Educación post-pandemia COVID-19: hacia la construcción de seres humanos con perspectiva zooética

ENGIN AKYURT

Resumen

La pandemia de COVID-19 ha permitido que los seres humanos miremos a los animales no humanos como seres con quienes compartimos este planeta (aunque les llamemos equivocadamente animales plaga, o especies invasoras) debido a que esta es una enfermedad zoonótica. Sabemos que dicha pandemia deriva del hacinamiento de distintas especies animales en dispositivos llamados mercados húmedos ideados para el encarcelamiento, explotación, comercio y asesinato. El presente artículo describe cómo una alternativa educativa puede ser  la última apuesta para construir seres humanos con perspectiva zooética, capaces de detener el abuso, el consumo y la esclavitud a la que hemos sometido a los animales, así como las consecuencias mundiales que el mismo ser humano produjo y sufre actualmente.

Palabras clave: educación, COVID-19, zooética, antropocentrismo, pedagogía, pandemia.

Abstract

The COVID-19 pandemic has allowed humans to look at non-human animals as beings with whom we share this planet (even if we mistakenly call them pest animals, or invasive species) because this is a zoonotic disease. We know this pandemic derives from the overcrowding of different animal species in dispositives called wet markets designed for incarceration, exploitation, trade and murder. This article describes how an educational alternative can be the last bet to build human beings with a zooethical perspective, capable of stopping the abuse, consumption and slavery to which we have subjected animals, as well as the global consequences that the same being human produced and currently suffers.

Keywords: education, COVID-19, zooethics, anthropocentrism, pedagogy, pandemic.

 

A más de un año del inicio de la pandemia de COVID-19 producida por el SARS-CoV-1 con distribución mundial, los debates desde distintas áreas no hacen más que aumentar, pues es claro que esta situación nos obliga a modificar tanto nuestros hábitos cotidianos como la manera en que concebimos y estudiamos la realidad. Si algo ha evidenciado esta pandemia, es la visión antropocéntrica que impera desde el siglo XVI y que ha propiciado la aparición de esta y otras enfermedades zoonóticas.[1] En el caso de la COVID-19 existen numerosas evidencias de que esta enfermedad tuvo su origen en el dispositivo de “Mercado húmedo” en China.

 

Esta enfermedad zoonótica tiene un origen antropogénico pues deriva de la domesticación y el contacto directo con otras especies animales, incluidas las silvestres, con la finalidad de abusar de ellas. Esta epidemia surgió dentro del contexto de explotación animal que representa el comercio de animales silvestres, así como la generación a gran escala de productos de origen animal. De acuerdo con Marinés De la Peña, Natalia Mesa y María Fors,[2] los factores que aumentan el riesgo de zoonosis son:

  • El tráfico de individuos de otras especies animales, ya que propicia el contacto y contagio entre ellos y también entre los de nuestra especie, pues en situaciones normales no compartiríamos un mismo espacio.
  • La deforestación. Al reducirse los hábitats y las fuentes de alimento, los animales no humanos (ANH) están sometidos a un nivel mayor de estrés, lo que los hace más vulnerables a las enfermedades. Asimismo, como consecuencia de la deforestación, la población reducida de animales puede enfrentarse a la endogamia, que trae consigo, una mayor propensión a enfermedades.
  • La agricultura y ganadería. Relacionado con lo anterior, estas prácticas provocan pérdida de biodiversidad, erosión de suelos y orillan a los animales silvestres a abandonar sus hábitats y migrar a otros, donde no siempre pueden establecerse o sobrevivir.
  • La resistencia microbiana. Es bien conocido el uso desmedido de antibióticos en los animales usados para alimentación, hecho que ha provocado que los microorganismos que generan enfermedades sean cada vez más resistentes a nuestro sistema inmune e incluso a los antibióticos.

 

Desafortunadamente, todos los factores antropogénicos anteriores siguen ocurriendo en la actualidad y muchos de ellos ocurren por desconsideración ética hacia los animales y hacia el mismo ser humano; dando como resultado una pandemia mundial.

