Un breve recorrido sobre la psicosis | De Lacan a Freud y re-versas

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Un breve recorrido sobre la psicosis  |  De Lacan a Freud y re-versas

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“La experiencia del análisis” no es otra cosa
que realizar lo que es esta función, como tal,
del sujeto.
Lacan, 1967: 20.

Introducción

Si se parte de la aclaración que menciona Lacan: “…el síntoma no sería sino el índice, que en el abordamiento de la psicosis, porque en ningún sitio el síntoma, si se sabe leerlo, está más claramente articulado en la estructura misma…”[1] Entonces se tendrá que reconocer que la palabra y los complejos estructuran al sujeto, de esto que haya una intensa y enmarañada relación del hombre con el significante. Desde aquí partimos con dos preguntas vectores ¿Cómo es que el significante estructura al sujeto? ¿Y qué con “eso” en el caso de la psicosis?

El escrito que a continuación se presenta pretende realizar un recorrido por lecturas de distintos años de la enseñanza de Lacan, lo cual permite señalar la construcción epistémica de la categoría significante, y la implicación de éste en la estructura psíquica y sus efectos: neurosis, psicosis.   Y mostrar solo un camino de tantos que hay y que estarán por escribirse sobre “eso”.

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Estructura y significante.

Lacan menciona que la formación del psicoanalista implica pensar la posición del analista, la cual está en relación a la experiencia y al encuentro con la locura. “…, si la cuestión del loco puede pensarse por medio del psicoanálisis, bueno, eso será evidentemente a partir de otro centramiento… lo que se llama relación primera…”[2] ¿Cuál es esa relación primera? La del significante, ya que es donde se anuda el Edipo, la castración, el narcisismo, la identificación, el deseo. Cuestiones que se tratarán de elaborar a lo largo del texto.

El significante estructura al sujeto, de esto que Lacan haya formalizado que un significante representa a un sujeto para otro significante. En la referencia de un significante a otro, entre ellos hay un sujeto, un sujeto de lo inconsciente, pero también fabrica el deseo; y el deseo del sujeto siempre será deseo del Otro.   Por esto el sujeto es lo que es hablando. [esloques hablando].

…, la combinación de los significantes constituyen un orden, un registro,   … [y]…, está hecho para que ustedes se sirvan de eso… el significante sólo adquiere su status ahí y a continuación por su relación con el otro significante, el que inaugura la dimensión de la batería significante…[3]

El primer significante el que comienza la cuenta, la cadena significante y su lugar del primer significante es el Otro (A). Por tanto, el significante antecede al sujeto, y a su vez el significante introduce la dimensión de la verdad y habrá que mencionar que también introduce la mentira y la falta.

… Lo que se llama la castración es eso, es que para que llegue a articularse en función del significante…, es preciso que intervenga allí esto que, en tanto que… del significante, que sea como faltante…[4]

Y en esto radica la cuestión de los efectos psíquicos, donde da lugar al deseo de los padres y caiga el sujeto como dividido.

Por otro lado, Lacan en el seminario las psicosis, menciona que la estructura es un grupo de elementos co-variantes y complementarios que conforman un conjunto, el cual puede ser abierto o cerrado, y se constituyen en la relación de lo diacrónico y sincrónico.   Esto marca la relación de la estructura con el significante. Esta relación constituye la subjetividad, de ello que se formule que lo subjetivo es de la dimensión de lo real.

Lo subjetivo aparece en lo real en tanto supone que tenemos enfrente un sujeto capaz de valerse del significante, del juego significante…
… La instancia de la subjetividad en tanto que presente en lo real, es el recurso esencial que hace que digamos algo nuevo cuando distinguimos esa serie de fenómenos, de apariencia natural, que llamamos neurosis o psicosis.[5]

El complejo de Edipo es la entrada del significante, y constituye al superyó a la ley que inscriben al sujeto en dos cuestiones, los efectos subjetivos neurosis o psicosis y en lo sexual hombre o mujer. La introducción del superyó constituye lo subjetivo y la relación del sujeto con el universo significante.

