¿Fin de la biopolítica y retorno del Estado disciplinario?

Por Edgardo Castro

Resumen: En relación con el pensamiento de Michel Foucault, este artículo se ocupa de mostrar los límites de la idea de biopolítica, a partir de la oposición entre pandemia y endemia, y afirma la posibilidad de un Estado, pandemia, disciplina, política,

Palabras clave: Covid-19.retorno del sueño político de la disciplina, Pandemia, Estado, disciplina, política

Abstract: In relation to Michel Foucault’s thought, this article points out the limits of the idea of biopolitics, based on the opposition between pandemics and endemics, and affirms the possibility of a return to the political dream of the discipline.

Keyword: State, pandemic, discipline, politics, Covid-19.

Por Edgardo Castro [[1]]

Desde que Foucault retomó el término hacia mediados de la década de 1970 y, en particular, con el impulso de lo que hoy se denomina el Italian Thought (Giorgio Agamben y Roberto Esposito, particularmente), en torno a la problemática de la biopolítica se formó toda una corriente de pensamiento sobre la relación entre la política y la vida, donde ambos términos son usados en un sentido amplio. Por política, en efecto, no solo hay que entender las instituciones de la estatalidad moderna, sino también todo ese abanico de otras instituciones y prácticas con las que se gobierna y conduce a los individuos y a las poblaciones. Y por vida, a su vez, tanto la dimensión biológica de la especie humana como sus formas sociales y culturales. Más allá de esta amplitud, en la que no podemos detenernos ahora, la tensión entre la dimensión estatal de la política y la biológica de la población dominó, en gran medida, el debate. Esta misma tensión es la que se vuelve evidente hoy a nivel planetario con la pandemia desatada por el COVID-19.

Sobre la actualidad de esta tensión, quisiera esbozar dos reflexiones a partir de los trabajos de Michel Foucault. La primera concierne a la relación entre pandemia y endemia. La voluntad de saber (1976), como sabemos, es el único libro del autor publicado en vida donde aborda el concepto de biopolítica. Aquí, es necesario subrayarlo, este concepto tiene una marcada impronta afirmativa. No remite, fundamentalmente, a la muerte con la que el soberano puede amenazar la vida de los ciudadanos, ejerciendo su derecho de castigar y declarar la guerra; sino a la formación de un poder que se ejerce directamente sobre la vida de la población, para mejorarla y potenciarla.

Ahora bien, cuando Foucault se refiere a las condiciones que hicieron posible la formación de este nuevo (es decir, moderno) poder sobre la vida, sostiene:

“[…] la presión de lo biológico sobre lo histórico, durante milenios, fue extremadamente fuerte; la epidemia y el hambre constituían las dos grandes formas dramáticas de esa relación que permanecía así colocada bajo el signo de la muerte; por un proceso circular, el desarrollo económico y principalmente agrícola del siglo XVIII, el aumento de la productividad y los recursos más rápido aún que el crecimiento demográfico al que favorecía, permitieron que se aflojaran un poco esas amenazas profundas: la era de los grandes estragos del hambre y la peste —salvo algunos brotes esporádicos— se cerró antes de la Revolución Francesa; la muerte dejó, o comenzó a dejar, de hostigar directamente a la vida. Pero al mismo tiempo, el desarrollo de los conocimientos relativos a la vida en general, el mejoramiento de las técnicas agrícolas, las observaciones y las medidas dirigidas a la vida y a la supervivencia de los hombres, contribuían a ese aflojamiento: un relativo dominio sobre la vida apartaba algunas inminencias de muerte. En el espacio de juego así adquirido, los procedimientos de poder y saber, organizándolo y ampliándolo, toman en cuenta los procesos de la vida y emprenden la tarea de controlarlos y modificarlos. El hombre occidental aprende poco a poco en qué consiste ser una especie viviente en un mundo viviente, tener un cuerpo, condiciones de existencia, probabilidades de vida, salud individual o colectiva.” [[2]]

En pocas palabras, una de las condiciones de la formación de ese nuevo poder sobre la vida, la biopolítica, ha sido para Foucault lo que bien puede definirse como el paso de la situación de pandemia a la de endemia, a partir de la posibilidad de controlar y administrar esa amenaza de muerte, que no proveniente de la potestad del soberano, sino de la fuerza biológica de la peste.

Esta misma diferencia, entre pandemia y endemia, es la que aparece en el curso de 1978, Seguridad, territorio y población, a propósito de la comparación entre los dispositivos de gobierno de las pestes, en general, y el de la viruela, en particular, con la que Foucault busca ejemplificar las diferencias entre los dispositivos disciplinarios y los de seguridad, propios de la biopolítica.[[3]] En el primer caso, en efecto, nos encontramos con el modelo disciplinario de la cuarentena, el modelo peste: organización del espacio, distribución de los individuos en un espacio reticulado, centralización de la información sobre los individuos, etc. En el segundo, en cambio, con la gestión de la enfermedad, sus consecuencias y sus riesgos, en términos estadísticos (mortalidad, tasas de contagios, efectos a mediano y largo plazo, etc.). Al igual de cuanto sucede entre el modelo de exclusión de la lepra y el modelo disciplinario del manejo de la peste, que pueden combinarse, también los dispositivos disciplinarios de la peste pueden entrelazarse con las formas de gestión de los dispositivos de seguridad.

