Transducción técnica y Educación. Apuntes desde Simondon

RICARDO SOLÍS “HECHO DE VIENTO”

 

 

Resumen

El objetivo del texto es analizar la relación entre transducción técnica y educación a partir de Simondon. Se sostiene que la transducción es operación física, biológica, mental y social, es transporte que transforma y propaga, es un germen y es individuación en progreso. En las conexiones de estos elementos se arraiga el carácter técnico de la educación, como transducción. Se asume que la educación, como transducción técnica, trata de operaciones y no de procesos, es devenir y no hilemorfismo, refiere a conexiones y relaciones y no al progreso, conlleva ontogénesis y no es un asunto de la dialéctica, la ontología ni de la evolución.

Palabras clave: individuación, transducción, técnica, educación, devenir, ontogénesis.

 

Abstract

The objective of the text is to analyze the relationship between technical transduction and education from Simondon. It is argued that transduction is a physical, biological, mental and social operation, it is transportation that transforms and propagates, it is a germ and it is individuation in progress. In the connections of these elements is the technical nature of education, as transduction. It is assumed that education, as a technical transduction, is about operations and not processes, it is becoming and not hylomorphism, it refers to connections and relationships and not to progress, it is ontogenesis and it is not dialectics, ontology or evolution.

Keywords: individuation, transduction, technique, education, becoming, ontogeny.

 

Voluntariamente o no, el hombre es un técnico de la especie humana.

Simondon


Se sabe que la educación en su sentido más radical puede implicar todo hacer crecer, sacar de dentro, enderezar, guiar o conducir lo humano. Sin embargo, no sólo se trata de un trabajo de jardinería, también la educación es cultivo, es siembra,  propagación y transmisión, por lo que también está implicada la labor de cultivador. La educación es cultivo tanto como jardinería, porque prepara la tierra, el terreno y el territorio, donde la especie humana echa sus raíces. Ambas acciones, la del jardinero y la del cultivador, de acuerdo con Simondon, son técnica, y tejen relaciones energéticas con el mundo y la vida más allá de lo exclusivamente humano. En este sentido, la educación es un mecanismo que al conectar lo particular con lo colectivo, compromete energía física y vida natural. De alguna manera, la educación invierte la vida de lo humano en tanto ésta está conectada ineludiblemente con la energía física, natural, psíquica y colectiva que conforman el mundo que habita. Esta constitución técnica de la educación puede mirarse en la transducción.

 

La educación como transducción técnica, o el carácter transductivo y técnico de la educación, como se verá más adelante, asume entre otras cosas, que ésta es devenir individuo; potencia de flujos energéticos que conectan la vida. Es una in-corporación de una nueva forma vital. En tal sentido la educación, no se limita a ser un proceso porque es devenir (flujo continuo), tampoco es formación porque es información (adquisición de forma). Lo técnico de la transducción y de la educación está en las operaciones que el propio ser humano ejerce sobre sí mismo, en su naturaleza, operaciones que están en el devenir individuo que lo conecta con la vida. Por eso puede afirmarse que, en la educación es claro que el ser humano es un técnico de la especie humana. Por ejemplo: “Cuando el automóvil deja de ser un objeto hecho para ser visto frente a una casa, comienza a convertirse en aquello que adapta el hombre al mundo bajo la forma de una red de caminos, bajo la forma de un espacio que tiene una configuración definida a través de la cual la acción se traza caminos modificando este mundo”.[1]

 

Cuando la educación deja de ser vista como formación de buenas costumbres o conciencias, como proceso de civilización o como proceso por medio del cual se da forma a una materia, desconectada de la naturaleza, de la energía física, de lo psíquico y de lo colectivo, entonces la educación comienza a convertirse en entramados que modifican el mundo y la vida.

 

El escrito tiene como objetivo analizar la relación entre transducción técnica y educación a partir de Simondon. El texto está dividido en tres breves apartados: educación e individuación, transducción técnica y reflexiones finales.

 

Educación e Individuación

 

Pensar la educación como conexión y flujo energético permite pasar del hilemorfismo que separa forma de materia a lo que Simondon llama individuación. Es decir, la educación no es un proceso por el cual se da forma a una materia, más bien la educación como individuación, es la operación misma de la adquisición de forma, la educación es un devenir individuo, es un flujo inagotable de conquista de forma que conecta con el mundo.

