Nota sobre El concepto de mundo y la bewandtnis en el pensamiento de Martin Heidegger

Martin Heidegger

 

 

En la dilucidación de qué signifique la estructura de ser-en-el-mundo del Dasein, se impone aclarar ─como paso previo─ cuál es el concepto de mundo que propone Heidegger en El ser y el tiempo. El asunto no resulta tan sencillo como parece, pues el §14 titulado “Idea de la mundanidad del mundo en general” con que inicia el capítulo III titulado “La mundanidad del mundo”, si bien ofrece de manera explícita cuatro precisas definiciones de mundo, éstas representan un primer acercamiento al tema y se diría que tienen un carácter preparatorio. La primera definición resulta ser “óntica”. El mundo, en este supuesto, consiste en la totalidad de los entes que están “ante la vista” (vorhandenes). La segunda definición, aunque se la llama “ontológica”, sigue atada a la dimensión óntica, pues, según esto, el mundo no consistiría sino en la teorización que de esta totalidad “a la vista” ofrece la ciencia, digamos la ciencia matemática. La tercera definición de mundo es, según lo reconoce Heidegger ahí mismo, preontológicamente existencial. Según este tercer concepto, mundo es, lo cito: “aquello <<en que>> un <<ser ahí>> fáctico, en cuanto es este <<ser ahí>>, <<vive>>”. El último término proporciona la clave para entender el sentido derogatorio de la definición. Si el Dasein fáctico vive ─término tomado acaso del vitalismo diltheyiano─ quiere decir que en definitiva todavía no existe. Vive como un organismo sumergido en lo óntico, pero todavía no existe en-el-mundo en calidad de Dasein. La cuarta y última definición, aunque sigue sin decirnos qué entiende Heidegger de modo específico por mundo, representa de cualquier modo un avance conceptual que estimo significativo. Sostiene ahí Heidegger: “<<Mundo>> designa, finalmente, el concepto ontológico-existenciario de la mundanidad.[1] Aunque de cierto modo, estamos en un círculo que se muerde la cola: mundo remite a mundanidad y mundanidad a mundo, sería un error dejar pasar inadvertida esta expresión a la que Heidegger atribuye un valor decisivo, al señalar que la idea de mundanidad es un concepto ontológico-existenciario. Quiere decir que mientras no se capte el concepto de mundanidad ─entendido además de modo explícito como un a priori─ no nos será posible comprender al Dasein de manera eminente como un ser-en-el-mundo. Expresado de otra manera: el Dasein es mundano de la cabeza a los pies, y no por arte de la experiencia o el conocimiento, sino debido a una condición a priori que le es esencial.

 

Precisado lo anterior, ya estamos listos para entender la siguiente propuesta. Heidegger piensa que hay dos tipos de entes: los mundanos y los intramundanos, y que no vale confundirlos. Delimita Heidegger: “El término derivado <<mundano>> mentará, entonces, una forma de ser del <<ser ahí>> y nunca una de los entes <<ante los ojos>> <<en>> el mundo. A éstos los llamamos pertenecientes al mundo o <<intramundanos>>.”[2] Las “cosas” y los útiles con los que tenemos trato, en definitiva, son intramundanos; en cambio, el Dasein es mundano. Al grado que, si me es permitido dar un paso adelante, tendría que sostenerse que sin la mundanidad del Dasein ─verdadero a priori constitutivo─ no habría sencillamente mundo.

 

El componente decisivo es el Dasein o “ser ahí”. Ignorar que en la estructura de este “ser ahí” se ensambla de modo necesario el elemento estructural mundo, obliga a tener una visión equivocada de las “cosas” e incluso del mundo natural que nos rodea. La idea de la naturaleza que maneja la ciencia, pero igualmente la que aconseja el sentido común, afirma Heidegger, implican una determinada desmundanización del mundo: se entiende la naturaleza como un conjunto de “cosas” o de “fuerzas” que operan en tal o cual sentido. La naturaleza, “comprendida ontológico-categorialmente”, afirma el autor, es “un caso límite del ser de los posibles entes intramundanos.” A lo que añade, en seguida, una aclaración de enorme importancia: “A los entes naturales sólo puede descubrirlos el <<ser ahí>> en un modo determinado de su <<ser en el mundo>>.”[3]

 

¿Qué suerte de mundo surge de aquí? Heidegger lo precisa: “El mundo inmediato del <<ser ahí>> cotidiano es el mundo circundante.” Desde este momento, si lo puedo expresar así, el mundo se ha curvado en el texto de Heidegger, ha adquirido una decisiva conformidad respecto al “ser ahí”, y esta conformidad reviste un eminente carácter espacial. Por eso agrega Heidegger: “La expresión <<mundo circundante>> contiene en el <<circundante>> una alusión a cierta espacialidad.”[4]

