¿Se puede escribir siendo una identidad sexual? Algunas cuestiones de la identidad ficticia de -la autor-

Fotografía de César Cano

 

Resumen

¿Qué es —la autor— desde la teoría queer de Paul Beatriz Preciado? Es la identidad plástica del autor en la obra artística queer. Paul Beatriz Preciado, como el abyecto parlante y prótesis textual, hace del discurso queer el transdiscurso de Foucault. La obra artística se monta sobre el discurso de las tecnologías del género y del sometimiento de la identidad sexual. Es algo más que el modo del ser del discurso, dejándose colocar por otros autores y los lectores. La pluma del autor tiene un centro mecánico parecido al pene. El ser de razón oculto tras la escritura, reaparece como el ventrílocuo de las múltiples voces, reapropiándose del texto como el alma trascendental contaminada con low-tech. El autora no es un artista snob.

Palabras clave: autor, queer, identidad sexual, obra, discurso, género.

 

Abstract

What is —the author— from the queer theory of Paul Beatriz Preciado? It is the plastic identity of the author in the queer artistic opus. Paul Beatriz Preciado, as the abject speaker and textual prosthesis, turns queer discourse into Foucault’s transdiscourse. The artistic opus is mounted on the discourse of gender technologies and the submission of sexual identity. It is something more than the mode of being of the discourse, allowing itself to be placed by other authors and readers. The author’s pen has a mechanical center similar to the penis. The being of reason hidden behind the writing reappears as the ventriloquist of multiple voices, reappropriating the text as the transcendental soul contaminated with low-tech. The author is not an artist snob.

Keywords: author, queer, sexual identity, opus, discourse, gender.

 

“Mientras Sade no fue un autor, ¿qué eran entonces sus papeles? Rollos de papel sobre los cuales, hasta el infinito, durante sus días de prisión, desenrollaba sus fantasmas”.

Foucault, Michel

 ¿Qué es un autor?

 

¿Quién es —la autor— desde la teoría queer de Paul Beatriz Preciado? Escritor, comisionario de arte, maestro en filosofía y en estudios críticos del género, anarquista, activista y disidente de género. Quien ha escrito, con sus manos masturbadoras obras artísticas, tales como Manifiesto Contrasexual del 2002, Testo yonki del 2008, El deseo homosexual de 2009, Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en «Playboy» durante la guerra fría del 2010, Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce de 2019, Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas del 2020. Posicionándose, desde su primera obra, como un abyecto parlante, un cuerpo prostético y un performativo queer en la búsqueda del placer-saber.

 

Leamos nuevamente las líneas de Manifiesto Contrasexual, ya lo decía -la autor-, la desacralización del texto, pues justo está ahí abierto para releerse. La posición política del -la autor- en la teoría queer, cruza, la destrucción de Beatriz, la resignificación y deconstrucción de Paul. Remitámonos a las primeras líneas de la obra, Beatriz en ese entonces, quería mostrarnos algo oculto para muchos, y por primera vez, la identidad sexual ficticia del autor estaba ahí entre líneas y desvanecida para nuestros ojos, revelada como la última puesta en escena de la obra de teatro. Era Beatriz desnuda en su sofá, frente al espejo en su anarquía para ser captada por los ojos del lector.

 

No estaba trazado con el bisturí gramatical sexual-médico: <disforia de género>, pero se leía tras, delante, encima, por atrás de las primeras líneas de la obra: -un escritora- lesbiana, puto, puta maldita o maldito, bollo, tortilla, homosexual hetero, lesbiana gay, lesbiana marica, heterosexual homo, que cedía al lector, sometiéndose a su propia obra y su propia identidad. El lector es jaqueado, y como toda máquina de información se injerta un virus para presentarse fallos en el sistema: ¿cómo tenía, debía o necesitaría leerse su obra?, ¿se puede leer la obra siendo una identidad sexual? Ahí partió, lo que nunca me habría atrevido a mutilar, mi propia identidad.

 

¿Quién es el autor? Paul Beatriz, -la autor- que se encuentra en la posición “transdiscursiva” de Foucault.

