Jean-Luc Nancy y el hegelianismo de la segunda mitad del siglo XX: entre la especulación y la inquietud

JEAN-LUC NANCY. FOTOGRAFIA DE WWW.INTERFERENCIA.CL

 

Resumen

Jean-Luc Nancy es un filósofo que piensa el mundo contemporáneo a partir de la tradición filosófica francogermánica. Él escribió dos libros exclusivamente sobre G. W. F. Hegel: La remarque spéculative (Un bon mot de Hegel) en 1973 y Hegel. L’inquiétude du négatif in 1997. En el primero hace una reflexión sobre la elección del verbo aufheben como “la palabra” del discurso hegeliano. En el segundo hace una interpretación de varios conceptos hegelianos a la luz del propio Hegel y de la filosofía primera que Nancy quiere proponer como “ontología de la comunidad”. En este trabajo se propone exponer el hilo conductor que va de los primeros trabajos hasta los últimos de Nancy a través la familiaridad de su ontología con el discurso hegeliano.

Palabras clave: Nancy, Hegel, ontología, aufheben, comunidad, negatividad.

 

Abstract

Jean-Luc Nancy is a philosopher who thinks the contemporary world since the Franco-German philosophical tradition. He wrote two books exclusively on G. W. F: Hegel: La remarque spéculative (Un bon mot de Hegel) in 1973 and Hegel. L’inquiétude du négatif in 1997. In the first one, he does a reflection on the choice of the verb aufheben as “the word” of Hegelian discourse. In the second one, he interprets several Hegelian concepts in light of Hegel himself and through the first philosophy that Nancy proposes as “ontology of community”. In this work, we propose a unifying thread that goes from the first works to the latest through the familiarity of his ontology with the Hegelian discourse.

Keywords: Nancy, Hegel, ontology, aufheben, community, negativity.

 

De nuevo Hegel, siempre…

Jacques Derrida

La escritura y la diferencia

 

Hegel es lo contrario de un pensador “totalitario”…

Hegel representa y nos representa la comedia de la tragedia de la separación.

Jean-Luc Nancy

Hegel. La inquietud de lo negativo

 

El propósito de este trabajo pretende mostrar al lector dos escritos dedicados de manera exclusiva a la filosofía del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) desde la perspectiva del filósofo francés Jean-Luc Nancy (1940-2021), la cual podríamos calificar como una “de[s]construcción del hegelianismo”. Estas dos obras son, a saber: “La remarque spéculative(“Un bon mot de Hegel”) de 1973 y “Hegel. L’inquiétude du négatif[1] de 1997.

Asimismo, nos valdremos de las contribuciones hechas por investigadores de la obra de Nancy y de Hegel: Marie-Eve Morin para la lectura del primero, y Félix Duque y Jean-François Kervégan para la lectura del segundo.

 

Los antecedentes del hegelianismo en Francia

 

Antes de abordar la operación nancyana sobre el idealismo alemán, es necesario detenernos en el contexto inmediatamente anterior a la publicación de los dos textos. Abordaremos brevemente la cuestión del hegelianismo en Francia durante la primera mitad del siglo XX.

 

Es en este contexto, posterior a la Gran Guerra[2] (1914-1918), donde diferentes corrientes filosóficas aparentemente olvidadas o “muertas” resurgieron, ejemplo de ello fueron el neotomismo, el bergsonismo y el hegelianismo. Ésta última tuvo una renovación al grado que pudo decirse que Hegel “[…] desempeña en la filosofía del siglo XX un papel comparable al que había desempeñado Kant en la última parte del siglo XIX”.[3]

 

La renovación de la filosofía hegeliana en Francia fue tal que constituyó un hegelianismo con base en la “Fenomenología del espíritu” (1807) al grado de convertir este libro en una “vulgata hegeliana” a partir de las lecciones de Alexandre Kojève:

 

El ‘impacto’ más sonoro llega, sin duda, en la Francia de los años 30, cuando Alexandre Kojève, un exiliado ruso, expone la “Fenomenología del espíritu” en la “École des Hautes Études” ante unos oyentes fascinados que resultan ser la flor y nata de lo que constituirá el pensamiento francés durante los siguientes cuarenta años: Emmanuel Levinas, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Raymond Aron, Jacques Lacan… Es difícil exagerar en qué medida todo el existencialismo francés —y todo el pensamiento que vino después de él, no sólo en Francia— constituye una reacción a esas conferencias de Kojève… Entre los oyentes estaba Hyppolite, que produce poco después la primera traducción al francés y el primer comentario completo y exhaustivo del libro, hoy todavía imprescindible.[4]

 

