Relaciones de poder, control corporal y domesticación de mujeres y otros animales: Una crítica feminista y antiespecista al heteropatriarcado

 

Resumen

Dentro de la imposición del heteropatriarcado, las hembras humanas y otros animales han sido sometidos y consumidos mediante la explotación, sujeción, y subordinación, lo cual ha permitido al grupo dominante deslindarse de la responsabilidad ética sobre los sentimientos, las emociones, los daños físicos y la propia vida de aquellas y aquellos “diferentes” y “vulnerables” explotados por el sistema patriarcal opresor, machista y especista.

El machismo y el especismo emplean los dispositivos de control corporal y domesticación. La relación de estas discriminaciones tiene un origen común en el biopoder y sus herramientas: la biopolítica. Ante tal situación, la interseccionalidad del feminismo y el antiespecismo se presenta como una necesidad para abolir estas prácticas de control corporal sobre dichos grupos históricamente vulnerados.

Palabras clave: feminismo, antiespecismo, control corporal, domesticación, biopoder, heteropatriarcado.

 

Abstract

Within the imposition of heteropatriarchy, human females and other animals have been consumed and subjugated through exploitation, subjection and subordination, which has allowed the dominant group to disclaim ethical responsibility for feelings, emotions, physical damage and the very lives for those who are “different” and “vulnerable” exploited by the oppressive, sexist, and speciesist patriarchal system.

Machism and speciesism use the dispositives of corporal control and domestication. The relation of these discriminations has a common origin in biopower and its tools: biopolitics. Faced with such a situation, the intersectionality of feminism and antispeciesism is presented as a necessity to abolish these practices of corporal control over these historically vulnerable groups.

Keywords: feminism, antiespecismo, corporal control, domestication, biopower, heteropatriarchy.

 

Dentro de la imposición del heteropatriarcado, definido como un sistema político sexual que impone el dominio masculino humano, la misoginia y la heterosexualidad como sus principales cimientos,[1] las hembras humanas y otros animales han sido consumidos históricamente de distintas formas. En esta imposición heteropatriarcal, las mujeres y los demás animales han sido sometidos mediante la explotación, sujeción, y subordinación,[2] actitudes que han permitido al grupo dominante deslindarse de la responsabilidad ética sobre los sentimientos, las emociones, los daños físicos y la propia vida de aquellas y aquellos “diferentes” y “vulnerables” explotados por el sistema patriarcal opresor, machista y especista.

 

El machismo (culto específico a la virilidad y la violencia exagerada hacia lo femenino) y el especismo (trato desfavorable e injusto hacia otras especies animales) emplean los dispositivos de control corporal y domesticación. El machismo suele estar asociado a prácticas culturales a través de la historia, en los cuales el hombre somete y violenta hembras de su especie e individuos de otras especies animales para demostrar su masculinidad. Por lo anterior, decimos que el especismo y el machismo poseen la misma estructura de sistema de opresión sobre los cuerpos, ya que, “se co-constituyen”.[3] Una de las posturas de las que partimos para relacionar este tipo de violencia corporal es desde las relaciones de poder, engendradas en las sociedades y normalizado a través de la capacidad humana de modificar la vida en general, o como lo llama Foucault (1976) el biopoder y su principal herramienta: la biopolítica. La biopolítica es una tecnología orientada a regular y gobernar poblaciones enteras en lo que respecta a sus fenómenos vitales: nacimiento, vejez, invalidez, enfermedad, mortalidad, entre otros .[4] Esta, se encuentra fuertemente articulada con la anatomopolítica (El anatomo-política se refiere a los dispositivos disciplinares encargados de extraer del cuerpo humano su fuerza productiva, mediante el control del tiempo y del espacio, en el interior de instituciones como la escuela, el hospital, el taller y la cárcel) , la cual tiene como propósito el gobierno de los cuerpos individuales en espacios cerrados llamados instituciones disciplinarias o dispositivos (régimen social productor de subjetividad, es decir, productor de sujetos-sujetados a un orden del discurso cuya estructura sostiene un régimen de verdad) [5] como: la familia, las escuelas, los cuarteles, las fábricas, los hospitales, los zoológicos, los cárceles, los laboratorios, las granjas, etcétera[6].

