesto que muchas veces precede a la locura que se encarna en ellas de una manera terriblemente trágica.[i] Es un Hospital general.

 

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