Como podemos apreciar, a partir de los nombres enlistados, las personas que asistieron a estas lecciones impartidas entre 1933 y 1939 conformaron un “crisol kojèviano” que abarca tanto juicios favorables como desfavorables del gran introductor del pensamiento hegeliano en Francia:[5] “Se puede decir sin prejuicios que el Hegel de la cultura francesa, al que se tenía acceso durante medio siglo, fue de manera prácticamente exclusiva ‘el Hegel de Kojève’”.[6]

 

Los trabajos de Nancy sobre Hegel I: La ocurrencia

 

Como es sabido, Nancy estudió filosofía en la Universidad de París (La Sorbonne), donde obtuvo la licenciatura en filosofía en 1961 y su diploma de estudios superiores (maestría) en filosofía en 1963. En esos años, Nancy trabajó muy cercanamente a Paul Ricœur, quien supervisó su tesis de maestría sobre la filosofía de la religión de Hegel titulada “Figura y verdad: el problema de la representación en la analítica hegeliana de la religión revelada”. Después de su agregación, Nancy enseñó en Colmar antes de ser asistente del Instituto de Filosofía de Estrasburgo en 1968.

 

En 1973 obtuvo el grado de doctor, nuevamente bajo la dirección de Ricœur, con una tesis sobre el discurso analógico en Kant. Después de publicar artículos breves sobre Nietzsche (hay que recordar que el filósofo y filólogo prusiano fue una suerte de antídoto o contrapeso al hegelianismo francés), Nancy publicó sus primeros libros durante la década de los 70 los cuales provenían de sus estudios de maestría y doctorado: “La remarque spéculative” (“Un bon mot de Hegel”) de 1973 y “Le discours de la syncope. I. Logodaedalus” de 1976.

La amplitud entre los dos libros dedicados exclusivamente al análisis a la filosofía hegeliana abarca un periodo de casi veinticinco años. El primero, “La remarque spéculative” (“Un bon mot de Hegel”)[7] es una interpretación o, si se quiere, una de[s]construcción de la filosofía hegeliana teniendo en cuenta las obras “Note sur la langue et la terminologie hégéliennes[8] (1931) de Alexandre Koyré, la primera parte de “Lógica y existencia”[9] (1961) de Jean Hyppolite, “Absolute Reflexion und Sprache[10] (1967) de Werner Marx, y “De la economía restringida a la economía general. Un hegelianismo sin reserva”[11] (1967) y “El pozo y la pirámide. Introducción a la semiología de Hegel”[12] (de 1968 y publicado en 1971) de Jacques Derrida.

 

En este libro, Nancy realiza un análisis lingüístico (filológico y retórico) así como filosófico de la palabra aufheben.[13] Dicho término es traducido al francés con el verbo relever, ocasionalmente traducido a su vez al español como el verbo “relevar” y su derivación al sustantivo como “relevo”, lo cual puede prestarse a confusiones y malentendidos.[14]

 

Nancy examina las “observaciones” o “notas” para apuntalar ciertas estrategias generales en diferentes textos de Hegel que presentan ciertas preocupaciones lingüísticas por parte del filósofo alemán. Tal es el caso de términos sumamente caros para la filosofía hegeliana como Aufhebung, “mediación” y “especulación”.

 

En el “Prefacio a la segunda edición” de la “Ciencia de la lógica”, firmado siete días antes de su muerte siendo así el último texto escrito por él, Hegel expresa sus consideraciones sobre el lenguaje y su relación con la filosofía:

 

Mucho más importante es que en un idioma las determinaciones del pensamiento se hayan destacado como sustantivos y verbos y tengan así el sello de formas objetivas; en esto el idioma alemán tiene muchas ventajas sobre los otros idiomas modernos; muchas de sus palabras no sólo tienen la propiedad de prestarse a diferentes significaciones, sino que hasta tienen significados opuestos; de modo que tampoco en esto puede dejarse de reconocer un espíritu especulativo del lenguaje.[15]

 

A pesar de dar muestras de conocimiento del “sistema” y no ostentar una lectura que reduzca a Hegel a la “Fenomenología del espíritu”, Nancy reconstruye el despliegue propio del pensamiento de Hegel basándose en tropos y valiéndose de estrategias de[s]constructivas más que de estructuras o elementos subsumidos por una lectura canónica.

