El lenguaje en Locke: El caso de Funes el memorioso

 

Resumen

Este artículo realiza una análisis literario y filosófico de la obra “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges desde la posición de la filosofía del lenguaje en el “Ensayo sobre el entendimiento humano” de John Locke. Hace referencia a temas de la memoria en ambas obras, la elaboración de un lenguaje y una numeración con nombres particulares y a la imposibilidad de realizar ideas generales refiriendo a su vez a los problemas que esto mantiene para el desarrollo del conocimiento. El artículo también muestra la influencia de la filosofía de Locke en Borges cuando realizó dicha obra.

Palabras clave: Filosofía, John Locke, lenguaje, Jorge Luis Borges, literatura, memoria.

Abstract

This article makes a literary and philosophical analysis of Funes the memorious by Jorge Luis Borges from the philosophy of language in An Essay Concerning Human Understanding by John Locke. It refers to topics about the memory in both works, the elaboration of a language and numeration with particular names and to the impossibility of making general ideas referring at the same time to problems for the understanding development. The article also shows the influence in Borges of the Locke´s philosophy when he wrote that work.

Key words: Philosophy, John Locke, philosophy of language, Jorge Luis Borges, literature, memory.

 

Locke, en el siglo XVII, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuvieran un nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo.

Jorge Luis Borges.

En “Funes el memorioso” la referencia a Locke es directa. La obra de Borges es abundante en referencia a los pensadores ingleses, y gran parte de ella tiene como finalidad el exponer problemas filosóficos que, al caer en paradojas, expresan una imposibilidad para el lector de representarlas mentalmente. Aquí se busca estudiar la obra de Borges según la propuesta del lenguaje lockeana.

 

El que en un inicio de esta obra Funes tenga una memoria cronométrica,[1] es debido a que Borges quiere mostrar la imposibilidad de un caso análogo en la realidad. Ni Funes en un inicio con su gran memoria —antes del accidente que volvió su memoria sobrehumana—, alcanzaba la posibilidad de desarrollar las tareas que emprendió luego.

 

Pero, primeramente, es preciso presentar la trama de la obra. A grandes rasgos, el relato breve “Funes el memorioso”, trata sobre un personaje ficticio llamado Ireneo Funes, el cual tenía una memoria envidiable, y que, posteriormente, sufre de un accidente de caballo y queda con problemas de movilidad. Todo esto narrado en primera persona desde la perspectiva de otro personaje que es testigo parcial de la historia. Además de los problemas de movilidad, el accidente produce en Funes una habilidad sin precedentes: una memoria infalible. Funes es incapaz del olvido. Esta condición genera una exposición de proposiciones acerca del lenguaje, las cuales son de interés expositivo.

 

En la conversación que Funes tiene con el narrador después del accidente, resulta interesante que se inicie mencionando algunos casos de memorias excepcionales.[2] Con esto también se pretende establecer un margen muy amplio de diferencia entre estos casos de la tradición y la figura que Borges quiere exponer: La condición de posibilidad para una memoria perpetua, caso inédito por mucho en la historia. Funes es incapaz del olvido, esto le permite establecer ciertos juegos de memoria interesantes. Por ejemplo, Funes logra aprender en pocas horas el latín, valiéndose de un diccionario y libros escritos en ese idioma. Además, el narrador relata varios aspectos a tomar en consideración para el análisis aquí realizado:

 

Primero, la capacidad de observar las particularidades en el conjunto. Este aspecto parece ser una condición de su memoria. Funes es capaz de observar y reconocer todos los objetos sin necesidad de realizar generalizaciones: “Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra”;[3] o afirmaciones como “No sé cuántas estrellas veía en el cielo”.[4] Este aspecto parece destacar la dificultad de Funes por realizar ideas generales, todos los particulares se muestran de forma inmediata sin abstraer algunos objetos discriminando otros, contemplando así una totalidad. Junto con esta capacidad de identificar aspectos sumamente particulares, que las demás personas suelen discriminar en una mirada general, se encuentra también la capacidad de recordarlas permanentemente y compararlas entre ellas.[5]