El complejo de Edipo revela ser en la experiencia capaz no sólo de provocar, por sus incidencias atípicas, todos los efectos somáticos de la histeria, sino también de construir normalmente el sentimiento de la realidad.[6]

Por su parte Freud hace hincapié en que la identificación primera que es con el padre de la prehistoria personal que es la primera marca en el sujeto que viene de la identificación directa con el padre. Mientras que las elecciones de objeto vienen después, en relación al padre o a la madre y estos nexos son complejos: “…Dos factores son los culpables de esta complicación: La disposición triangular de la constelación del Edipo, y la bisexualidad constitucional del individuo.”[7]

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El complejo de Edipo nace de la percepción de que el padre es un obstáculo para cumplir los deseos sexuales sobre la madre; pero también es el padre el que realiza la función de castrador. La identificación al padre es ambivalente OMORODIO, y la aspiración de objeto es de ternura hacia la madre.  Freud en el yo y el ello, dice lo siguiente:

[…] el superyó no es simplemente residuo de las primeras elecciones del ello sino también la significatividad (bedeutung, <>) de una enérgica formación reactiva frente a ellas. Su vínculo con el yo no se agota en la advertencia: <>, sino que comprende también la prohibición: <>.   Esta doble faz del ideal del yo deriva del hecho de que estuvo empeñado en la represión del complejo de Edipo… El superyó conservará el carácter del padre, y cuanto más intenso fue el complejo de Edipo, y más rápido se produjo su represión (…), tanto más riguroso vendrá después el imperio del superyó como conciencia moral, quizá también como sentimiento inconciente de culpa, sobre el yo.[8]

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A grandes rasgos para Freud la constitución del superyó es el efecto del complejo de Edipo y de la primera identificación al padre, un padre primitivo que en tanto tal, es una elaboración mítica que queda como una huella mnémica y perdida: esto también atañe a la expresión de las mociones y los destinos libidinales del ello.

…la causalidad psíquica misma: la identificación; ésta es un fenómeno irreductible, y la imago es en esa forma definible en el complejo espacio-temporal imaginario que tiene por función realizar la identificación resolutiva de una fase psíquica, esto es, una metamorfosis de las relaciones del individuo con su semejante.[9]

La relación del significante y el hombre inaugura el lugar de la angustia: la vida-la muerte; yo-ello; deseo-goce. Asimismo, la división del sujeto, su relación con el lenguaje, lo inconsciente y su decir siempre a medias.

Lacan en la instancia de la letra en el inconsciente…, dice que el juego significante en la condensación y el desplazamiento, es decir, “metáfora y metonimia elevan el deseo en un rechazo del significante o sobre una carencia de ser”. Si el significante es rechazado se habla de psicosis y si hay preguntas sobre el ser, se habla de neurosis. La metonimia se anuda a la falta y al deseo y la metáfora al ser y al síntoma.

… no hay un significante que no se sostenga en otro referente significante por eso la cadena significante. Darse cuenta de que solo las correlaciones del significante al significante dan en ellas el patrón de toda búsqueda de significación…[10] 

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El complejo familiar

Lacan en el escrito de acerca de la causalidad psíquica hace alusión a la institución familiar como el espacio en el que el complejo de Edipo tiene su esclarecimiento y su implicación en la constitución psíquica. A finales de los años treinta escribe el texto “los complejos familiares…”, que trata en un primer momento sobre la implicación de la familia en la formación del individuo y en el menciona que la familia cumple la función de agrupar a los individuos que pertenecen a un mismo grupo con la finalidad de asumir el parentesco y a la vez la familia forma parte de la estructura social y cultural, en esta estructura se muestra la función educadora y moral que tiene el adulto en el niño, por lo tanto la familia es una institución.