 

La “ocurrencia” (bon mot) de Hegel consiste en emplear una palabra con significación ambigua: el verbo aufheben. “La teoría (si es que hay una) del doble significado de aufheben no se articula sobre la teoría de la significación”.[16] Esta “ocurrencia” o “juego de palabras” queda constatado en la última observación[17] o nota[18] “La expresión: eliminar”[19] que el filósofo idealista hace en la última sección del capítulo primero del libro I “La doctrina del ser” (1812) agregada a la segunda edición de “Ciencia de la lógica” de junio de 1931[20] poco antes de su muerte acaecida el 14 de noviembre de dicho año:

 

Para el pensamiento especulativo es una alegría el encontrar en un idioma palabras que tienen en sí mismas un sentido especulativo; y el idioma alemán posee muchas de tales palabras. El doble sentido de la palabra latina tollere (que se ha hecho famoso por el chiste de Cicerón: tollendum esse Octavium = Octavio debe ser levantado-eliminado) no llega tan lejos; la determinación afirmativa llega sólo hasta el levantar. Algo es eliminado sólo en cuanto que ha llegado a ponerse en la unidad con su opuesto; en esta determinación, más exacta que algo reflejado, puede con razón ser llamado un momento.[21]

 

Asimismo, Nancy continúa el análisis de la primera línea de la observación: “El asumir y lo asumido es uno de los conceptos más importantes de la filosofía”.[22] Resalta el hecho de que Hegel haya usado el verbo “ser” en singular para referirse a dos sustantivos como si se tratara de un solo sujeto de la oración en singular, “[…] un solo concepto se compone del infinitivo del verbo y el participio de pretérito de dicho verbo”.[23] A partir de esta ingeniosa elección de dicha palabra, tenemos que “Aufheben es la palabra del discurso hegeliano, la ocurrencia (bon mot) del pensamiento especulativo, su contraseña/palabra de paso (mot de pase). Pero esta palabra no presenta su sentido en la transparencia pura de su presencia de palabra, de su posición léxica y semántica”.[24]

 

Los trabajos de Nancy sobre Hegel II: La inquietud

 

Entre el primer libro dedicado a Hegel y el segundo, el proyecto filosófico de Nancy se dedicó ambiciosamente a rehacer toda la “filosofía primera” fundándola en lo “singular plural” del ser o el “ser-en-común”, como podemos constatar en “La comunidad desobrada” de 1986 y “Ser singular plural” de 1996 en cuyo prefacio nos deja clara su “ambición de rehacer toda la ‘filosofía primera’ fundándola en lo ‘singular plural’ del ser”.[25] Es casi veinticinco años después, en 1997, cuando aparece “Hegel. La inquietud de lo negativo”, el cual fue escrito un año antes en San Lorenzo.

 

Este libro es una suerte de diccionario hegeliano con entradas de[s]construidas por Nancy a partir de conceptos tales como: “inquietud”, “devenir”, “penetración”, “lógica”, “presente”, “manifestación”, “temblor”, “sentido”, “deseo”, “libertad” y “nosotros”. Como se puede apreciar, no se sigue un orden alfabético como es la costumbre en un diccionario, sino que el hilo conductor de todos estos conceptos es la negatividad. Incluso podríamos decir que el hilo conductor de la investigación sobre Hegel es el propio Nancy, pues es él quien ha diseccionado a Hegel a partir de Heidegger y otros filósofos, reencontrándolo y acompañándolo calurosa y felizmente en “La inquietud de lo negativo”. De modo que los conceptos hegelianos son interpretados, no sólo a la luz de la negatividad/inquietud del espíritu sino, a través de los conceptos nancyanos de “comunidad”, “existencia”, “finitud”, “singularidad”, entre otros. Al final de las once interpretaciones, nos presenta una selección de textos, enlistados según su orden de aparición, provenientes de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas”[26] (1817), “Propedéutica filosófica” (1808-1816), “Fe y saber” (1802) y la “Fenomenología del espíritu” (1807).

 

Desde una perspectiva hegeliana, podríamos atrevernos a decir que es precisamente la Sittlichkeit (“la ‘eticidad’, la institucionalidad o incluso la cultura política”[27]) el concepto que atraviesa todo el libro de “Hegel. La inquietud ante lo negativo” más que la negatividad misma. Su interés por el filósofo alemán tal vez se deba a que considera que “Hegel es el pensador que inaugura el mundo contemporáneo”[28] y en esta medida puede ser de provecho para pensar la comunidad contemporánea.

 