 

Se hace crecer, se endereza, se guía, se conduce, se siembra, se transmite y se cultiva lo humano como devenir forma, y como operaciones que conectan el mundo. Por lo que no se educa a partir de un modelo o molde. La educación no es un amoldamiento. Lo cual no significa que no haya moldes o patrones, como los planes de estudio, por así decirlo. Lo que se quiere decir es que en el ser humano mismo ya hay condiciones y elementos que le permiten devenir educado, más allá de un patrón o un molde. Por ejemplo, un tabique no se hace por el molde sino que en la arcilla ya existen los elementos que le permiten devenir tabique, el aire no puede devenir tabique por más molde que se le imponga.

 

Simondon en su libro La individuación dice que la intención de su trabajo es

 

[…] estudiar las formas, modos y grados de la individuación para resituar el individuo en el ser, según los tres niveles físico, vital y psicosocial. En lugar de suponer sustancias para dar cuenta de la individuación, nosotros tomamos los diferentes regímenes de individuación como fundamento de los dominios tales como materia, vida, espíritu, sociedad. La separación, el escalonamiento, las relaciones de estos dominios aparecen como aspectos de la individuación según sus diferentes modalidades; las nociones de sustancia, forma y materia son sustituidas por las más fundamentales nociones de información primera, resonancia interna, potencial energético, orden de magnitud.[2]

 

Aunque aquí no se revisarán estas nociones de información primera, resonancia interna, potencial energético y orden de magnitud, sí interesa enfatizar el paso del hilemorfismo, que separa materia de forma, a la individuación que conecta y hace fluir lo físico, vital y psicosocial. Lo que aquí se propone es mirar la educación más allá del hilemorfismo.

 

La individuación entendida como lo que no puede ser dividido articula lo físico, lo vital, lo psíquico y lo social como dimensiones y niveles que permiten alejarse del hilemorfismo (materia y forma) y colocarse en el devenir (flujo continuo). Estas dimensiones y niveles de la individuación no son un principio ni fundamento entre forma y materia, más bien son una operación que puede denominarse como un “devenir individuo”. Las conexiones entre energía, vida, espíritu y sociedad, son constitutivas de la educación, la educación es adquisición de forma y devenir individuo.

 

La educación trata de la operación misma de adquisición de forma, tanto como del flujo continuo que individua y, al mismo tiempo, la educación compromete la energía, la vida misma, el espíritu y la sociedad del individuo en la conexión entre estos dominios. Lo psíquico y colectivo que se toca en la educación, afecta quiéralo o no, la energía física y la naturaleza. Por lo que la pedagogía está conectada con la física y la biología y no sólo con cierta psicología y sociología.

 

Sin duda cada una de estas dimensiones (energía, vida, psíque y sociedad), demandan un análisis riguroso, no sólo como un trabajo de erudición, antes bien, en tanto permiten pensar la realidad actual de otro modo. Por ahora, sólo interesa situar la reflexión en la transducción que, junto con la inversión del método como lo llama Simondon, hacen posible, por un lado, pasar del hilemorfismo al devenir y, por el otro, mirar en la propia transducción a la individuación. Y si como afirma Pablo Rodríguez en su Prólogo a El modo de existencia de los objetos técnicos “[…] la transducción en el nivel humano, psíquico y colectivo, supone necesariamente la proliferación de elementos, objetos y sistemas técnicos”,[3] lo que aquí se pregunta es ¿cómo se presenta la transducción técnica en la educación? O ¿cuál es el carácter transductivo de la educación? Se ha tomado la noción de transducción como un botón de muestra de la potencia del pensamiento de Simondon para mirar la educación, por lo que sólo se presentarán algunas coordenadas mínimas, como semillas que pueden sembrarse para atender con mayor profundidad estos planteamientos.

 

Transducción técnica

 

Simondon entiende por transducción:

 

[…] una operación física, biológica, mental, social, por la cual una actividad se propaga progresivamente en el interior de un dominio, fundando esta propagación sobre una estructuración del dominio operada aquí y allá […] Un cristal que, a partir de un germen muy pequeño, se agranda y se extiende según todas las direcciones en su aguamadre, proporciona la imagen más simple de la operación transductiva: cada capa molecular ya constituida sirve de base estructurante a la capa que se está formando; el resultado es una estructura reticular amplificante. La operación transductiva es una individuación en progreso.[4]

 

Aquí se identifican cuatro elementos de la transducción: 1) operación física, biológica, mental y social, 2) transporte que transforma y propaga, 3) cristal y germen y 4) la individuación en progreso.