…pienso que el complejo de Edipo no apareció con el origen del hombre (…), sino a la vera de la historia, de la historia “histórica”, en el límite de las culturas “etnográficas”.   Evidentemente, sólo puede presentarse en la forma patriarcal de la institución familiar; pero no por ello deja de tener un valor liminar innegable, y estoy convencido de que en las culturas que lo excluían su función la bebían llenar experiencias iniciáticas…[11]

El complejo de Edipo es una categoría borde, ya que hace límite entre lo primitivo y lo cultural y como tal tiene una función en la constitución psíquica.   Sin embargo, a lo largo de la humanidad se consolidan las instituciones como la cultura y la familia con el fin de inscribir leyes, regulaciones y funciones. La experiencia analítica -dice Lacan-, muestra que la familia como objeto y circunstancia psíquica objetiva siempre complejos; los cuales reproducen el ambiente familiar. De esto que el complejo se comprende en referencia al objeto. El complejo reproduce cierta realidad del ambiente y este doblemente, esto es, que la familia como objeto es portadora de re-presentaciones que generan reacciones, sentimientos, actitudes que son complejos.

… los complejos han demostrado desempeñar un papel de “organizadores” [organiseurs] en el desarrollo psíquico; así, dominan los fenómenos que, en la conciencia, parecen los mejores integrados en la personalidad; así, no sólo justificaciones pasionales están motivadas en el inconsciente, sino también racionalizaciones objetivables…
… los sentimientos en los que hay que ver complejos emocionales conscientes, especialmente los sentimientos familiares en la medida en que son habitualmente la imagen inversa de los complejos inconscientes.   Así también como las creencias delirantes, en las que el sujeto afirma un complejo como una realidad objetiva; lo que mostraremos particularmente las psicosis familiares…[12]

Lacan en acerca de la causalidad psíquica indica que en el orden del lenguaje está la locura: las pasiones del alma; la locura concierne al hombre tanto como el lenguaje. “La palabra es nudo de significación”. Las palabras, los significantes forman un nudo en el discurso y estructuran a la vez las pasiones y estas significaciones de la locura se muestran en el delirio.

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En cuanto a la causalidad psíquica y lo familiar, se mencionan tres complejos que van estructurando al sujeto dentro de la relación familiar. Los complejos que a continuación se presentanpermiten ubicar categorías de corte freudiano tales como angustia, inhibición y frustración.

1) El complejo del destete. ANGUSTIA.

“… En la lactancia, el abrazo, y la contemplación del niño, la madre recibe y al mismo tiempo satisface el más primitivo de todos los deseos…”[13], la consecuencia psíquica se ve en el apego del niño a las faldas de la madre, es decir, a la imago materna; ésta debe ser sublimada para que dé inicio a nuevas relaciones que a la vez integran nuevos complejos que deviene en el progreso de la personalidad. Y si esto no pasará entonces se convierte en un factor de muerte. Además, el alcanzar la sublimación es un luchar para ser reconocido fuera del ámbito familiar y esto deja huellas psíquicas.Esto permite señalar que hay una relación entre la madre y la muerte.

Esta tendencia psíquica a la muerte, bajo la forma original que le aporta el destete, se revela en suicidios muy especiales que se caracterizan como “no violentos”, al mismo tiempo que aparece en ellos la forma oral del complejo: huelga de hambre de la anorexia mental, envenenamiento de ciertas toxicomanías por vía bucal, régimen de hambruna de las neurosis gástricas. El análisis de estos casos muestra que, en su abandono a la muerte, el sujeto busca reencontrar la imago de la madre…[14]

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2) El complejo de la intrusión. INHIBICIÓN.

Este remite a la cuestión de los celos infantiles cuando aparece un hermano. Desde el psicoanálisis los celos representan una identificación mental (y no una rivalidad). Esta identificación está en el orden del imaginario, pero también en el orden de la economía de la pulsión.

… La imagen del hermano no destetado solo atrae una agresión especial porque repite en el sujeto la imago de la situación materna y con ella el deseo de muerte. Este fenómeno es secundario a la identificación.[15]

Sin embargo en otro momento de su enseñanza Lacan señala una relación de identificación y afecto se demuestra en el estadio del espejo, este da lugar a la constitución del Ideal del yo y al yo ideal – los cuales son imaginarios y apuntan al goce. Este estadio es la entrada narcisista: investidura de libido sobre el cuerpo propio en articulación a otro y a un otro. El mito de Narciso muestra que no contiene prójimo alguno y por tanto muere; de esto que el drama de la intrusión permite un desdoblamiento que introduce un prójimo.