 

Me he limitado al autor entendido como autor de un texto, de un libro o de una obra cuya producción podemos atribuirle legítimamente. Ahora bien, es fácil ver que en el orden del discurso se puede ser el autor de mucho más que un libro —de una teoría, de una tradición, de una disciplina en el interior de las cuales otros libros y otros autores podrían ubicarse a su vez. En una palabra, diría que esos autores se hallan en una posición “transdiscursiva”.[1]

 

No era un Aristóteles o un Platón, otro ser de razón puro, fundador del discurso. Tampoco era <el hombre y la obra>, cuya función estaba ligada a la restauración de la escritura, recogiendo beneficios de la propiedad del texto. El sistema de escritura y el cuerpo-texto de Paul Beatriz Preciado se montó sobre el discurso queer. En otras palabras, se instauró sobre la injuria queer, para dejarse montar discusivamente por otros autores.

 

La autor cedió a los criterios editoriales, a la forma de la escritura tradicional, aprendió el lenguaje del padre, se sometió a los derechos de autor, hizo de su obra artística un objeto de lascivia ajena, pretendiendo hacer una obra artística que vendiera copias, sino miles, pero que no quedara en la función del autor del modo de ser de un discurso.[2] El trandiscurso queer no tiene nombre de Beatriz, ni tampoco de Paul, pues lejos de crear una relación de identidad entre el autor y lector, para que sea recibida y merezca recibir, traiciona la obra artística. La función de la autor, sacude la escritura, caracterizando el modo de funcionamiento y de circulación de discursos del género, recordando las tecnologías de inscripción del género a las que son sometidos -la autor- y el lector.

 

Preciado, el autora era más que Manifiesto Contrasexual, Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce, Testo yonki o Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas, era más que sus obras, era un <instauradora de discursividad>, no volvió a un determinado número de analogías, haciendo posible (del mismo modo) un determinado número de diferencias. Abrió el espacio para algo distinto a él y que sin embargo pertenece a lo que él fundó[3] y deconstruyó. Podríamos hacer un recorrido de su escuela, como alumna de Heller y Derrida, como amiga de Butler, como activista de movimientos feministas y queer, lectora de Freud, Lacan, Saussure, Levi-Strauss, Wittig, Haraway, MacKinnon, Foucault, Deleuze, Guattari, entre otros, la disputa con Onfray, o su relación con Virginie. Aunque, hay que recalcar, lo flamante en su teoría, y no tanto en su analogía con los nombres anteriores, fue instaurar la re-significación y re-apropiación de la injuria queer, revolucionar las posiciones de enunciación y sacudir el discurso del sexo: una demanda utópica anal.

 

La función de -la autor-, en tanto, a la respuesta que nos ofrece Foucault, en su obra ¿Qué es un autor? El nombre Beatriz era la definición indefinida del nombre, las descripciones que ofrece en sus obras, no tenía sólo un nombre único, individual, propio común denominador de un género. Tal como el nombre que asigna el poder político de la diferencia sexual en el Acta de nacimiento y alumbramiento, o el proceso de reasignación de género, o en el de una obra de texto, como si el nombre del autor se impusiera entre los lectores en un modo de ser del discurso.

 

Beatriz es el transnombre, transdiscurso y transposición del autor, perturbando la única identidad del autor, oculta bajo un nombre. Las crónicas de la identidad ficticia de la autor: “[…] tienen dos (o más) autores, o dicho de otro modo, en ellas se manifiesta de forma hiperbólica (un fenómeno que existe en todo proceso de escritura pero que se oculta bajo la unicidad del nombre) la distribución de la autoría en una multiplicidad de voces que operan el cruce”.[4]

 

Beatriz era la ventriloquía de la multiplicidad de voces, que tuvo que aprender y deconstruir lenguas que no son de nadie pero que nos hacen hablar. Beatriz se autonombraría Paul, como si extrajera la molécula de Paul-Michel Foucault, y se autorregistrara como una confusión para el sistema de la diferencia sexual, autoreconociéndose como cuerpo parlante y abyecto. Manifestando, como es de forma legal, a la contra-sexualidad, exponiendo en la escritura, a los lectores nacidos y aún no nacidos, y a otros autores, a instaurarse en su teoría, en el transdiscurso de la disidencia, del cruce, migración y marginalización de la identidad ficticia.

 

El proceso del cruce requiere del sometimiento de la “propia” identidad a la ficción de la misma. No bastaría ser más queer, más feminista, más trans, más bollo, más serial fucking, más mujer o más gay, asumir una propia y única individual o una identidad más folklore multicultural, no se trata de ello, pues definir la identidad podríamos dejárselo al imperativo heterosexual y a las normas de género. El derecho a la identidad, somete a la cultura heterosexual, gay, trans, bi, homo, cis, no binario, a procesos de normalización y de exclusión, actuando como jueces de la normalidad[5] perpetrando con el ojo masculino,[6] la valoración de la identidad del género.