 

Un segundo es la memoria corporal. Borges apunta constantemente al acompañamiento de sus recuerdos con ciertos estímulos corporales, no se limita a una concepción interna de la memoria. Esta memoria corporal se manifiesta en sensaciones musculares, térmicas, etc., por lo cual dicho recuerdo corporal es parte de su capacidad de memoria perpetua. Son tan vívidos sus recuerdos que, según señala, “sus ensueños son como nuestra vigilia”.[6]

 

Tercero, la sucesión de la exposición de los recuerdos. Si bien la capacidad de almacenar recuerdos de Funes es inagotable, estos no se muestran todos a la vez, sino que se generan de forma sucesiva. Se habla de la reconstrucción, mediante la memoria, de un día entero (lo cual, a su vez, le toma un día entero reconstruir).[7]

 

Al mostrarse los recuerdos de forma sucesiva, parece existir un problema respecto a la memoria. Al exponerse un recuerdo deben discriminarse otros, lo cual sería una especie de olvido. Funes afirma que su memoria es un vaciadero de basura,[8] pero parece que la capacidad de este consiste en poder hacer alusión a cualquier recuerdo deseado, no que la totalidad de recuerdos le aturdieran en tropel a la vez. Por otra parte, también es expuesta la noción de deterioro en las cosas, dada por una consciencia comparativa entre el estado de cosas actual y pasado: “Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad”.[9] Parece ser que, aunque no se le presentaban la totalidad de los recuerdos de forma conjunta, sí era incesante el flujo de estos, siendo que le atormentaban constantemente y no parecía lograr librarse de ellos en ningún momento, aunque fueran de forma sucesiva.

 

Un cuarto aspecto a señalar: la creación de una numeración y un idioma. De las propuestas más relevantes para este escrito está la que refiere a una creación de un idioma y una numeración especiales, los cuales son dados por una condición especial de la memoria de Funes. Lograba recordar perfectamente su sistema de numeración, por lo cual no necesitaba escribirlo, sino que lo mantenía en su memoria. Sobre éste señala: “Cada palabra tenía un signo particular, una especie de marca; las últimas eran muy complicadas…”.[10] Llamar a éste un “sistema” resulta impreciso, pues —como justamente señala el interlocutor de Funes—, es contrario a lo que se puede considerar un sistema numérico. Se trata de dar un nombre particular y antojadizo a cada número. De esta forma superó la clasificación de más de veinticuatro mil números.[11] Desde luego una labor como ésta sería interminable, debido a la infinitud virtual de los números, y prescindiendo de un sistema que permita mediante reglas catalogarlos y construir así los nombres de números infinitamente sucesivos. En cuanto a la creación de un idioma original, señala que intentó realizarlo de forma análoga al sistema numérico, pero le pareció muy general, pues si se nombraba cada cosa con un nombre propio, sería impreciso al no representar todas las variantes en las que se le podían presentar dichos objetos.[12] Entiéndase con esto que resulta una idea general, según lo propuesto por Funes, el llamar de la misma manera al mismo objeto a través del tiempo. Sea porque cambia la disposición del observador, sea porque cambia el estado del mismo objeto. Desde luego, la diferencia entre la posibilidad de una numeración de este tipo y la de un idioma se encuentra en que, la primera, hace referencia a conceptos y, la segunda, puede referirse a objetos que se presentan a la sensibilidad de formas distintas, por lo cual no tienen la inmutabilidad de los primeros.

 

Continuando con un quinto punto, se encuentra la relación entre ideas generales y pensamiento. Como ya se ha vislumbrado anteriormente, existe una dificultad (o imposibilidad) en Funes para concebir ideas generales. La memoria de éste es tan precisa que logra reconocer con mayor nitidez las particularidades en cada objeto (así como del mismo objeto en el paso del tiempo), por lo cual los reconoce como irremediablemente distintos, complicando catalogarlos en conjuntos para formar ideas generales.

