COVID-19: Potencias dentro de las ficciones

Home capitalismo COVID-19: Potencias dentro de las ficciones
COVID-19: Potencias dentro de las ficciones

TOMADA DE CONTEXTO Y ACCIÓN CTXT

 

Resumen 

Con una inicial y breve referencia hacia algunas de las diversas opiniones que se han dado desde la filosofía a causa de todo lo que sucede alrededor del catastrófico COVID-19; en este breve artículo se expone la relevancia de centrarnos en la estructura social, política y económica del mundo capitalista y globalizado para, de esta forma, desvelar también las ficticias divisiones creadas para asignar y justificar los lugares de existencia de los individuos; las cuales también han sido internalizadas a través de la experiencia de aquellos. Finalmente, se expone la forma en que es probable y efectivo crear resistencias, postura que se contrapone con la búsqueda de gruesas propuestas ideológicas.

Palabras clave: COVID-19, capitalismo, experiencia, resistencia, subjetividad.

 

Abstract 

With an initial and brief reference to some of the various opinions that have been given since philosophy because of everything that happens around the catastrophic COVID-19; this short article sets out the relevance of focusing on the social, political and economic structure of the capitalist and globalized world in order, in this way, to also reveal the fictitious divisions created to allocate and justify the places of existence of individuals; which have also been internalized through the experience of those. Finally, it sets out how it is likely and effective to create resistances, a position that is contrasted with the search for thick ideological proposals.

Keywords: COVID-19, capitalism, experience, resistance, subjetivity.

 

Una de las claves de la filosofía se encuentra en ese llamado que le hacemos para analizar no solo en términos del presente los sucesos de la vida y de nuestro mundo, sino en el que le endilgamos también en la capacidad, lograda o no, de avizorar o al menos de intentar dar luces sobre los episodios más inciertos que se nos presentan.

Por lo mismo, en estos días hemos visto desfilar uno a uno los análisis de filósofas y filósofos que más destacan en el panorama actual global. Algunos han dado tremendos yerros al minimizar el alcance mortal y las repercusiones que ya nos consta que ha tenido el COVID-19, al considerarlo una simple “gripita”;[1] otros más, me atrevo a decirlo, han lanzado comentarios un tanto inocentes aunque desde luego ideales, de las potencias que tiene este suceso en el orden político, económico y social para por fin derrocar al voraz capitalismo.[2] Muchos otros, atinadamente han deshebrado la situación y cada uno de los componentes que entran en juego en el orden global como ahora lo conocemos: desde la importancia de alertar sobre el manejo de la salud por parte de la industria de consumo y la consecuente y mortífera formación de monopolios, hasta la muy pertinente cita de la progresiva transformación —durante la modernidad— de la política en biopolítica —que supone la administración y gestión de las vidas de los ciudadanos por parte del Estado y el hecho de poner a la vida en el estatuto de estrategia política—; por supuesto con las debidas alusiones a Michel Foucault.[3]

Y es en este tipo de análisis en el que me parece más adecuado detenerme, no para tratar de vaticinar qué es lo que sigue para el mundo y en qué términos se configurará el nuevo orden mundial, el cual es claro que cambiará de sedes pero es poco probable de dinámica. Me parece oportuno destacar el concepto de experiencia que para efectos prácticos acotaré a la siguiente idea: vivimos y actuamos en función de lo que conocemos, experimentamos, de las vivencias a las que tenemos acceso, pues. Pero esto no debe confundirse con un relativismo o contrariar al hecho de que existan categorías que se producen como condiciones de representabilidad de ciertos fenómenos y que a su vez nos llevarían al uso de categorías trascendentales, a modo kantiano, por ejemplo, lo cual implicaría otro tipo de discusión y estaría más centrado en las formas en que conoce la especie humana en general. Pero no es el cometido de esta reflexión.

Más bien, una vez centrados en la experiencia es necesario aclarar que no por ello se trata de afirmar que aquella supone un paso constante, seguro, lineal, certero, etc., sino que hay también, como en todo proceso vital, un punto de quiebre que a su vez permite no solo mirar otras posibilidades que jamás habían sido contempladas; hay una fuerza que impele y remite a sitios completamente desconocidos, estructurados desde los elementos más adversos y en ese sentido encontramos como resultado el estar parados en lugares irreconocibles.