 

El autor de multiplicidad de voces, no es responsable del texto, de su producción o invención. No es que se diga: ¡El texto tiene autor! Como si fuese colocado en los derechos de autoría, regulando la forma en como debe ser leída la obra, la reproducción de la misma, o las relaciones entre autor y lector. Los textos de -el autora-, repela a la atribución de la obra, pues ya lo decía Paul y Beatriz, es sólo una multiplicidad de voces que la hacen hablar. Digámoslo de otro modo, la obra no es una medicina del autora para transexualizar su cuerpo, sino para jaquear a las máquinas lectoras en la traición de lo que espera la sociedad que haga con cada uno de nosotros.

 

El nombre del autor, Preciado, no pretendía un estatuto en el que la cultura lo aceptara, en cierto modo y que debían recibir su palabra. En estos casos, Marx no era Marxista, Derrida no era Derridiano, Foucault no era Foucaultiano, Paul no era Beatriz, no era queer, ni feminista, ni hombre oprimido, ni trans, ni marimacho, ni lesbiana, ni gay, ni marica puto, ni tortilla, era un yo que no es, era un género que no es, era todos y ninguno, era una identidad ficticia, la ventriloquía de las voces que operan en el cruce. Beatriz es el asesino del autor.

La atribución del discurso a un individuo, que es el tercer rasgo de la función del autor en Foucault, que tiene que ver con las reglas de construcción del autor. En tanto que discurso atribuible a su productor, ¿cómo atribuir varios discursos a un autor que tiene dos o más autores? Cuando el autor se cristaliza, toma forma y se define como una identidad sexual, es un autor que se construye un cierto ser de razón.[7] El cuerpo del texto es fronterizado. Paul no se oculta bajo el nombre del autor, ni de la razón, sino que transgrede la posición de autoría, el cuerpo y alma del ser no coincide discursivamente con la prótesis queer. Las leyes de atribución del discurso al autor, no son aplicativas.

 

La teoría queer, no pretende crear un sujeto y definirlo en los límites de la crítica, el sujeto “es un proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto”.[8] ¿Encontrar al autor? Paul es la prótesis del transdiscurso. Es el performativo queer de Judith Butler. El autor ficticio, con libros y dildos sobre el escritorio. Es la función variable y compleja del transdiscurso. ¿Hacer hablar al autor? Las identificaciones, si es que surgen en la lectura, con la cercanía o lejanía del autor, la variabilidad de la distancia esparcida por la distribución de autoría traiciona las identidades ocultas bajo el nombre del lector. En momentos, el performativo queer explota sobre la identidad sexual. Si el fallo es constitutivo de las máquinas de follar, la injuria descontextualizada y la inversión de las posiciones de enunciación contrasexualiza toda propiedad del discurso del género.

 

Paul es una identidad sometida en el proceso del cruce, que no queda fuera ni dentro de ella, está en movimiento. Es el dildo que, “escapa a las falsas dicotomías metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la materia”.[9] Es la imitación plástica del autor. Encontrar la forma del autor en huesos, piernas, células, carne contaminada, añadida por una prótesis molecular a la “[…] identidad transgénero low-tech hecha de dildos, textos e imágenes en movimiento […]”.[10]

 

¿Qué autor posiciona la inestabilidad de la identidad?  Podría decirse, que la metafísica sexual del autor y la obra, fue mutilada por un disidente, sometiendo con toda coerción la identidad, el nombre y el estatuto que se genera en la función misma de la posición gramatical del autor. La transdiscursividad de sus obras, dejó expuesta la identidad sexual ficticia del autor, se sujetó a la aprensión del lector y demandó una utopía anal. Por tanto, encontrar la identidad del autor de la obra, si es que lo encontramos, no será uno, sino de varias lenguas, con la muerte de Beatriz y el resurgir de Paul, de la disforia a la disidencia, que construye y desconstruye la subjetividad.

 

El autora, no se queda en la trascendencia inmanente del ser o en la división entre el cuerpo y el alma. No es un ser superior intocable, ni tampoco un puro metafísico. El ser de razón, una instancia profunda, “[…] “un poder “creador”, un “proyecto”, el lugar originario de la escritura”,[11] que regulará una lengua que será instaurada a diferentes clases de individuos. La voz fálica, que caracteriza el modo de ser del autor en la obra, es deconstruida y construida en una multiplicidad de voces, distribuyendo autorías en todo el texto.