 

Lo que refiere a las operaciones física, biológica, mental y social son los pilares de la tesis mayor de Simondon: La individuación, que contiene cuatro capítulos, uno para cada una de estas operaciones. De manera muy elemental se puede decir que la física trata de la energía y el movimiento o mejor dicho de resonancias e información en el espacio y en el tiempo. La operación biológica, refiere a la estructura y operaciones de todos los organismos vivos. La operación psíquica trata de la percepción y los afectos de los individuos. La operación social alude a lo colectivo vinculado con el tiempo histórico.

 

La conexión entre estas operaciones acciona la transducción, es decir, las relaciones entre lo atómico, lo molecular, lo perceptivo-afectivo y el tiempo histórico vitalizan la transducción. Lo psicosocial que se mira en educación no puede desconectarse de lo atómico y lo molecular, por lo que la pregunta por el lugar de la psíque y lo colectivo en educación, conlleva preguntar por lo atómico y lo molecular. En palabras de Uexküll “cada sujeto teje relaciones, como hilos de una araña, sobre determinadas propiedades de las cosas, entrelazándolas hasta configurar una sola red que será portadora de su existencia”,[5] una existencia que compromete lo atómico, lo molecular, la percepción y lo colectivo. Casi es una obviedad decir que estas operaciones son constitutivas de los objetos técnicos. Entre un cuchillo, hasta una estación espacial se establecen relaciones físicas, biológicas, psíquicas y colectivas. También se puede decir que en las conexiones de estas operaciones, se arraiga el carácter técnico de la educación, desde los pasos y balbuceos de la primera infancia, hasta la configuración de redes éticas, y políticas globales se encuentran las relaciones entre lo atómico, lo molecular, lo psíquico y lo colectivo.

 

En educación lo perceptivo-afectivo y lo histórico-social sin duda se reconocen. Sin embargo, fácilmente se olvida la presencia de lo atómico y lo molecular que hay en toda práctica educativa, por lo que resulta interesante examinar en las operaciones transductivas de los objetos técnicos, los mecanismos educativos y viceversa. Cuando se educa, está en juego el ser humano en tanto es: energía y movimiento en devenir, estructura y operaciones como organismo vivo, afecto y percepción de sí en el mundo y tiempo histórico en su colectivo.

 

El segundo elemento de la transducción es el transporte que transforma y propaga, lo cual puede entenderse como algo que se lleva de un aquí a un allá, y que durante el viaje lo transportado no sólo cambia o muta, sino que también expande e irradia sus operaciones vitales. Esta cualidad de la transducción es la más cercana a la transmisión. En educación la transmisión disemina lo perceptivo-afectivo y lo histórico-social, es decir, el educador transmite maneras de percibir, sentir y afectar el mundo, así como los modos en cómo se presenta el tiempo histórico en lo colectivo. La comunicación es otra manera de presentarse de la transmisión, en el educador la comunicación se presenta no sólo a nivel del lenguaje o de la lengua, antes bien a nivel atómico y molecular, porque se propaga el movimiento y la energía de un cuerpo a otro alterando su sentido y su forma. Puede decirse que la comunicación educativa, como transmisión, refiere a la información (en-formación) en tanto el educador y el educando se deforman y se desvían mutuamente.

 

En este elemento que transporta, transforma y propaga, puede mirarse más claramente eso que dice Rodríguez[6] de la transmisión y traducción como dos derivaciones de la transducción, es decir, transmitir como llevar o desplazar en el espacio y en el tiempo, y traducir como pasar de un registro a otro. Ambos, sin duda, son principios educativos. Es decir, en educación se transmiten saberes, conductas, percepciones, formas de vida, tanto como se traduce la realidad al haber cambio de señales, modificación de la mirada o paso de un examen a otro examen de la realidad.

 

En el transporte que transforma y propaga, probablemente está implicada la alotropía. Alotropía es una palabra que deriva del griego allos otro, diferente, distinto y tropos manera o modo de ser o estar. En química, por ejemplo, se emplea para designar la propiedad que poseen algunos elementos para presentarse en estructuras moleculares diferentes, como el oxígeno que puede aparecer atmosférico o como ozono, o bien, con características físicas distintas como el carbono, que puede aparecer como grafito o diamante. La alotropía en la transducción conlleva el cambio que ocurre al “estar en-forma originaria diferente”. En la cualidad alotrópica, contenida en la transducción, el devenir individuo es posible porque se pregunta y reclama por el sentido de la vida, en otras palabras, devenir individuo responde al arraigo y a la tierra, es una demanda al cultivo donde la educación es una disposición y disputa cultural.

