Imaginarios sobre la Naturaleza en contextos de la Tecnociencia y los Organismos Genéticamente Modificados

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Imaginarios sobre la Naturaleza en contextos de la Tecnociencia y los Organismos Genéticamente Modificados

I

En los últimos años, las discusiones en torno a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se han expandido considerablemente en diversos ámbitos tanto académicos como de la sociedad civil, no sólo por las controversias sociales que ocasiona su utilización, sino por una serie de aspectos filosóficos que han tomado relevancia desde su invención y diversas aplicaciones. En el presente ensayo, pretendemos hacer una exploración de estas discusiones, siguiendo algunos puntos del marco teórico propuesto por la sociología del riesgo[1] en relación con las implicaciones en el terreno ontológico, epistémico y ético que ha tenido el uso cada vez más expandido de estos artefactos biotecnológicos, haciendo énfasis en las condiciones reflexivas que han posibilitado marcos de observación diversos entre los actores sociales que buscan dar cuenta de ellos.

Para comenzar, diríamos que si bien el mejoramiento tradicional de las plantas corresponde a una práctica social muy antigua, que sirvió desde el principio de los tiempos para el intercambio, diversificación y mejoramiento de especies animales y vegetales con fines alimentarios y medicinales. Existe una diferencia fundamental entre este tipo de técnicas tradicionales frente a la biotecnología contemporánea, la cual radica para el caso de esta última, en el uso de sofisticados mecanismos tecnocientíficos en la modificación de los códigos genéticos de especies, para aumentar su eficacia, rendimiento y productividad en el corto plazo, creando organismos artificiales o con alteraciones inducidas desde el laboratorio. Esto, con fines evidentemente comerciales, que van más allá del contexto local de los organismos, obedeciendo a intereses de grandes corporaciones agroalimentarias que generan una multiplicidad de redes de conocimiento para poder ir perfeccionando sus técnicas y competir en el gran mercado biotecnológico.

De acuerdo con Jeremy Rifkin:

la ingeniería genética supera las restricciones que imponen las especies por completo. Con esta nueva tecnología la manipulación no se produce en el nivel de la especie sino en el genético. La unidad con que se trabaja ya no es el organismo sino el gen. Las consecuencias que se producen son enormes y de gran alcance.[2]

Con la ingeniería genética puesta en marcha en la biotecnología, podemos combinar casi ilimitadamente los materiales genéticos, atravesando las fronteras naturales. Reduciendo las características biológicas de los seres vivos, producto de muchos siglos de evolución y adaptación al medio, a meros productos comerciales. Surgen al respecto muchos problemas de índole ambiental y social. Pero de manera fundamental podemos ver que la nueva era de la manipulación genética modifica nuestro concepto de la naturaleza y nuestra relación con ella. Así, retomando a Rifkin:

Adoptamos un papel nuevo en la ordenación natural de las cosas con esta capacidad recién adquirida de identificar, almacenar y manipular los mismísimos programas químicos de los organismos vivos. Por primera vez nos convertimos en los ingenieros de la vida misma. Empezamos a reprogramar los códigos genéticos de las cosas vivas de acuerdo con nuestros deseos y necesidades culturales y económicas. Asumimos la tarea de crear un segundo génesis, esta vez sintético y unido a los requisitos de eficacia y productividad.[3]

Biomímesis

Biomímesis

El paradigma biotecnológico implica pues, la transformación de la manera en que entendemos el mundo natural y de cómo intervenimos en su dinámica, bajo una suerte de imitación o biomímesis[4], en la cual, los organismos vivos pueden ser alterados y hasta producidos por los humanos, conservando o desplazando ciertas condiciones que no son adecuadas a determinados fines sociales. En este sentido, la biósfera va siendo sustituida por una tecnosfera o mundo creado artificialmente, fundamentado en una semejanza con el mundo natural pero que carece de sus propiedades, reemplazando a éstas por ciclos abiertos, alterados y controlados por el hombre, que implican a largo plazo, procesos de desnaturalización de los ciclos biológicos, en el sentido de la perturbación que producen sobre los entornos y que no se reducen al “mejoramiento” genético de una sola especie.