Mediante la biopolítica y anatomopolítica co-fusionadas en el biopoder, se genera la naturalización de la población según su condición especie[7] y género. Ante tal situación, la interseccionalidad del feminismo y el antiespecismo se presenta como una necesidad para abolir estas prácticas de control corporal sobre dichos grupos históricamente vulnerados.

 

El feminismo puede entenderse, de acuerdo con bell hooks (2017) como un movimiento para acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión heteropatriarcal.[8] Esta misma autora expone en su libro “El feminismo es para todo el mundo” que esta política busca mucho más que la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, mencionando que el feminismo no responde a una lógica anti-hombres, sino que asume que el verdadero enemigo son las prácticas heteropatriarcales engendradas en nuestra sociedad tanto en hombres como en mujeres y a las dicotomías de sexo y de género.

 

Por su parte, el antiespecismo es la postura política que aboga por la liberación de todas las especies animales oprimidas por el ser humano, ya que trata de un cambio radical en la relación humano-naturaleza enraizado en el respeto por la vida por razón de especie, asumiendo la abolición del sufrimiento, del dolor y del asesinato de otros animales por causas antropogénicas[9] para satisfacción humana. El antiespecismo se encuentra en una postura de liberación del sistema de dominación hacia los animales y considera la sintiencia, los sentimientos y las emociones de los demás animales que padecen discriminación, explotación y dolor derivado del uso humano, además de incluirnos como una especie más en la diversidad del planeta sin posicionarnos como especie superior.

 

Al unirse el feminismo y el antiespecismo, se pueden generar cuestionamientos a los valores heteropatriarcales machistas y especistas, sobre el control corporal y la domesticación de los cuerpos para el consumo de sus partes, permitiendo así la búsqueda de justicia no sólo para la especie humana, sino para otras especies animales utilizadas por los seres humanos y con ello generar nuevas perspectivas críticas, con valor práctico en la búsqueda de la abolición de la violencia consumista hacia las mujeres y los demás animales.[10]

 

En el presente artículo, se abordará y discutirá la importancia de la unión de perspectivas feministas y antiespecistas para el cuestionamiento de valores patriarcales que permiten el uso de los cuerpos de mujeres y animales. Se partirá con una semblanza histórica del feminismo y el antiespecismo, seguido de una sección que refiere a la opresión por machismo y especismo dentro del sistema heteropatriarcal, se continuará con la descripción del biopoder en los cuerpos de mujeres y otros animales y su implicación como herramienta heteropatriarcal, por último, se retomarán los argumentos para darle pie a la postura feminista antiespecista por la cual las autoras de este trabajo apelamos.

 

Semblanza histórica del feminismo y el antiespecismo

 

El feminismo y el antiespecismo se encuentran en una postura de liberación de las mujeres y de los demás animales (respectivamente), ambas vertientes retan al sistema y pueden unirse, ya que cuestionan los valores heteropatriarcales sobre el uso de los cuerpos que se consideran inferiores por ser femeninos o por cuestión de otra especie animal. Para dar fuerza a lo que se menciona aquí, las autoras daremos un repaso histórico de ambas posturas.

 

Hablemos primero del feminismo. A través de la historia, el feminismo ha irrumpido causando molestia e incomodidad al machismo. En diversas etapas de la historia se observa la separación de los sexos y el beneficio para lo masculino respecto a los femenino. Ana de Miguel (2007) en su libro “Los feminismos a través de la historia” reconoce diversas etapas del feminismo,[11] en cada etapa ella hace énfasis en los signos de la “polémica feminista” la cual aparece en momentos importantes de transición. De manera hegemónica, los órdenes de la sociedad occidental, como la Grecia antigua, la Edad Media y la Ilustración, se identificaron por el uso de la razón como lo masculino y se relegó las emociones al campo de lo femenino, generando así una dicotomía violenta de género. La polémica feminista tuvo gran fuerza durante siglo XVII en Francia, donde las mujeres recurrieron al diálogo y el intercambio de historias de la intimidad del hogar; las mujeres de aquella época se dieron cuenta que los problemas que surgían en casa (violencia doméstica, sumisión, maltrato) no sólo ocurrían en su privacía, sino que era un problema reproducido en cientos de hogares.