Nancy avec Hegel piensa la comunidad fuera del contexto de la política para poder abordarla desde el ser singular plural de la ontología como ser-en-común, es pues una subjetividad sustancial como existente en el mundo. En cuanto a lo existente, sabemos que “[…] estas existencias no son las de individuos separados, sino de singularidades que comparten el movimiento, el devenir, el deseo y la decisión”.[29] Y en cuanto al mundo y al sentido, sabemos que “[…] el mundo hegeliano es el mundo en donde ninguna generalidad subsiste, sino sólo singularidades, infinitamente”.[30] Singularidades, no individualidades, que están-con o están-entre, “ser-en-común”, y que por lo mismo no se reducen a la particularidad y son recobradas en un universal que ya no es abstracto sino concreto. Esta subjetividad sustancial es entendida como proceso es lo absoluto: “Lo absoluto está entre nosotros”.[31] Se trata de un nosotros que no es metafísico, pues es sin trasfondo, sin fundamento. Es un nosotros que no se identifica con el sujeto de la epistemología. “‘Nosotros’ no es algo —ni objeto ni sí-mismo— cerca de lo cual el absoluto se estaría… que lo absoluto se esté o quiera estarse cerca de nosotros quiere decir que él es nuestro ‘cerca de nosotros’, nuestro entre-nosotros, el entre-nosotros de nuestra manifestación, de nuestro devenir y de nuestro deseo”.[32] Es un “nosotros” que tiene que ver con un fundamento que constantemente se desfundamenta y en esa medida es su propia instancia de verdad: “A nosotros la verdad nos incumbe, y ella se encuentra como nosotros… Para nosotros hay sentido y verdad en lo que para la conciencia sigue siendo representación y significación aisladas”.[33]

 

En este movimiento entre universal y particular, no entre un sistema “totalitario” e individualidades subsumidas a él o abstraídas en él, es donde este “ser-en-común” o el “nosotros” se va constituyendo a partir de la negatividad, de su inquietud, generando nuevas experiencias y posibilidades de existir en el mundo y de existir en relación con una alteridad. “El fin ejecutado, o lo efectivamente real que existe es el movimiento y el devenir desplegado; pero precisamente esta inquietud es lo que es el sí-mismo”.[34] “Entre nosotros nada puede permanecer en reposo…y pasamos unos después de otros, así como unos en otros. Unos con otros, unos cerca de otros: el estar cerca de lo absoluto no es distinto de nuestro estar cerca unos de otros”.[35] Aunque “bien pudiera ser que lo absoluto, en y para sí, si es que no estuviera ya donde nosotros y quisiera estarlo, se burlara de esta astucia”.[36]

 

La “comunidad sin comunidad”: entre la ciencia de la lógica y la ontología nancyana

 

Como ya se ha venido destacando, Nancy tiene la intención de describir una forma de socialidad que no puede ser caracterizada en términos de aparato estatal, de soberanía o de ley, sino como “la apertura de un espacio”. “Este espacio es abierto por la libertad… Es la libertad la que abre este espacio. Ella no viene a producir nada ahí, sino que viene a producirse (no es poíesis, sino praxis)”.[37] El filósofo francés es consciente de la imposibilidad de buscar y encontrar más allá de la determinación de lo político en cuanto libertad que recupera de Heidegger en “Conceptos fundamentales”.

 

Nancy al menos va a postular que “lo político” no consiste primariamente en una composición y dinámica de poderes, a la Hobbes con su “Leviatán” o a la Foucault con su “tecnología política” o “microfísica de poder”, sino, como mencionamos en líneas anteriores, “la apertura de un espacio”: “El inicio, en tanto que inicio de la historia acontecida, sólo está allí donde hay libertad; esto es: allí donde una humanidad se relaciona y comporta decisivamente con el ente y su verdad”.[38]

 

Decimos que el concepto nancyano de “libertad”, el cual está en íntima relación con el de “comunidad”, también está en relación con la “esencia” en cuanto verdad del ser en sentido hegeliano, pues en ambos casos se apunta hacia una ontología más que a una ética o a una política en sentido tradicional: “El concepto es lo ‘libre’, en tanto ‘poder sustancial’ que-está-siendo para el ‘mismo’”.[39] Esta apertura hecha por la libertad que se produce a sí misma en cuanto praxis que lo político opera de la misma forma en que lo hace el espíritu en Hegel, pues “[…] el espíritu que se sabe libre y se quiere como este objeto suyo, es decir, tiene a su esencia como determinación y fin, es primeramente y en ‘general’ la voluntad racional o la idea ‘en sí’, y es por tanto solo el ‘concepto’ del espíritu absoluto”.[40]

 

Esta apertura toca el tema de una “política de la comunidad” hundiendo sus raíces en una prima philosophia, es decir, una ontología. De modo que, antes de hablar de una política de la comunidad, habríamos de detenernos en una “ontología de la comunidad”. Jean-François Kervégan equipara esta ontología con la lógica hegeliana.[41] Sin proponerse hacer una pesquisa de los vestigios hegelianos de Nancy en su corpus filosófico, cosa que el propio Nancy ya ha hecho consigo mismo,[42] Kervégan simplemente se dedica a demostrar la ayuda que nos proporciona Hegel para pensar lo que Nancy nos invita a pensar: ser, sentido, singularidad, finitud, libertad, historia y lenguaje; todo ello condensado en el concepto de “comunidad”.[43] Kervégan cree identificar una comunidad de proyecto entre la metafísica hegeliana del concepto y el “pensamiento finito”[44] pues a lo que apunta Nancy con conceptos como “comunidad”, “existencia”, “finitud” y “singularidad” se asemejan a los conceptos de “realidad efectiva” (Wirklichkeit), “concepto”, “subjetividad” e “idea”, los conceptos en que se apoya la ontología nancyana emanan hegelianismo.[45]

