El elemento religioso en Jean Jacques Rousseau:

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El elemento religioso en Jean Jacques Rousseau:

El papel de lo divino en la educación del ciudadano

Cuando se discute, es difícil no adoptar alguna vez un tono afirmativo;
pero recuerda siempre que aquí todas mis afirmaciones no pasan de ser razones para dudar

Jean Jacques Rousseau. La profesión de fe del vicario saboyano

 

Introducción

Sabemos que en nuestros días, la religión ha pasado a segundo plano en lo que respecta a la formación ética del ciudadano. Si bien, el poder eclesiástico se ha constituido en un enorme poder político y económico, el discurso educativo actual se ha posicionado en favor del laicismo, de tal manera que en las escuelas públicas (que son la mayoría en nuestro país), podría parecer que la religión no sólo no orienta la formación cívica y ética de los alumnos, sino que además es un tema tabú. Esto se debe a que los filósofos y educadores actuales han convenido en decir que se puede ser “moral” sin necesidad de acudir a la religión.

Independientemente de que esta afirmación sea correcta o no, lo cierto es que el hombre no vive al margen de la creencia religiosa, aunque nazca ateo, y con mayor razón si nace en el seno de una familia creyente. De esto se deduce que todos los valores implican una estrecha relación con la creencia religiosa. Pero ¿de dónde viene a ser que la religión haya influido sobre las nociones de democracia, tolerancia, respeto al prójimo, responsabilidad, etc.? Llevar a cabo una genealogía de este tipo, excedería por mucho la intención de este trabajo, sin embargo, me parece que, como una primera aproximación al problema, es posible comenzar por rastrear el elemento religioso en una de las filosofías que han inspirado la mayoría de las formas de gobierno que conocemos hoy en día. Me refiero, como bien se deduce, a la filosofía de Jean Jacques Rousseau.

¿Qué importancia puede tener hacer referencia al elemento religioso en su filosofía? Demasiada, diría yo, por cuanto que todas sus concepciones en torno a la soberanía, la educación, los gobernantes, los deberes del hombre, la ciudadanía, etc., se ven atravesados por sus creencias religiosas, sea que en algunos textos se aprecie en forma más evidente y en otros en forma velada. Toda filosofía, a final de cuentas, no es producto de un razonamiento puro, sino que lleva influencia de nuestras vivencias, la educación de nuestros padres, y todas nuestras experiencias de vida. Rousseau lo sabe muy bien y lo reconoce lúcidamente en obras como La profesión de fe del vicario saboyano. Así, encontramos que la religión es uno de los ejes principales en el pensamiento rousseauniano y, por ende, jugará un papel determinante en toda su producción filosófica.

Este trabajo aborda un breve esbozo de los vínculos que unen a Rousseau con su religión de origen: el protestantismo calvinista, así como también algunas consideraciones en torno a esta doctrina que han sido extraídas de la obra de Max Weber la Ética protestante y el espíritu del capitalismo, con el fin de establecer comparaciones precisas que puedan arrojar luces sobre la influencia que tuvo esta forma de protestantismo en la filosofía rousseauniana. Posteriormente, haré énfasis en lo que respecta a las ideas religiosas de Rousseau: su concepción de la divinidad, su afirmación acerca de la existencia de Dios, la importancia que para la formación moral tiene la religión, el problema de religiones totalitarias e intolerantes, el problema que conlleva ubicar a Dios a la cúspide de un Estado y la cuestión de la libertad del hombre (como una forma en la que Rousseau se distancia de la doctrina calvinista de la predestinación). Por último, una vez realizado el recorrido mencionado, expondré consideraciones precisas en torno a la cuestión religiosa en la educación del ciudadano.

Jean Jacques Rousseau es un espíritu solitario que por encontrar lo valioso de muchos, se enemista con todos, pues los hombres son tajantes, o se está con ellos o contra ellos.

Las religiones de Rousseau

De sobra se sabe cuán determinante es para la vida del hombre la educación religiosa que recibe en el seno de su familia. Se trata de huellas que, aunque puedan atenuarse con el paso del tiempo, quedarán impresas por siempre en el individuo. Así pasó con Rousseau, quien nace en el seno de una familia que lo educa en la religión protestante de corte calvinista. Amó su infancia y todo lo que hubo en ella, hasta la tierna edad de 11 años, en la que conoció la violencia a manos de su amo, el señor Ducommun y, por si ello no fuese suficiente desgracia, a los dieciséis años, como consecuencia de su huida de Ginebra, tiene que cambiar de religión para poder subsistir. En Rousseau se opera una fusión, un sincretismo religioso que será el pilar de sus concepciones en torno a la divinidad en su filosofía. Sin embargo, para poder tener una mayor comprensión de estas transiciones es necesario que hagamos un breve recorrido a través del cual podamos ir mostrando el sentir y el pensar de Rousseau a este respecto, comenzando, por supuesto, por su infancia.

 

La educación religiosa de Rousseau

Gracias a sus Confesiones es posible conocer cómo vivió Rousseau, en especial, durante los primeros años de su vida. Sabemos que el que su madre muriera al darle a luz le ocasionó un severo remordimiento, incrementado en buena medida por las actitudes que su padre tomaba con él a este respecto. Sin embargo, algo que recuerda con gran emoción era la forma en su padre le hizo amar la lectura.

El protestantismo no sólo influye en su visión del mundo por cuanto su padre y sus tías lo profesaban, sino también le llega, por el lado de su madre, quien había sido hija de un pastor protestante. Rousseau, como los hijos de los protestantes, se había cultivado notablemente en la infancia. Las lecturas que hacemos de niños y los comentarios que en nuestra familia se hacen a ellas, determinan tanto nuestra orientación adulta.

A este respecto, escribe Rousseau:

Con el verano de 1719 se concluyeron las novelas. Agotada la biblioteca de mi madre, tuvimos que acudir en el inmediato invierno a la parte que nos había tocado de mi abuelo. Se encontraban en ella muy buenos libros, por fortuna, como no podía menos de ser procediendo de un pastor verdaderamente sabio, según la moda de entonces, y hombre de talento y buen gusto.