Desde lo anterior, encontramos que la biotecnología, como paradigma tecnocientífico contemporáneo, se desprende de una imagen reduccionista de la ciencia, en que las propiedades de los organismos vivos son vistos como partes que pueden aislarse y manipularse fuera de sus entornos naturales con fines económicos, sin tomar en cuenta la complejidad espacio temporal en que estos se desenvuelven y que obedecen a una totalidad biológica, social y ambiental que no opera de forma lineal. Es decir, la realidad biológica de los organismos es mucho más compleja de lo que se encuentra en los códigos genéticos.

II

Así, en la reflexividad[5] que involucran las nuevas tecnologías, consideramos que es cuestionable que bajo el paradigma biotecnológico, se asuma que la realidad biológica se encuentra reducida a fragmentos de organismos, que pueden ser incorporados a otros sin esperar que no generen consecuencias adversas. De tal suerte que la realidad ambiental es muy diversa en amplios sentidos, e involucra otras redes de conocimiento y formas de saber, que no tienen que ver con el conocimiento en el laboratorio, sino con marcos conceptuales diversos, respaldados muchos de ellos, por la tradición y la experiencia. Con ello, entendemos que la realidad biológica no es reductible a un solo marco tecnocientífico de observación, sino que engloba una pluralidad de formas de ser, conocer y actuar en el mundo natural y social, que como vemos, ya no puede disociarse.

Siguiendo lo anterior, haremos énfasis en la afirmación de que el mundo de la vida no obedece a una realidad dada e inamovible, sino a una complejidad y multiplicidad de aspectos que al ser alterados sin control generarán respuestas adversas sobre diversos entornos. Al liberar los OGM en el ambiente, haciendo uso de un conocimiento científico subordinado a intereses del mercado, queda claro que en el modelo tecnocientífico que opera actualmente, los intereses epistémicos se desprenden de intereses económicos de algunos grupos de las elites científicas y gubernamentales. En el terreno político, estos intereses epistémicos configuran las propias percepciones que la sociedad tiene respecto a la operación de un sistema tecnológico complejo como el que envuelve el uso de los OGM, que al arrojar diversas percepciones, algunas en favor, otras en contra, nos traslada hacia las disputas por la objetividad que posibilita legitimar y privilegiar una postura explicativa acerca del riesgo biotecnológico frente a otras.

Encontramos así, que el conocimiento sobre el riesgo, abre una brecha entre lo que de hecho ocurre, y lo que podemos conocer, es decir, nuestro acercamiento con los riesgos siempre estará mediado por los discursos de expertos, lo que implica asumir determinadas pautas cognitivas sobre lo que “es” y los límites de lo que podemos saber. Con ello, estaríamos adentrándonos en un complejo juego entre conocimiento y desconocimiento, que nos conduce a una incertidumbre generalizada respecto a las condiciones actuales y futuras que se le depara al mundo natural, y nuestras posibilidades de supervivencia siempre abiertas a la innovación tecnológica que inevitablemente ocasionará una mayor destrucción de los entornos biológicos.

III

Entendemos en un nivel ontológico, que en la sociedad contemporánea, el mundo de la naturaleza, particularmente el de los seres vivos, ha sido despojado de su condición puramente natural, aislada o desapegada de la civilización humana, siendo objeto de modificaciones irreversibles de acuerdo con intereses particulares puestos en marcha a través de las nuevas tecnologías, particularmente en las biotecnológicas, siguiendo a Ulrich Beck: “la propia naturaleza no es naturaleza: es un concepto, una norma, un recuerdo, una utopía, un plan alternativo. Hoy más que nunca la naturaleza está siendo redescubierta, mimada en un momento en el que ya no existe”.[6]