… es por el semejante como el objeto como el yo se realiza; cuanto más puede asimilar de su partenaire, más confirma el sujeto, al mismo tiempo, su personalidad y su objetividad, garantes de su eficacia futura”.[16]

La intrusión del Otro y de otro como portadores de constitución subjetiva.

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3) El complejo de Edipo. FRUSTRACIÓN.

La frustración construye el nudo del complejo de Edipo, ya que el deseo sexual surge por el objeto más cercano que le brinda interés, afecto y presencia; sin embargo, se ve frustrado por la prohibición de satisfacción sexual con el objeto cercano.

El análisis psicoanalítico del Edipo demuestra que los afectos psíquicos están en relación con la imago del padre, la cual concentra la función de represión y de sublimación. La frustración acontece por una represión que es de orden educativo con la finalidad de impedir la culminación de las pulsiones (tanto sexuales como de muerte).   La prohibición, la represión están en el orden del complejo de castración, pero debido a esta hay la introducción del fantasma, el cual juega tanto para elaborar el Edipo como la castración.

En Freud (1926), se plantea que la inhibición se relaciona con la función sexual, con la función de alimentación, con la función de la locomoción y con la función del trabajo profesional. Parafraseando a Freud se puede decir que en cuanto a la función sexual el neurótico inhibe su actuar sexual donde la importancia psíquica recae en la impotencia sexual. En el neurótico hay un extrañamiento de la libido donde se inhibe el vivenciar sexual por cuestiones de aseguramiento psíquico; además de no caer en el desarrollo de la angustia.

En la función alimentaria se renuncia al vivenciar sexual y al alimento, es decir que disminución de libido remite a disminución de alimento, hay un rechazo a la comida para no desarrollar angustia. En la función locomotora el movimiento queda cancelado porque la marcha conlleva a la angustia. Y en cuanto a la función de lo profesional se inhibe la realización de acciones porque contienen placer y displacer y esto hace que se postergue el éxito.

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… Si el acto de escribir, consiste en hacer fluir algo líquido de un tubo sobre un papel blanco, ha cobrado la significación simbólica del coito, o si la marcha se ha convertido en sustituto simbólico de pisar el vientre de la Madre Tierra, ambas acciones, la de escribir y la de caminar, se omitirán porque sería como si de hecho se ejecutase la acción sexual prohibida. El yo renuncia a estas funciones que le competen a fin de no verse precisado a emprender una nueva represión, a fin de evitar un conflicto con el ello.[17]

El yo se inhibe para no tener conflictos con el ello o con el superyó, pero esta inhibición construye el síntoma debido a no realizar las funciones que desea el yo, ya que de ser satisfechas podrían ser peligrosas y angustiantes. “…la formación del síntoma. Este se engendra a partir de la moción pulsional afectada por la represión…”.[18] Y está represión afecta al movimiento del sujeto. La angustia es producida como un estado afectivo siguiendo una imagen traumática. [el ver comer al fruto prohibido: a la madre y el padre].

Para Freud, las formaciones de los síntomas devienen por represión en la organización yoica, en el caso de los síntomas histéricos hay un compromiso entre necesidad de satisfacción y necesidad de castigo. En las neurosis obsesivas tienen que ver con el amor propio y se sitúan como hombres puros, escrupulosos y mejores que otros; en la paranoia se sitúa en la fantasía, acciones sustitutivas. Estas formaciones de síntomas se relacionan con la angustia.

… las fobias, la histeria de conversión y la neurosis obsesiva… el punto de arranque de las tres es la destrucción del complejo de Edipo, y en todas según suponemos, el motor de la renuencia del yo es la angustia de castración. Pero sólo en las fobias sale a la luz esa angustia, sólo en ellas es confesada…[19]

La angustia y su objeto crean el síntoma siempre y cuando haya una sustitución de una función por el objeto.

…, el motor de la represión es la angustia frente a la castración; los contenidos angustiantes – ser mordido por el caballo y ser devorado por el lobo – son sustitutos desfigurados (dislocados) del contenido <[20]

cabe rescatar que la angustia es un afecto que puntúa su relación con el peligro a la castración,

…los síntomas son creados para evitar la situación de peligro que es señalada mediante el desarrollo de angustia. Pues bien, en los casos consideramos hasta ahora ese peligro era el de la castración o algo derivado de ella.[21]

Los derivados de la castración son la separación y la pérdida de su objeto. El duelo, el dolor, la melancolía y la herida narcisista.