Debido a un conflicto surgido durante un duelo, su padre fue expulsado de Ginebra y Rousseau quedó en manos de su tío, quien a su vez, lo remitió a la casa de un tal señor Lambercier que también era un pastor protestante. Si bien, Rousseau nunca afirma haber recibido una enseñanza verdaderamente extraordinaria por parte de este pastor, lo cierto es que sí le reconoce algunos méritos y, como es de esperarse, la influencia religiosa del protestantismo se agudiza durante su permanencia en casa de este señor.

Después de más vicisitudes, Rousseau regresa a casa de su tío, donde Rousseau afirma recibir un trato violento y cruel que lo convierte en un ser tímido e inseguro, lo cual lo lleva a huir de la ciudad de Ginebra para evitar un castigo al no poder regresar a ella antes de que cerrasen las puertas. Cuenta, en un conmovedor párrafo de sus confesiones, que lo que le hubiese gustado habría sido el no tener que separarse de su patria, de su familia y sus amigos, y que, en el seno de su religión, su vida habría sido tranquila y dulce. Pero en lugar de todo ello, tuvo que vivir lo que lo llevó a ser quien sabemos que fue.

A lo largo de toda su obra, es posible dar cuenta de la influencia del protestantismo en su vida, influencia ejercida con mayor impacto en la infancia. Su padre, notablemente religioso, sus tías devotas, el señor Lambercier y su esposa y las lecturas hicieron que en cada sermón se sintiera profundamente conmovido, con propósitos de bien vivir, según dictaban las normas del protestantismo. Si bien, en casa de Ducommun la religión quedó relegada, no por ello dejó de creer en el culto que desde que nació le había rodeado. Si a esto le sumamos la gran sensibilidad que Rousseau cuenta que tenía desde niño y que, ya en su infancia, él pensaba como un adulto, entenderemos que toda la educación religiosa se arraigó en él como en pocos chicos de su edad y lo seguiría acompañando pasara lo que pasara.

 

Del protestantismo al catolicismo:

La difícil conversión de Rousseau

Una vez que abandonó Ginebra, Rousseau fue auxiliado por un párroco de Saboya, llamado Pontverre. Rousseau no quería cambiar de religión, pero escuchaba atentamente los intentos de conversión que hacía este párroco para lograr conseguirlo para las filas de los creyentes católicos. Mediante este párroco conoce a Madame de Warens, quien lo impacta sobremanera cuando recién se conocieron y, aunque no fue a vivir con ella inmediatamente (pues fue designado a un hospicio dedicado a la conversión de “los herejes” en Turín), después regresaría a su hogar y se daría entre ellos una relación amorosa muy importante en la vida de Rousseau.

Para Rousseau, cambiar de religión significaba traicionar todo lo que de niño había conocido a cambio de un plato de comida y un lugar para vivir; este sentimiento le pesó muchísimo mientras estaba consciente de que no adoptaba de corazón las ideas del catolicismo:

La buena comida del señor Pontverre había producido también su buen efecto. Así es que me había ilusionado agradablemente con todo esto. No considerando al papismo más que en su relación con las diversiones y las golosinas, me había familiarizado sin trabajo con la idea de vivir en su seno; pero no se me había ocurrido la de ingresar solemnemente sino en mi escapatoria y en un porvenir lejano. A la sazón, ya no había que engañarme y vi con el horror más vivo la suerte de compromiso que había contraído y su inevitable consecuencia (…), y no pude ocultar a mis ojos que la santa obra que iba a hacer no era más que un acto de bandido. (…) sea cual fuere la religión verdadera, iba a vender la mía, y que aun cuando escogiese bien, mentiría en el fondo de mi alma al Espíritu Santo y merecería el desprecio de la humanidad.

Con todo, siendo niño, albergaba la inocente idea de que, al recibir la instrucción católica por parte de los sacerdotes, podría oponerles resistencia en la medida en que plantease sus objeciones. Rousseau era un jovencito culto y podía argumentar muy bien, según nos cuenta, pero varios incidentes lo harían desistir de esta idea y esforzarse por que la conversión fuese apresurada. Ya no quería seguir viviendo en el hospicio de Turín. Echado a la calle después de que la Inquisición lo absolviera del crimen de herejía y de una ceremonia en la que se hacía constar su conversión al catolicismo, anduvo algún tiempo sin rumbo para luego volver a la casa de Madame de Warens, en donde las charlas sostenidas con ella, enriquecerían nuevamente su visión sobre la religión. Sin embargo, durante el tiempo en el que aún no regresaba a la casa de Madame de Warens, conoció a la señora de Vercellis, quien lo puso en contacto con un abate saboyano de nombre Gaime, quien tomó a su cargo la educación moral y religiosa de Rousseau, y será una de las dos figuras que inspirarán el discurso del Vicario Saboyano. El presbítero Gaime influyó decisivamente en Rousseau, de tal manera que si bien, bajo su tutela todavía no se hallaba del todo convertido en su fuero interno, las palabras de Gaime dejaron profunda huella en su corazón.

A partir de esta época, Rousseau entra en contacto frecuente con sacerdotes que le aportan enseñanzas útiles, como es el caso del abate de Gouvon, quien le enseñó a leer menos pero a profundizar más, según nos cuenta. Sin embargo, la otra figura decisiva en la que se inspira el Vicario Saboyano estará dada por el abate Gartier quien, nos dice Rousseau, tenía una paciencia y una benevolencia en abundancia, sin embargo, cuando se encontraba ya lejos de Rousseau, fue hecho preso por haber tenido un hijo con una mujer soltera:

Ignoro si en lo sucesivo habrá podido rehabilitarse, pero el dolor que me causó su infortunio, grabado profundamente en mi alma, se renovó cuando escribí Emilio; y, fundiendo al abate Gatier con el abate Gaime, formé de esos dos dignos sacerdotes el original del vicario saboyano, y me lisonjeo de que la imitación no ha desvirtuado a sus modelos.