 

Con los intercambios de experiencias en el espacio público, comenzaron a surgir autoras que iniciaron con la demanda de igualdad. Así, el feminismo se fue formando como proyecto basado en la colectividad para impulsar la transición social de las mujeres hacia una forma más justa de participación en la comunidad. Con la aparición de grupos que buscaban diversas exigencias, se generó dentro del feminismo una suma de perspectivas y de corrientes teórico-prácticas que hasta la fecha no han dejado de surgir.

 

Por su parte, el antiespecismo como movimiento liberador, también se ha presentado en momentos de búsqueda de justicia social, pero ya no sólo para seres de nuestra especie, sino para todas las especies animales.

 

Para poder entender mejor el antiespecismo, nos remontaremos a los orígenes del animalismo, una posición política en defensa del bienestar de animales no humanos. Los antecedentes del animalismo pueden rastrearse en la Grecia antigua en Occidente y en la cultura sánscrita en Oriente. No obstante, al igual que otros movimientos socioambientales como el ecologismo y el ambientalismo, el animalismo tiene raíces en las primeras sociedades protectoras y conservacionistas creadas a finales del siglo XIX e inicios del XX.

 

No fue hasta la décadas de 1970 cuando, junto con otros actores sociales preocupados por los efectos de la actividad humana sobre el ambiente, surgió el movimiento en defensa animal encabezado por Ryder y otros por filósofos y otras/otros pensadores de la Universidad de Oxford, quienes criticaron la relación desigual mediante la cual, el Hombre (masculino), generó su posicionamiento respecto a los otros animales,[12] permitiendo así la instauración de lo que hoy conocemos como especismo.

 

A pesar de que el problema estaba detectado, el concepto de especismo no había sido elaborado. Fue Ryder (1970) quien lo acuñó [13] y luego Peter Singer quien lo divulgó mediante su libro Liberación animal en donde menciona que el especismo es “un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”.[14] Una de las definiciones de especismo más actuales es “[…] la consideración o trato desfavorable injustificado hacia quienes no pertenecen a una cierta especie, por razones que no tienen que ver con las capacidades individuales que tienen”.[15]

 

Esto permitió la instauración de diversos posicionamientos en campos como el derecho, la filosofía y las ciencias biológicas entre otras; lo cual, complejizó y conformó nuevas corrientes interdisciplinarias en lo que se denominó Estudios Críticos Animales (ECA).

 

El antiespecismo promueve la consideración igualitaria de los animales no humanos sin hacer distinción de especies por la cercanía que tengamos con éstas, por lo que excluye a aquellas posturas que solo velan por los derechos de los animales que hemos destinado para ser animales de compañía.[16]

 

Como se ha señalado anteriormente, el feminismo y el antiespecismo comparten la postura de abolición de la discriminación por cuestiones de género o especie, además de que comparten identidad en momentos cuando la sociedad reclama los derechos que han sido negados a las mujeres y los demás animales por dos grandes problemáticas: el machismo y el especismo.

 

La opresión por machismo y especismo dentro del sistema heteropatriarcal

 

Históricamente, los hombres han sido educados para desarrollar un comportamiento masculino que descansa en dos ideas básicas: por un lado, la polarización de los sexos (características, funciones, obligaciones sociales, etcétera) es decir, una contraposición de los masculino y lo femenino según la cual no solo son diferentes, sino mutuamente excluyentes;[17] por otro lado, la superioridad de lo masculino sobre lo femenino en las áreas consideradas importantes para los hombres ( por ejemplo la manutención económica del hogar en un sistema capitalista). El género, al igual que el especismo, son constructos sociales y heteropatriarcales. En este sentido y a lo largo de la historia, los hombres se autoreconocieron como los razonables, los fuertes y valientes, mientras que las mujeres se describían y reconocían como las débiles y dependientes, llegando así a establecerse una dicotomía de género[18]. En esta dualidad donde se determinó que las mujeres eran las que debían permanecer siempre al cuidado de un hombre (el padre primero, después el esposo, luego los hijos), lo cual las hacía carentes de virtudes (vir, hombre)[19] necesarias para ejercer vida pública y política, así como ser menos sujetas de derechos, como el de la propiedad.