Solo pocos casos de la exteriorización infantil de angustia nos resultan comprensibles; detengámonos en ellos. Se producen: cuando el niño está solo, cuando está en la oscuridad y cuando halla a una persona ajena en lugar de la que le es familiar (la madre). Estos tres casos se reducen a una única condición, a saber, que se echa de menos a la persona amada (añorada). Ahora bien, a partir de aquí queda expedito el camino hacia el entendimiento de la angustia y la armonización de las contradicciones que parecen rodearla.[22]

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La angustia se presenta como un desconcierto ante la ausencia del objeto. La pérdida del objeto amado se torna angustia, con esto se puede decir que hay una angustia a la castración y esto es un estado afectivo, es por ello que no hay más afecto que la angustia y por esto la angustia no es sin objeto.

… más que de la ausencia o de la pérdida real del objeto, se trata de la pérdida de amor de parte del objeto. Puesto que sabemos con certeza que la histeria tiene mayor afinidad con la feminidad, así como la neurosis obsesiva con la masculinidad, ello nos sugiere la conjetura de que la pérdida de amor como condición de angustia desempeña en la histeria un papel semejante a la amenaza de castración en las fobias, y a la angustia frente al superyó en la neurosis obsesiva.[23]

Freud plantea los vínculos entre la angustia y la formación de síntomas como una formación sustitutiva para aminorar el peligro

La formación de síntoma tiene por lo tanto el efectivo resultado de cancelar la situación de peligro posee dos caras; una, que permanece oculta para nosotros, produce en el ello aquella modificación por medio de la cual el yo se sustrae del peligro; la otra cara, vuelta hacia nosotros, nos muestra lo que ella ha creado en remplazo del proceso pulsional modificado: la formación sustitutiva.”[24]

Los síntomas son la mascarada de la angustia “…lo que nos hace falta, y no tenemos…”[25] Por eso la angustia se vuelve una certeza.

A grandes rasgos se puede ir marcando que el complejo familiar es transmisor de interdicciones: palabras, afectos, deseos y de ley; así como también de relaciones de parentesco mediante vínculos de sangre o de totemismo. Y de esto que los destinos neurosis o psicosis dependan de las complejas condiciones familiares y del complejo de Edipo que allí se constituya.

 

Los complejos familiares en patología

Freud en el texto “Neurosis y psicosis” (1923), realiza algunas puntuaciones, la más relevante es sobre el superyó, cuestión que es trabajada en “El yo y el ello” (1923); en dicho texto en el apartado tres se encuentra que el yo y el superyó (ideal del yo) tienen una relación con el objeto y que según estas identificaciones el sujeto obtiene algún destino de pulsión.

La cuestión de la identificación con el objeto marca los destinos de pulsión y la ausencia del objeto es determinante en la constitución subjetiva. “… el supuesto de que un objeto perdido se vuelve a erigir en el yo, vale decir, una investidura de objeto es relevada por una identificación… tal sustitución participa en considerable medida en la conformación del yo, y contribuye esencialmente a producir lo que se le denomina su carácter…”[26] Cuestión que permite marcar la importancia de la identificación en relación al objeto y a su implicación en el devenimiento del yo.

Es importante rescatar que en este texto Freud menciona que el in-dividuo ya está en sí dividido, porque es un ello psíquico no discernido e inconsciente y es por medio de la palabra que se corporiza, constituyendo las necesidades que se organizan por el nexo del objeto y el agujero (zonas erógenas, pero también el agujero psíquico).     Dando lugar a las investiduras de objeto que siempre están en relación al yo y a la libido. Pero también es importante señalar que a la muerte. Desde esta formulación Freud plantea los movimientos de la identificación y el objeto con los destinos de pulsión. Lo cual se expone a continuación.