Así, la religión católica comienza a formar parte de la moral de Rousseau. Sin embargo, a lo largo de su vida, no dejará de encontrarle objeciones que lo harán ser perseguido por las autoridades eclesiásticas que también terminarán quemando sus libros. De tal suerte que, cuando vuelve a Ginebra, después de muchos años, decide regresar a su religión de origen: el calvinismo. Entregado por completo al celo patriótico, comprende que para recuperar sus derechos de ciudadano, debe regresar al calvinismo. De igual forma, la aversión que terminó sintiendo por los enciclopedistas hizo que, en lugar de debilitar su fe, ésta se mantuviera más viva que nunca. Volvió a efectuar una conversión y recibió lecciones del pastor de la parroquia en donde vivía. Sin embargo nunca la abrazaría de nuevo en forma plena y total, y de esto seremos testigos cuando analicemos algunos aspectos religiosos de su filosofía.

La ética protestante y su vertiente calvinista

Con el fin de ubicar más adelante cuáles son los aspectos en los que Rousseau se distancia y al mismo tiempo conserva de sus dos religiones, principalmente en lo tocante a su religión de origen, el calvinismo, es menester que puntualicemos sobre algunas de las principales características que la conforman. Por lo que respecta al catolicismo, no entraremos en detalles y solamente me limitaré a enunciar, en un apartado ulterior, las críticas que Rousseau le dirige en algunas de sus obras.

El protestantismo nace oficialmente en 1517. El contexto que determina su advenimiento está vinculado al hecho de que los poderes seculares de la Iglesia Católica querían extender sus potestades sobre sus propias naciones pero la Iglesia Medieval los obstaculizaba, así como también los frenaba en el aspecto económico.

Martín Lutero, monje agustino y profesor de teología, criticó las incongruencias de la fe y los abusos de los representantes religiosos, rechazó la superioridad del papado y la infalibilidad de los concilios, con lo que obtuvo una condena por hereje y lo excomulgaron. Lutero consideraba que si la ley iba en contra de la libertad de expresión, entonces la ley debería ser ignorada.

En Ginebra aparece otro reformador: Juan Calvino, cuyo libro La Institución de la Religión Cristiana se convirtió en el más importante de su siglo. El Calvinismo se manifestó como una ideología combatida, aunque llegó a ser tan rígida como el catolicismo, aunque éste mostraba su rigor en la vida pública, y el calvinismo lo hacía en la vida privada. Weber considera al calvinismo como una especia de Tiranía Puritana. Como bien dijo Rousseau, los hijos de los protestantes reciben una mayor instrucción en relación con los hijos de los católicos (al menos esto también era así en el tiempo en el que Max Weber lleva a cabo su investigación). Y en lo concerniente a la naturaleza de su educación, los católicos tienden a una educación de corte más humanista, ya que los protestantes privilegian los estudios técnicos y mercantiles. Esto se debe a que, al haber sido oprimidos y perseguidos durante tanto tiempo, los protestantes desarrollaron sus bases éticas en función de un racionalismo económico, mientras que los católicos tienden a educar a sus fieles bajo una indiferencia en lo que respecta a los bienes materiales. Así, la educación religiosa del protestantismo calvinista ofrece las condiciones ideales para una educación económica.

El catolicismo ve en el calvinismo a su peor enemigo, debido a que, si bien Lutero es el iniciador de la Reforma, ésta no habría sido posible sin las bases de Calvino. El luteranismo también ve al calvinismo como opositor, debido a que este último propone la doctrina de la predestinación, en la cual se niega el libre albedrío debido a que Calvino considera que Dios ya ha elegido de antemano quiénes son merecedores de la gracia y quiénes han nacido para ser condenados por el pecado.

Para Calvino, sólo Dios es libre, no está sujeto a ninguna ley y sus designios solamente pueden comprenderse cuando a algún hombre se le ha concedido la gracia de la Revelación.

Otra de las características importantes del calvinismo es que negaba la tutela eclesiástica: Dios creó al mundo y sus criaturas para que le honrasen y no para ser ellas mismas objeto de adoración. Los calvinistas también eran intolerantes por cuanto detestaban a quienes eran condenados al infierno por no ser objeto de la elección divina, aunque esta idea se iría transformando con el tiempo.

Hasta aquí la descripción grosso modo de las características principales que integran la doctrina metódica del protestantismo de corte calvinista. Todo lo anterior nos servirá para ir vislumbrando qué de estos aspectos es posible encontrar en las ideas religiosas y en la obra filosófica de Jean Jacques Rousseau, sobre todo en lo tocante a la educación del ciudadano.

La profesión de fe del ciudadano de Ginebra:

aspectos religiosos en la filosofía de Rousseau

Analizar el elemento religioso en la filosofía de Rousseau no es, por supuesto, tarea fácil, puesto que no sólo implica referirnos a las cuestiones en que de manera explícita hace alusión a sus creencias religiosas, sino también es menester hacer mención de algunos aspectos nodales de su pensamiento que pueden estar inspirados en la educación moral que adquirió, producto del sincretismo religioso que se operó en él. Por consiguiente, intentaré mostrar en orden cronológico, las particularidades que asocio con ambos aspectos: lo manifiesto y lo implícito de la cuestión religiosa en la obra rousseauniana.

El Discurso sobre las ciencias y las artes.

En esta obra, la principal tesis de Rousseau sostiene que las ciencias y las artes son placebos que sirven para que los hombres no se percaten de que son sometidos por sus gobiernos o por quienes se hallen en posesión del poder. Las ciencias y las artes son distractores que contribuyen a la corrupción de las costumbres. Asimismo, aquí aparece la figura de Sócrates como un referente que le guía en sus consideraciones acerca de la virtud cívica. La virtud es entendida aquí por Rousseau como “una total independencia, es suficiente para lograr la felicidad”.

Es sumamente interesante ver cómo Rousseau se pronuncia contra el sometimiento y contra los placebos que conducen a éste, y que además conciba a la virtud como una total independencia. Esta protesta contra la autoridad de los hombres sobre los demás hombres, opera en el calvinismo por cuanto no soporta otra autoridad que no sea la de Dios. Asimismo, el hecho de que las ciencias y las artes contribuyan a corromper las costumbres, nos habla precisamente de ese orden moral tan importante en la vida del individuo, que concibe el calvinismo. Recordemos que es una religión metódica que insta al hombre a observar una buena vida conforme a los preceptos divinos. Por otra parte, la figura de Sócrates, aquí exaltada como modelo de virtud, no siempre ostentará el primer lugar en su pensamiento, pues ya veremos, más adelante, en La profesión de fe del vicario saboyano, cómo la figura de Cristo reemplazará a Sócrates como modelo de virtud.