En estos últimos días se han escrito diversos comparativos entre el COVID-19 y la llamada “gripe española” —aunque surgió y se extendió desde Estados Unidos— como un punto de partida para poder pensar qué es lo que ocurrirá después de esta pandemia; en aquellos entonces, en 1918, la gripe española mató a alrededor de 40 millones de personas en el mundo —se dice que es casi una cantidad que iguala a los muertos de la Segunda Guerra Mundial, por lo menos en sus cifras oficiales—. Ese comparativo sostiene la tesis de que nada nuevo vendrá y que, como en aquellos tiempos, seríamos únicamente testigos de la suspensión de la vida por un periodo de tiempo mientras veríamos morir a una considerable cantidad de personas cercanas.

¿Es así?, ¿vivimos en las mismas condiciones en que se habitaba el mundo de 1918? Al comparar tanto aquella pandemia como la que ocurrió en el año 541, que desató la peste bubónica en el territorio de China hasta lo que entonces eran los puertos de Hispania,[4] se muestran claras similitudes en la reacción y actuación humana además de la expansión del virus a múltiples territorios y la propagación hacia miles de personas —quizá como variantes se encontrarían la velocidad de contagio y la expansión, que con el COVID-19 es hacia toda la orbe—; sin embargo, es necesario poner de relieve las cuestiones estructurales que determinan tanto los actuales niveles de contagio en casi todo el globo como el manejo, o bien, el concepto que se tiene de la vida.

Uno de los fenómenos que está ocurriendo en torno de la pandemia causada por el COVID-19 es que la estructura económica y social que sostiene a los países de cultura occidental está quedando desnuda; en este sentido, más que intentar ver qué es lo que seguirá para la especie humana después de esta catástrofe, es justo centrarse en los elementos principales de la estructura lo que a su vez permite observar por qué, en apariencia, la crisis se vive de maneras particulares dependiendo de las diversas regiones del mundo.

Lo primero que ha entrado en el debate son las acciones llevadas a cabo por los países del “primer mundo” en contraste con los de “tercer mundo”, con lo cual ha salido a relucir la cantidad de recursos humanos, médicos, políticos, administrativos y en general la capacidad de la infraestructura en materia de salud de cada nación para hacer frente a la pandemia.

TOMADA DE UNIR.NET

Lo segundo serían las medidas que ha tomado el gobierno de cada nación para paliar, o al menos intentarlo, el desastre económico que está causando ya el paro de labores de entre los diversos sectores de la sociedad. Resaltan por ejemplo las medidas tomadas por España al pagar ciertas cantidades a los trabajadores que estaban activos como aquellos que se encontraban en paro, además del pago de hipotecas; o de Alemania y el millonario presupuesto aprobado para apoyar al sector laboral y empresarial.[5]

Y así podríamos seguir con una larga lista de acciones que implementa cada país y que incentiva la acostumbrada comparación, decía, entre países del primer mundo y del tercer mundo. Al decir que esto es una posible apariencia me refiero a que el costo de allegarse de tales recursos para los países desarrollados ha sido a condición de la adquisición de deuda, es decir, se ha evidenciado la difícil posesión de cuantiosos recursos propios para enfrentar un fenómeno de este tipo; luego, está el jaloneo entre los países del norte y países del sur que componen la Unión Europea, donde también se ha hecho evidente la situación económica y el grado de desarrollo que tiene cada uno de ellos en los términos del progreso del capitalismo.

Por lo mismo, no ha faltado la mención de una posible disolución de la Unión Europea además de exponerse las pugnas políticas e ideológicas internas de cada país; una muestra: los fuertes golpes de la derecha española hacia el poder en turno, una derecha profranquista que incluso esparce el malsano presentimiento del retorno a una dictadura, y que, sabemos para mal, son fenómenos que alientan la actuación de otros países. Nuevamente es oportuno decir: nuestro hacer, el individual y el colectivo se construye en función de aquello que se conoce o dicta la experiencia —y que para este caso conviene observar a través de la historia las reacciones de aquellos países ante distintas guerras.