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Al comienzo de todo, en la fase primitiva oral del in-dividuo, es por completo imposible distinguir entre investidura de objeto e identificación. Más tarde, lo único que puede suponerse es que las investiduras de objeto parten del ello, que siente las aspiraciones eróticas como necesidades…
Si un tal objeto sexual es resignado, porque parece que debe serlo o porque no hay otro remedio, no es raro que a cambio sobrevenga la alteración del yo… Quizás el yo mediante esta introyección que es una suerte de regresión al mecanismo de la fase oral, facilite o posibilite la resignación del objeto…: el carácter del yo es una sedimentación de las investiduras de objeto resignadas, contiene la historia de estas elecciones de objeto…[27]

Este primer momento recalca la relación del objeto y la identificación mediante la resignación de la pérdida (ausencia). Así como la importancia de la necesidad y la regresión. La necesidad que funda la demanda: “te necesito”.

Otro movimiento de la identificación y el objeto es una trasposición del objeto:

… esta trasposición de una elección erótica de objeto en una alteración del yo es, además, un camino que permite al yo dominar al ello y profundizar sus vínculos con el ello, aunque por cierto a costa de una gran docilidad hacia sus vivencias. Cuando el yo cobra los rasgos del objeto, por así decir se impone él mismo al ello como objeto de amor, busca repararle su pérdida diciéndole: <>… La trasposición así cumplida de libido de objeto en libido narcisista conlleva, manifiestamente, una resignación de las metas sexuales, una desexualización y, por tanto, una suerte de sublimación…[28]

La libido de objeto se mueve a libido narcisista y un destino de esto es la melancolía. Sin embargo, una desmezcla de la pulsión o una identificación múltiple con el objeto del yo pueden tener un destino patológico. Como una fragmentación del yo o múltiples identificaciones, (personalidad múltiple).

Freud comenta que el escrito del yo y el ello lo hace pensar sobre la genética y la prevención de la psicosis; además de marcar la diferencia genética entre neurosis y psicosis. ”… La neurosis es el resultado de un conflicto entre el yo y su ello, en tanto que la psicosis es el desenlace análogo de una similar perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior.”[29]

Recuperando las formulaciones planteadas en “el yo y el ello”, cabe reconsiderar que la constitución del superyó en el registro psíquico es de suma importancia ya que está en relación al complejo de Edipo y al complejo de castración y en el escrito se recupera como “… El yo ha entrado en conflicto con el ello, al servicio del superyó y de la realidad; he allí la descripción válida para todas las neurosis de transferencia.”[30] Las neurosis de transferencia se constituyen por el mecanismo de represión sobre una moción pulsional, la cual realiza una operación sustitutiva donde da lugar al síntoma. Y la melancolía pertenece a las psiconeurosis narcisista que sería el conflicto del yo con el del superyó

El camino de las psicosis remite a una perturbación del nexo entre el yo y el mundo exterior, donde la sustitución es una alucinación o una descomposición del yo.   En este mecanismo algo del orden del superyó no se realiza, debido a una frustración en relación al objeto materno. Las psicosis para Freud tienen dos perspectivas el de la amentia y el de las esquizofrenias. En la amentia, el sujeto se rehúsa a la percepción del mundo exterior y de nuevas percepciones o se resta valor psíquico en el mundo interior (investidura de objeto).

… el yo se crea, soberanamente, un nuevo mundo exterior e interior, y hay dos hechos indudables: que este nuevo mundo se edifica en el sentido de las mociones de deseo del ello, y que el motivo de esta ruptura con el mundo exterior fue una grave frustración (denegación) de un deseo por parte de la realidad, una frustración que pareció insoportable…
Las esquizofrenias tienden a la apatía afectiva, a una pérdida de participación (y satisfacción) en el mundo exterior. En algunas esquizofrenias aparece el “delirio” como un parche a esa rasgadura del yo con el mundo exterior…, la etiología común para el estallido de una psiconeurosis o de una psicosis sigue siendo la frustración, el no cumplimiento de uno de aquellos deseos de la infancia, eternamente indómitos, que tan profundas raíces tienen en nuestra organización comandada filogenéticamente. Esa frustración siempre es, en su último fundamento, una frustración externa; en el caso individual, puede partir de aquella instancia interna (dentro del superyó) que ha asumido la subrogación del reclamo de la realidad.[31]

Lacan menciona que los complejos familiares en la neurosis desempeñan una función causal (etiológica). “… incidencias y constelaciones familiares que determinan los síntomas y las estructuras…”[32] Mientras que en las psicosis los complejos familiares cumplen una función formal: “temas familiares que prevalecen en los delirios”.