 

En sí mismas, las enfermedades zoonóticas no representan un peligro para la vida a escala global; sin embargo, cuando a la presencia de un virus se le suman acciones humanas y, de paso, existen las condiciones para su propagación, es cuando se habla de una gran amenaza. Es decir, no es la COVID-19 en sí misma una amenaza para la humanidad, sino que tuvieron que sumarse a los factores anteriores otros más, de índole social, que propiciaran su propagación. De acuerdo con Carlos Maya-Ambía,[3] tres factores principales son: 1) La globalización, que facilitó la difusión del virus por todo el planeta (debido a los intercambios comerciales, laborales y turísticos; así como la migración forzada de aquellos seres humanos que se ven obligados a salir de sus países por falta de trabajo, violencia y ausencia de recursos. 2) El debilitamiento de los sistemas de salud derivado de políticas neoliberales que han reducido considerablemente los recursos para la sanidad pública y que la convierte en inaccesible para ciertos sectores de la población; y 3) La invasión de la naturaleza vista antropocéntricamente como un recurso a disposición de los humanos que la visualizan como fuente inagotable de recursos para nuestra satisfacción.

 

Si bien esta situación ha provocado afectaciones en prácticamente todas las esferas de la vida pública y privada (la salud, la economía, la seguridad, el empleo y las derivadas del aislamiento social, como la libertad de tránsito, las afectaciones a la salud mental o la violencia intrafamiliar), nos interesa dedicarle estas páginas a la relación existente entre antropocentrismo, al zoocentrismo y a la pedagogía y la educación.

 

Antropocentrismo

 

El antropocentrismo, es decir, la cosmovisión que coloca a los seres humanos como medida y centro del universo, privilegiando sus intereses por encima de los de resto de los seres, tiene una conexión directa con esta situación, pues desdibuja todas aquellas características que hacen de los ANH sujetos y no objetos.

 

Históricamente, ha resultado cómodo para los humanos pensarse como los seres más importantes y valiosos del mundo, lo que automáticamente les convierte en poseedores de derechos y privilegios, tanto sobre la vida propia como la ajena. Sin embargo, la situación global actual nos recuerda que podemos llegar a ser tan frágiles y vulnerables como aquellos sobre quienes ejercemos nuestro poder.

 

Al respecto, ya mucho se ha comentado desde áreas como la filosofía y la sociología que lo que actualmente subyace a la pandemia, además de la cosmovisión antropocéntrica, es el capitalismo. No son pocos los autores y autoras que nos alertan sobre la crisis ecosocial, climática y de destrucción del hábitat (que genera la defaunación), a la que nos conduce este sistema económico.

 

A corto y mediano plazo, las consecuencias negativas, como la pandemia, no parecen tan graves si se les compara con las consecuencias a -no tan largo- plazo. Lizbeth Sagols[4] menciona que, en el punto máximo del colapso climático, el capitalismo terminará por agotar todo aquello que sostiene la vida; afectando en un inicio a las poblaciones menos favorecidas dentro de las cuales se encuentran los ANH. A la par, el deshielo total del Ártico liberaría tal cantidad de gases de efecto invernadero que aumentaría a gran velocidad la temperatura y sería imposible la vida en la Tierra. Todo esto derivado, entre otras cosas, de la falsa idea de supremacía humana sobre los demás animales.[5] Como bien pregunta Yuval Noah Harari “¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?”.[6] Y justo por lo anterior, la humanidad no deja de consumir, explotar y asesinar sin tregua a los ANH.

Ante este panorama devastador, ¿qué podemos hacer al respecto? Es obvio que esta y otras pandemias son sólo la punta del iceberg y que ninguna vacuna ni las más eficaces medidas de salud pueden resolver la situación a la que nos enfrentamos.[7] “Ante los cambios antropogénicos sobre este planeta y las zoonosis contagiadas y dispersadas entre los ANH y los demás animales se requiere cambio de paradigma profundo”,[8] que nos abra los ojos y podamos dar consideración moral a todos los individuos animales y es aquí donde radica la necesidad de una ética zoocéntrica.