 

Al respecto, Borges apunta: “Sospecho […] que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”.[13]

 

Es claro que, según la concepción del literato argentino, el poder concebir ideas generales está asociado con la capacidad del pensamiento. Podría apuntarse que la capacidad de Funes para recordar una experiencia en su memoria se debía a que una vez en esta tomaba un carácter de inmutabilidad. Pero cada nuevo dato expuesto a la experiencia se le mostraba como distinto, y siendo difícilmente capaz de asociar dichas ideas con pasadas, no lograba generalizarlas.[14] Es posible decir que le era permitido realizar operaciones analíticas, mas no sintéticas, pues referirse a la experiencia para desarrollar conclusiones que fueran más allá de los propios conceptos particulares le resulta problemático.

 

A partir de estos aspectos señalados, se intentará responder desde la teoría sobre el lenguaje lockeana, la cual, como ya se indicó, fue punto de referencia en varios aspectos de la composición de este relato de Borges.

 

La propuesta epistemológica realizada por Locke puede ser resumida en los siguientes puntos según Ashworth: “[…] 1) el uso del término ‘idea’; 2) la tesis que todas las ‘ideas complejas’ están constituidas de ‘ideas simples’; y 3) La tesis que el conocimiento es percepción (o intuición) del acuerdo y desacuerdo entre ideas”.[15] Respecto al primer aspecto, el término “idea” empleado por Locke hace referencia a “[…] todo aquello que la mente percibe en sí misma, o todo aquello que es el objeto inmediato de percepción, de pensamiento o de entendimiento […]”.[16] Por esto último es importante señalar que Locke no hace referencia únicamente a imágenes visuales cuando habla de ideas.[17] Aunque “[…] todas las ideas vienen de la sensación o de la reflexión”,[18] se debe reconocer que son las ideas, y no las cosas mismas, las que conoce el sujeto directamente cuando experimenta.

 

Siendo que Locke establece la imposibilidad de relacionarse con otra cosa que, con la idea, se abre espacio a un indeseable escepticismo, al no poder realizarse un abordaje a las cosas mismas sino es mediante la idea.[19] Si bien parece haber una correspondencia (inconfirmable) entre idea y cosa (las ideas representan de modo natural entidades no mentales),[20] existe también una relación entre idea y palabras. Aunque Locke señala que dicha correspondencia es arbitraria.

 

Las palabras no revelan una conexión natural entre sonidos articulados e ideas (si así fuera, habría un único lenguaje universal). “Resulta, pues, que el uso de las palabras consiste en que sean las señales sensibles de las ideas; y las ideas que se significan con las palabras, son su propia e inmediata significación”.[21] Podría tener cabida aquí la propuesta de Funes. Si no existe relación natural con las ideas, es posible crear un idioma ficticio como el suyo. En dicho caso incluso seguirían haciendo referencia a ideas, por lo que estaría de acuerdo con lo que García-Carpintero denomina como “prioridad ontológica del lenguaje” en Locke, donde se refiere a una evidente dependencia del lenguaje al pensamiento.[22] Para Locke “[…] las palabras en su significación, primaria o inmediata, nada significan, salvo las ideas que están en la mente de quien las usa […]”.[23]

 

La dificultad evidente resultaría a la hora de querer comunicarse con el idioma de Funes, lo que podría resultar incomprensible para otros, al no estar consensuado. Según Locke, teniendo el ser humano necesidad de comunicarse, emplea su facilidad de articular distintos sonidos vocales para expresar sus ideas, mediante las señales del lenguaje, las cuales, a su vez, funcionan como subvención a su memoria.[24] Aquí se haría referencia a un uso público y un uso privado de las palabras, donde se reconoce un factor de comunicación y uno de memoria en cuanto al uso del lenguaje.[25] Para Funes el uso privado no le resultaría problemático, debido a la facultad de su memoria; pero el uso público, tanto de su idioma como de la numeración, le sería imposible si no es empleándolo con otro sujeto con su misma capacidad.