 

De acuerdo a Morin, podríamos considerar a “Ser singular plural” como el tratado de ontología de Nancy. En él encontramos usos repetidos de frases indecidibles como “X sin X” o “X, si existe tal cosa” y definiciones de conceptos centrales que toman forma contradictoria como “ambos X y no-X” o “ni X ni X”,[46] llevando así los conceptos a sus límites para revelar sus tensiones internas o puntos ciegos. De modo que nos invita a pensar a la comunidad sin la comunidad, es decir, pensar la comunidad extrayéndola del contexto propio de la filosofía política y de la ética, para pensarla en términos de una ontología fundamental. Pensar “la filosofía política en el más pleno sentido (no ‘filosofía de la política’, sino filosofía como política)[47] y no como un capitalismo de Estado o como una psicología en cuanto proyección de un modelo individual. Es pensar “lo político” como una “‘ontología del ser-en-común’, es decir, de la esencia singular del ser, de lo que es sin origen común, pero originariamente en-común, o con”.[48]

 

Desde Friedrich Nietzsche, incluso nos atreveríamos a decir que, desde Hegel, la filosofía ha prescindido de la teleología. Esta carencia tiene que ver con la pregunta por la condición ontológica primordial del ser-con o del estar-juntos, tiene que ver con la pregunta por lo sentidos del “ser-los-unos-con-los-otros”, “los-unos-dirigidos-a-los-otros”. De esta manera, Nancy deshace y rehace la filosofía a partir de Heidegger. Lo que Nancy quiere es “pensar la comunidad como la modalidad ‘originaria’ o primordial del ser”, el “ser-en-común” que permite ser a los ὄντα.[49] O en términos de Heidegger en el §26. “La coexistencia de los otros y el coestar cotidiano” de Ser y tiempo: “El Dasein es en sí mismo esencialmente coestar [Mitsein]”.[50] O como lapidariamente dice Nancy: “La existencia ‘es con’: o nada existe”.[51]

 

El pensamiento nancyano tiene en cuenta que “la ontología de cuño heideggeriano se posiciona de antemano a la existencia como inmersa en el mundo (Dasein-in-der-Welt-Sein)… Para señalar la correlación y el surgimiento de las cuestiones en el Dasein, como Dasein en el mundo”.[52] Tenemos, así pues, una recuperación del Dasein como Mitsein o Mitdasein (co-être o co-être-là) que está o, mejor dicho, habita el mundo en la medida en que comparece para otros: “El Dasein propio sólo es coexistencia en la medida en que, teniendo la estructura esencial del coestar, comparece para otros”.[53]

 

Este coestar como comparecencia para otros es la base para el concepto nancyano de “comunidad”. Pero no se trata de una definición en el sentido clásico de la filosofía, sino que se trata de un concepto que pretende no ser metafísico. Y es en este prescindir de la metafísica en donde debemos ubicar la coexistencia propia de la comunidad y no en el típico contexto propio de la filosofía política, tanto antigua (Aristóteles) como moderna (Rousseau o Hobbes). Para ello, Nancy se valdrá de conceptos tales como “finitud” o “libertad”, los cuales están en relación con el previamente aludido de “comunidad”, para sostener la tesis central de su ontología: “el esse es coesse”.[54]

 

Como habíamos enunciado, el hilo conductor en este libro sobre Hegel es Nancy mismo y sus conceptos. Pero, este tipo de operación lo podemos ver en otros textos como “Une pensée finie” de 1990: “La ‘finitud’ designa la ‘esencial’ multiplicidad y la ‘esencial’ no-reabsorción del sentido, o del ser. En otros términos, si es como existencia, y únicamente como existencia, que el ser está en juego: ella designa el ‘sin-esencia’ del existir”.[55] Aquí nos llama la atención el parecido con la filosofía hegeliana, pues el “sin-esencia” podría considerarse análogo al Hintergrund o “trasfondo” que Hegel expone en la “Doctrina de la esencia” (1813) de la “Ciencia de la lógica”: “la presuposición de que detrás de este ser hay aún algo otro que el ser mismo y de que este trasfondo constituye la verdad del ser. Este conocimiento es un saber mediato”.[56]

 

Vemos de esta manera que el concepto nancyano de comunidad es una ontología radical en la medida en que ni siquiera apunta a un fundamento, sino más bien a un “desfondamiento” o “abismalidad” (Abgründlichkeit) pasando previamente por el carácter destructivo de su lectura de la historia de la filosofía. “La comunidad del ser —y no el ser de la comunidad— […] O si se prefiere: la comunidad de la existencia —y no la esencia de la comunidad”.[57] La cuestión gira en torno a una “ontología comunitaria” cuya verdad y experiencia está oculta en una tradición individualista, solipsista o monadista.