 

Zoocentrismo

 

La ética zoocéntrica, sostenida por muchos pensadores internacionales, así como por el filósofo estadounidense Tom Regan, aboga por la consideración moral hacia los animales no humanos y defiende que los animales no humanos son sujetos de una vida y que, por ello, merecen el derecho moral básico del respeto. En sus palabras:

 

Ser sujeto de una vida […] implica más que meramente estar vivo y más que meramente estar consciente. Ser sujeto de una vida es ser un individuo cuya vida se caracteriza [por tener] creencias y deseos; percepción, memoria y un sentido de futuro, que incluye su propio futuro; una vida emocional junto con sentimientos de placer y dolor; intereses de preferencia e intereses de bienestar; la capacidad de iniciar una acción con vistas a cumplir sus deseos y metas; una identidad psicofísica en el tiempo; y un bienestar individual en el sentido de que sus vidas experienciales pueden ser buenas o malas para ellos.[9]

 

Así pues, aquellas personas que adoptan la ética zoocéntrica que defiende Tom Regan defienden que los animales no humanos deben ser considerados moralmente y, si bien el ser “sujeto de una vida” está restringido a los animales mamíferos, el autor también señala que es un criterio suficiente más no necesario para ser respetado, lo que deja la puerta abierta a que otros seres con diferentes características puedan ser incluidos en el círculo moral.[10]

 

Tomando en cuenta que en el trasfondo de las enfermedades zoonóticas está la idea de supremacía humana donde podemos disponer de los ANH, cobra sentido que se busque transformar esas relaciones de abuso hacia otras de respeto que velen por el bienestar de todos los animales, incluidos los humanos.

La educación como última alternativa

 

En palabras de la filósofa Micaela Anzoátegui, “[…] ya no es posible producir conocimiento, sin tener en cuenta este contexto”.[11] Una vez que hemos padecido algunos de los males heredados por el paradigma humanista, de claras bases antropocéntricas, es momento de pensar seriamente cuál será el ideal post-humanista[12] en la educación y en la formación de sujetos, es decir, aquel que considera que la vida humana no es la única existencia válida en el planeta y que es deja de lado las dicotomías jerárquicas que dejan en desventaja los intereses de los ANH y que es compatible con la ética zoocéntrica.

 

Paradójicamente, no son pedagogas ni pedagogos quienes se encuentran en el centro de este debate de deconstruir a través de la educación a la dicotomía ser humano-resto de los animales. Continúan siendo, principalmente, profesionales de la filosofía y la sociología quienes ponen sobre la mesa la necesidad y urgencia de no volver a la antigua normalidad y, esta vez, actuar de manera más responsable; aunque esto implique ir en contra de los valores capitalistas neoliberales carnofalogocentristas[13] y a favor de principios que fomenten relaciones más igualitarias y empáticas entre humanos y el resto de los animales con quienes comparten el mundo.

 

Un primer paso consiste en transformar radicalmente las relaciones que establecemos con el resto de nuestros compañeros animales; desde nuestros tratos cotidianos hasta la manera en que se produce el conocimiento. ¿Cómo impactan nuestros estudios las vidas de otros animales? ¿Hay animales que, al compartir los mismos espacios que nosotros, merecen derechos jurídicos y morales, además de ser aceptados como ciudadanos? No podemos seguir pretendiendo que son meros objetos disponibles para satisfacer nuestras necesidades y deseos.

 

Como profesionales de la educación, además de paradójico, también nos parece alarmante que desde la pedagogía sean pocos los estudios sobre este tema, siendo que el zoocentrismo es posiblemente una de las últimas apuestas que como humanidad podemos hacer antes de culminar con la sexta extinción masiva de especies.

 

Una vez que se comprende que la educación zoocéntrica debe ir dirigida a las infancias, las juventudes, la edad adulta y a la población de adultos mayores queda claro que se requiere de las herramientas de la pedagogía. En el texto Educación y pandemia. Una visión académica publicado por el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación resaltan tres trabajos que bien podrían empezar a vislumbrar dicho horizonte. Cada vez somos más quienes pensamos que la educación, sin ser la panacea, es un excelente medio para lograr cambios profundos en la sociedad.[14] ¿Qué respuestas van a darse ahora que se requiere reconfigurar nuestro vínculo con la naturaleza?, ¿cómo vamos a lograr el cuestionamiento profundo si seguimos jugando con las reglas de un sistema que no se sostiene sin la explotación hacia la naturaleza?

 

Una transformación como la que se propone no es ni sencilla, ni rápida; pero vale la pena hacer el esfuerzo. Volver a la normalidad en el terreno educativo equivaldría a seguir con los mismos valores heredados de la tradición humanista. No podemos continuar dando importancia sólo a asuntos de nuestra especie ni seguir pretendiendo que somo seres separados de la naturaleza y ajenos a otras formas de vida: somos animales en el mundo y en relación con otros animales, humanos y no humanos. Esta es una realidad que, a partir de ahora, debe ser tomada en cuenta en cada programa educativo. Tampoco será posible fomentar una ética de respeto hacia los ANH mientras se siga educando sobre valores neoliberales de individualismo, competencia y cosificación de la naturaleza.