 

Respecto a que las ideas compuestas están constituidas por ideas simples, responde a la posición lockeana según la cual no existen ideas innatas, sino que toda idea compuesta se forja de las ideas sensibles obtenidas de la experiencia.[26] Esto último se puede asociar a la proposición, según la cual, existe una derivación de las palabras, que lleva, a su vez, a las palabras que significan ideas sensibles. Con lo cual, para Locke toda palabra tiene un origen en la experiencia.[27] Sobre esto, resulta dificultoso debido a que la experiencia en Funes es distinta a la de las demás personas en cuanto a la forma de notar detalles (su dificultad de abstracción), reconociendo exaltadamente las características particulares de los objetos. Refiriéndose a las palabras, Locke indica que la mayor parte de los nombres son generales. Con esto dice que, aunque todas las cosas sean particulares, para hacer referencia a ellos se utilizan términos generales,[28] excepto en caso de nombres propios. Sobre las palabras generales apunta: “Las palabras se convierten en generales al hacerse de ellas signos de ideas generales, y las ideas se convierten en generales cuando se les suprimen las circunstancias de tiempo y de lugar y cualesquiera otras ideas que puedan determinarlas a tal o cual existencia particular”.[29]

 

Según esta concepción, Funes estaría completamente vedado de ideas generales, pues no le es posible sacar las cosas de su tiempo y espacio. Todo permanece en su memoria en las circunstancias específicamente dadas, y un cambio se le presentaría como una idea distinta, incapaz de identificar con otra.

 

Para Locke existe una referencia de las palabras generales a las ideas generales, por lo cual, sin poder hacerse de este tipo de ideas habría que limitarse a utilizar palabras referentes únicamente a nombres propios o particulares, como lo hace Funes según la propuesta de Borges. Estos nombres propios son los que solo pueden asignárseles a substancias, pues refieren a cosas particulares;[30] a lo cual se indica que son pocas las ideas simples que tienen nombre propio,[31] en cambio, en la propuesta de idioma de Funes cada cosa particular tendría su propio nombre.[32]

 

El sistema de Funes falla en cuanto que “[…] las palabras hacen referencia en secreto, primero, a las ideas que están en la mente de otros hombres”.[33] En “secreto” porque se suele suponer esa referencia a las ideas en la mente de los otros a la hora de la comunicación (aunque no se conozcan directamente) y se apela a la concepción común de las palabras. Si no fuera así, si no hubiera tal referencia, sería en vano la comunicación. Cuando se sabe que la otra persona habla el mismo idioma, no se está constantemente preguntando si entiende el significado de cada palabra usada en una conversación,[34] sino que se presupone que entiende las palabras de uso cotidiano, el cual utiliza un número limitado de palabras empleando las palabras generales.[35] En un idioma que sólo refiere a nombres particulares sería imposible aprenderlos por costumbre o llegar a un consenso por el estilo, o, como señala Locke, “sería inútil”.[36]

 

Por otra parte, según el tercer punto señalado más arriba por Ashworth, se hace referencia al conocimiento. Sobre esto, Locke apunta que, de las ideas (en cuanto materiales de la razón, provenientes de la experiencia, teniendo esta última como fuente la sensación y la reflexión), se obtiene el conocimiento, mediante una percepción de un acuerdo, desacuerdo o repugnancia entre éstas.[37]

 

Locke resuelve en un empirismo, todo el conocimiento proviene de la experiencia, y se representa mediante las ideas. Del acuerdo o desacuerdo de dichas ideas, se reduce a cuatro clases de relaciones: Identidad o diversidad, relación, coexistencia o conexión necesaria y, por último, existencia real.[38] Se recuerda entonces que en la obra de Borges se sospecha la incapacidad de pensar (se entiende aquí como la incapacidad de conocimiento) de Funes, al no tener la facultad para generalizar, abstrayendo aspectos que permitan agrupar las ideas.