 

Nancy formula de manera muy hegeliana la ex-posición, su estado de “yecto”, su ser-abandonado-al-mundo, de la comunidad. “La ontología de la comunidad no tiene otra tarea que la de radicalizar, o la de agravar hasta el desfondamiento, y por la vía del pensamiento del ser y de su différe/ance, el pensamiento hegeliano del Sí-mismo: la esencia está expuesta a ser ‘de’ sí, ‘para’ sí o ‘a’ sí lo que ella es ‘en’ sí”.[58]

 

Paradójicamente, concluiremos por el inicio: el inicio de “Ser singular plural”. Si bien en un primer momento, el objetivo de este escrito fue exponer grosso modo la interpretación nancyana de Hegel, esta investigación nos llevó a la pregunta fundamental del ser como ser-en-común. Dicho concepto, a su vez, nos llevó a repensar el concepto de comunidad.

 

Quizás el lector se preguntará si acaso no hay una “filosofía política” en Nancy. Y si, en efecto, existiese una filosofía política en Nancy, cabría preguntar si esta filosofía no pudiese comprenderse a partir de su objeto tal como éste opera en el gran texto especulativo del Prefacio de la “Filosofía del derecho”. Recordando este texto, tenemos que la tarea de la filosofía [política] no es prescribir cómo debe ser el Estado, sino “reconocer la razón como la rosa en la cruz del presente y gozarse de ello”.[59] Esta tarea es enunciar la racionalidad que está presente en lo contingente y lo irracional, sin reducirla ni suprimirla, cosa que sería imposible de llevar a cabo. Para Hegel, esta enunciación sería la reconciliación de la inteligencia racional con la realidad. ¿Acaso no se podrá concebir la “política de la finitud”, en el sentido nancyano, como un trabajo de reconciliación, como sugiere Kervégan?[60]

 

La reconciliación (Versöhnung) implica que el “nosotros” se instale tanto en la contradicción como en lo negativo y se “asuma”. De modo que una “política de la reconciliación/reconocimiento” podría convenir con las premisas de un “pensamiento finito”. Pero, de acuerdo con Kervégan, hasta aquí se podría mantener este paralelismo entre ambos filósofos, pues no cree que Nancy esté de acuerdo con Hegel en que no hay nada que no sea irreconciliable.

 

Como pudimos ver, Nancy no pretendía “restituir” a Hegel, ni “exponer” su hegelianismo. Él leyó y pensó a Hegel tal como es releído y repensado por nosotros, es decir, poniéndolo en juego para llevar a cabo las tareas filosóficas del presente. Y una de estas tareas del presente es pensar que “el sentido nunca está dado ni disponible; antes bien, se trata de volverse uno disponible para él, y ésta disponibilidad se llama libertad”.[61]

 

El epígrafe “De la virtud que hace regalos” de “Así habló Zaratustra” al inicio de “Ser singular plural” fue escogido con tan plena conciencia que nos invita a prescindir de la metafísica, nos invita a deshacernos de todo cuanto naturaleza, esencia o teleología. La inquietud ante lo negativo nos lleva a una asunción (en sentido hegeliano) de lo otro a la manera en que lo hace la compasión, pues la con-pasión, como nos recuerda Nancy, es el contagio, el contacto de los unos con los otros en este tumulto, la sacudida de la brutal contigüidad, es la desnudez del ser-en-común-en-el-mundo, es la desnudez del ser singular plural.

 

Bibliografía

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  18. Koyré, Alexandre, Études d’histoire de la pensée philosophique, École des Hautes Études en Sciences Sociales, 1961.
  19. Koyré, Alexandre, Note sur la langue et la terminologie hégéliennes en “Revue Philosophique de la France et de l’Étranger”, T. 112, julio-diciembre, 1931, pp. 409-439.
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  22. Morin, Marie-Eve, Jean-Luc Nancy, Polity Press, 2012.
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  24. Nancy, Jean-Luc, L’expérience de la liberté, Galilée, 1988.
  25. Nancy, Jean-Luc, La comunidad desobrada, Arena Libros, 2018.
  26. Nancy, Jean-Luc, La remarque spéculative (Un bon mot de Hegel), Galilée, 1973.
  27. Nancy, Jean-Luc, Ser singular plural, Arena Libros, 2006.
  28. Nancy, Jean-Luc, Un pensamiento finito, Anthropos, 2002.
  29. Serreau, René, Hegel y el hegelianismo, EUDEBA, 1964.