 

Y si transformar radicalmente los programas y las prácticas en el aula es un trabajo necesario, hacer lo mismo en la pedagogía como disciplina lo es aún más. Aunque las propuestas pedagógicas en forma de clases y talleres son necesarias, consideramos que pueden ser insuficientes. ¿Qué impacto puede tener una clase con un programa de zooética dentro de un plan de estudios gestado sobre ideas antropocéntricas? Así como otros campos de estudio están haciendo críticas profundas a sus formas y sus fondos, la pedagogía tiene una tiene tarea similar.

 

De hecho, la actual pandemia, puso en jaque a la educación a través de las instituciones educativas, la deserción escolar, las desigualdades en el acceso a internet, la dificultad de interacción pedagógica en los entornos virtuales, entre otras que, si bien son de suma importancia, atienden a las necesidades inmediatas y no brindan un horizonte hacia el cual avanzar. Debemos impedir que la educación se quede rezagada, sobre todo cuando hay tanto que aprender sobre zoocentrismo.

 

Aun cuando, en pedagogía, el estudio de la educación no involucra experimentación con ANH, la reflexión podría girar en torno a cómo es representada la naturaleza en nuestros clásicos y cuál es el ideal al que se ha aspirado en la relación humanos-naturaleza. Una relectura crítica, no antropocéntrica, de Rousseau, Comenio, Montessori, Freinet o Freire nos ayudaría a vislumbrar qué papel han tenido otros animales (y la naturaleza en general) cuando hablamos de educación, y a cimentar nuevos valores y formas de ser-con los ANH. ¿Es la naturaleza un espacio sin ninguna relevancia dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje? ¿Son los animales meros medios y herramientas para lograr objetivos de aprendizaje? Cuando se habla de respeto hacia lo que nos rodea, ¿se está pensando en el valor intrínseco de otros seres o es sólo por el beneficio humano que conlleva?

 

Sin embargo, la falta de interdisciplinariedad dificulta que nos hagamos esas preguntas. El puente entre las ciencias y las humanidades, que Potter ya había advertido como vital para la supervivencia, sigue siendo un ideal. Así como, por ejemplo, la biología necesita de la pedagogía para estructurar e impartir sus contenidos, la pedagogía necesita de la biología para entender a educandos y educadores no sólo como sujetos, sino también como animales dentro del continuo de la vida. De igual manera, adoptar conceptos de distintas áreas que nos permitan entender mejor esta realidad para, a partir de ello, analizar y generar propuestas pedagógicas sería de gran utilidad. ¿Cómo educar en la era del antropoceno si no somos conscientes de que estamos viviendo en ella? Como se mencionó, ya no se puede generar conocimiento al margen de la situación ambiental actual.

 

Consideramos que la educación no solo es necesaria, sino urgente, para la construcción de seres humanos con una perspectiva del mundo que incluya al zoocentrismo, incluso desde el centro de cada una de las disciplinas. Es tarea de cada área mirarse de forma autocrítica y cuestionar cómo está construyendo su corpus de conocimiento, cuáles son sus intereses, a quiénes sirven y a quiénes afectan. Investigadores(as) y profesores(as) tienen la principal responsabilidad, pues serán sus enseñanzas las que guíen los pasos de futuras generaciones y deberán tomar en cuenta que, si se vuelve a la normalidad, en la teoría y en la práctica, no haremos más que avanzar hacia el colapso de la vida como la conocemos.

 

Si bien las ciencias biológicas tienen mucho quehacer en estos tiempos, las ciencias sociales y humanidades tenemos otro tanto. Mientras profesionales de la salud luchan por mantener la vida en los hospitales, investigadores(as) y profesores(as) tenemos la responsabilidad de pensar cómo vamos a vivirla a partir de ahora y de germinar en las aulas la semilla del cambio.

 

Bibliografía

  1. Álvarez, Freddy, “Los nuevos comienzos en la educación, reflexiones desde el confinamiento”, en Educación y pandemia. Una mirada académica, UNAM, México, 2020, pp. 271-279

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  1. Anzoátegui, Micaela, “Antropocentrismo, antropoceno, evolución: una nueva epistemología del riesgo”, en Memoria Académica, Vol. 8, Núm. 1, 2020, La Plata, pp. 2-21.