Más adelante y continuando con esta idea señala que: “(…) lo que existe son formas diferentes de socialización, destrucción y mediaciones simbólicas de la naturaleza”[7]

De tal suerte que, dentro de los entornos altamente tecnológicos de la sociedad contemporánea, lo que subsiste son ideales culturales sobre la naturaleza, por tanto con un contenido polisémico. No podemos pues ya pensar en una idea de naturaleza “en sí”, sino más bien en un mundo natural complejo en que sus elementos se modifican de manera irreversible, mediante mecanismos artefactuales que generan nuevas experiencias, relaciones sociales y conocimientos[8].

La discusión entre la idea de naturaleza y la cultura resulta muy controvertida en el contexto de la sociedad del riesgo, toda vez que nos enfrentamos a nuevas formas de socialización con el mundo natural, el cual se encuentra ya totalmente intervenido, modificado y mediado por la dimensión artefactual de las relaciones humanas, generada por los sistemas tecnológicos. Como señala Riechmann, la ingeniería genética y las biotecnologías están dando paso a una naturaleza extraída del laboratorio y después transformada en realidad exterior”[9] que sería una muestra de este proceso de biomímesis que ya hemos referido, y que implica el desplazamiento de elementos propios de la naturaleza en sustitución de creaciones artefactuales.

Para entender la dimensión que implica el cambio en esta noción de naturaleza, es importante considerar que durante la llamada Primera Modernidad[10], particularmente en el siglo XIX, en que se estaba gestando la gran revolución tecnocientífica y las ciencias biológicas estaban emergiendo, se pensaba a la naturaleza como un conjunto de elementos dados y autónomos de la esfera social, como un mundo aparte, aún por descubrir y dominar. En la actualidad, subsiste esta idea de dominación a la par de una conciencia ampliada respecto al nivel no sólo de aculturación, sino de la amenaza y destrucción del mundo natural, que es parte inseparable de un mundo histórico, configurado a partir de la dinámica económica y política de la sociedad industrial altamente reflexiva y tecnologizada.

De acuerdo con lo anterior, diríamos siguiendo a Beck que:

Exactamente esta transformación de las amenazas civilizatorias de la naturaleza en amenazas sociales, económicas, políticas y económicas del sistema, es el desafío real del presente y del futuro que justifica el concepto de la sociedad del riesgo. Mientras que el concepto de la sociedad industrial clásica reposa en la contraposición de naturaleza y sociedad (siglo XIX) el concepto de la sociedad industrial del riesgo parte de la “naturaleza” integrada civilizatoriamente, y sigue la metamorfosis de sus lesiones a través de los sistemas sociales parciales[11]

Por tanto, en contextos de la sociedad del riesgo, no es ya plausible pensar en la dicotomía naturaleza / cultura, sino en su integración civilizatoria dados los procesos de modificación y deterioro producidos por el hombre. Esto nos plantea nuevos retos en nuestra relación con el mundo natural y nuevos imaginarios colectivos, como la ampliación de la conciencia respecto al grado de aculturación de la naturaleza y nuestros criterios de clasificación e identificación de sus problemáticas que no están dadas con autonomía del mundo social.

La noción de riesgo[12] opera en este sentido, como posibilidad para captar estos procesos de destrucción del entorno natural, que ya no pueden pensarse como independientes de los sujetos, sino como una parte fundamental de su propia existencia; además de hallarse totalmente ligados a los desarrollos industriales que nos han alejado justamente de esa visión de “naturaleza” idealizada, propia de un contexto de las sociedades industriales.

Con esto, trato de explicar que la tecnología y particularmente la biotecnología, viene transformando los espacios entendidos como naturales, de una manera irreversible, generando nuevos desequilibrios en niveles físicos y modificando las interacciones entre diversas especies, incluida por supuesto la humana, lo que justamente genera la necesidad de nuevos marcos y códigos culturales para entender la interrelación entre naturaleza y sociedad y la posible coevolución de sus ámbitos sistémicos interpenetrados.