 

Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

Para lo que nos interesa en este trabajo, lo relevante en esta obra consiste en que Rousseau distingue dos principios anteriores a la razón: el interés por nuestro propio bienestar (que llama amor de sí) y el sentimiento de piedad, que implica una repugnancia natural a presenciar el sufrimiento ajeno. Esto se debe a que nuestra condición de seres sensibles es anterior a la condición de seres racionales.

Esta tesis se mantendrá en Rousseau por cuanto la retoma en La profesión de Fe. Es su argumento para rebatir a Helvetius, quien dice que solamente actuamos en función de un interés propio y que sólo nos relacionamos con los demás en la medida de nuestra conveniencia. Para Rousseau esto no puede ser, porque el hombre es bueno por naturaleza y esto, además de todas las implicaciones que conlleva y que no vamos a desarrollar aquí, supone que la Providencia hizo al hombre a su imagen y semejanza: Dios es bueno, por ende, su creación es buena por naturaleza. Cuando el hombre es malo, lo es porque se aleja de la razón divina.

A este respecto, Rousseau aborda el problema de la libertad y, es aquí precisamente, donde podemos ser testigos de uno de los pocos distanciamientos que Rousseau hace con relación al calvinismo. Recordemos que Calvino propone la doctrina de la predestinación y niega el libre albedrío. Rousseau no lo seguirá en esto y proclamará una idea de libertad, según la cual por ella somos capaces de actuar en beneficio o perjuicio propio, y de acatar o no las órdenes de la naturaleza.

Discurso sobre la Economía Política.

En esta obra, Rousseau discurre en torno a la teoría de la administración pública. Asimismo, distingue a la Voluntad General como el principio básico de la economía política y al pueblo como único detentador de la soberanía y del poder de hacer las leyes. El sentido de la economía en Rousseau gira en torno a las nociones de “gobierno de la casa en pro de la familia y de gobierno de la gran familia, que vendría siendo el Estado. Para Rousseau, la opulencia era la causa directa de la corrupción.

En esta obra, se refiere a la ley como una voz celeste que enseña al hombre a actuar según su propio juicio y a procurar que haya coherencia entre lo que dice y lo que hace:

Por muchos sofismas con los que coloreemos todo esto, no deja de ser cierto que si se puede constreñir mi voluntad yo no soy libre y que dejo de ser dueño de mi bien desde que otro puede tocarlo. Esta dificultad que debería parecer insuperable, fue salvada mediante la más sublime de las instituciones humanas o quizá mediante una inspiración celeste que le enseñó al hombre aquí abajo los derechos inmutables de la divinidad. (…) Estos prodigios sobra de la ley es tan solo a la ley a quien los hombres deben la justicia y la libertad. (…) Es esa voz celeste quien dicta a cada ciudadano los preceptos de la razón pública; quien le enseña a obrar según las máximas de su propio juicio y a no caer en contradicción consigo mismo.

Por supuesto, con lo anterior Rousseau no quiere decir que las leyes provengan del cielo, sino que lo que llama la atención aquí es cómo, al mismo tiempo en que vincula la existencia de la libertad gracias a la existencia de las leyes, en escritos posteriores como La profesión de Fe… nos mostrará que el hombre es libre porque así quiso Dios que fuera. Dios, que es La Ley del universo, le otorga al hombre la libertad para que, a través de su ejercicio, logre ser merecedor de la Gloria divina.

Carta a Voltaire sobre la Providencia.

Cuando después de los sucesos acaecidos durante un terremoto en Lisboa, Voltaire osa preguntar cómo es posible que Dios, siendo omnipotente, consienta el mal y el dolor, Rousseau, preocupado por su pesimismo, decide exponerle su pensamiento en una carta en la que resalta la firmeza de sus convicciones. Hace frente al ateísmo de los enciclopedistas y también al deísmo frío de Voltaire. Rousseau le critica a Voltaire que se olvide, siendo tan versado en cuestión de ciencia, de las leyes de la naturaleza que ya ha enunciado Newton. Además, le hace ver que la cuestión no es saber por qué el hombre no es perfectamente dichoso, sino por qué existe, y que la mayor parte de nuestros males (físicos) son producto de nuestras acciones.

Rousseau muestra su preocupación por el cuestionamiento que Voltaire lanza contra Dios. Rousseau no puede cuestionar a Dios, es su guía, su orientación en la vida, y de alguna manera tiene que defenderlo. En esta línea, la figura de Dios aparece, para Rousseau como el non plus ultra de todo cuanto existe en el universo:

Los verdaderos principios del optimismo no pueden sacarse ni de las propiedades de la materia, ni de la mecánica del universo, sino sólo por inducción de las perfecciones de Dios que preside todo; de este modo, no se demuestra la existencia de Dios por el sistema de Pope, sino el sistema de Pope por la existencia de Dios y no cabe duda que es de la cuestión de la Providencia de donde deriva la del origen del mal.

Esto último lo explica Rousseau a través del mal entendimiento que se ha hecho en relación con la cuestión de la Providencia, sobre todo por causa de los devotos y los sacerdotes. Esta atribución la hace Rousseau tanto contra los protestantes como contra los católicos y, tiempo después de haber escrito a Voltaire, Rousseau dirige su encono contra un pastor protestante, de nombre Formey, que es quien publicó dicha correspondencia sin el consentimiento de su autor.

Por otra parte, al decir que Dios no es el responsable por el sufrimiento humano sino que lo es el mismo hombre, Rousseau restituye la responsabilidad del obrar bien al ser humano y esto, como ya vimos en el apartado anterior, tiene mucha relación con la idea de responsabilidad que promueve el calvinismo: la preocupación del hombre por sus acciones. Si bien, Rousseau no se preocupa por las buenas obras en la medida en que lo hacen los demás protestantes (recuérdese aquí que esta preocupación surge a partir de la doctrina de la predestinación como una forma de aliviar la angustia), sí lo hace en función del compromiso de responsabilidad que tiene para con sus semejantes.