La propiedad es importante para entender el machismo y el especismo dentro del heteropatriarcado, ya que, desde la conformación de los primeros asentamientos y la ideología basada en la escisión del hombre varón de la especie humana, del medio ambiente, de los animales no humanos y de las mujeres[20] las sociedades occidentales han seguido un sistema en donde los hombres se muestran como los líderes de los grupos humanos y dueños tanto de las mujeres, como de otras especies usadas para el consumo humano.

 

Es así como, las mujeres y los otros animales fueron reducidos a cosas sujetas a la propiedad de los líderes de familia, hombres que adquirieron una enorme lista de privilegios a costa de grupos en situación de vulnerabilidad.

 

En los hogares, las mujeres eran remitidas al ámbito doméstico, en las granjas comenzaban a explotarse animales para garantizar la supervivencia humana, comenzando así la domesticación de otros animales como vacas, corderos, ovejas y pollos, que fueron convertidos en máquinas de producción alimenticia y de vestimenta, negándoles, a la par que las mujeres, las virtudes que caracterizan al hombre, como la libertad. En este sentido los animales se convirtieron en objetos usados para el consumo humano y la satisfacción de necesidades, ya sea alimenticias o de otra índole.

 

Biopoder: control corporal y domesticación de mujeres y animales no humanos

 

En ciencias sociales se ha mencionado, desde diversas posturas, que el poder puede entenderse como una relación asimétrica. Dicha relación, implica la capacidad para imponerse mediante el uso de la fuerza y contraria a la voluntad de quien o quienes lo resisten. Aunado a lo anterior, el poder se distribuye de forma desigual en toda la sociedad porque la influencia de unos sobre otros está mediada por la necesidad de obtener recursos.[21]

Respecto a la domesticación, de acuerdo con Zabonati (2015) como un “proceso de control del cuerpo y de reproducción que sitúa las mujeres en la dimensión doméstica de la casa y familia [a la par que] … deja a los animales no humanos disponibles para la manipulación y al servicio de las necesidades humanas”.[22]

 

Aquí podemos resaltar un término también importante, el control corporal. Éste es trascendental porque el cuerpo, entendido más allá de su materialidad, es un centro de control social que, a través de maneras, hábitos, rutinas, reglas y prácticas culturales es construido[23] y muchas veces sometido convirtiéndolo en un objeto susceptible al poder.

 

Lo anterior resulta en acciones cotidianas que la sociedad ha normalizado, sobre las mujeres y cómo éstas deberían someterse para desarrollarse en plenitud.

 

El biopoder como herramienta heteropatriarcal

 

En las secciones anteriores nos valimos del contexto histórico y las definiciones de los dispositivos de domesticación y de control corporal. El heteropatriarcado feminiza a los animales y deshumaniza a las mujeres. Todo esto se debe en gran parte a la capacidad de establecer relaciones de poder.[24] El biopoder surge para el control total de la vida humana y asegurar su uso, dentro del marco capitalista, por ejemplo, se busca la fuerza de trabajo de los hombres y la reproducción en las mujeres.[25]

 

Para este punto, vale la pena evidenciar una constante: tomar individuos y juntarlos en poblaciones funcionales dentro de instituciones disciplinarias es una actividad frecuente en la práctica del biopoder. En la cotidianidad humana es fácil de reconocer lo anterior, no obstante, hemos llegado a un punto de nuestra historia en que ya no sólo conglomeramos y disciplinamos individuos humanos para volverlos productivos en prisiones, escuelas, fábricas u hospitales; sino que replicamos tal acción sobre otras especies animales en espacios llamados mataderos, granjas, zoológicos y laboratorios.[26]

 

Así es como el biopoder engendrado en lo humano ha alcanzado a los otros animales por nuestra imposición, ya que hemos tomado sus vidas y, bajo la misma lógica en una relación de poder humano-naturaleza, obteniendo un beneficio a costa de su sufrimiento y la privación de su libertad en instituciones para volverlos útiles para objetivos humanos.