Como tercer elemento de la estructura, está la interconexión del mundo nunca antes vista. La propagación del virus, a diferencia del de 1918 o el de 541, se vive de manera distinta en 2020 por el fenómeno de la comunicación en un mundo globalizado, por la facilidad de traslados en cuestión de horas de país en país, es decir, por el acortamiento de distancias físicas, diría Paul Virilio,[6] como fenómeno característico de la modernidad. El virus ahora no sólo es biológico, es también informacional y se esparce en la manera en que nos relacionamos socialmente con la tecnología; el COVID-19 está presente tanto en los cuerpos como en nuestras pantallas, en nuestras mentes, y causa también efectos nocivos como el pánico, la angustia, depresión, etc. Nos queda claro entonces que, aquello que sostenía Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio[7] respecto de que hemos pasado de una época inmunológica del repudio a lo otro, al virus, a una de indiferencia o de falta de reconocimiento del enemigo, no lo es del todo: no hemos creado el cuerpo biológicamente inmune hacia toda posible amenaza del exterior, así como tampoco podemos hablar de una sociedad del cansancio en países —de todo el mundo— en que incluso la autoexplotación, el teletrabajo y el emprendedurismo está reservado para unos cuantos.

En contraste con las reflexiones que aseguran que esos excluidos son únicamente las masas de personas que viven en el tercer mundo, nos damos cuenta de que el problema traspasa la ficción creada con aquella división; exponiendo que la vulnerabilidad y la precariedad viene en sí misma dada por y desde el capitalismo de modo transterritorial: los miles de desempleados en Europa, los migrantes, los trabajos precarizados, la violencia de género, no son fenómenos exclusivos de este o aquel lado del globo —aunque tampoco podemos pasar de largo el nivel de pobreza generado en diversos y específicos territorios en donde históricamente se ha llevado a cabo el saqueo y la explotación—, sino que son consecuencias visibles de un régimen ideológico, político y económico que gusta de robustecerse a costa de explotar las vidas en todos los ámbitos que le sea posible.

No es deseable ignorar la injerencia de ciertos países y sus ideologías predominantemente coloniales hasta estas fechas, así como las organizaciones internacionales que han tenido que ver en el sostenimiento de la sutil explotación que les ha asegurado cuantiosas ventajas. Lo que sí es preciso es que empecemos por hacer disecciones respecto de las formas en que el capitalismo se ha incrustado en cada región y cultura, y gracias al cual se han formado las diversas jerarquías de lo que se comprende como vida; esto para no caer en el error de nombrar un régimen con figura fantasmal al que se teme pero que no se puede combatir —al menos no con gruesas apuestas.

Por lo mismo, aducir la aniquilación del capitalismo es dejar a la deriva la rearticulación de las posibilidades que tenemos los grandes perdedores de este sistema. Es echarlo todo en un mismo saco que difícilmente podría tomar alguna forma para atacar al enemigo. Si bien la propuesta es ideal, se queda ahí, en el ideal, en una más de las utopías… mientras que hoy por hoy la búsqueda de una alternativa se precisa urgente.

Una de las capacidades del capitalismo, como ya sabemos, es entreverarse con las particularidades socioculturales de cada rincón del globo donde opera, de modo que se asegure una subsistencia y se garantice la explotación. Así, varios pensadores, como Manuel Castells o Saskia Sassen, ya han expuesto la forma en que se teje lo local y lo global, en donde no es obstáculo para el capitalismo operar en territorios inimaginables e inhóspitos para extraer ganancias y configurar como forma de vida su modus operandi y así también generar subjetividades.

De modo que, si el capitalismo se ha diseminado y articulado en función de las especificidades culturales, en ningún caso es homogéneo, así como tampoco y en consecuencia las resistencias creadas al respecto pueden o podrían ser universales o incluso plantearse a modo de panacea.

De esto estaríamos hablando en el sentido de que no hay una sola fórmula que pueda derrocar al capitalismo, pues sus tentáculos ideológicos han formado a la par las subjetividades de sus huéspedes, en cualquiera de las escalas de poder que se pueda pensar: desde los dueños de capitales, pequeñas y medianas empresas, hasta los trabajadores —al lado de las pocas o muchas posesiones de las que pueden allegarse de bienes y servicios en el nombre de este régimen económico y social, y en nombre también de la forma que toman sus vidas.

Cuando Alberto Constante[8] habla de la microfísica del poder —en alusión al concepto de Foucault— que se involucra en el uso de las redes sociales virtuales es porque en efecto tanto en las tecnologías de la información que usamos cotidianamente como en la forma en que llevamos a cabo nuestras relaciones interpersonales hay un ejercicio de poder, cualquiera que sea su jerarquía. Así, podremos ver que el poder no solo se detenta desde arriba o desde las grandes estructuras: el poder también está en las relaciones locales de resistencia.