En el proceso de la llamada Segunda Modernidad, en que nos enfrentamos a un mundo tecnológico en todas sus formas, que viene generando fuertes desequilibrios y problemas sobre todo de índole ambiental, la propia naturaleza y sus conceptualizaciones han sido objeto de transformaciones irreversibles. Con los OGM, las semillas que tienen un origen biológico pasan a ser fusionadas o sustituidas por artefactos controlados por ciertas compañías, siendo despojadas de su condición natural, conocida hasta nuestros días por los múltiples grupos humanos que se encargan de cultivarlas, principalmente indígenas y campesinos; generando con ello importantes controversias respecto a las consecuencias ambientales y sociales que encierra su utilización y que en escenarios de riesgo social, operan como posibilidades reflexivas dentro de un mundo altamente contingente, dada la interpenetración entre entornos biológicos, políticos, económicos y culturales que están obligándonos a establecer diálogos interdisciplinarios e interculturales frente a los escenarios de complejidad ambiental que nos aquejan como sociedad.

Siguiendo a Alexandre Botá:

Podríamos afirmar que lo artificial es lo natural en el hombre, pues es su signo distintivo respecto del resto de los animales. Es la naturaleza del hombre transformar el medio, no adaptarse ni utilizar. Transformar lo natural es la sedimentación de las invenciones psicotécnicas que se aceptan como recursos dados inmediatamente por una comunidad olvidando su origen; es propia de la especie. Lo que tiene unas implicaciones ontológicas importantes, ya que el objeto artificial –fruto de la técnica– ha sido separado del objeto natural.[13]

IV

En esta idea de naturaleza, la cual es alterada por el hombre de manera irreversible a través de los procesos tecnológicos, la biotecnología representa un punto de partida para imaginar complicados escenarios posibles dentro del mundo natural. Pensando en la sustitución de semillas, células y plantas con propiedades y características naturales propias de una diversidad milenaria, por otras generadas en los laboratorios, que además de tener la característica de ser útiles para un solo ciclo productivo, ya no están siendo de uso libre, sino controladas por las industrias que las producen y comercian. En un sentido social, el problema es que no existe una certeza respecto a las posibles consecuencias de liberar OGM en el ambiente, y las experiencias que se tienen, nos arrojan luz sobre los riesgos que encierran precisamente por todos los proceso biológicos que una sola especie comprende y que de ser alterados, tendrán que repercutir forzosamente sobre otros organismos y entornos.

Al respecto Julio Muñoz Rubio nos dice que:

[…] el tipo de ciencia reduccionista en el que se ha basado la investigación sobre alimentos transgénicos, no llega a comprender la complejidad inherente de los organismos y nos ofrece una visión simplista de ella. Al descomponerlos hasta sus partes más sencillas y considerar éstas como esenciales, elabora un modelo fisicalista de los seres vivos; los trata como si estos sistemas se comportaran como partes de un motor o astros en movimiento[14]

Esta visión reduccionista obedece a una tendencia epistemológica general de la ciencia, arrastrada desde el cartesianismo, en donde se entiende al mundo físico como un conjunto de elementos compuestos por un agregado de unidades básicamente iguales entre sí; “Estas partes son ontológicamente previas al todo, existen aisladas y concurren una a una para formarlos todos, por lo cual el todo es igual a la suma de las partes.”[15]

En este sentido, el gen es visto como un fragmento esencial de la vida, independiente de la totalidad (mundo de la vida) del que forma parte, siendo considerado como la unidad primordial del organismo y separable de su ambiente.

Desde esta perspectiva, entendemos que las ciencias biológicas en su rápido desarrollo durante el siglo XX, han operado bajo la idea de que el mundo vivo posee códigos genéticos esenciales, localizados en partes primordiales, en este caso los nucleótidos, que dotan a los seres vivos de características determinantes. Esta visión reduccionista obedece a la búsqueda de causas últimas sobre los fundamentos de los seres vivos, desde una perspectiva de que la ciencia en su condición de objetividad y certeza, podrá descifrar sus códigos y con ello dominarlos con el uso de las más sofisticadas tecnologías.