 

El tercer elemento de la transducción es: el cristal que a partir de un germen agranda y extiende sus dominios. El germen no es principio u origen, sino presencia de procedencia, es decir, es la puesta en escena de las acciones vitales que muestran la procedencia del propio individuo. La educación es germen porque en la transmisión se pone en escena la procedencia, lo cual es una provocación al educador como cultivador y no sólo como jardinero, como se verá más adelante. El germen es constitutivo del cristal y no necesariamente del vidrio. El cristal es una creación de la naturaleza que tiene una estructura atómica regular, mientras que el vidrio es una fabricación del ser humano con estructura atómica irregular, además, este carácter artificial del vidrio no le permite reproducirse ni propagarse. Paradójicamente, la educación es cristal tanto como vidrio, es decir, es naturalmente un germen que transmite sus dominios y al mismo tiempo su artificialidad, en tanto que fabricación humana, impide la transmisión.

 

Lo germinal de la transducción asume que no se trata de una procedencia como principio fijo y definido, más bien, dado que está conectada con el traslado que transforma y propaga, la procedencia está en cambio y expansión. Para Foucault la procedencia “[…] agita lo que se percibía inmóvil, fragmenta lo que se pensaba unido; muestra la heterogeneidad de lo que imaginábamos conforme a sí mismo”.[7] ¿Acaso una cualidad de la educación, entendida como transducción, no agita lo inmóvil, fragmenta lo unido, evidencia la heterogeneidad de la homogeneidad? Desde luego que una arista de la educación, quizás la más aceptada, es que ella inmoviliza lo agitado, une lo fragmentado, homogeniza la heterogeneidad. Sin embargo, aquí interesa reconocer que en la educación como individuación no hay división, una y otra cosa son permanentes (lo móvil y lo inmóvil, lo homogéneo y lo heterogéneo, lo fragmentado y lo unido), no hay un binarismo ni una dialéctica, más bien lo que hay es una ontogénesis.

 

La constitución germinal en la transducción implica la ontogénesis y no la dialéctica, ni la evolución ni la ontología. La educación, como individuación y transducción, es más ontogenética que dialéctica, evolutiva u ontológica. La ontogénesis no es un proceso de tesis, antítesis y síntesis, tampoco es un progreso donde las nuevas especies surgen de especies preexistentes, tampoco pretende develar el origen oculto en el presente porque no busca desocultar el pasado o el origen, no busca develar ninguna esencia oculta en las cosas. Más bien la ontogénesis, como se dijo, mira la puesta en escena de la procedencia. La ontogénesis es más cercana a la genealogía en tanto se pregunta por el valor del origen y por origen del valor, recordando a Deleuze. Así la educación como ontogénesis, es presencia de procedencia porque pregunta por los momentos en que las sociedades empiezan a valorar algo distinto a lo que apreciaban, lo que las hace dar un giro en su propia historia. Por eso puede decirse, que la educación como germen está comprometida tanto con el tiempo histórico, como con los afectos y percepciones del mundo.

 

Respecto al cuarto y último elemento de la transducción, entendido como la individuación en progreso, se puede decir que esto es, porque: refiere al carácter gradual y continuo habido en las operaciones física, biológica, psíquica y colectiva, en el transporte que transforma y propaga, así como en el germen de toda operación vital. No se trata del progreso de la individuación, como si la individuación  pasara de un estado menor, mínimo, inferior, simple o peor a uno mayor, máximo, superior, complejo o mejor. La individuación en progreso, refiere a lo constante e inagotable que está implicado en lo que no se puede dividir, es decir, en lo que articula lo físico, lo vital, lo psíquico y lo social. Lo no divisible, o lo que no puede ser dividido es una adquisición de fuerza o fortalecimiento de las conexiones, es decir, la unidad o lo singular son un devenir que potencia las relaciones que conectan la vida en el mundo. Lo gradual y continuo afirman la individuación como singularidad en el devenir. La individuación en progreso es una síntesis de los tres elementos antes descritos.

 

Lo que enfatiza la individuación en progreso es la potencia de las relaciones, en palabras de Uexküll “[…] lo que une a todas las relaciones existentes en un cambio continuo pero reglado es la conformidad a plan. El medio para que esta pueda imponerse lo constituyen los impulsos genéticos, actuantes en el protoplasma. Pero lo primario es la relación”.[8] Son las conexiones (física, vitales, psíquicas y colectivas) las que soportan el flujo energético de la unidad en devenir.