El biopoder, es un punto clave para entender los procesos conjuntos de domesticación y control corporal en mujeres y otros animales. Mencionamos que el biopoder busca usar la capacidad reproductiva de las mujeres, esto se debe al contexto heteropatriarcal que existe en el sistema en el cual vivimos, debido a que, para esta imposición, los cuerpos de las mujeres valen por su capacidad reproductiva y las mismas mujeres valen por la cualidad de criar.

 

El biopoder asegura también el uso de otros animales basado en el sexo del animal y su capacidad reproductiva. Existen animales macho usados específicamente para actividades consideradas deportivas, a la par que hay animales hembra que son sometidas, encerradas y violadas para engendrar crías y aprovechar los derivados de sus cuerpos (la leche en el caso de las vacas, lo huevos con las gallinas, entre otras).

 

Justicia y respeto animal: feminismo antiespecista

 

A lo largo de este trabajo hemos abordado cómo el heteropatriarcado ha usado los cuerpos de seres que considera inferiores. Con todo ello podemos preguntarnos lo siguiente: si el antiespecismo, al igual que el feminismo, toman fuerza en momentos históricos de transición hacia la justicia y luchan contra dispositivos y discriminaciones que tienen bases iguales ¿Por qué no unirlos a través de la sororidad?

 

Es decir, si el patriarcado, como se ha visto a lo largo de este escrito, se ha encargado de usar los cuerpos de las mujeres y otros animales sin distinguir especies, el feminismo podría encargarse de incluir en la sororidad a aquellos seres que merecen solidaridad.

La sororidad es la solidaridad entre mujeres ante hechos de discriminación sexual y comportamientos machistas. Esta solidaridad se expresa más allá del reconocimiento de tales hechos, permitiendo un escenario para la deconstrucción y el abandono de actitudes sexistas interiorizadas que nos afectan entre mujeres sin importar la etnia, la clase social o las creencias.[27] Por ello creemos, partiendo de que la sororidad no distingue condiciones, que el estatus de especie puede ser incluida, ya que los demás animales también han sido afectados por el machismo y sexismo derivado del heteropatriarcado.

 

Actualmente ya se está apelando por temas como éste. Por ejemplo, la interseccionalidad del feminismo y los estudios críticos animales han sido explorados por autoras como Carol J. Adams (1990) en su libro “La política sexual de la carne: una teoría crítica feminista vegetariana”, donde relaciona los valores patriarcales, el consumo de carne y la violencia machista, desde una postura que combina los puntos de vista feministas y los denominados “animalistas”.[28] Lo anterior es un claro ejemplo de la posibilidad de generar nuevas perspectivas críticas, con valor práctico en la búsqueda de la abolición de la violencia consumista hacia los animales y hacia las mujeres.

 

Así mismo, autoras como Laura Fernández en su artículo “Feminismos y liberación animal: alianzas para la justicia social e interespecie” (2019) elaboran argumentos en pro de la unión de los movimientos de liberación femenina en la especie humana y los ECA.[29]

Las autoras nos sumamos a estas críticas basadas en lo que hemos expuesto en este texto:

Las breves semblanzas históricas del feminismo y el antiespecismo, sirven para remarcar la importancia que estos movimiento tienen en momentos de transición a formas sociales más justas para todas y todos (humanos y demás animales). En el siglo XXI, ambos movimientos deben sumarse y no restarse, ya que critican el mismo problema de raíz: los grupos sometidos por el heteropatriarcado.

 

Ante ese hecho, debemos reconocer que el feminismo también es capaz de funcionar como política de igualdad ante las distintas realidades, es decir, incluir en el sistema ético y político a las mujeres y a los animales no humanos.

Si el feminismo apela por la liberación de los cuerpos de las hembras humanas en tanto a su capacidad de decidir sobre su cuerpo hasta el libre desarrollo que todas las posturas feministas abrazan, esto debe extenderse a la libertad de los cuerpos de otros animales que, por el hecho de existir, no merecen ser comercializados, abusados o hacinados para complacer las necesidades creadas de los humanos que dependen de sus cuerpos (consumo de carne, entretenimiento, trabajo forzado o compañía). El biopoder como problema se ha extendido a los demás animales, en este sentido, si en la sociedad humana buscamos suprimirlo, debe generarse de forma paralela esta acción para los otros animales.