 

Si se me permite interpretar lo anterior, se diría que a los seres naturales pero también a los útiles sólo puede descubrirlos y utilizarlos la conformidad de Gaos, o la condición respectiva de Rivera, términos con que estos traductores vierten al castellano la palabra Bewandtnis. En efecto, es sólo en el §18 de la obra donde emerge la noción de Bewandtnis, y éste es igualmente el preciso lugar en el que Heidegger ofrece su peculiar concepto de mundo, de una radicalidad enorme, por cierto, pues éste deriva, e incluso depende, aunque la palabra no se mencione aquí, de la praxis del Dasein, esto es, de su “trato” o de su “andar” en el mundo. Por eso afirma Heidegger: “El mundo es previamente descubierto, si bien atemáticamente, con todo lo que hace frente. Pero también puede destellar en ciertos modos de <<andar>> en el mundo circundante.” Estamos a las claras en el ámbito de lo pragmático: se “anda” en el mundo o se “trata” con el mundo. Es aquí donde Heidegger desliza, como sin querer, lo que estimo es su definición capital, y la que termina imperando a lo largo de El ser y el tiempo: “El mundo es aquello desde lo cual es <<a la mano>> lo <<a la mano>>.”[5]

 

¿Y qué tiene esto qué ver con la Bewandtnis? Me parece que el tema se aclara un poco más adelante, cuando Heidegger sostiene: “El ser de lo <<a la mano>> [zuhandenes] tiene la estructura de la referencia ─quiere decir: tiene en sí mismo el carácter del <<ser referido>>. El ente es descubierto en cuanto que, como este ente que él es, es referido a algo. Uno <<se conforma con>> él <<en>> algo. El carácter del ser <<a la mano>> es la <<conformidad>> (…)”

 

A lo que agrega Heidegger en el siguiente párrafo: “La conformidad es el ser de los entes intramundanos sobre la base del cual se les da libertad en cada caso ya inmediatamente. Con ellos como entes se guarda en cada caso conformidad. Este <<guardar conformidad>> es la determinación ontológica del ser de estos entes, no una proposición óntica sobre los entes.”[6]

 

Para mayor claridad del asunto, e incluso para poder discernir una rápida comparación, transcribo las mismas líneas en la traducción de Jorge Eduardo Rivera: “Que el ser de lo a la mano tenga la estructura de la remisión significa: tiene en sí mismo el carácter del estar-remitido [Verwiesenheit]. El ente queda puesto al descubierto con vistas a que, como ese ente que él es, está remitido a algo. El carácter de ser de lo a la mano es la condición respectiva [Bewandtnis] (…)”

 

“Condición respectiva es el ser del ente intramundano; ser con vistas al cual en cada caso este ente queda puesto primeramente en libertad. Como ente, él tiene siempre una condición respectiva. Esto: que con él pasa que queda vuelto en condición respectiva hacia… es la determinación ontológica del ser de este ente, y no un enunciado óntico acerca del ente mismo.”[7]

 

Como señalé antes, conformidad y condición respectiva son las opciones de traducción del término Bewandtnis que proponen cada quien por su parte Gaos y Rivera. No veo una diferencia significativa entre estas opciones, pero quizás sea de justicia transcribir lo que afirma al respecto Jorge Eduardo Rivera en las a veces discutibles notas a su traducción, colocadas al final del volumen. Señala Rivera: “La Bewandtnis es (…) el término ontológico que designa el ser del ente intramundano; un ser que consiste en que ese ente está constitutivamente vuelto hacia otros entes. La traducción de Gaos por <<conformidad>> es sumamente equívoca, especialmente en el giro <<conformarse con>> (bewanden lassen mit), que da a entender que se trata de una actitud del ser humano, siendo que la conformidad y el conformarse tienen un sentido estrictamente ontológico, referido a los entes intramundanos.”[8]

 

Antes que nada, no deja de ser curioso que Rivera, el mismo que proclama que no va a traducir la palabra Dasein, término que resultaría intraducible en propiedad, escriba sin reparo que Gaos da a entender que el asunto de la “conformidad” refiere a… una actitud del ser humano (mejor sería decir, del Dasein). Gaos habría incurrido en un craso error, si se considera, como sostiene Rivera, que “la conformidad y el conformarse tienen un sentido estrictamente ontológico, referido a los entes intramundanos.”