1) Las psicosis con tema familiar: AFECCIÓN PSÍQUICA.

Lacan alude que solo el reconocimiento de los complejos se puede aportar una lectura distinta al tema de las psicosis.

…los complejos familiares desempeñan en el yo, en estos diversos estadios en que se detiene la psicosis…, un papel notable, ya sea como motivos de las reacciones del sujeto, ya sea como temas de su delirio. Puede incluso ordenarse bajo estos dos registros la integración de dichos complejos en el yo, de acuerdo con la serie regresiva que acabamos de establecer para las formas del objeto en las psicosis.”[33]

Escuchar el tema del delirio remite al tema familiar forcluido.

La personalidad en las psicosis se constituye por las relaciones del yo (narcisismo primario), el superyó (herencia moral) y el ideal del yo (padre imaginario: Edipo y castración). Y estas según sus desarrollos mantienen detenimientos o fragmentación del cuerpo. No hay una afirmación del yo narcisista mediante un prójimo y el yo se afirma en el delirio o encuentra una cierta estabilidad. Y su objeto es de sentido homosexual latente, representado por el adulto castrador o el hermano penetrador.

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En un grado más, el yo arcaico manifiesta su desagregación en el sentimiento de ser espiado, adivinado, develado, sentimiento fundamental de la psicosis alucinatoria, y el doble con el que antes se identificaba se opone al sujeto, ya sea como eco del pensamiento y de los actos en las formas auditivas verbales de la alucinación, cuyos contenidos autodifamatorios marcan la afinidad evolutiva con la represión moral, ya sea como fantasma [fanthôme] especular del cuerpo en ciertas formas de alucinación visual, en las que las reacciones suicidas revelan la coherencia arcaica con el masoquismo primordial…, es la estructura profundamente antropomórfica y organomórfica del objeto la que se hace visible en la participación megalomaníaca, en la cual el sujeto, en la parafrenía, incorpora a su yo el mundo, afirmando que incluye el Todo, que su cuerpo se compone de las materias más preciosas, que su vida y sus funciones sostienen el orden y la existencia del Universo.[34]

Escuchar los delirios permite reconocer la organización estructural de los complejos. El psicoanálisis debido a su exploración del sujeto en la clínica, marca la correlación de la anomalía con la situación familiar.

… muestra que el ideal del yo se ha formado, a menudo debido a esta situación, a partir del objeto del hermano. Este objeto, al desviar la libido destinada al Edipo hacia la imago de la homosexualidad primitiva, proporciona un ideal demasiado narcisista como ara no degradar la estructura de la sublimación. Además, una disposición al encierro del grupo familiar tiende a intensificar los efectos de comunicación, característicos de la transmisión del ideal del yo, como lo indicamos en nuestro análisis del Edipo; pero mientras este se ejerce normalmente en un sentido selectivo, aquí estos efectos inciden en un sentido degenerativo.[35]

En la psicosis se aborta la realidad es decir la imago paterna -represión y sublimación- no realizan función y queda forcluido. A grandes rasgos la psicosis tiene relación con el objeto familiar.

… es en los delirios de a dos donde creemos captar mejor las condiciones psicológicas que pueden desempeñar un papel determinante para la psicosis…, hemos encontrado constantemente estos delirios en un grupo familiar que llamamos descompletado, allí donde el aislamiento social al que este es propicio alcanza su efecto máximo, a saber, en la “pareja psicológica” formada por una madre y una hija o dos hermanas (véase nuestro estudio sobre las Papin), más raramente por una madre y un hijo.[36]

En otro momento de su enseñanza, Lacan indica que para hablar sobre la cuestión de la frustración recurrirá a la relación primitiva del hijo con la madre. “…, la frustración […] sólo es concebible como la negación de un don, en la medida en que el don es símbolo de amor.”[37] Esta relación de amor no es hacia el objeto sino hacia un ser “el ser del orden simbólico”; el lenguaje. El niño está atrapado como sujeto dentro del orden simbólico en una relación que el lenguaje le ha brindado mediante el don y la circulación de dones que lo sobredeterminan. El don y los dones son signos de amor que o se dan o no, o mejor dicho que se inscriben o no.