 

Una postura feminista antiespecista debe ser considerada un tema de vanguardia por la congruencia que implica: la no discriminación.

El feminismo promueve la equidad y la igualdad entre mujeres y hombres, asimismo el feminismo antiespecista promueve la equidad y la igualdad entre el ser humano y las distintas especies animales.

 

El antiespecismo y el feminismo se encuentran en una postura paralela por la liberación del sistema de dominación y explotación derivado del especismo y el machismo. Son capaces de considerar la pertinencia y la justicia de los derechos de las mujeres y de otros animales que son sujetas y sujetos de discriminación, explotación y dolor injustificado derivado del uso, además de que, en conjunto dentro del feminismo antiespecista, son capaces de incluirnos como especie en la diversidad del planeta sin hacernos superiores.

Estamos conscientes de que falta aún un largo camino por recorrer por la abolición conjunta del uso de cuerpos de mujeres y de los demás animales, no obstante, estamos en la postura de que el feminismo antiespecista nos permitirá renunciar a nuestros privilegios como especie y empatizar con los demás seres sintientes de este planeta, todo por un mundo más justo para ellas, ellos y nosotras.

 

Y si el uso de los cuerpos de mujeres y demás animales es claro por su contexto histórico, por ejemplos contemporáneos y por el biopoder ¿qué nos hace falta para abolirlo?

Falta el reconocimiento pleno de la importancia de cualquier ser sintiente y el compromiso teórico y práctico para llevarlo a cabo, pero empezar por una postura unida entre feminismo y antiespecismo puede llevarnos a un siguiente paso.

 

La deconstrucción de los dispositivos para la explotación de las mujeres y los demás animales es una cuestión de justicia. Y, si para el heteropatriarcado, las mujeres y los otros animales, somos cosas reducidas y usables; por el contrario, a través del feminismo y el antiespecismo unidos, seremos más que cuerpos. Por justicia, somos seres que merecen respeto por ser sujetas y sujetos de derecho y consideración moral.

 

Bibliografía

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  10. Jeffreys, Sheila, La Herejía Lesbiana. Una perspectiva feminista de la revolución sexual lesbiana, Ediciones Cátedra, Madrid, 1996.
  11. Linares, Jennifer y Ávila Gaitán, Iván Darío, “Rebelión en la granja: biopolítica, zootecnia y domesticación. Entrevista a Iván Darío Ávila Gaitán en Tabula Rasa, Núm. 32, octubre-diciembre, 2019. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-24892019000300181&lng=en&nrm=iso Consultado el 23 de febrero de 2022.
  12. Méndez, Anahí, “América Latina: movimiento animalista y luchas contra el especismo”, en Nueva sociedad, Núm. 288, julio-agosto, 2020.
  13. Méndez, Anahí, “¿Antiespecismo? Una cultura emergente en la era digital”, en Unidad sociológica, Vol. 1, Núm. 2, octubre 2014 – enero 2015. http://unidadsociologica.com.ar/UnidadSociologica23.pdf Consultado el 7 de septiembre de 2021.
  14. Martínez Lozano, Consuelo Patricia, “El “ser” femenino y la diferencia sexual” en Culturales, Vol. 6, Núm. 11, enero-junio, 2010.
  15. Piedra Guillén, Nancy, “Relaciones de poder: leyendo a Foucault desde la perspectiva de género”, en Revista de Ciencias Sociales (Cr), Vol. 4, Núm. 106, 2004.
  16. Rosado Millán, Jesús, “La dicotomía sexo/género: ¿En qué consiste?” en Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada, noviembre, Madrid, 2021. https://isdfundacion.org/2021/11/22/la-dicotomia-sexo-genero-en-que-consiste/ Consultado el 23 de febrero de 2022.
  17. Singer, Peter, Liberación animal, Trotta, Madrid, 1999.
  18. Sojo Mora, Blanca Luz, “Disciplinamiento del cuerpo de las mujeres”, en Revista de Ciencias Sociales, Núm. 164, 2019.
  19. Veschi, Benjamín, “Etimología de virtud” en Etimología, origen de la palabra, diciembre, 2018. https://etimologia.com/virtud/ Consultado el 27 de febrero de 2022.
  20. Zabonati, Annalisa, “La intersección de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo”, en Hacia una teoría de la sostenibilidad. Análisis y propuestas desde la perspectiva de género, Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, España, 2015.

