Ingredientes para una fotografía erótica

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Ingredientes para una fotografía erótica

El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como
si tuviera palabras a guisa de dedos,
o dedos en la punta de las palabras,
Mi lenguaje tiembla de deseo.
Roland Barthes

 10.

 

Él me pide una fotografía, él me toma una fotografía, él está detrás de mí a unos metros, sentado en un sillón, con un teléfono en la mano. Él viene a mí, me abraza por detrás, pone su rostro de perfil al mío, nuestros cabellos se juntan en una sola e inmensa melena. Nunca veré esa foto, me gustaría haberla tomado, me gustaría tenerla… la fotografía no es sólo lo que está en la imagen, sino lo que presentimos que pasa antes o después de ella. La fotografía está hecha de presentimientos. Cuando observamos una foto, vemos menos lo que está ahí que lo que proyectamos en ella, una historia, la nuestra, se une a la de los retratados, la fotografía no es de quien la produce, es de quien queda seducido por ella. Fotografiamos para eso, para seducir.

Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontinuo.
Ello respira, ello se calienta, ello come.
Ello caga, ello besa.
G. Deleuze y F. Guattari

 10.1

Al aparecer la fotografía, la pintura perdió algo de su erotismo, sólo unos cuantos pintores como Bacon lograron aún materializar en ella ese fulgor, esa intermitencia, como le llamaría Barthes, ese desvanecimiento. La fotografía prometía algo más instantáneo, prometía “realidad”, al menos un fragmento de ella. Saber que existe alguien en la fotografía, que ese alguien retratado vive o vivió, es uno de sus rasgos más conmovedores. Cuando vemos un retrato no vemos un objeto, vemos a alguien, pensar que podemos ingresar a la vida de los otros, aunque sea así, por la mirilla, crea una conmoción particular, no sólo vemos imágenes, empatizamos.

Si bien, algunos pintores rechazaron la fotografía, otros la utilizaron de inmediato. Delacroix trabajaba con Eugène Durieu, éste le proveyó de muchas imágenes de desnudo que el pintor utilizó para sus obras, entre ellas un hombre de musculatura desarrollada aparece con frecuencia: de frente, de espaldas, recostado, con bigote, desnudo y semidesnudo, siempre con sus músculos en tensión, siempre jugando a ser un héroe, una escultura, un ser mitológico; un hombre cuyo nombre hoy se desconoce. De él sólo nos queda su cuerpo perfecto en imágenes amarillentas y en los bocetos de Delacroix, se piensa que era un obrero o un personaje de circo, yo me inclino por lo último porque construir esa arquitectura muscular debió ser tarea de tiempo completo, cada pliegue en él tiene una forma, no hay fragmento de su cuerpo que no posea fuerza, su cuerpo aparece tan detallado que pareciera una pintura y no una fotografía, seguramente eso fascinaba a Delacroix.

10.2

El pintor, primero reacio, terminó seducido por la fotografía y fue consiguiendo más retratos, varias de las odaliscas de sus pinturas se pueden rastrear en las fotografías de Durieu. Delacroix no copiaba las imágenes fielmente, las recreaba, les imprimía movimiento, las hacía emocionantes y vigorosas, sus mujeres se desvanecen en el óleo como se desvanecerían en unos brazos. Si el erotismo de la fotografía proviene de la realidad, el erotismo de Delacroix provenía de su irrealidad. No hay una sola forma de hacer retratos eróticos, no es la figuración, no es la técnica, el erotismo está quizás, en la forma en que miramos al otro.

Muslo lo que toco, muslo
y pétalo de mujer el día, muslo

lo blanco de lo traslúcido, U
y mas U, y mas y más U lo último
debajo de lo último, labio
el muslo en su latido
nupcial, y ojo
el muslo de verlo todo, y Hado,
sobre todo Hado de nacer, piedra
de no morir, muslo:
leopardo tembloroso.

Gonzalo Rojas

10.3

Antoine D’Agata, tomó a finales de los noventa una serie de fotografías en Egipto: cuerpos rojos que se fusionan unos con otros, cuerpos que se desdibujan, que se descarnan desvanecidos en habitaciones oscuras, bestias que se devoran, carne y apertura. Antes de él, sólo Bacon había logrado retratar esa descomposición anímica, ese cuerpo sin órganos como le llamaría Deleuze: “la pintura debe arrancar la figura de lo figurativo”. Agata rasga, desvanece, nos arroja a la sensación, nos pone ante una fotografía revulsiva, nos deja el estertor. Es difícil ver esas imágenes y no sentir que la propia carne se deshace. La fotografía erótica de Agata es confusión, más que revelación, las fotografías de Agata encubren.

Quizás tomamos fotos para eso, para esconder algo, para contener, para darle forma a esa inmensidad que es el otro. Tomamos fotografías no para exhibir, sino para ocultar, lo que pasa y lo que no pasa, adentro y fuera de la fotografía. La foto es menos la imagen física que tenemos frente a los ojos que aquello que dialoga con ella. El erotismo es menos lo que pasa entre los cuerpos que lo que se piensa sobre ellos, por ello quizás, el artista Jan Fabre dice que la parte más erótica del ser humano es el cerebro. 

