Una epistemología de la ilusión en la Fenomenología del Espíritu de G.W.F. Hegel.

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Toda ilusión puede atribuirse al hecho de tomar

por conocimiento del objeto lo que es condición

subjetiva del pensar.

I. Kant, Crítica de la razón pura

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La dialéctica del amo y el esclavo fue el estandarte por un largo periodo con el cual se presentaba la filosofía hegeliana, dialéctica contenida en la Fenomenología del espíritu, obra latente en la filosofía a partir del siglo XIX. Más allá de aquel estandarte que influenciara durante décadas a generaciones, una variedad de dialécticas se encuentran expresadas en la obra del filósofo alemán. Conforme la lectura de Hegel se desprende de concepciones de derecha o de izquierda como lo han nombrado algunos autores [1], los estudios centrados en la propia obra han hecho resaltar algunas otras dialécticas como capitales; Jean Hyppolite [2] remarca la dialéctica de “la conciencia desgraciada” y H.G. Gadamer [3] postula que es “la dialéctica del mundo invertido” la base del desarrollo hegeliano.El proyecto de Hegel comprende todas las dialécticas de forma circular, no se trata de unilateralidad sino de movimiento a partir de la negación que separa lo negativo de lo positivo, esta separación es primordial en la obra de 1807, con ello lo negativo y lo positivo forman una totalidad que al momento de entrar la conciencia como medio de reconocimiento surge la escisión como su condición. Si nos posamos en lo positivo afirmando su aspecto concreto lo negativo se oculta mostrándose de manera trágica frente a la conciencia, tanto como si nos posamos en el terreno de lo negativo, allí, la conciencia pierde su certeza según lo atestiguamos en determinados momentos en el transcurso de la odisea filosófica de la conciencia que es la fenomenología. La mediación entonces será el punto intermedio entre lo negativo y lo positivo, la mediación es el fenómeno, engendro que surge en los primeros capítulos y que posibilita el nombramiento de la conciencia como autoconciencia. Si nos ubicamos un paso antes del fenómeno; en el capítulo dedicado a la percepción encontramos una interesante dialéctica que da pie a la propuesta de una epistemología doble, porque al tiempo que propone la epistemología de lo positivo propone una epistemología de lo negativo, es decir; bajo el objeto se centra la epistemología de lo positivo y bajo el denominativo de ilusión la epistemología de lo negativo.

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En la certeza sensorial, obertura de la obra de 1807 un mundo se presenta como inmediatez inaprehensible; el mundo es inmediatamente. El Ser se presenta como lo inmediato, la captación de nuestros sentidos dan cuenta de ello, la grandeza de la certeza es definida por el esplendor proveniente de la sensibilidad romántica. Hegel parte del hombre que ha dejado el reino de las bestias para encaminarse por la vía del saber hacia su reconocimiento como espíritu, largo transcurso de separaciones. Primera separación; desprendimiento de la conciencia del devenir,  escisión fundamental. Estoy puesto como una conciencia en el mundo, ahora empezaré a buscar el saber en él. Al querer decir que he caído en esta escisión tan fundamental sólo alcanzo a decir que algo está siendo y que yo soy con él, no puedo decir gran cosa, quisiera abarcar la totalidad del mundo pero es imposible puesto que estoy escindido, sólo puedo decir que algo es en contraparte; soy. Podría renunciar a la empresa por quedarme en el goce, en vez de ir hacia el saber. Podría renunciar al saber y optar por el consumo cual bestia que posee al objeto y lo consume, habría cabida para ello, sin embargo hemos elegido junto a Hegel el camino disciplinado del saber; la forma de la ciencia bajo la experiencia de la conciencia:

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Tampoco las bestias están excluidas de esta sabiduría, sino que, más bien, prueban estar profundísimamente iniciadas en ella, pues no se quedan paradas delante de las cosas sensibles en cuanto que son en sí, sino que, desesperando de esta realidad, y en la plena certeza de su nulidad, se lanzan sin más sobre ellas y las devoran: e igual que ellas, la naturaleza entera celebra estos misterios revelados que enseñan cuál es la verdad de las cosas sensibles. [4]