 

Notas

[1] Sheila Jeffreys, La Herejía Lesbiana. Una perspectiva feminista de la revolución sexual lesbiana, ed. cit., p. 13.
[2] Jennifer Linares y Iván Darío Ávila Gaitán, “Rebelión en la granja: biopolítica, zootecnia y domesticación. Entrevista a Iván Darío Ávila Gaitán, ed cit. p. 184.
[3] Laura Fernández Aguilera, “Feminismos y liberación animal: alianzas para la justicia social e interespecie”, ed. cit., p 20.
[4] Iván Darío Ávila Gaitán, “Los animales ante la muerte del hombre: (tecno)biopoder y performances de la (des)domesticación”, ed. cit., p. 254.
[5] Luis García Fanlo, “¿Qué es un dispositivo?: Foucault, Deleuze, Agamben”, ed. cit., p. 7.
[6] Iván Darío Ávila Gaitán, “Los animales ante la muerte del hombre: (tecno)biopoder y performances de la (des)domesticación”, ed. cit., p. 260.
[7] Amalia Boyer, “Biopolítica y filosofía feminista”, ed. cit., p. 133.
[8] bell hooks. El feminismo es para todo el mundo, ed. cit., p. 21.
[9] Anahí Méndez, “¿Antiespecismo? Una cultura emergente en la era digital”, ed. cit., p. 26.
[10] En el texto, con fines didácticos y de comprensión, las autoras emplearemos términos como “otros animales”, “demás animales” o “animales no humanos” para reconocer la pertenencia del ser humano en el reino animal de forma incluyente.
[11] Ana De miguel, Los feminismos a través de la historia, ed. cit., p. 4.
[12] Anahí Méndez, “América Latina: movimiento animalista y luchas contra el especismo”, ed. cit., p. 46.
[13] Véase el artículo “Especismo (1970) por R. Ryder (seguido de “Especismo: 50 años después”)”, en la revista Crisalida, disponible en: https://www.revistacrisalida.org/post/especismo-1970-por-r-ryder-seguido-de-especismo-50-a%C3%B1os-despu%C3%A9s
[14] Singer, Peter, Liberación animal, ed. cit., p. 42.
[15] Oscar Horta, “¿Qué es el especismo?”, ed. cit., p. 166.
[16] Anahí Méndez, “América Latina: movimiento animalista y luchas contra el especismo”, ed. cit., p. 48.
[17] Consuelo Patricia Martínez Lozano, “El “ser” femenino y la diferencia sexual” en Culturales, ed. cit., p. 199.
[18] Véase entrada: “La dicotomía sexo/género: ¿En qué consiste?”. En Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada, disponible en: https://isdfundacion.org/2021/11/22/la-dicotomia-sexo-genero-en-que-consiste/
[19] Véase etimología de la palabra Virtud, disponible en:  https://etimologia.com/virtud/
[20] Annalisa Zabonati, “La intersección de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo”, ed. cit., p. 191
[21] Nancy Piedra Guillén, “Relaciones de poder: leyendo a Foucault desde la perspectiva de género”, ed. cit., p. 124.
[22] Annalisa Zabonati, “La intersección de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo”, ed. cit., p. 142.
[23] Blanca Luz Sojo Mora, “Disciplinamiento del cuerpo de las mujeres”, ed. cit., p. 182.
[24] Iván Darío Ávila Gaitán, “Los animales ante la muerte del hombre: (tecno)biopoder y performances de la (des)domesticación”, ed. cit., p. 254.
[25] Ibidem, p. 254.
[26] Ibidem, p. 254.
[27] bell hooks. El feminismo es para todo el mundo, ed. cit., p. 40.
[28] Carol Adams, La Política Sexual De La Carne. Una Teoría Crítica Feminista Vegetariana, ed. cit., pp. 534.
[29] Laura Fernández Aguilera, “Feminismos y liberación animal: alianzas para la justicia social e interespecie”, ed. cit., pp. 17-37.

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