Siguiendo con las transgresión y traición de la identidad ficticia del autor. “Mientras Sade no fue un autor, ¿qué eran entonces sus papeles? Rollos de papel sobre los cuales, hasta el infinito, durante sus días de prisión, desenrollaba sus fantasmas”.[12] Entonces, ¿quién es Paul Beatriz Preciado? Quizá la respuesta ya no la haya lanzado como un petardo lleno de excremento: es el monstruo que os habla. La identidad ante la academia de psicoanalistas no se ocultó bajo el nombre, del pronombre o del ego -yo-, reclamando la voz del autor que le fue concedida al momento de sentarse frente a las y los psicoanalistas, feministas o masculinistas, lacanianos o freudianos, mujeres y hombres.

 

La escritura del autor, utiliza la barra de pronombres o predica marcas de género en los sustantivos y los adjetivos, quizá neutralizando la gramática de la diferencia sexual con “el hombre”, “el individuo”, “la persona”, “el humano”, “el ser”, “el sujeto”, pero ciertamente esta connotado de cierta identidad sexual, incluso el ser más trascendental y metafísico coge y se deja dar por el culo, es una máquina de follar. Los pronombres, adjetivos y sustantivos “[…] reducen la textualidad y la escritura a sus residuos lingüísticos, olvidando las tecnologías de inscripción que las hacen posibles”.[13] Muy pocos sino escasos, pensadores y filósofos hablan de su vida sexual, pero todos utilizan la gramática sexual. El origen de la escritura es trazado con el bolígrafo-bisturí, en una operación tecnológica que consiste en corregir las subjetividades de las máquinas heterosexuales.

 

El origen de la escritura posee un cuerpo de hombre. El fundador del discurso tiene falo, por tanto, la subjetividad del lector será construida en el modo de ser del discurso. El autor, es visitado por Manuela, haciendo coincidir la identidad del autor con la identidad sexual, el nombre del autor con la gramática, la razón con el inconsciente, el cuerpo con el alma, la trascendencia con la subjetividad del lector. El cuerpo es texto construido. El texto es una máquina de follar. La mano del señor creador, domina la producción y reproducción de la escritura autorizando la construcción de úteros “lo único que en ellas es creador”[14] y penes “[…] como único centro mecánico de producción del impulso sexual”.[15]

 

¿Qué autor es sexo y género? Quizá el alter ego, el yo autor, esta connotado de algo un tanto sexual. El autor que privilegia el pene como centro de producción de textos. Para responder a la pregunta podríamos preguntarnos: ¿el autor tiene pene precoz o vagina húmeda? Si la obra va dirigida a un público, ¿a quién va dirigida, a inconscientes que cargan penes y vaginas? Quizá por ello, algunos grandes filósofos, es el caso de Aristóteles, Platón, Comte, Kant, Hegel, Freud, Sartre, Kelsen, Rousseau, quienes escribieron en sus obras la gramática sexual y la pluma erecta con la que eyaculaban y corregían a los lectores, otros autores, incluso su identidad sexual, en una diferencia sexual. El deseo del estar en los inconscientes, lograr la trascendencia del cuerpo, pensamiento, alma del ser sometiéndonos a la letra misma del texto, del título que se nos impone. En realidad, el autor, en su mayoría, como fundadores del discurso o instauradores de discurso ocultan bajo el nombre: autor y lector la identidad sexual, en el imperativo heterosexual, en la diferencia sexual y en el lenguaje del padre.

 

El autor es pura construcción y materia orgánica. Para saber ¿Qué es autor? Según Foucault, debemos remitirnos a la actualidad. El texto del autor, puesto en las librerías, son clasificadas las obras feministas según sean sus colores, algunos con banderas, estandarizando el pensamiento, diciéndonos: ¡Miremos! Una nueva identidad sexual, recordemos a las minorías sexuales incrementando la bandera de colores rosas, amarillas, azules, verdes, etc. Los libros queer, se introducen en el color de la bandera, aparecen en la teoría de la universidad y se prevé en políticas públicas futuras, reconociéndola, recibiéndola y mereciendo recibirla como otro sujeto, otro autor como ejemplo de ciudadanía, como una Simone de Beauvoir en relación libre con Sartre, “constituida como modelo de toda una generación”.[16] El autora no es el fundador de una moda inclusiva, ni un artista que crea contenido snob. La autor tiene un dildo con tinta, escribiendo y montando a la escritura de la diferencia sexual.