… El don surge de un más allá de la relación objetal, pues supone todo el orden del intercambio en el que ya ha entrado el niño y únicamente puede surgir de este más allá con el carácter que lo constituye como propiamente simbólico.[38]

El juego del significante instituye la formación subjetiva enlazada en su dimensión simbólica, real e imaginaria.

El llamar [ya – amar] nombra al sujeto y al nombrar se ama, en esto hay una presencia pero la llamada implica también enfrentarse a su opuesto, la ausencia; es decir, el llamado designa al sujeto y a la vez se es llamado al sujeto porque no está el objeto de satisfacción. En esto se encuentra la dialéctica de presencia – ausencia y este juego simbólico tiene un carácter decepcionante, de frustración. “… Es el fondo de la relación del sujeto con el par presencia – ausencia, relación con la presencia sobre fondo de ausencia, con la ausencia como constitutiva de la presencia…”[39] El significante que falta que falte. “El padre es en el Otro, el significante que representa la existencia del lugar de la cadena significante como ley. Se coloca, por así decirlo, encima de ella”[40]

Pero también como lo ha señalado en el “Breve discurso a los psiquiatras”, que “…lo que hace el lazo del deseo en tanto que es función del sujeto, del sujeto mismo designado como efecto del significante, es esto, es que el a es siempre demandado al Otro…”[41] En el caso de la psicosis no hay demanda del a minúscula porque el loco la tiene y son sus voces, la voz es por tanto, el soporte del significante.

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BIBLIOGRAFÍA

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Notas

[1] Jacques Lacan.   De una cuestión preliminar en todo tratamiento posible de la psicosis. P. 519.
[2] Jacques Lacan.   Breve discurso a los psiquiatras. P. 11.
[3] Ibíd. P. 18.
[4] Ibíd. P. 20
[5] Jacques Lacan. Las psicosis. Seminario 3. P. 266.
[6] Jacques Lacan. Acerca de la causalidad psíquica. P. 172.
[7] Sigmund Freud.   El yo y el ello. P. 33.
[8] Ibíd. P. 36.
[9] Jacques Lacan.   Acerca de la causalidad psíquica. P. 178.
[10] Jacques Lacan.   La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. P. 482.
[11] Jacques lacan.   Acerca de la causalidad psíquica. P. 174.
[12] Jacques lacan.   Los complejos familiares en la formación del individuo. Pp. 39 y 40.
[13] Ibíd. P. 44.
[14] Ibíd. P. 45.
[15] Ibíd. P. 50 y 51.
[16] Ibíd. P. 55.
[17] Sigmund Freud.   Inhibición, síntoma y angustia. Pp. 85 y 86.
[18] Ibíd. P. 90.
[19] Ibíd. P. 117.
[20] Ibíd. P. 103.
[21] Ibíd. P. 122.
[22] Ibíd. P. 129.
[23] Ibíd. P. 135.
[24] Ibíd. P. 137.
[25] Ibíd. P. 141.
[26] Sigmund Freud. El yo y el ello. Pp. 30 y 31.
[27] Ibíd. P. 31.
[28] Ibíd. Pp. 32 y 33.
[29] Sigmund Freud.   Neurosis y psicosis. P. 155.
[30] Ibíd. P. 156.
[31] Ibíd. Pp. 156 y 157.
[32] Jacques Lacan.   Los complejos familiares en la formación del individuo. P. 72.
[33] Ibíd. P. 75.
[34]Ibídem.
[35] Ibíd. P. 79.
[36] Ibídem.
[37] Jacques Lacan.   La relación de objeto. Seminario 4. P. 183.
[38][38] Ibíd. p. 184.
[39] Ibíd. P. 185.
[40] Jacques Lacan. Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. P. 202.
[41] Jacques lacan.   Breve discurso a los psiquiatras. P. 25.

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