 

Jan Fabre

Jan Fabre

“Me pregunto si es que acaso estará usted de acuerdo
que no siempre el sitio más misterioso se encuentra ahí,
bajo lo que la tela cubre.”

Pierre Molinier è

10.5

Eugène Disdéri fue uno de los primeros daguerrotipistas que realizó imágenes de desnudo erótico. Además de ello, diseñó una cámara que en lugar de tener un solo objetivo, tenía entre 6 y 12, de modo que era capaz de imprimir hasta doce reproducciones de fotografías en una sola placa: imágenes pequeñas, de 9×6 centímetros aparecían unas junto a otras. Economía, reproducción, multiplicación, Disderí anticipaba nuestros procesos de acumulación fotográfica, no nos contentamos con una sola imagen, repetimos la toma una y otra vez esperando que la próxima sea mejor, aunque sea casi la misma; sólo el detalle, un ojo más abierto, un cabello fuera de lugar, una mirada menos sutil, mínimos cortes, minúsculas transformaciones, sólo el detalle, porque la fotografía está hecha de eso, de minucias, de peculiaridades. La cultura nos enseña a diferenciar entre un gesto y otro, entre un cabello arreglado y uno al aire, entre dos bocas, la cerrada y la sonrisa, el erotismo está anudado a la cultura, juega ese doble juego, por un lado el desnudo: cuerpo cifrado en partes que se leen, órganos codificados, diría Deleuze; por otro, los afectos, los gestos, el desvanecimiento; sujeto animal y sujeto de cultura, el erotismo sería quizás no el encuentro sino la disolución de ambos.

Disderí llamó a esas pequeñas reproducciones “tarjetas de visita”, en aquella época, alrededor de 1854, se utilizaban como tarjetas de presentación. Estas imágenes desataron un gran furor, por primera vez, las personas podían tener su imagen en poses diversas a un costo mucho más accesible, ellos mismos multiplicados en una superficie que mostraba sus gestos variables, sus aspectos distintos, sus mejores ángulos, fragmentos de personalidad, fragmentos de intimidad intercambiable. El fenómeno se volvió tan popular que fue conocido como tarjetomanía.

10.6

Me resulta divertido imaginar a Disderí tras la cámara con sus doce objetivos, me recuerda lo que decía Kafka sobre la fotografía, que sólo permite ver el mundo como en el ojo de una mosca, una misma imagen multiplicada.

Las tarjetas de visita ya no son tan comunes, ahora tomamos selfies y las compartimos vía web. En cambio, las imágenes “eróticas” son cada vez más comunes, en todo el sentido de la palabra. Imágenes construidas con ciertas reglas que se cree que componen el “erotismo fotográfico”: blanco y negro, desnudez, ligueros, medias, zapatos de tacón afilado. Hemos convertido lo erótico en una “tarjeta de visita”: luz tenue, ropa sexy, mucha piel, las mismas poses, los mismos artificios. Los fotógrafos amateur caen casi siempre en este lugar, creen que poseen la receta, creen que el solo uso del blanco y negro da por resultado una fotografía erótica, no es así. Gilles Berquet, por ejemplo, utiliza todos estos elementos, pero lo que presenta es otra cosa, no produce imágenes sino sensaciones, la fuerza de sus fotografías no está en el blanco y negro sino en esa tensión de los cuerpos retratados. Todo es orgásmico en las fotografías de Gilles Berquet; antes del clímax, el cuerpo se tensa, cada músculo se repliega sobre sí, el cuerpo se retrae, se prepara para expandirse después. Gilles Berquet fotografió esos instantes, los unió a sus fetiches, organizó cada escena, descubrió esa tensión erótica, esa aproximación orgánica, esos segundos que anticipan el clímax. Algunas de sus fotos me recuerdan a las de Pierre Molinier, a los corsés y los dildos en los tacones, a las piernas largas y desnudas, Pierre Molinier escribía: “si todo es mentira yo mismo he de transformarme en una mentira. Pero mentira amplificada hasta el vacío. Y aunque sé que en este cambio avanzo hacia la ausencia, lo acepto. Porque deseo ir más lejos. Porque voy a precipitarme hacia el extremo del placer y el dolor violenta y maravillosamente”…

Nobuyoshi Araki

Nobuyoshi Araki

 

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones, 
te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tocara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire 

felino de tu fragancia, te dijera española 
mía, francesa mía, inglesa, ragazza, 
nórdica, boreal, espuma 
de la diáspora del Génesis… ¿Qué más 
te dijera por dentro?
Gonzalo Rojas