Así, la utilización de los OGM, nos sitúa en un plano donde los organismos vivos poseen una estructura autorreferente y manipulable científicamente, pues basta con introducir caracteres de una especie a otra esperando obtener un nuevo organismo que muestre un mejoramiento inmediato de sus condiciones genéticas, sin tomar en cuenta las interrelaciones que configuran su estructura natural y que parten de procesos ambientales complejos y dinámicos, en el que incluso, otras especies, animales, vegetales, y humanas se encuentran involucradas.

Por ello, es importante tener presente que la realidad biológica de los organismos vivos no está encerrada en ellos mismos, sino que se compone de múltiples interrelaciones que no se reducen a componentes aislados, y que siempre poseen una referencia hacia una totalidad heterogénea de entornos, agentes y sistemas biológicos y sociales.

Nuestra propuesta consiste en este sentido, en explicar la naturaleza del gen en función de la interpenetración que posee con el ambiente del que forma parte; por ello, su aislamiento mediante técnicas de ingeniería genética, implica no sólo la transgresión de los patrones naturales de los organismos, sino también la reconfiguración de los sistemas biológicos en su totalidad, afectando otras partes del complejo mundo de la vida, aspectos que deben tenerse en cuenta para entender sus implicaciones en el terreno ético, en tanto favorecen la manipulación de los entornos ambientales, siguiendo objetivos tecnocientíficos que no están tomando en cuenta toda esta complejidad y las contingencias que prevalecen frente a dichos escenarios de manipulación genética, impulsados desde los modelos agroindustriales contemporáneos.

 

Conclusiones

Siguiendo nuestra propuesta de análisis, comprendemos que frente a la expansión de artefactos biotecnológicos como los OGM, los imaginarios colectivos respecto a la naturaleza se modifican y requieren de una inclusión mayor de discursos plurales y abiertos desde diversos marcos, que nos permitan dar cuenta de la complejidad espacio temporal de nuestras interacciones con el mundo biológico, y discutir el fundamento de nuestros conceptos, metáforas, e imágenes a las que recurrimos en nuestras explicaciones y vivencias cotidianas respecto a la naturaleza.

Si bien, hay más preguntas que respuestas respecto a los riesgos asociados a los OGM, lo que hará que las discusiones continúen en los años siguientes, es importante no dejar de analizar desde los ámbitos filosóficos y sociológicos, cómo estos artefactos van dando lugar a nuevas formas de conocimiento, experiencias e identidades desde las repercusiones que tienen en los espacios naturales, siempre en interpenetración con los sociales y humanos.

El análisis que ofrecimos aquí, buscó justamente mostrar que desde un cruce entre conceptos aparentemente separados entre disciplinas, es posible retomar algunas discusiones sobre las implicaciones filosóficas y sociales que tiene un fenómeno complejo con lo es el uso de OGM, que partiendo de la perspectiva reduccionista que señalamos, justifica una visión ideológica sobre la naturaleza, que termina por favorecer una perspectiva parcial sobre los organismos, pensándolos como entidades concretas, con una sustancia -en este caso el gen-, encerrada en ellos mismos, ignorando el conjunto de relaciones que le dan forma y dejando de lado las múltiples discusiones que hoy en día buscan replantear la propia noción de gen, dada su imposibilidad explicativa como unidad totalizadora de los complejos procesos de la vida.