 

Notas

1 De este segundo libro existe traducción al español: Nancy, Jean-Luc, Hegel. La inquietud de lo negativo, ed. cit.
2 Empleamos el término “Gran Guerra” para referirnos a la posteriormente llamada “Primera Guerra Mundial”, dando cuenta de la historicidad de las dos guerras mundiales, así como de las teorías desarrolladas a partir de la década de 1930.
3 Serreau René, Hegel y el hegelianismo, ed. cit., p. 90.
[4] Gómez Ramos Antonio, “Presentación” en G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu, ed. cit., p. 30.
[5] Sin considerar las contribuciones hechas a la recepción hegeliana en Francia durante el siglo XIX por Victor Cousin (1792-1867) y Augusto Vera (1813-1855).
[6] Jarczyk, Gwendoline y Pierre-Jean Labarrière, De Kojève à Hegel. Cent cinquante ans de pensée hégélienne en France, ed. cit., p. 30
[7] Cuyo título podríamos atrevernos a traducir como “La observación especulativa. (Una ocurrencia de Hegel)” teniendo en cuenta la dificultad para traducir la frase “bon mot” al español.
[8] Koyré Alexandre, “Note sur la langue et la terminologie hégéliennes” en Revue Philosophique de la France et de l’Étranger, ed. cit. El mismo artículo se publicó posteriormente como capítulo de libro en Alexandre Koyré, Études d’histoire de la pensée philosophique, ed. cit., pp. 191-224.
[9] Hyppolite Jean, Lógica y existencia. Ensayo sobre la lógica de Hegel, ed. cit.
[10] Marx, Werner Absolute Reflexion und Sprache, ed. cit.
[11] Derrida Jacques, “De la economía restringida a la economía general. Un hegelianismo sin reserva” en La escritura y la diferencia, ed. cit.
[12] Derrida Jacques, “El pozo y la pirámide. Introducción a la semiología de Hegel” en Márgenes de la filosofía, ed. cit.
[13] Félix Duque, Historia de la Filosofía Moderna. La Era de la Crítica, ed. cit., p. 327, nota 671: “Aufheben significa a la vez suprimir, conservar y elevar. Tarea de la filosofía sería en efecto la comprensión de la autosupresión (en virtud de la salida a la luz de las contradicciones internas) de las determinaciones configuradoras de la realidad y el pensamiento, pero en cuanto a su presunción de valer por sí mismas e inmediatamente (así, suprimir no es aniquilar, sino ‘poner en su sitio’, recortar ambiciones desmedidas); esa ‘supresión’ implica pues, al punto, una ‘conservación’ de tal determinación, pero en un plano de integración superior… esa ‘conservación’ implica también… una ‘elevación’, ya que algo es de más rango cuando está aunado con lo demás: se entrega a ello y a cambio es ‘reconocido’ como ‘partícipe’… ‘asumir’… implica en castellano un ‘hacerse cargo’, y no un abandono (como parece sugerir ‘suprimir’) ni un ‘ir más allá’ de la cosa considerada (como en ‘superar’ o ‘sobrepasar’”.
[14] Es el caso de Derrida quien opta por este verbo. Jacques Derrida, “Los fines del hombre” en Márgenes de la filosofía, ed. cit., p. 158: “Aufheben, es relevar, en el sentido en que ‘relevar’ quiere decir a la vez desplazar, elevar, reemplazar y promover en un solo y mismo movimiento”. El mismo equívoco ocurre con Malabou al seguir a su maestro, incluso podemos ver en la elección de la palabra “relevo” para Aufhebung como lo hace el traductor Cristóbal Durán en la obra de Catherine Malabou, El porvenir de Hegel: plasticidad, temporalidad, dialéctica, ed. cit., p. 15.
[15] G. W. F. Hegel, Ciencia de la lógica, ed. cit., p. 31.
[16] Nancy Jean-Luc, La remarque spéculative (Un bon mot de Hegel), ed. cit., p. 40.
[17] Según la traducción de Félix Duque para UAM Editores/Abada Editores.
[18] Según la traducción de Augusta y Rodolfo Mondolfo para Ediciones Solar.
[19] Referimos a la traducción de Mondolfo ya que dicho chiste no está presente en la observación “El asumir” de la traducción de Duque. G. W. F. Hegel, Ciencia de la lógica. Vol. I. La lógica objetiva (1812/1813), ed. cit., pp. 240-241.
[20] Publicada póstumamente en 1832.