 

Las obras artísticas en la teoría queer de Paul Beatriz, son aquellas obras irrisorias para feministas, para heterosexuales y homosexuales en búsqueda de derechos más femeninos y masculinos, y para los políticos raciales sexuales era una amenaza al sistema cuya pena merecía un castigo como la muerte. Es esa obra que no sólo apestaba y se maldecía, sino que también querían deshacerse como los cuerpos sexuales mutilados en la calle, que las sobras serían pisoteadas, meadas o cagadas sobre aquellos restos, apestando únicamente la diferencia sexual. Como todo padre, la amenaza y hostigamiento de muerte es su pena máxima.

 

Bibliografía

  1. Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, El cuenco de plata y Ediciones literatas, Buenos Aires, 2010, pp. 14-33.
  2. Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 284.
  3. Pierre, Bourdieu, Capital cultural, escuela y espacio social, Siglo XXI, México, 2011, p. 166.
  4. Preciado, Beatriz, Testo yonki, Espasa, Madrid, 2008, p. 20.
  5. ______________, “El sujeto del feminismo es el proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto”, en El diario, octubre, 2019.

https://www.eldiario.es/sociedad/entrevista-paul-preciado_128_1320669.html

Consultado el 27 de agosto de 2022.

  1. ______________, Manifiesto Contrasexual, Anagrama, Barcelona, 2020, pp. 52-55.
  2. ______________, Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría, Anagrama, Barcelona, 2020, pp.69-70.
  3. ______________, Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce, Anagrama, Barcelona, 2019, p. 29.
  4. ______________, Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas, 2020, p. 27.

 

Notas
[1] Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., pp.  30-31.
[2] Foucault, retoma la clasificación del autor por el nombre, a lo cual critica que será una palabra recibida y por recibir en las reglas consumibles: “Finalmente el nombre de autor funciona para caracterizar un determinado modo de ser del discurso: para un discurso el hecho de tener un nombre de autor, el hecho de que se pueda decir “esto ha sido escrito por tal”, o, “tal es su autor”, indica que ese discurso no es una palabra cotidiana, indiferente, una palabra que se va, que flota y pasa, una palabra inmediatamente consumible, sino que se trata de una palabra que debe ser recibida de cierto modo y que en una cultura dada debe recibir un estatuto determinado”. Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., p.  20.
[3] Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., pp. 32-33.
[4] Preciado, Paul Beatriz, Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce, ed. cit., p. 29.
[5] En Foucault encontramos en el panóptico a: “Los jueces de normalidad … presentes por doquier. Nos encontramos en compañía del profesor-juez, del médico-juez, del educador-juez, del “trabajador social”-juez; todos hacen reinar la universalidad de lo normativo, y cada cual en el punto en que se encuentra le somete el cuerpo, los gestos, los comportamientos, las conductas, las actitudes, las proezas”. Foucault, Michel, Vigilar y castigar, ed. cit., p. 284.
[6] El ojo masculino del cual nos habla Preciado: “como estructura política de la mirada […] sujeto de la representación y (al menos idealmente) receptor universal de la imagen pornográfica”. Preciado, Paul Beatriz, Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría, ed. cit., pp. 69-70.
[7] El tercer rasgo, Foucault: Es el resultado de una operación compleja que construye un cierto ser de razón que se llama autor. Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., p. 25
[8] Preciado pronuncia: El sujeto del feminismo es el proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto.
[9] Preciado, Paul Beatriz, Manifiesto Contrasexual, ed. cit., p. 55.
[10] Preciado, Paul Beatriz, Testo yonki, ed. cit., p. 20.
[11] Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., p. 25
[12] Foucault, Michel, ¿Qué es un autor?, ed. cit., p.  14.
[13] Preciado, Paul Beatriz, Manifiesto Contrasexual, ed. cit., p. 53.
[14] Preciado, Paul Beatriz, Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas, ed. cit., p. 27.
[15] Preciado, Paul Beatriz, Manifiesto Contrasexual, ed. cit., p. 52.
[16] Pierre, Bourdieu, Capital cultural, escuela y espacio social, ed. cit., p. 166.

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