El mundo de la fotografía, no está en la fotografía. El erotismo de la fotografía, no está en la imagen, está en la relación con el otro. Hay fotógrafos que dicen saber de antemano lo que quieren mostrar, contratan a modelos dóciles, obedientes corderos que se desnudan siguiendo las instrucciones, se centran en los detalles técnicos, indican claramente a la modelo cada uno de sus gestos. Son los fotógrafos dictadores, los que esperan que la foto sea exactamente como ellos esperan, no trasgreden ni se trasgreden, no ven al otro, lo utilizan; creen que toman fotografías eróticas, pero sólo hacen imágenes, creen que hacen arte, pero solo producen una repetición de gestos que han visto en otras fotografías. Lo que me gusta de las fotografías de Araki es que ninguna de sus modelos es modelo, son mujeres que deciden desnudarse con el fotógrafo, no para él, con él. Araki, el “tío perverso”, como le llaman sus musas, juega con ellas el juego de las ataduras, la foto comienza desde que se presentan y charlan, aun si eso no se ve en la imagen, es una parte importante. Araki las descubre como personas, se aproxima, les acomoda el cabello, las manos, el vello púbico: las toca y ellas se abren como flores. Todas las fotografías de Araki son hermosas, cada mujer que pende de las cuerdas aparece como un fruto abierto, como un buqué de pies y manos extasiados, sus rostros expresan gozo y sosiego al mismo tiempo.

Quizás para encontrar la belleza sólo hace falta observa al otro de manera atenta, observarlo una y otra vez en la intimidad, descubrir sus gestos más precisos, observarlo atenta y silenciosamente hasta descubrir las maneras en las que es libre; nunca lo somos del todo, pero hay esos pequeños espacios de forcejeo, de desprendimiento, de soltura, que son quizás nuestros instantes de mayor belleza. Esos centímetros que aun anudados se rebelan a ser contenidos, son posiblemente los que logra fotografiar Araki.

Nobuyoshi Araki

Nobuyoshi Araki

Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos
salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas

y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas
que eludimos porque tú y yo somos carne

y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce
de dedos reventando millares de hojas tiernas y húmedas,

y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad,
esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología

devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de
dulzura donde jamás hubo límites entre uno y otro ser

y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente
pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar
un mundo indeciso sembrado con piedras

Enrique Verástegui

10.9

No tomamos fotos para verlas, las tomamos por un impulso más pueril e inmediato, las tomamos para estar presentes, para estar seguros de que existimos y de que alguien más existe con nosotros. Tomamos fotos con los otros, porque esa es nuestra manera de expresar confianza en un mundo donde nada es seguro, la fotografía nos otorga la esperanza de no estar solos.

10.10

Richard Kern toma fotografías de mujeres que se encuentra en la calle: amigas, conocidas, las chicas que lo buscan para ser retratadas. Sus series las retratan en algún juego de develamiento, de aproximación, de confesión íntima. Está la serie Contact High, en la que sus adolescentes fuman marihuana en el baño, en un parque, en la ventana de un departamento citadino, el humo es exhalado por sus bocas a medio abrir, como si se tratara de cuerpos volcánicos a punto de arrojar una gran ola de lava. En la portada de su libro con el mismo nombre, una adolescente echa atrás un poco el rostro para permitir que el humo salga aún más denso, su lengua está dentro de su boca, pero el humo es bastante sugerente y el cuerpo desnudo es un llamado a la aventura. Las mujeres aparecen con un aura libertina, juguetona, desafiante, una iconografía de las adolescentes contemporáneas, llenas de adrenalina, todo lo prohibido en una misma imagen: Evas entre el humo de los porros. Todas las fotografías de Kern revelan algo, las mujeres en ropa interior que muestran los medicamentos que consumen, de su serie Medicated, comparten con el otro ese estilo de vida: chicas lánguidas, en ropa interior transparente, en la recámara o en el baño, con sus pastillas en la mano, muestran la cultura contemporánea de rechazo a la enfermedad, la normalización, los procesos de poder, la soledad, la vida que transcurre entre píldoras. En Home enterteinment el fotógrafo ingresa a los hogares de las jóvenes y estas muestran sus televisores, sus libros, las cosas con las que conviven cotidianamente. Una de las series más interesantes de Kern, se llama Dobles, imágenes en las que el fotógrafo ha sobrepuesto una imagen de una chica con ropa a la misma imagen de la chica desnuda. Es un juego psicológico, el juego de imaginar al otro desnudo, de casi llegar a verlo, de presentirlo. El deseo es esta proyección doble que hacemos de una persona, la vemos y nos imaginamos como será su intimidad, y esa intimidad es la que nos atrae, esa zona oscura. El erotismo tendría que ver para mí con eso: descubrir al otro, participar de sus rituales, observarlo ser en esa región íntima y vulnerable, volverse vulnerable con él. La fotografía erótica sería entonces ese recorrido entre lo que percibimos del otro y lo que ofrecemos de nosotros, no la violencia de arrancar una foto del otro, sino el darse un tiempo para verlo, para ser con él. Me parece que la fotografía erótica contemporánea tendría que ver con esa donación. Mucha de la fotografía que se vende como erótica, es aburrida y repetitiva, lo es porque proviene de una receta, lo interesante entonces sería no repetir los pasos y los gestos, no repetir caminos, tomarse el tiempo de descubrir lo que hay de frágil y vulnerable en el otro, en uno mismo. Ese recorrido, que no es evidente, aparece siempre en la fotografía.

10.12 10.13

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