 

La educación como individuación en progreso refiere a la fuerza de las conexiones, del vínculo o de las relaciones que se establecen con la energía y el movimiento, con la estructura y operaciones de todo organismo vivo, con el afecto y la percepción del mundo y con el tiempo histórico del colectivo. La individuación en progreso implicada en la educación, afirmar el devenir de lo singular, o el flujo energético de la unidad. De esta manera, la educación acepta que no importan ni el individuo ni lo individual, antes bien, lo que está en juego es la individuación en progreso. Cuando algo se aprende, se evidencia la maquinaria de conexiones que de manera gradual y continua activan las operaciones física, biológica, psíquica y colectiva; hacen operar el transporte que transforma y propaga, y provocan el germen de toda operación vital. En otras palabras, la individuación en progreso, implica reconocer el significado como aprendizaje y el aprendizaje como significado.

 

La transducción no es necesariamente una parte, un elemento o un momento de la individuación, sino que es individuación incesante. Y si como dice Simondon “[…] se trata de conocer al individuo a través de la individuación antes que la individuación a partir del individuo”,[9] se asume que el individuo se puede conocer a través de la transducción porque ésta, como individuación, se configura como una conexión a nivel energético (atómico, molecular, mental y social) que el individuo establece con los objetos técnicos que son su vida y su mundo presente y porvenir. En otras palabras, se acepta que el individuo se relaciona con los objetos técnicos; que en esa relación está comprometida la energía vital de ambos, que la transducción es una manera en cómo se presenta dicha relación y que esta relación es individuación progresiva.

 

Sí, en el meollo del asunto se trata de relaciones e intercambios energéticos. No sólo entre organismos vivos, sino también con organismos no vivos, como llama Simondon a los objetos técnicos. Por eso Simondon se nutre de los Presocráticos, de la física cuántica, mecánica cuántica y de la biología, tanto como de la pedagogía, la ética, la estética y la política; él nunca divide ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, tampoco separa cuerpo de alma, ni sujeto de objeto. Mirar las entrañas de una turbina o de un algoritmo dan cuenta de la conexión energética entre individuo y máquina y con ello del movimiento como devenir del mundo. Para Simondon la transducción es marcha del espíritu que sigue al ser en su génesis. Como se ha dicho, no se trata de ontología, dialéctica o evolución, más bien la transducción es devenir ontogenético, es flujo energético de la presencia de la procedencia. La educación no puede eludir su carácter transductivo si asume la presencia de la procedencia tanto como la potencia de las conexiones en la singularidad en devenir.

 

Reflexiones finales

 

La educación como transducción técnica trata de operaciones y no de procesos, es devenir y no  hilemorfismo, refiere a conexiones y relaciones y no al progreso, conlleva ontogénesis y no es dialéctica, ontología ni evolución.

 

Lo social, lo psíquico, lo biológico y lo físico establecen conexiones vitales que no pueden separarse, por lo que preguntar por uno, es interrogar por todos. La educación no sólo no puede escapar a estas conexiones, sino que en ellas está comprometida la educación misma. De ahí que indagar en torno a expresiones morales y sociales (en tanto lo psíquico y colectivo) del tiempo y el espacio (como lo físico), permite ampliar y profundizar la mirada hacia la energía vital, (en tanto lo biológico). Mirar desde la individuación a la educación, establece con claridad las conexiones entre estas dimensiones que conforman la vida del mundo.

 

Si se sostiene, como se ha dicho, que la educación es tanto hacer crecer, sacar de dentro, enderezar, guiar y conducir, como sembrar, labrar, propagar y transmitir, no puede negarse el carácter técnico de la propia educación dado que los educadores son, tanto cultivadores como jardineros. En palabras de Simondon:

 

Voluntariamente o no, el hombre es un técnico de la especie humana; en los grupos humanos se ejerce una acción de ciclo cerrado que es comparable tanto a la del cultivador que prepara el suelo como a la del jardinero o el criador que deforma las especies y obtienen variedades. Cuando la acción de ciclo cerrado se compara con la del cultivador que actúa sobre el suelo y no sobre la planta, entonces hablamos de técnica: el hombre actúa sobre su medio, al que explota, transforma, dispone; en este caso, el hombre no actúa sobre él mismo sino pasando a través de esa carga que es el medio mismo. Por el contrario, de modo bastante paradójico, el uso actual se vale del término “cultivo” para designar el resultado de la acción directa del hombre sobre el hombre comparable a la del jardinero o criador; por cierto, se trata siempre de una técnica: técnica de la constitución de hábitos colectivos o individuales, del aprendizaje de ciertas prohibiciones y ciertas elecciones que definen una personalidad psicosocial.[10]