[21] G. W. F. Hegel, Ciencia de la lógica, ed. cit., p. 98
[22] G. W. F. Hegel, Ciencia de la lógica. Vol. I. La lógica objetiva (1812/1813), ed. cit., p. 240.
[23] Nancy Jean-Luc, La remarque spéculative (Un bon mot de Hegel), ed. cit., p. 44.
[24] Ibidem, p. 78.
[25] Nancy Jean-Luc, Ser singular plural, ed. cit., p. 13.
[26] Es importante hacer mención a las famosas addenda referidas en esta selección de textos, pues hasta el momento no existe edición al español que integre estos “comentarios” a los parágrafos de la Enciclopedia, a pesar de la cuidadísima edición bilingüe a cargo de Ramón Valls Plana para Abada Editores. De modo que el lector en español se verá imposibilitado de consultar las addendas 1, 2 y 3 del §19, así como las de §427, §440, §441 y §465. Para consultar las tres addendas del §19: G. W. F. Hegel, Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften im Grundrisse: 1830. Erster Teil. Die Wissenschaft der Logik: mit den mündlichen Zusätzen, ed. cit., pp. 68-71. Para las addendas de §427, §440, §441 y §465: G. W. F. Hegel, Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften im Grundrisse 1830. Dritter Teil. Die Philosophie des Geistes: mit den mündlichen Zusätzen, ed. cit., p. 17, 230-231-234 y 283-284.
[27] Echeverría Bolívar, Valor de uso y utopía, ed. cit., p. 83.
[28] Jean-Luc Nancy, Hegel. La inquietud de lo negativo, ed. cit., p. 9
[29] Ibidem, p. 85
[30] Ibidem, p, 28.
[31] Ibidem, p. 86.
[32] Ibidem, pp. 85-86.
[33] Ibidem, pp. 83-84.
[34] G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu, ed. cit., p. 77.
[35] Nancy Jean-Luc, Hegel. La inquietud de lo negativo, ed. cit., p. 86.
[36] G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu, ed. cit., p. 143.
[37] Nancy Jean-Luc, L’expérience de la liberté, ed. cit., p. 104.
[38] Heidegger Martin, Conceptos fundamentales (Curso del semestre de verano, Friburgo, 1941), ed. cit., 44.
[39] G. W. F. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1830), Abada, 2017, §160, p. 349.
[40] Ibidem, §482, p. 819
[41] Kervégan Jean-François, “Un hégélianisme sans profondeur”, en Francis Guibal y Martin Jean-Clet, (dir.), Sens en tous sens. Autour des travaux de Jean-Luc Nancy, ed. cit., p. 25.
[42] Nancy Jean-Luc, Hegel. La inquietud de lo negativo, ed. cit.
[43] Las reflexiones que realiza Kervégan son anteriores a la aparición de La communauté désavouée (“La comunidad repudiada”) de 2014 y por la misma razón sólo contempla las reflexiones sobre el concepto de comunidad expresadas en La comunidad desobrada de 1986 y quizás de La comunidad enfrentada de 2001.
[44] Kervégan Jean-François, “Un hégélianisme sans profondeur”, ed. cit., p. 33.
[45] Ibidem, ed. cit., p. 32.
[46] Marie-Eve Morin, Jean-Luc Nancy, ed. cit., pp. 2-3.
[47] Nancy Jean-Luc, Ser singular plural, ed. cit., p. 39.
[48] Idem, ed. cit., pp. 71 y 106.
[49] Kervégan Jean-François, “Un hégélianisme sans profondeur”, ed. cit., p. 26.
[50] Heidegger Martin, Ser y tiempo, ed. cit., p. 140.
[51] Nancy Jean-Luc, Ser singular plural, ed. cit., p. 20.
[52] Castillo Becerra Patricia, Heidegger, ed. cit., p. 21.
[53] Heidegger, Martin, Ser y tiempo, ed. cit., p. 140.
[54] Kervégan, Jean-François, “Un hégélianisme sans profondeur”, ed. cit., p. 26.
[55] Nancy Jean-Luc, Un pensamiento finito, ed. cit., p. 9.
[56] G. W. F. Hegel, Ciencia de la lógica. Vol. I. La lógica objetiva (1812/1813), ed. cit., p. 437.
[57] Nancy Jean-Luc, La comunidad desobrada, ed. cit., pp. 151-152.
[58] Ibidem, ed. cit., p. 154.
[59] G. W. F. Hegel, Rasgos fundamentales de la filosofía del derecho o compendio de derecho natural y ciencia del estado, ed. cit., p. 76.
[60] Kervégan Jean-François, “Un hégélianisme sans profondeur”, ed. cit., p. 35.
[61] Nancy Jean-Luc, Hegel. La inquietud de lo negativo, ed. cit., p. 13.

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