Julia o la nueva Eloisa.

Cuando Rousseau escribe esta obra, se observa una mayor madurez en su pensamiento religioso. Se trata de una novela epistolar que le permite ir aislando los distintos elementos de su cosmovisión religiosa, transfiriéndolos a sus personajes principales, logrando con ello un dramatismo ético – religioso que gira en torno a un dinamismo dialéctico. De estos tres personajes, encontraremos que Julia encarna la personalidad de una mujer devota, Saint-Preux encarna al personaje racional y Wolmar representa al ateo pero virtuoso y tolerante. La novela nos presenta varias reflexiones sobre la religión, por cuanto nos ofrece una genealogía del ateísmo, que Rousseau logra contraponer con la devoción de la protagonista. El ateísmo de Wolmar se presenta como un ateísmo atemperado, lejos de cualquier fanatismo, como una forma que Rousseau encuentra de mostrar a sus ex amigos, los enciclopedistas, que no necesitan imponer su visión de las cosas y que la tolerancia, sea uno religioso o ateo, debe orientar el proceder humano. Asimismo, la idea del arrepentimiento y de la salvación a la que conduce es un elemento que distancia a Rousseau del calvinismo y lo acerca al catolicismo: Julia comete el error de entregarse a su amado Saint-Preux sin el consentimiento de sus padres y sin la bendición de Dios, sin embargo, antes de causar más daño a su familia Julia recapacita y se aleja de su amado, aun con todo su pesar, con lo que, logra al final, regresar al camino indicado por Dios.

Un elemento recurrente en la novela es el tema del dinero. Por ejemplo, vemos que Julia obliga a Saint-Preux a aceptar su dinero; en otra parte, se habla de que el padre de Julia pagará a Saint-Preux una cantidad por sus servicios como preceptor; y en otra carta, Saint-Preux ofrece dinero a un hombre que le hospeda durante un viaje, acción que lleva al hombre a sentirse ofendido. Al respecto, escribe Rousseau a través de Saint Preux:

Sin embargo, el dinero es escaso en el Alto Valais; mas por ello los habitantes viven a gusto; además los alimentos son abundantes, sin ninguna exportación al exterior, sin consumo de lujo en el interior, y sin que el cultivador de la montaña sea menos laborioso, ya que considera el trabajo, incluso, como un placer. Si alguna vez tienen dinero, serán infinitamente más pobres; y esto lo saben muy bien, puesto que en el país hay minas de oro cuya explotación no está permitida.

El dinero es, para los protestantes, un medio para generarse condiciones de bienestar que les impidan caer en el vicio y la corrupción, siempre cuando no se llegue a la ostentación. La idea del deber en el protestante tiene que ver con la idea de profesión, que desarrollaré más ampliamente cuando aborde el tema del vicario saboyano, sin embargo, puedo adelantar aquí que, en el protestantismo, la profesión se identifica con una misión impuesta por Dios. Todo deber del hombre así, estaría dado en primera instancia por los designios divinos.

Emilio, o de la Educación.

Sin duda, la parte más representativa del pensamiento religioso de Rousseau en Emilio está contenida en La profesión de fe del vicario saboyano, sin embargo, por ser esta parte sumamente relevante en el tema que nos ocupa, merece una reflexión aparte.

El preceptor mantiene alejado a Emilio de la religión hasta cumplir 15 años, ya que a su parecer, es imposible que Emilio comprenda y razone verdaderamente todo cuanto a ella toca. Y en este punto, el deseo del preceptor es que el razonamiento que haga Emilio de la religión no sea mediante los acercamientos metafísicos tan comunes de la época que mucho argumentan pero no dicen nada en concreto y presentan una imagen abstracta de Dios en la que solamente sería posible creer por imposición, más no por verdadero convencimiento. Emilio debe ser educado por y para la libertad y lo mejor es mantenerlo alejado de las variadas opiniones que se dan en materia religiosa, con el fin de evitar cualquier imposición que impida el desarrollo de la autonomía de su pensamiento.

Rousseau quiere para Emilio una religión natural que, precisamente, llama “natural” porque el hombre, mediante su propio esfuerzo puede encontrar a Dios. Lo que debe hacerse para ello, es eliminar a todos los intermediarios que solamente confundirían con dogmas impuestos la razón del niño.

Es justamente, a través de todo el discurso del vicario saboyano que Rousseau quiere mostrar a Emilio un método para acercarse a esa religión natural. Un método que se inspira en Descartes. Pero, antes de entrar en detalle en lo tocante a esto, sólo quisiera resaltar que otro de los elementos calvinistas que pueden hallarse muy arraigadamente en el Emilio es precisamente la idea de profesión: Rousseau quiere para Emilio el oficio de ebanista:

(…) el cual es limpio, útil, se puede ejercitar dentro de casa, mantiene en suficiente movimiento al cuerpo, requiere industria y maña en el artífice (…) provenga el valor de la obra y no del artífice. (…) Menester es que trabaje como un rústico y piense como un filósofo, para que no sea tan haragán como un salvaje.

Es posible reconocer que, en el oficio que ha de desempeñar Emilio, está presente la idea protestante de la profesión, por cuanto en ella se distinguen elementos morales. En la idea de profesión acuñada en el protestantismo, la conducta moral consiste en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo.

La profesión de fe del vicario Saboyano.