 

Esto implica aceptar tres cosas. Primero, que en el propio acto de cultivo y jardinería del ser humano radica el carácter técnico de la educación. La potencia de la educación está en sus mecanismos técnicos que hacen al ser humano, no como moldeado de materia, antes bien como devenir individuo, como adquisición de forma. En segundo lugar, que la educación como cultivo del ser humano, trabaja en la tierra sobre la cual se siembra, y sólo en ello es posible la transmisión, es decir, el educador como cultivador trabaja en la preparación del terreno y del territorio donde se propaga la tradición, donde es posible el vínculo en tanto se da, se recibe y se devuelve algo que es nada, recordando a Mauss. Finalmente, el educador como jardinero que deforma la especie humana confirma que nadie sabe lo que puede hasta que se enfrenta con la alteridad o con lo radicalmente otro. El educador saca al alumno de su mundo conocido, lo lleva a las fronteras de su existencia, lo conduce hasta donde no había llegado nunca sin ayuda del profesor. En la adquisición de forma el ser humano se enfrenta a su propia deformación, a su propia alteridad y a su ser extranjero de sí mismo.

 

Las conexiones energéticas y flujos del devenir constituyen la educación, de ahí que el modo de existencia de los objetos técnicos es el modo de existencia de los individuos. Nos relacionamos tanto con las máquinas como con nuestros propios órganos internos. Las máquinas no son extensión o prótesis de nuestro cuerpo, más bien, son nuestros órganos externos. Los objetos técnicos, la técnica misma, conforman nuestro exosoma. La educación no puede comprenderse sin el cuerpo humano, interno y externo, no puede eludir el carácter exosomático del ser humano, cualidad que está en la técnica, en la máquina, en el propio modo de existencia de los objetos técnicos.

 

La pedagogía no debe eludir que la educación como transducción técnica, es flujo energético que conecta lo psíquico con lo colectivo tanto como lo físico con lo biológico. Simondon, como los grandes maestros, es un viaje sin retorno. El día que deje de asombrarnos la vida, entonces, el pensamiento, el saber, la técnica y la educación perderán todo su sentido.

 

Bibliografía

  1. Foucault, Michel, Nietzsche, la Genealogía, la Historia. Valencia, Pre-Textos Ediciones, 2004.
  2. Rodríguez, Pablo, “Prólogo” en Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007.
  3. Simondon, Gilbert, La individuación a la luz de las nociones de forma y de información. Buenos Aires, Cactus, 2009.
  4. Simondon, Gilbert, “Cultura y Técnica” en Blanco, Javier, Perente Diego, Rodríguez Pablo y Vaccari Andrés, Amar las máquinas. Cultura y técnica en Gilbert Simondon. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2015.
  5. Uexkül, Jakob, Cartas biológicas a una dama, Buenos Aires, Cactus, 2014.
  6. Uexküll, Jakob, Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres. Buenos Aires: Cactus, 2016.

 

Notas

[1] Simondon, Gilbert,  “Cultura y Técnica” en Blanco, Javier, Perente Diego, Rodríguez Pablo y Vaccari Andrés, Amar las máquinas. Cultura y técnica en Gilbert Simondon. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2015, p. 30.
[2] Simondon, Gilbert, La individuación a la luz de las nociones de forma y de información. Buenos Aires, Cactus, 2009, p. 37.
[3] Rodríguez, Pablo, “Prólogo” en Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007, p. 13.
[4] Simondon, Gilbert, Op.cit., p. 38.
[5] Uexküll, Jakob, Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres. Buenos Aires: Cactus, 2016, p. 52
[6] Cfr. Rodríguez, Pablo Op.cit., p. 13.
[7] Foucault, Michel, Nietzsche, la Genealogía, la Historia. Valencia, Pre-Textos Ediciones, 2004, p. 28.
[8] Uexküll, Jakob, Cartas biológicas a una dama, Buenos Aires, Cactus, 2014, p. 104.
[9] Simondon, Gilbert, Op. cit., p. 26.
[10] . Simondon, Gilbert,  “Cultura y Técnica” en Blanco, Javier, Perente Diego, Rodríguez Pablo y Vaccari Andrés, Amar las máquinas. Cultura y técnica en Gilbert Simondon. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2015, pp. 21-22.

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