Las cosas sensibles abarcan todos los reinos; el reino animal, el reino de los minerales, de los aires y de los mares, más la conciencia desiste de ello, se separa como una partícula escindida que se nombra hacía sí misma y que nombra lo que está fuera de sí. Siendo Yo el elemento indispensable para el nombramiento no puedo decir más que esto y este, que las cosas son, emito entonces el Ser inmediato. Pero el mundo que nombro se desvanece a diferentes ritmos. Todo se consume y lo consumo. Cuando lo consumo tengo la experiencia más exquisita del devenir pero acompaña lo efímero de la permanencia. El Ser que se me presenta es inmensamente rico pero también pobre. Aparece frente a mí la contradicción ¿Cómo puede algo ser rico y pobre al mismo tiempo? Por una parte estoy siendo en un mundo que es pero yo quiero decirlo todo, existe una imposibilidad de comunicar el Ser inmediato, por lo tanto la conciencia determina un momento del ser, ese momento determinado del movimiento será nombrado objeto.

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Con la negación de la certeza sensible la conciencia se contrapone al objeto, tomando a este último como lo verdadero y esencial, quedando la conciencia como lo inesencial. El este y el esto de la certeza sensorial devienen representación universal  ‘yo’ y ‘objeto’. La certeza de los sentidos en su relación con el Ser inmediato ha sido superada, diluyéndose y fijándose en el objeto. De la primera movilidad de la certeza brotan los elementos escindidos: Yo y Objeto. Para Hegel esta dupla se contrapone pero son parte de un movimiento mayor que los envuelve, los ecos de Heráclito se vislumbran en la dialéctica hegeliana.

Más allá del sentimiento romántico de la totalidad se trata en la percepción de centrar la mirada con carácter científico en el objeto y más que la mirada todos los sentidos. Esta linealidad en tanto que va del objeto al sujeto y viceversa es cuestionada por Hegel en tanto que positividad reforzada por los sentidos, bajo la figura de la percepción. Lo positivo hemos venido apreciando es inconcebible sin la negación, entonces esta positividad de la percepción engendra algo que acompaña a la cosa [5]; la ilusión.

Tras la escisión fundamental (positivo-negativo) el objeto se presenta en un afuera como contraparte de la conciencia. El objeto es el fruto de la negación del ser inmediato indeterminado quedando una nada que al ser negada tiene por resultado la positividad del objeto. Hegel nos acerca más allá de lo que a simple vista se presenta, examinamos entonces bajo los sentidos al objeto tal y como sucede en la ciencia clásica bajo artefactos que potencializan la visión; telescopios y microscopios. La verdad del objeto se encuentra en sus  propiedades,  estas lo hacen ser Uno en sí mismo en tanto que es igual a sí y ser-otro frente a otros objetos en tanto que es desigual. Las propiedades subsisten en él objeto, puede ser cúbico pero también salado y también blanco, las propiedades conviven en eso que nombramos como objeto. La percepción parece ser un momento sólido para la conciencia que se posa en esta figura centrándose en el objeto, los sentidos lo confirman. En este punto la esencia está en un afuera para la conciencia, aún no se percata ella de compartir tal esencia, nublada por los sentidos desmenuza al objeto hasta que este se vuelve imperceptible.

La inmediatez del Ser de la certeza sensible, el aquí y el ahora quedan fijos en el objeto que subsiste por sí mismo,  es en-sí pero también es para-otro en tanto que se niega con otros objetos, no es otro sino él mismo en su diferencia con otro objeto. Si nos conformáramos con el objeto como el hallazgo más grande no haríamos sino una celebración del objeto determinando sus propiedades bajo diferentes métodos alrededor de lo sensible, los resultados nos dirían aparentemente lo que el objeto es, sin embargo tomando por método la dialéctica los objetos y la conciencia se encuentran en un movimiento que los envuelve, en este punto es donde tiene mayor cabida la negación, siendo la Aufhebung [6] su potencia:

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El cancelar presenta lo que de verdad es su doble significado, que hemos visto en lo negativo; es, al mismo tiempo, un negar y un conservar; la nada, en cuanto nada del esto, conserva la inmediatez, y es ella misma sensible, pero es una inmediatez universal.- Mientras que es el ser es un universal por tener en él la mediación o lo negativo; en tanto que expresa esto en su inmediatez, es él una propiedad diferente, determinada. Con lo cual están puestas, a la vez, muchas propiedades, siendo una la propiedad negativa de la otra. [7]

Ya en la certeza sensible el poder de la Aufhebung se entreveía y es en la percepción donde es anunciada y será por siempre la potencia interna de la dialéctica de Hegel.

Es entonces en el capítulo dedicadoa la percepción en laFenomenología del espíritudonde Hegel realiza una epistemología doble. Por una parte, la epistemología del objeto que reposa en la coseidad compuesta por una comunidad de propiedades, mismas que hacen subsistir a la cosa y por otra parte la negación de ésta epistemología de la positividad que reafirma al objeto, creando un engendro por parte de la conciencia,la ilusión.

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Frente a la aparente linealidad del sujeto y el objeto, la dialéctica pone en movimiento los momentos alterando dicha linealidad. Si la conciencia capta por medio de la percepción, tal captar no es de un objeto inmóvil ni de una conciencia percipiente inmóvil que solo asimila sino quetanto objeto y sujeto son movimientos. El movimiento de la conciencia hacia sí misma es la reflexión, y que vuelta hacia sí niega al objeto creando un doble, un doble que es negativo; la ilusión. La conciencia se deslinda de este doble negativo volviendo una y otra vez a la afirmación del objeto en su positividad. Si nos situamos bajo la linealidad; el objeto se encuentra  condicionado por la relación cosa-sensibilidad, cosa-mundo, aquí de lo que nos habla Hegel como universal condicionado es la relación inmediata con el Ser de la certeza sensorial, para de ahí poder hablar de lo universal incondicionado; lo que cae en el elemento de la negatividad, se trata del alma que aún no se reconoce como cierta de sí misma. Ampliemos más esta epistemología doble.

La certeza sensible era rica y pobre, su riqueza se basaba en la sensibilidad ante al Ser y su pobreza en el mutismo del alma al captar lo negativo, problemática que se deja entrever al iniciar el camino del saber. La riqueza de la sensibilidad conserva el movimiento de negación que una y otra vez realiza la conciencia, el resultado de esto son el yo y el objeto, universales que emergen bajo la condición de la sensibilidad. Bajo la figura de la percepción se explora minuciosamente al objeto hasta descomponerlo en la multiplicidad de propiedades que subsisten entre ellas, tal subsistencia es nombrada como “coseidad” reunión o comunidad de propiedades del objeto.

En la percepción es donde se hace y deshace el objeto al mismo tiempo, queda fijo sin la intervención de la conciencia como pura transcripción, sin embargo la reflexión no es unilateral y acompaña todas las percepciones:

Así es como está hecha, pues la cosa de la percepción; y la conciencia está determinada como percipiente en tanto que esta cosa sea su objeto; tiene sólo que tomarla, y comportarse como un puro aprender; lo que así le resulte a ella es lo verdadero. Sí, en ese tomar, ella hiciera por sí misma alguna cosa, añadiendo o quitando, cambiaría la verdad. En tanto que el objeto es lo verdadero y universal, lo igual a sí mismo, mientras que la conciencia es lo variable y lo inesencial, puede ocurrirle a esta que capte incorrectamente al objeto, se engañe y caiga en una ilusión. Lo percipiente tiene la conciencia de la posibilidad de la ilusión. [8]

El capítulo de la percepción es al mismo tiempo una epistemología de la ilusión, del momento de transformación de la cosa por la conciencia, momento que siempre se le presenta, es este punto el que nos interesa remarcar. La ilusión es la inversión de la cosa, la cosa es la propiedad de lo percibido y la ilusión deviene de la propiedad de lo percipiente. Para Hegel la certeza de la percepción corresponde al sentido común, para el filósofo basta con percibir las cosas, sin embargo quien posee el sentido común posee también la ilusión de la cosa. Al momento de que la reflexión altera la cosa, esta se transforma.

