FES Acatlán UNAM
El libro Pensar la educación. Vida y técnica, de Valle Vázquez, constituye una aportación significativa para comprender las articulaciones contemporáneas entre educación, técnica y formas de vida. La obra se integra por siete escritos, además de la presentación y un prólogo elaborado por Marisa Belausteguigoitia. Uno de los rasgos más atractivos de esta obra es que cada apartado ––no como capítulos–– puede leerse como un ensayo autónomo, sin requerir la lectura de la totalidad de sus apartados para su comprensión. Dicha estructura sugiere una comunicación continua con la autora, una invitación a interrogar, desde la propia experiencia, los procesos educativos y sus transformaciones actuales.
Una de las preguntas que oriento de manera particular mi lectura es: ¿Qué es lo que la autora quiere transmitir sobre el pensar de la educación como técnica? Esta interrogante me permitió retomar elementos presentes en trabajos previos de la propia Valle, como los que encontramos en el artículo Técnica, autonomía y producción de sujeto dentro del libro Tecnología y enseñanza donde planeta que:
La escuela moderna, a través de técnicas de enseñanza y aprendizaje modula cuerpos en donde, los sujetos se constituyen en sociedad, es decir, se producen sujetos y prácticas socioculturales, pues, en todo hacer del hombre está su forma de vida, toda acción humana constituye un estilo de vida[1].
Y como lo menciona Belausteguigoitia, en el prólogo de este libro, esta es una forma de hacer filosofía y del hacer educativo en formato filosófico. Es decir, pensar la educación (como técnica instrumental y antropológica) como proceso que hace a los sujetos y al mismo tiempo como un hacer del ser humano, o en palabras de Valle (2020):
La educación puede ser vista como institución educativa, es decir, como lo escolar, y también puede ser considerada, en un sentido más amplio y profundo como formación del sujeto, con carácter universal del desarrollo humano y social, y como práctica sociocultural. La educación como técnica instrumental es un medio para producir sujetos y, al mismo tiempo, la educación como técnica antropológica es el hacer del hombre como práctica social y cultural[2].
Para ofrecer una mirada completa sobre la propuesta de la autora, me permito exponer algunas ideas que conforman la obra que, desde mi perspectivas, son más relevantes, ya que cada uno de capítulos aporta una arista específica a la reflexión sobre la educación como técnica y forma de vida.
En el primer capítulo titulado “Acrobacias del pensamiento y la enseñanza. Entre vida activa y contemplativa”, la autora retoma como eje principal los aportes teóricos de Sloterdijk para reflexionar sobre la vida ejercitante como condición en el ejercicio de la enseñanza.
En el siguiente capítulo, “Pensamiento técnico y diferenciación ética. Una conexión entre Simondon y Foucault”, la autora retoma los presupuestos teóricos de Foucault y Simondon para pensar el vínculo entre técnica, ética, naturaleza y cultura, que sin duda nos invita a estudiarlos no como cuestiones separadas, si no, a partir de su relación en la configuración del ethos como modo de existencia.
“Inteligencia artificial en los confines del lenguaje. Gramática, metáfora y mito”, es el tercer capítulo que conforma esta obra. En él, la autora presenta para la reflexión la premisa de que la “Inteligencia artificial es un modo de configurar y representar el mundo humano”[3], en donde, a través del lenguaje genera un mundo humano, o, en otras palabras, se establece un lenguaje entrenado que se convierte en un esquema entrenado (una gramática) para mantener conversaciones que configura y expande el mundo humano a un mundo otro.
En “Modulación en redes. Mirada y retorno a sí mismo” la autora con agudeza nos presenta la compleja modulación de las redes sociales en la actualidad, es así como se, “permite la interconexión de mundos y la transconexión de modos de existencia”[4], en el cual lo humano fluye en un “moldeado autodeformante”, es decir, que cambia constantemente. Así:
La modulación en redes es toda relación variable con la alteridad […] La modulación hace coincidir y al mismo tiempo provoca la separación de quienes configuran las redes, en ellas hay una efervescencia de variaciones de todo tipo porque no todo conecta con todo al mismo tiempo y en el mismo espacio, hay elementos (sujetos y objetos) que sólo conectan con el mundo que les circunda y hay otros que ensamblan con mundos otros[5].
En el quinto texto, “Política y populismo neoliberales en redes sociales. Por el bien de todos primero los pobres”, la autora expone cómo las redes sociales operan como dispositivos de sentido en los que se hacen visibles lógicas políticas de corte populista neoliberal, pues en ellas circulan valores y deseos propios de la economía política del mercado. Las sociedades en red se ensamblan y desensamblan de acuerdo con los ajustes y desajustes de dicha economía, generando un eje articulador centrado en la producción de ansiedad. En este marco, el riesgo funciona como un desajuste que impulsa la búsqueda de un ajuste denominado seguridad, de modo que lo que moviliza o vitaliza la vida humana es precisamente el impulso provocado por la propagación de la perturbación contenida en ese riesgo y en esa ansiedad. Cada sujeto orbita en la variabilidad de sus vínculos, y es ahí donde la política neoliberal establece su dirección a partir de las reglas de la economía de mercado.
En el sexto capítulo “Gubernamentalidad y utilidad de la vida. Transiciones globales con la inteligencia artificial”, la autora nos presenta como con la Inteligencia artificial se transita globalmente a otra condición de vida, en donde, ésta (la IA) forma parte de la sociedad, de manera que es parte sustantiva de la gubernamentalidad.