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  1. Bravo, María, “Un breve respiro de la naturaleza”, en Educación y pandemia. Una mirada académica, UNAM, México, 2020, pp. 280-288.

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  1. De Alba, Alicia, “Currículo y operación pedagógica en tiempos de COVID-19. Futuro incierto”, en Educación y pandemia. Una mirada académica, UNAM, México, 2020, pp. 289-294

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  1. De la Peña, Marinés, Mesa, Natalia y Fors, María “Antropoceno: la era de las pandemias”, en La zozobra en tiempos de COVID, Semestre 2, 2020, Guadalajara, pp. 119-132.

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Consultado el 22 de octubre de 2021.

  1. Harari, Yuval Noah, De animales a dioses, Primera edición, Debate, Madrid, 2016.
  2. Herrera, Alejandro, “Nada vivo nos es ajeno”, en Zooética. Una mirada filosófica a los animales, Primera edición, Fondo de Cultura Económica, México, 2018.
  3. Maya-Ambía, Carlos, “Revisión de la discusión actual sobre la Covid-19 en el ámbito del pensamiento social”, en El trimestre económico, LXXXVII, Núm. 348, 2020, México, pp. 1233-1258.

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  1. Sagols, Lizbeth, “Colapso climático y la ecoética biofílica: la pandemia de la COVID-19 en la antesala”, en Theoría. Revista del Colegio de Filosofía, Núm. 39, 2020, México, pp. 174-190.

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  1. Tapia, Felix, “Covid-19 y el antropocentrismo”, en PRODAVINCI,

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  1. Tomé, Valentín, “Res publica: antropocentrismo y coronavirus”, en Ponte Vedra Vida,

https://pontevedraviva.com/opinion/5992/antropocentrismo-coronavirus-valentin-tome-opinion/
Consultado el 22 de octubre de 2021.

 

Notas 

[1] Valentín Tomé, “Res publica; antropocentrismo y coronavirus”, ed. cit.
[2] Marinés De La Peña, et al., “Antropoceno: la era de las pandemias”, ed. cit., pp. 125-127.
[3] Carlos Maya-Ambía, “Revisión de la discusión actual sobre la Covid-19 en el ámbito del pensamiento social”, pp. 1239-1240.
[4] Lizbeth Sagols, “Colapso climático y la ecoética biofílica: la pandemia de la COVID-19 en la antesala”, ed. cit. p. 179.
[5] Cabe aclarar que, aun cuando el sistema económico actual es en gran parte responsable de la cosificación, instrumentalización y explotación de la naturaleza y de los individuos que la habitan, en cualquier sistema cuya propuesta civilizatoria esté asentada en la idea de supremacía humana se seguirá viendo a los ANH y a sus hábitats como recursos disponibles para la satisfacción de necesidades.
[6] Yuval Noah Harari, De animales a dioses, ed. cit., p. 456.
[7] Carlos Maya-Ambía, “Revisión de la discusión actual sobre la Covid-19 en el ámbito del pensamiento social”, p. 1235.
[8] Felix Tapia, “Covid-19 y el antropocentrismo”, ed. cit.
[9] Tom Regan, En defensa de los derechos de los animales, ed. cit., p. 280.
[10] Alejandro Herrera, “Nada vivo nos es ajeno”, ed. cit., p. 51.
[11] Micaela Anzoátegui, “Antropocentrismo, antropoceno, evolución: una nueva epistemología del riesgo”, ed. cit., p. 13.
[12] El post-humanismo es una corriente de pensamiento que aspira a la superación de los valores humanistas que colocan en el centro de la consideración al ser humano y la Razón.
[13] Anahí González, “Lecturas animales de las vidas precarias. El «discurso de la especie» y las normas de lo humano”, ed. cit., p. 144.
[14] Alicia del Alba, “Currículo y operación pedagógica en tiempos de COVID-19. Futuro incierto”, ed. cit., pp. 289-290; Freddy Álvarez, “Los nuevos comienzos en la educación, reflexiones desde el confinamiento”, ed. cit., pp.276-278; María Bravo, “Un breve respiro a la naturaleza”, ed. cit. pp. 285-288.

 

 

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