Como he mencionado, Rousseau muestra a Emilio su pensamiento en materia religiosa a través del discurso del vicario saboyano que, como también sabemos, es un personaje inspirado en los sacerdotes que conoció en su juventud y le hicieron reflexionar acerca de su papel en el mundo y su relación con la divinidad. Por supuesto, este texto, más que estar dirigido a Emilio, es la forma que Rousseau encuentra para mostrar a católicos y protestantes el problema del fanatismo en sus respectivas doctrinas y los conflictos que le imponen al creyente, al grado en que pueden conseguir muy bien empujar a cualquiera al ateísmo. Asimismo, este texto también pretende fijar la posición de Rousseau con respecto al ateísmo de los enciclopedistas, y encierra las reflexiones directas o indirectas de más de una década del pensamiento religioso de Rousseau. Al mismo tiempo, escribirlo le traería graves consecuencias: Diderot, Voltaire, Grimm, entre otros, lo acusarían de traidor, y sería perseguido por la Iglesia católica, al tiempo en que, no obstante que no arremete tan fuertemente contra el protestantismo como lo hace con el catolicismo, también sería objeto de indignación por parte de algunos fieles protestantes. Se dice que Rousseau fue un chivo expiatorio para acallar las revueltas intelectuales en materia religiosa de la Europa de 1762.

Una de las partes de mayor peso en esta obra va en función de probar la existencia de Dios mediante marcos epistemológicos que diferían de las otras demostraciones metafísicas. Esto tiene su razón de ser en el hecho de que los enciclopedistas no lograron convencer a Rousseau de adherirse al teísmo y lo obligan a hacer uso de dogmas probables dentro de una lógica de fe racional.

Otro de los momentos álgidos del texto, lo constituye el constante debate que Rousseau entabla con Helvetius a raíz de haber leído la obra de éste De l´espirit, cuyos principios eran considerados por el ciudadano de Ginebra como peligrosos. La obra de Helvetius juega aquí un papel importantísimo por cuanto le permite a Rousseau la estructuración de la parte afirmativa de la religión. La profesión de fe representa el momento cumbre de la madurez del pensamiento religioso rousseauniano.

Uno de los momentos que en la obra nos remite nuevamente al protestantismo se nos presenta cuando Rousseau alude a que las críticas del vicario a su propia religión (católica) parecían las de un protestante:

Pero ¿qué debía pensar cuando le oí alguna vez aprobar dogmas contrarios a los de la Iglesia romana, cuando parecía que estimaba sólo medianamente todas sus ceremonias? Lo hubiera creído un protestante secreto si lo hubiese visto menos fiel a esos mismos usos de los que parecía preocuparse poco; pero, al saber que cumplía sus deberes de sacerdote sin testigos tan puntualmente como ante los ojos del público, no sabía ya qué pensar de esas contradicciones.

La razón por la cual, siendo protestante, Rousseau decide que el vicario, portador de su pensamiento, sea precisamente un sacerdote católico, quizá consista en el hecho de hacer énfasis en que su religión es anterior a las diferencias que trajo consigo la ramificación religiosa producto de La Reforma, y aunque aprovecha la ocasión para arremeter con ataques antipapistas, lo cierto es que La profesión de fe del vicario saboyano es quizá un llamamiento a la tolerancia por parte de ambas doctrinas, una invitación a reflexionar sobre todos los aspectos que en ellas impiden el reconocimiento y la aceptación del Otro aunque este no profese el mismo credo. Rousseau, mejor que nadie sabía lo que la discriminación en materia religiosa puede dañar al ser humano.

Hay en esta obra infinidad de aspectos dignos de rescatarse, pues en toda ella se expone un pensamiento original y arduamente trabajado en materia religiosa, sin embargo, por razones de espacio, no me es posible ahondar sobre todos y cada uno de estos aspectos. Sólo quisiera finalizar este apartado, marcando nuevamente el apego de Rousseau al calvinismo por cuanto se distancia del vicario cuando este habla de su escepticismo involuntarios, veamos: “He ahí el escepticismo involuntario en el que he permanecido; pero tal escepticismo no es penoso porque no se extiende a los puntos esenciales de la práctica y me encuentro muy seguro acerca de los principios de mis deberes. Sirvo a Dios en la simplicidad de mi corazón. Sólo intento saber lo que importa a mi conducta”. Para Rousseau, este escepticismo depende de la condición de católico del vicario. Recordemos que el texto comienza haciendo referencia a un primer estado de escepticismo por parte del vicario que, mediante sus métodos racionales, logra superarlo. Sin embargo, este segundo escepticismo, difiere del primero porque únicamente se refiere a los dogmas que no influyen directamente en su conducta. Rousseau, a pesar de haberlo creado, no se identifica totalmente con el vicario, porque sigue abrigando para sí, preferencias marcadas por la religión protestante.

El Contrato Social.

“De la religión civil” es el apartado que en El Contrato Social denota en Rousseau un pensamiento que, más que estar orientado al tema de la religiosidad está en función de lo político, aunque sí toca aspectos religiosos derivados como consecuencia de ello. Esta obra guarda notorios contrastes con respecto a lo que acabamos de ver con La profesión de fe del vicario saboyano, a pesar de ser textos que fueron concebidos casi al mismo tiempo.

En esta obra, se abordan fuertes críticas al cristianismo, no sólo por cuanto Rousseau afirma que los cristianos son sumisos y resignados, sino que al asumir la Iglesia el poder político, coloca a Dios como jefe de la sociedad y de ello se deduce que ha habido tantos dioses como naciones, ya que de otra forma no es posible explicar que dos pueblos enemigos reconozcan a un mismo jefe.

Divide a la religión en religión del hombre y religión del ciudadano. La religión del hombre es la pura ley del Evangelio y la considera como derecho divino natural. La segunda, también nombrada como derecho civil o positivo, se inscribe únicamente en una nación particular y todo lo que esté fuera de sus cánones es considerado como hereje y bárbaro. También distingue una tercera clase de religión, a la que designa como religión del sacerdote y de a cual deriva “una especie de derecho mixto e insociable que no tiene nombre”. El problema de todas estas religiones gira en torno a varias dificultades que podríamos resumir en el hecho de que dividen a los hombres, o bien se les impide pensar y se vuelven crédulos, o propician la ruptura entre el individuo y la sociedad, o vuelven a los pueblos intolerantes y sanguinarios por cuanto buscan imponer su propia visión.

Existen aún muchas obras de Rousseau en las que podemos rastrear el elemento religioso, sin embargo, un esfuerzo de esta naturaleza supondría un análisis aparte.