 

Bibliografía:

  1. Beck, Ulrich, Lash, Scott, Giddens, Anthony. “Modernización reflexiva: política, tradición y estética en el orden social moderno”. Madrid: Alianza editorial, 1994.
  2. Beck, Ulrich. “¿Qué es la globalización?”. Barcelona: Paidós, 1997.
  3. “La Sociedad del riesgo global”. España: Paidós, 2002.
  4. “La sociedad del riesgo, hacia una nueva modernidad”. España: Paidós, 1986.
  5. Botá Arqué, Alexandre. “Animales transgénicos como organismos artificiales”. Barcelona, Acta Bioethica, núm. 13, 2007, p 1. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S1726-569X2007000100007&script=sci_arttext Consulta: 16 de noviembre del 2011, 13: hrs.
  6. Broncano, Fernando. “Mundos artificiales: Filosofía del cambio tecnológico”. España: Paidós, 2000.
  7. Delgado, Ramos Gian Carlo. “La amenaza biológica”, México: Plaza y Janés, 2001.
  8. Echeverría, Javier. “Ciencia, tecnología y valores”. España: Ediciones Destino, 2002.
  9. _______________, “La revolución tecnocientífica”. España, FCE, 2003.
  10. Fuctowicz Silvio y Jerome Ravetz. “La ciencia posnormal, ciencia con la gente”. España: Icaria, 2000.
  11. Giddens, Anthony (compilador). “las consecuencias no deseadas de la modernidad”. Barcelona: Anthropos, 1996.
  12. Hottois, Gilbert. “El paradigma bioético. Una ética para la tecnociencia”. Barcelona: Anthropos, 1999.
  13. Lash, Scott. “Crítica de la información”. Argentina: Amorrortu, 2002.
  14. Leff, Enrique. “Saber ambiental: sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder”. Siglo XXI-UNAM, México: 2010.
  15. Lewontin, Richard, Levins, Richard, “The dialectical biologist”, Cambridge, 1985.
  16. Muñoz, Rubio Julio, (compilador). “Alimentos transgénicos: Ciencia, medio ambiente y mercado; un debate abierto”. México: CEIICH, SIGLO XXI, UNAM, 2004.
  17. Olivé, León. “El bien, el mal y la razón”. México: Paidós, 2004.
  18. Riechmann, Jorge. “Cultivos y alimentos transgénicos, una guía crítica”. Madrid: Los libros de la catarata, 2000.
  19. _______________ “Biomímesis, respuesta algunas objeciones” Documento PDF.
  20. Rifkin, Jeremy. “el siglo de la biotecnología”. España: Paidós, 1998.
  21. Robin, Monique Marie. “El mundo según Monsanto”. España: Península, 2008.
  22. Talancón Escobedo José Luis. “La conciencia del riesgo y el desencanto moderno”. Tesis doctoral, México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 2003.