La ilusión es una de las vertientes que toma la cosa, lo que interrumpe la ilusión es la intuición del alma misma, sin embargo aún no se realiza, no es la percepción la figura para que tal momento pueda darse. En la percepción el alma viene muda y centrada en un momento, toma la luz del objeto, lo luminoso de este, luminosidad que ocupa lo abstracto. Ya la oscuridad empieza a ser acechada por la luz de lo real reflejada de los objetos, ahora, tal luz que aquí nombramos no es más que la ilusión, pues el objeto en su trayecto hacia el alma sino que siempre es interrumpida por la reflexión modificándola. La reflexión es expresada bajo una opinión acerca del objeto, la opinión depende de la percepción del objeto, la opinión sobre un objeto bajo la Episteme proveniente de la sensibilidad. Acudimos al espectáculo trágico de la perdida de verdad de la sensibilidad a través de la escisión penetrante.

¿Cómo se inmiscuyó la ilusión en el camino del conocer? Es la pregunta que responde Hegel en este capítulo y es hacia donde hemos inclinado el estudio.  La conciencia al caer en la posibilidad de la ilusión realizaba el movimiento tratando de alejarse de la ilusión y acercase a lo que realmente es. Tal suceder de la conciencia escindida genera tanto determinación del objeto como ilusión sobre él, pues la conciencia no permanece quieta, es empujada por el devenir del saber. Esta dialéctica permite a Hegel ir más allá del objeto como lo verdadero, dirigiendo a la conciencia hacía sí misma. La certeza sensible en este punto ha sufrido un cambio de posición desde lo positivo hacia el elemento de lo negativo.

Con la epistemología de la ilusión lo negativo tendrá un papel fundamental en la Fenomenología, la ilusión es el primer momento del fenómeno, lo que es y no-es. A través de dicha epistemología la noción de lo negativo cobra un valor indispensable en el camino de la conciencia hacía la autoconciencia y de ésta al espíritu.

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Bibliografía

 

G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Edición bilingüe de Antonio Gómez Ramos Abada/U.A.M., Abada, Madrid, 2010.

H.G. Gadamer, La dialéctica de Hegel, Cátedra, Madrid, 1994.

I. Kant, Crítica de la razón pura, Taurus, México, 2006.

J. Hyppolite, Génesis y estructura de la fenomenología del espíritu de Hegel Ed. Península: Barcelona, 1974.

Karl Löwith,  De Hegel a Nietzsche: la quiebra revolucionario del siglo XIX, Katz Editores, Buenos Aires, 2008.

Notas

[1] Hago mención principalmente de Karl Löwith en su obra; De Hegel a Nietzsche.

[2] J. Hyppolite, Génesis y estructura de la fenomenología del espíritu de Hegel Ed. Península: Barcelona, 1974.

[3] Gadamer, H.G., La dialéctica de Hegel, Madrid: Cátedra, 1994.

[4] G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Edición bilingüe de Antonio Gómez Ramos Abada/U.A.M., Madrid, Abada, 2010, pp. 175.

[5] Es importante señalar que Hegel utiliza para el término de “cosa” en dos momentos tanto das ding y die sache, en este punto se trata de das ding, entendiendo das ding como la cosa concreta de la percepción.

[6] Para la concepción de la Aufhebung, conviene hacer alusión al glosario de Antonio Gómez Ramos incluido en su edición de la Fenomenología; Estos tres significados (levantar, eliminar, conservar) conviven con igual derecho en el uso de Aufheben en alemán: el verbo designa tanto el acto de cancelar, abolir o suprimir una ley, una norma o una costumbre, como el de guardar algo y conservarlo para el futuro: son significados, en cierto modo, contrarios, pero ambos coherentes con el acto físico de levantar.Hegel, op cit., p 973.

[7]Hegel, op. cit., p. 181.

[8] Hegel,op cit., pp. 183-185.

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