“Alfabetización técnica y Pedagogía de la pregunta. La vida entre Simondon y Freire”, es el séptimo escrito, en él, de manera muy creativa, la autora analiza la relación entre la técnica, concebida por Simondon, con la alfabetización y la pedagogía de la pregunta, propuestas por Freire, para mirar de otro modo la vida. Así, se despliega el concepto de alfabetización técnica, en donde, a partir del concepto de alfabetización freiriano, es decir, estar en y con el mundo se puede asumir que la existencia humana está conectada técnicamente con la vida.
Por último, el octavo escrito, “La enseñanza en medio de un corte vital: la pandemia”, la autora retrata como la pandemia como epojé, es el momento histórico que provoca una separación de lo que hasta entonces se había vivido, y que permite distinguir formas de vida y transfigurar el mundo, a un mundo otro.
Pero, como al principio lo planteé, es importante preguntarnos para qué leer este libro. Mi respuesta radicaría no sólo en términos amplios de pensar la educación, sino también a partir del quehacer docente. Podría empezar señalando que el texto propone articular “el carácter epocal de este momento histórico de la alta tecnología que provoca una separación de lo que hasta entonces se ha vivido; toda época es una escisión que permite distinguir formas de vida y transfigurar el mundo”[6]. Es decir, la alta tecnología conecta de otra manera el proceso de enseñanza-aprendizaje, que funciona como una epojé y nos distancia de lo que hacíamos en el aula.
Lo que está en riesgo en cada época, entendida como epojé, es la continuación de la existencia, de las costumbres o de los modos de vida que sostienen el mundo humano. No obstante, esto no implica asumir una postura reduccionista y esencialista que considere a la Inteligencia artificial como catastrófica o salvacionista, o incluso pensar que la propia inteligencia artificial es el problema. Más bien, como señala la autora, “estas características sin duda nos coloca en un acto de creación en una realidad misma”[7].
Considero que este planteamiento constituye uno de los ejes presentes en el libro, y que podemos entenderlo, siguiendo a la autora, en la experiencia de enseñar con y en la inteligencia artificial. Más allá de la práctica docente, la experiencia docente, como eso que me pasa, significa también algo que no depende de mí: un acontecimiento exterior a mí. En palabras de Larrosa:
[…] la experiencia es un movimiento de ida y vuelta. Un movimiento de ida porque la experiencia supone un movimiento de exteriorización, de salida de mí mismo, de salida hacia fuera […] Y un movimiento de vuelta porque la experiencia supone que el acontecimiento me afecta a mí[8].
Así, frente a esta epojé, la autora nos invita a preguntarnos: ¿Por qué es importante pensar hoy sobre el saber y hacer de lo humano?, o, en otras palabras, preguntarnos por lo educativo de la educación. No con la finalidad de obtener respuestas, sino para comprender; o, como lo plantea la autora, para dialogar, cuestionar el sentido de la educación, el para qué del ser y del hacer educativo, o más bien, el para qué del ser y del hacer educativo en la experiencia docente.
Ante ello, la autora despliega diversas líneas de acción que se entretejen a lo largo de los textos. A partir de la interrogante planteada, encuentro que su propuesta es vivir la experiencia docente como vida ejercitante: entre la vida contemplativa y la vida activa, lo que sería la docencia en ejercicio. Tener una postura frente al acto de enseñar requiere un constante e infinito desarrollo de llegar a ser o de lo que se es, pero que al final nunca se alcanza plenamente. Es decir, nunca llegamos a un estado de plenitud o completud, ni adquirimos las calificaciones o cualificaciones perfectas e idóneas que nos permitan ejercer la docencia a la perfección; porque la vida siempre es un de-venir, es una práctica que, como menciona Valle, implica “un viaje de ida-permanencia-descenso”; es un ser ahí en la docencia, un ser ahí con el estudiante, con compañeras y compañeros en reuniones, en actividades académicas, pero sobre todo en el aula.
Esto provoca la creación de nuevas formas de vida, de otras formas de enseñar, de ejercer y vivir la experiencia docente. Lo que deviene en esta relación es un modo de vida, una forma de subjetivación, en donde los objetos técnicos son constitutivos de todo proceso de subjetivación, pues hacen posibles formas de vida abiertas y siempre en posibilidad de ser otra. Esto requiere una postura de indagación, de innovación e invención, pues siempre existirán condiciones para articular, como un rizoma, los modos de vida y, por ende, las relaciones entre sujeto y sujeto; sujeto y objeto; y entre objeto y objeto.
Para finalizar, quisiera hacer énfasis en que la lectura de esta obra resulta pertinente para nuestros tiempos, pues invita a mirarnos como docentes y reflexionar sobre nuestra experiencia. Además, constituye una invitación a asumir la docencia como parte de una vida ejercitante de contemplación con la acción; o, dicho en otras palabras, a entender la vocación como una enseñanza que es modo de vida en ejercicio, sobre determinada entre la contemplación y la acción.
Referencias
Skliar, C., & Larrosa, J. (Eds.). Experiencia y alteridad en educación. Homo Sapiens Ediciones y FLACSO, 2009.
Valle, A. Pensar la educación. Vida y técnica. FES Acatlán, UNAM, 2025.
______. Técnica, autonomía y producción de sujeto. En A. Valle & M. A. Jiménez (Eds.), Tecnología y enseñanza. Pensar los procesos de subjetivación (pp. 75–86). FES Acatlán, UNAM, 2020.
Notas
[1] Ana Valle, Técnica, autonomía y producción de sujeto, ed. cit., p. 79.
[2] Ibidem, p. 77.
[3] Ana Valle, Pensar la educación, ed. cit., p. 77.
[4] Ibidem, p. 97.
[5] Ana Valle, Técnica, autonomía y producción de sujeto, ed. cit., p. 116.
[6] Ana Valle, Pensar la educación, ed. cit., p. 185.
[7] Ibidem, p. 186.
[8] Larrosa, Experiencia y alteridad en educación, ed. cit., p. 35.