Rousseau quizá deseaba una sociedad en la que no hubiere perseguidos, ni víctimas ni mártires asesinados, enjuiciados, condenados. La principal forma de contribuir al logro de tal empresa, consiste precisamente en educar al hombre en el marco de una tolerancia que presida el ejercicio de la ciudadanía dentro de un orden moral que le ayude a regular sus acciones siempre pensando en el beneficio de la sociedad, de la que él mismo no se excluye, puesto que forma parte integrante.

El pensamiento de Rousseau en su idea de

la educación del ciudadano

Toda la importancia que durante el presente trabajo he querido darle al elemento religioso que orienta la filosofía rousseauniana, tiene por finalidad llegar a este punto, en el que pretendo dar cuenta de cómo todo este entramado puede retomarse para analizar lo que en Rousseau se concibe como un buen ciudadano.

Se dice que Rousseau considera que se puede ser moral sin necesidad de ser religioso, sin embargo, sus protestas contra el ateísmo de los enciclopedistas nos conducen a pensar lo contrario ¿Por qué Rousseau no concibe el orden moral al margen de la religión? Considero que ello se debe precisamente a la influencia religiosa que orientó su vida desde pequeño, no sólo por cuanto refiere al protestantismo, sino también a los elementos católicos que pueden distinguirse en su pensamiento.

Si nos preguntasen hoy en día si la religión es condición de la moral, podríamos responder fácilmente que no, pero ello sería porque no nos habríamos detenido a pensar todos los procesos por los que ha pasado el orden moral actual y que en muy buena parte tienen sus raíces en los razonamientos y preceptos religiosos. A final de cuentas, podemos ser testigos de que cuando falla la democracia, opera en las sociedades una vuelta a lo religioso.

Sin duda, esta moralización del ciudadano mediada por el elemento religioso está dada en Rousseau por dos momentos: El primero atañe a la tolerancia que el Estado debe guardar con respecto a las opiniones religiosas de sus ciudadanos y también por la tolerancia que los ciudadanos miembros de la nación deben prodigarse entre sí.

El segundo momento nos remite a la llamada religión civil, en donde el factor religioso se halla presente en la medida en que logra cohesionar a los miembros de la sociedad:

El mismo espíritu guió a los antiguos legisladores en sus instituciones. Todos buscaron vínculos que afeccionasen a los ciudadanos a la patria y a los unos con los otros, y los encontraron en los hábitos particulares, en ceremonias religiosas que, por su naturaleza, eran siempre exclusivas y nacionales (…), en juegos que mantenían reunidos durante largas horas a los ciudadanos, en ejercicios que aumentaban con su vigor y sus fuerzas su orgullo y autoestima, en espectáculos que, recordándoles la historia de sus ancestros (…) movían sus corazones, los inflamaban de viva emulación y generaban en ellos sólidos vínculos afectivos hacia esa patria con la que se les ocupaba incesantemente.

El objetivo de la educación del ciudadano consiste en formar una voluntad autónoma que le permita guiarse por una ley que vincule a todos los miembros del Estado y que también determine a cada uno de manera individual, internamente, para que se hallen conjugados justicia y virtud.

El ideal humanista de Rousseau apunta a la reconciliación del ser físico con el ser espiritual (a las inclinaciones naturales del hombre con la moral que le posibilita la vida entre sus semejantes), a la de la razón con la naturaleza. Y en la medida en que ubicamos al hombre en sociedad no podemos desligarlo de la noción de ciudadano, porque las sociedades de los hombres se organizan en Estados. Si bien, la bondad es la condición que predispone al hombre al ejercicio de la virtud, también el ciudadano debe ser bondadoso para llegar al mismo fin. ¿Cuál es el papel que la religión juega en todo esto? Al orientar al hombre a ser congruente entre la moral que predica y la que practica, está también demandando esto mismo del ciudadano y lo predispone así, para llevar al ejercicio de su actividad todos los preceptos que han de orientar la organización de la sociedad en que vive. Tener un orden moral orientado desde la religión, predispone al individuo a no ser indiferente a la desgracia ajena y a participar activamente en los problemas de la comunidad. Al mismo tiempo, el ciudadano de Rousseau, debe amar tanto a su patria que haga de este amor una religión civil que le oriente en el cumplimiento de sus deberes para con ésta. Pero los deberes para con los demás son dados, por todo lo que hemos venido revisando, a partir de comprender la necesidad que tiene el hombre de vivir entre sus semejantes, en este sentido, sólo Dios puede vivir solo y ser feliz, el hombre no: “En sociedad (luego: en todas partes), el ser autosuficiente es miserable. Sólo Dios es un ser autosuficiente y feliz y el hombre no es un dios”.

Rousseau revoluciona las concepciones religiosas de su tiempo. Pero ¿cómo no iba a hacerlo? Si siempre buscó alentar en el individuo el deseo de atreverse a ver siempre más allá, a condición de que su visión esté orientada por las bases de la conciencia y de la razón.

Para finalizar…

A lo largo de este ensayo revisamos las implicaciones religiosas en una de las filosofías más importantes de todos los tiempos, así como también ir explicando el por qué de los razonamientos religiosos de Rousseau y cómo se configuraron a partir de la influencia que él tuvo, principalmente por haber nacido en el seno de una familia calvinista y haber amado esta religión desde su más tierna infancia.

Rousseau nos ofrece la posibilidad de mirar al otro no como enemigo, no como adversario, sino como semejante que comparte con nosotros un breve instante de eternidad y que, por lo mismo, debemos buscar la manera de vivir bien en compañía de los otros. ¿De dónde nace esta preocupación en Rousseau? Además de ser testigo de las múltiples atrocidades que se cometen día a día en la historia del hombre, Rousseau también fue víctima del desprecio, el odio y la envidia de sus semejantes, más aún, de quienes se decían sus amigos. No por ello se coloca en el papel de víctima, sino que también es capaz de reconocer todos los yerros que ha cometido en este mundo. Mas, por esto mismo, es capaz de cuestionarse y cuestionar al mundo a este respecto, y concluir que lo único que puede salvarnos de los otros, a los otros de nosotros y a nosotros de nosotros mismos, es la posibilidad de interiorizar cuáles son nuestros deberes en la vida, sea para con los demás, sea para con uno mismo.