Es decir, que la experiencia que adquirimos desde nuestra cultura local, desde las formas en que países como México y muchos otros de Latinoamérica han aprendido a vivir o sobrevivir teniendo delante la gran imposición del régimen del capital se han logrado gracias a la articulación de microrredes: se ha producido una subjetividad que por un lado asimila el pensamiento jerarquizado de la ideología del capital, pero que del otro lado necesita y se procura medios alternos de subsistencia.

En estos días he sido testigo de las diversas redes de apoyo que se generan para hacer frente a esta pandemia: desde intercambios en especie y de servicios por parte de redes de mujeres que buscan contrarrestar el impacto económico de la parálisis de actividades como frenar la violencia machista que se suma a la gran problemática, hasta uniones que emergen para dar alimentación a las personas que se están quedando sin el mínimo sustento. El ejercicio del poder está también en esas microrredes. Y quizás sea desde ahí donde tengamos que empezar a pensar, desde la autoorganización y autogestión, para hacer esa resistencia cada vez más fuerte y la única que sería capaz en todo caso de buscar maneras alternas a la voracidad que se impone y cuyo rostro, en este 2020, nos ha tocado vivir bajo el ataque del COVID-19, pero que bien puede manifestarse de diversas maneras y en múltiples escenarios para evidenciar las grandes ficciones ideológicas convenientes para muy reducidos sectores.

La posibilidad de apropiarse de los procesos políticos que redirijan la cuestión hacia los sectores más golpeados se encuentra ahí, en la medida en que se ha presentado con esta crisis el acontecimiento, la ruptura de la experiencia que abre la posibilidad de construir otro tipo de subjetividad; un momento propicio para producir la subjetivación como el proceso político[9] urgente desde nuestras microrredes de poder o márgenes de actuación.

  

Bibliografía

  1. Agamben, Giorgio, “La invención de una epidemia” en Sopa de Wuhan. ASPO: 2020, recuperado de: http://iips.usac.edu.gt/wp-content/uploads/2020/03/Sopa-de-Wuhan-ASPO.pdf
  2. Constante, Alberto, “¿Qué son las redes sociales?” en Las redes sociales, una manera de pensar el mundo, Universidad Nacional Autónoma de México/Ediciones sin nombre, México, 2013.
  3. Chul-Han, Byung, La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, 2017.
  4. Deleuze, Gilles, La subjetivación: curso sobre Foucault III, Cactus, Buenos Aires, 2015.
  5. Olaya, G., Vicente. Escenas de una pandemia de hace 1500 años que se repiten hoy, El país, recuperado de: https://elpais.com/cultura/2020-04-10/escenas-de-una-pandemia-de-hace-1500-anos-que-se-repiten-hoy.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR3MGv9YuzosDyxxU8LCpqcXd4v4aaEqBOeKB5t60yzUeB5Wf_rTo59ftns
  6. Virilio, Paul. El accidente original, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2005.

 

Notas 

[1] Giorgio Agamben, La invención de una epidemia, ed.cit., pp. 17-29.
[2] Slavoj ŽiŽek, El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo, pp. 21-28.
[3] Tesis expresada principalmente en Historia de la Sexualidad I La voluntad de saber.
[4] Vicente G. Olaya, Escenas de una pandemia de hace 1500 años que se repiten hoy, El país, Consultado desde: https://elpais.com/cultura/2020-04-10/escenas-de-una-pandemia-de-hace-1500-anos-que-se-repiten-hoy.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR3MGv9YuzosDyxxU8LCpqcXd4v4aaEqBOeKB5t60yzUeB5Wf_rTo59ftns
[5] Coronavirus: Alemania aprueba un presupuesto adicional de 156.000 millones, consultado desde: https://www.dw.com/es/coronavirus-alemania-aprueba-un-presupuesto-adicional-de-156000-millones/a-52884534
[6] Paul Virilio, El accidente original, ed. cit., p. 20.
[7] Cfr. Byung-Chul Hnag, La sociedad del cansancio¸ed. cit.
[8]   Alberto Constante, “¿Qué son las redes sociales?” en Las redes sociales, una manera de pensar el mundo, pp. 13.
[9] Cfr. Deleuze, G., La subjetivación, curso sobre Foucault, ed. cit.

Leave a Reply