Mi segunda reflexión apunta hacia este entrelazamiento entre el modelo de gestión de la viruela y el modelo disciplinario de manejo de la peste. Ambos, como acabamos de decir, pueden entrelazarse y combinarse. Sin embargo, al menos por el momento, no disponemos de la posibilidad de controlar la situación generada por el Covid-19 en términos securitarios (sin vacunas disponibles, con sistemas salud insuficientes, sin terapias eficaces para todos los casos) y, por lo tanto, no nos enfrentamos a una enfermedad endémica, sino a una pandemia. En este sentido, respecto del Covid-19, no disponemos, al menos en los términos en que Foucault lo plantea en La voluntad de saber, de una biopolítica. Cabe preguntarse, entonces, si, en el gobierno político de la vida biológica de la población, esa posible combinación entre el modelo de la peste y el de la viruela no se desbalanceará, fortalecimiento finalmente los dispositivos disciplinarios.

En este escenario, la siguiente página de Vigilar y castigar resulta más que pertinente:

“A la peste responde el orden; tiene por función desenredar todas las confusiones: la de la enfermedad que se trasmite cuando los cuerpos se mezclan; la del mal que se multiplica cuando el miedo y la muerte borran las prohibiciones. Prescribe a cada uno su lugar, a cada quien su cuerpo, a cada cual su enfermedad y su muerte, a cada cual su bien, por el efecto de un poder omnipresente y omnisciente que se subdivide a sí mismo de manera regular e ininterrumpida hasta la determinación final del individuo, de lo que lo caracteriza, de lo que le pertenece, de lo que le ocurre. Contra la peste, que es mezcla, la disciplina hace valer su poder, que es análisis. Ha habido en torno de la peste toda una ficción literaria de la fiesta: las leyes suspendidas, las prohibiciones levantadas, el frenesí del tiempo que pasa, los cuerpos mezclándose sin respeto, los individuos que se desenmascaran, que abandonan su identidad estatutaria y la figura bajo la cual se los reconocía, dejando aparecer una verdad totalmente distinta. Pero ha habido también un sueño político de la peste, que era exactamente lo inverso: no la fiesta colectiva, sino las particiones estrictas; no las leyes trasgredidas, sino la penetración del reglamento hasta en los más finos detalles de la existencia y por intermedio de una jerarquía completa que garantiza el funcionamiento capilar del poder; no las máscaras que se ponen y se quitan, sino la asignación a cada uno de su ‘verdadero’ nombre, de su ‘verdadero’ lugar, de su ‘verdadero’ cuerpo y de la ‘verdadera’ enfermedad. La peste como forma a la vez real e imaginaria del desorden tiene como correlato médico y político la disciplina. Por detrás de los dispositivos disciplinarios se lee la obsesión de los ‘contagios’, de la peste, de las revueltas, de los crímenes, de la vagancia, de las deserciones, de los individuos que aparecen y desaparecen, viven y mueren en el desorden.” [[4]]

Los límites actuales de la biopolítica, es decir, las dificultades para controlar la pandemia del Covid-19 pueden llevar, entonces, a una reactivación del sueño político de la peste. Esta esta reactivación, justificada o injustificadamente, encuentra un punto de partida, en la actual pandemia. Pero, los mecanismos disciplinarios del Estado, una vez puestos en marcha, pueden prescindir de las circunstancias que los hicieron necesarios. Desde esta perspectiva, el fin de la biopolítica y el retorno de un Estado disciplinario se vuelven parte de nuestra actualidad y no dejan de interpelar al pensamiento.

Bibliografía:

Foucault, Michel, La voluntad de saber. Historia de la sexualidad 1, Siglo XXI Editores, Buenos Aires 2008.

Foucault, Michel, Nacimiento de la biopolítica, FCE, Buenos Aires, 2008.

Foucault, Michel, Seguridad, territorio, población, FCE, Buenos Aires, 2006.

Foucault, Michel, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2008.

NOTAS

[[1]] Edgardo Castro es Doctor en Filosofía, investigador del Instituto de Filosofía Ezequiel de Olaso (CIF-CONICET, de Buenos Aires) y profesor universitario. Es autor, entre otros trabajos, del Diccionario Foucault. Temas, conceptos y autores (Siglo XXI Editores de Argentina, 2018). Esta reflexión se origina en la conferencia y posterior debate en el Seminario Actualidad de la Biopolítica de la Red Foucault en la Web Latinoamérica.

[[2]] Foucault, Michel, La voluntad de saber, ed. cit, p. 136.

[[3]] Foucault, Michel, Seguridad, territorio, población, ed. cit., clase del 11 de enero de 1978.

[[4]] Foucault, Michel, Vigilar y castigar, ed. cit., pp. 229-230.