Yo no podría afirmar que Rousseau alcanzó su deseo de vivir congruentemente con lo que dictaba su pensamiento. Mucho de lo que hizo en vida, y que hoy sabemos gracias a sus Confesiones, podría decirnos que en muchos momentos fue hipócrita. Pero más que hipocresía, esta ambivalencia no sea otra cosa más que parte de la complejidad característica de la mente humana.

Finalmente, sería imposible dudar de la influencia que tuvo y aún sigue teniendo la filosofía rousseauniana en la conformación axiológica de los discursos que orientan la educación en nuestra sociedad. Sus elementos están presentes en conceptos como el de “ciudadanía”, “democracia”, etc. Lo que he querido mostrar es que estos elementos tienen un origen más humano del que podríamos imaginar.

 

Bibliografía

  1. PINTOR Ramos, Antonio. “Introducción”, en La Profesión de Fe del Vicario Saboyano y otros escritos complementarios. Trotta. Clásicos de la cultura. Madrid, 2007.
  2. ROUSSEAU, Jean Jacques. Carta a Voltaire sobre la Providencia. En La Profesión de Fe del Vicario Saboyano y otros escritos complementarios. Trotta. Clásicos de la cultura. Madrid, 2007.
  3. ROUSSEAU, Jean Jacques. Consideraciones sobre el gobierno de Polonia y su proyecto de reforma. Estudio preliminar y traducción de Antonio Hermosa Andujar. Tecnos. Madrid, 1998.
  4. ROUSSEAU, Jean Jacques. Discurso sobre la Economía política. Traducción y estudio preliminar de José E. Candela. Tecnos. Madrid, 1985.
  5. ROUSSEAU, Jean Jacques. El Contrato Social. Universidad Nacional Autónoma de México. Nuestros clásicos. México, 1984.
  6. ROUSSEAU, Jean Jacques. Emilio, o de la Educación. Universidad Nacional Autónoma de México. Nuestros Clásicos. México, 1975.
  7. ROUSSEAU, Jean Jacques. Julia o la nueva Eloisa. Trd. Pilar Ruiz Ortega. Akal. Serie Clásicos de la literatura francesa. España, 2007.
  8. ROUSSEAU, Jean Jacques. La profesión de fe del vicario saboyano y otros escritos complementarios. Trotta. Clásicos de la cultura. Madrid, 2007.
  9. ROUSSEAU, Jean Jacques. Las Confesiones. Estudio preliminar de Jorge Zalamea.
  10. CONACULTA, Océano. España, 1999.
  11. TODOROV, Tzvetan. Frágil Felicidad. Un estudio sobre Rousseau. Trd. María Renata Segura. Gedisa. Barcelona, 1987.
  12. VILLAR Ezcurra, Alicia. Jean – Jacques Rousseau (1712 – 1778). Ediciones del Orto. Madrid, 1996.
  13. WEBER, Max. La Ética protestante y el espíritu del capitalismo. Mestas Ediciones. Madrid, 2001.

Notas

ROUSSEAU, Jean Jacques. Las Confesiones. CONACULTA, Océano. P.6.
Podría pensarse que este cura puede estar relacionado con las figuras que inspiraron al Vicario Saboyano pero en realidad no es así, aunque el episodio con el que comienza la narración de esta obra, parte del Emilio, bien podría contener en su dimensión autobiográfica, mucho de lo que fue la ayuda proporcionada por este primer sacerdote.
Ibídem. P. 55-56.
Ibídem P.106.
Cfr. WEBER, Max. La Ética protestante y el espíritu del capitalismo. Mestas Ediciones. P. 21.
Calvino se decide por este dogma debido a que no podía reconciliar la idea de la omnipotencia y la omnisciencia de Dios con la doctrina del libre albedrío, es decir: si Dios todo la sabe y todo lo puede ¿cómo es posible que los pecadores le sorprendan alejándose de sus leyes cuando cometen el pecado. Así, Calvino resuelve el problema: Dios ya sabe todo lo que ha de ocurrir en la eternidad del mundo, y por ende, sabe quién ha nacido para el infierno y quién para salvarse. En el Calvinismo no existe la idea del arrepentimiento como instrumento de salvación. La misma doctrina de la predestinación rige para los jansenistas, a quienes también conocía Rousseau.
VILLAR Ezcurra, Alicia. Jean – Jacques Rousseau (1712 – 1778). Ediciones del Orto. P.21.
ROUSSEAU, Jean Jacques. Discurso sobre la Economía política. Tecnos. P.14-15.
El deísmo es un movimiento que surge en la Inglaterra del siglo XVII, con la finalidad de aislar la esencia de la religión. Desde la perspectiva de la relación de Dios con el mundo y la vida humana, un deísmo frío propone los contenidos abstractos de una religión natural. Una especie de leyes ciegas de la naturaleza que conducen hacia el desencantamiento del mundo (Weber). Los deísmos fríos buscan vincular a la religión natural con la visión científica, que tiende a erigirse en absoluta.
ROUSSEAU, Jean Jacques. Carta a Voltaire sobre la Providencia. En La Profesión de Fe del Vicario Saboyano y otros escritos complementarios. Trotta. P. 57.
ROUSSEAU, Jean Jacques. Julia o la nueva Eloisa. Akal, P. 94.
ROUSSEAU, Jean Jacques. Emilio, o de la Educación. Universidad Nacional Autónoma de México. Nuestros Clásicos. Pp. 261 – 263.
ROUSSEAU, Jean Jacques. La profesión de fe del vicario saboyano y otros escritos complementarios. Trotta. P. 71.
Ibídem. P. 133.
ROUSSEAU, Jean Jacques. El Contrato Social. Universidad Nacional Autónoma de México. Nuestros clásicos. Pp. 174 – 175.
ROUSSEAU, Jean Jacques. Consideraciones sobre el gobierno de Polonia y su proyecto de reforma. Tecnos. P. 59.
TODOROV, Tzvetan. Frágil Felicidad. Un estudio sobre Rousseau. Gedisa. P. 90.

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