Notas

[1] Este enfoque corresponde a un importante eje dentro de las llamadas “sociologías de la modernidad” las cuales parten de una distinción entre Primera y Segunda Modernidad, refiriéndose a las diferencias entre la sociedad industrial y la postindustrial, definiendo a esta última como sociedad del riesgo global, que de acuerdo con Ulrich Beck, se caracteriza por la producción desenfrenada de riesgos globales, dada la confrontación entre la modernidad industrial y las consecuencias no deseadas de sus sistemas de acción, mismas que se manifiestan en la crisis ambiental que vivimos en la actualidad y que el autor caracteriza a partir de una serie de elementos socio históricos que no abordaremos aquí a detalle, pero que nos permiten hacer un diagnóstico de la sociedad contemporánea en términos de las riesgos y peligros producidos tecnológicamente, donde los OGM juegan un importante papel.
[2] Rifkin, Jeremy. “El siglo de la biotecnología”. España: Paidós, 1998, p 30.
[3] Ibíd., p 31.
[4] De acuerdo con el filósofo Jorge Riechmann, el concepto de biomímesis, supone imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera, como ocurre con los OGM, que al combinar elementos naturales presentes en los códigos genéticos de seres vivos, permiten crear nuevos organismos que se reproducirán dentro del entorno natural, modificando los procesos de socialización que coexisten con el mundo biológico y que involucran formas específicas de representación y acción sobre la naturaleza. En Riechmann, Jorge, “Biomímesis, respuesta algunas objeciones” PDF, p 2.
[5] Reflexividad entendida en términos sociológicos como un proceso constante de autobservación, en tanto la sociedad postindustrial se ve a sí misma como objeto de análisis y crítica, dadas las condiciones históricas en que van teniendo lugar los riegos sociales tecnológicamente producidos. Para Ulrich Beck: la reflexividad implica el reconocimiento de la impredictibilidad de las amenazas provocadas por el desarrollo tecnoindustrial, haciendo precisa la autorreflexión sobre los fundamentos de la cohesión social y el examen de las convenciones y fundamentos dominantes de la racionalidad. En el auto concepto de la sociedad global, la sociedad deviene reflexiva, es decir, se convierte en un tema y un concepto para sí misma” En este sentido, la reflexividad implica un proceso de desvinculación con las formas tradicionales de la sociedad industrial y una vinculación hacia nuevas formas discursivas, contextos, instituciones y conceptos, desde donde buscamos reducir la complejidad del mundo material y significativo donde nos situamos, al mismo tiempo que la aumentamos por medio justamente de nuestras operaciones reflexivas y por efecto de los mecanismos operativos de la propia realidad social. Ver: Beck, Ulrich, Lash, Scott, Giddens, Anthony. “Modernización reflexiva: política, tradición y estética en el orden social moderno”. Madrid: Alianza editorial, 1994. p.18. Se recomiendo ver todo el primer capítulo.
[6] Beck, Ulrich, “La Sociedad del riesgo global”. España: Paidós, 2002.p 32.
[7] Ibíd. p. 33.
[8] Esta modificación en las relaciones sociales a partir de la tecnología y sus aspectos fenomenológicos, pueden estudiarse detalladamente desde la propuesta de “formas tecnológicas de vida “de Scott Lash, quien nos brinda una explicación socio-filosófica para entender de qué manera en la cultura global, los objetos construidos tecnológicamente llegan a escapar del control de los sujetos, generando una modificación en las experiencias e imaginarios colectivos. Lash, Scott, Crítica de la Información” Amorrortu, Argentina, 2001.
[9] Riechmann, Óp. Cit. p 12.
[10] Para Beck, este término es utilizado para describir la modernidad basada en las sociedades de que surgieron durante la consolidación de los estados nacionales y todo el aparato científico tecnológico que sentó la base de la sociedad industrial, en donde las relaciones y comunidades se entienden en un sentido territorial. En este sentido, las pautas colectivas de vida, progreso, controlabilidad, pleno empleo y seguridad han quedado socavadas por 5 procesos interrelacionados: la globalización, la individualización, la revolución de los géneros, el subempleo y los riesgos globales (como la crisis ecológica y el colapso de los mercados financieros globales). El reto teórico y político de la Segunda Modernidad es el hecho de que la sociedad debe responder simultáneamente a todos estos desafíos. Beck, Óp. Cit, p. 7.
[11] Beck, Óp. Cit. p 89.
[12] Entendemos al riesgo, como un constructo teórico que nos permite realizar descripciones de la sociedad presente y futura tomando en cuenta los factores inesperados de los sistemas de acción, que por tanto nos plantean una serie de peligros con relación a posibilidades futuras que son simultáneamente locales y globales.
[13] Botá Arqué, Alexandre “Animales transgénicos como organismos artificiales”, Barcelona, Acta Bioethica, n. 13, 2007, p 1. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S1726-569X2007000100007&script=sci_arttext
[14] Lewontin, Richard; Levins, Richard, “The dialectical biologist”, Cambridge, 1985, p. 269.
[15] Muñoz Rubio, Julio “ciencia y reduccionismo: una crítica a la concepción cartesiana del mundo en la producción de alimentos transgénicos” En: “Alimentos transgénicos, un debate abierto”, ibíd. p 107.

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