 

Aquí me parece que vale una pregunta, y que ésta no es trivial: ¿de verdad la Bewandtnis es una propiedad de los entes intramundanos, es decir, de las llamadas “cosas” y de los útiles en general? ¿Pertenece la Bewandtnis a su esencia? ¿No es esta Bewandtnis, en última instancia, un “atributo” o carácter ontológico del Dasein, tomado éste no en su noción abstracta, sino en su “trato” o comercio con el mundo? Cosmos lo ha habido siempre; mundo sólo lo hay en tanto que hay Dasein.

 

Debo reconocer que Heidegger parece darle la razón literalmente a Rivera, cuando sostiene, como se vio en una cita anterior: “La conformidad es el ser de los entes intramundanos sobre la base del cual se les da libertad en cada caso ya inmediatamente. Con ellos como entes se guarda en cada caso conformidad. Este <<guardar conformidad>> es la determinación ontológica del ser de estos entes, no una proposición óntica sobre los entes.” Todo estaría muy bien, salvo que la distinción entre lo óntico y lo ontológico no la realiza de modo espontáneo la naturaleza, ni la realizan tampoco lo que Heidegger llama los entes intramundanos, es decir, las llamadas “cosas” y los útiles en general. Esta determinación sólo puede realizarla, en propiedad, ese ser mundano llamado Dasein. Al determinarlo así, el Dasein actúa de manera primaria u originaria, sin necesidad de formular “una proposición óntica sobre los entes”, como bien observa Heidegger. Por lo demás, resultaría inapropiado convertir a las cosas y a los útiles en fetiches, en objetos dotados de poderes mágicos y suprasensibles. Sólo estamos capacitados para hablar de ontología porque el Dasein mismo es ontológico en su ser, si se me permite la redundancia.

 

Si la Bewandtnis es en el mundo y opera en el mundo, no es porque ella sea una propiedad de los entes intramundanos, sino del Dasein que en cada caso decide qué hacer con ellos. Los entes intramundanos se vuelven hacia el Dasein y quedan a su disposición, no al revés, como sucedería en la lectura que propone Rivera.

 

Si lo anterior es verdad, entonces querría decir que no es el espacio el que curva al Dasein, sino al revés, es el Dasein el que curva a la espacialidad. Heidegger mismo lo da a entender así cuando afirma: “El mundo inmediato del <<ser ahí>> es el mundo circundante.” Ahí mismo añade Heidegger: “(la <<circunmundanidad>>) la buscamos a través de una exégesis ontológica de los entes intra-circunmundanos que hacen frente inmediatamente.”[9] La correcta interpretación de esta circunmundanidad, me parece, la aporta el mismo Heidegger cuando añade, a su primera definición de mundo, una segunda que sin duda la complementa: “El <<mundo>> no es ontológicamente una determinación de aquellos entes que el <<ser ahí>> por esencia, no es, sino un carácter del <<ser ahí>> mismo.”[10]

 

Quizás valga la pena afirmar que con la noción de Bewandtnis Heidegger en realidad le está otorgando al Dasein la capacidad de curvar el espacio y de hacer que las “cosas” y los útiles se dobleguen a él. Es la manera que tiene Heidegger de refutar, de modo implícito, es cierto, la supuesta homogeneidad del espacio-tiempo que propuso Newton (con quien por supuesto no intenta disputar aquí) y de aceptar de algún modo la “teoría de la relatividad” que habría anticipado Ernst Mach y que llega a volverse célebre con Albert Einstein. Sería poco probable, por cierto, que Heidegger mencionara a este último autor, quien, como se sabe, era de ascendencia judía. Me parece que en El ser y el tiempo Heidegger se las arregla para proponer, dentro del ámbito de la mundanidad del Dasein, su propia versión de la relatividad.

 

 

Notas

 

  1. Martin Heidegger, El ser y el tiempo. Trad. de José Gaos. México, FCE, 1974, p. 78 Con la mundanidad, podría decirse, se traspasa por fin el límite férreo de lo preontológico.
  2. Idem.
  3. Idem.
  4. Ibid., p. 79
  5. Ibid., p. 97 Rivera traduce el enunciado así: “El mundo es aquello desde lo cual lo a la mano está a la mano.” El original alemán afirma: “Welt ist es, aus der her Zuhandenes zuhanden ist.”
  6. Ibid. p. 98
  7. Martin Heidegger, Ser y tiempo. Trad. de Jorge Eduardo Rivera. Madrid, Trotta, 2012, p. 110
  8. Ibid., “Notas del traductor”, p. 469
  9. Martin Heidegger, El ser y el tiempo, p. 79
  10. Ibid., p 77