 

Podría decirse que ese proceso señalado por Locke de acuerdo y desacuerdo se cumple como imposibilidad en Funes en aspectos importantes. Aunque bien Funes puede identificar la identidad o diversidad de las ideas (reconoce perfectamente lo que las diferencia y las hace ser lo que son y no otra cosa), a la hora de establecer relaciones le es difícil encontrarlas, ante la fuerte singularidad de estas. Parece que sus ideas son una negación constante la una de la otra, lo cual también dificulta reconocer la coexistencia de los componentes de determinada substancia, pues la misma cosa se le presenta de forma distinta constantemente. La vivacidad de los recuerdos de Funes dificulta reconocer la existencia real de estos (aunque la categoría de existencia real no es mencionada por Borges). Dicha cuestión sobre la capacidad de conocimiento en Funes parece ser accesoria en el relato, pero cuenta también con una referencia en el texto de Locke, en cuanto a la capacidad de extender el conocimiento mediante un lenguaje que prescinda de palabras generales.

 

En el caso hipotético de que un lenguaje así se pueda dar, no habría un avance del conocimiento, según Locke. Esto debido a que la reducción de cosas particulares a nombres genéricos permite categorizarlas, con lo cual los objetos de estudio “[…] no se multiplican a cada momento más allá de lo que la mente puede retener, o de lo que el uso pide”.[39] No es difícil convencerse del necesario uso de las categorizaciones que permiten a la ciencia y demás métodos de conocimiento un avance en este. Un empleo tanto de nombres propios como generales es necesario para referirse y categorizar a los objetos de estudio en diversas áreas. Un único empleo de nombres propios no lograría un adecuado conocimiento de leyes ni reglas.

 

Con todo esto, se logró exponer lo que ya Borges sabía: Locke no aprobaría un caso como el de Funes. Éste es contrario a su filosofía del lenguaje, y si le sirve en algo es únicamente en un sentido negativo, para demostrar que esta postura opuesta a la suya deriva en una incapacidad de desarrollar conocimiento. La propuesta de Borges sería que una memoria absoluta impediría la capacidad de abstraer ideas generales, mientras que el aporte de Locke sería indicar que siendo ese el caso, el conocimiento sería limitado, y que intentos de idiomas o numeraciones como los que podría proponer alguien con dicha capacidad serían de nula cuantía práctica.

 

Pero, hay una intención más detrás de Funes el memorioso. Es sencilla: Locke incita el genio literario de Borges.

 

Pero está más allá del poder humano forjar y retener ideas distintas de todas las cosas particulares que se nos ofrecen: cada ave, cada bestia que el hombre ve; cada árbol, cada planta que hiere sus sentidos, no podrán encontrar cabida en el más amplio de los entendimientos. Si se tiene por caso de una memoria prodigiosa el que ciertos generales hayan podido llamar por sus nombres propios a cada uno de los soldados de su ejército, fácilmente podremos encontrar una razón de por qué los hombres nunca han intentado dar nombres a cada oveja de sus rebaños, o a cada cuervo que vuela sobre sus cabezas, y mucho menos llamar a cada hoja de las plantas, a cada grano de arena que vieran, por un nombre peculiar.[40]

 

Bibliografía

  1. Ayer, Alfred, Los problemas centrales de la filosofía, Alianza, Madrid, 1973.
  2. Borges, Jorge Luis, “Funes el memorioso”, Cuentos completos, Penguin Random House, España, 1942.
  3. Burlando, Giannina, “Sobre conocimiento y significado en el Essay de John Locke” en Veritas, 29 Setiembre del 2013, Chile, pp. 119-137. https://www.redalyc.org/pdf/2911/291128598006.pdf Consultado el 24 de octubre del 2021.
  4. Castany, Bernat, “La tradición inglesa en la obra de Jorge Luis Borges” en Tonos, 14, Diciembre de 2007.
  5. García-Carpintero, Manuel, Las palabras, las ideas y las cosas, Ariel, Barcelona, 1996.
  6. Locke, John, Ensayo sobre el entendimiento humano, Fondo de Cultura Económica, México, 2005.
  7. López, Sonia, “La prioridad del pensamiento sobre el lenguaje en la filosofía de John Locke” en Agora Philosophica. Revista Marplatense de Filosofía, VIII Nº15, Julio del 2007. http://www.agoraphilosophica.com/Agora15/agora15-Lopez%20Hanna.pdf Consultado el 24 de octubre del 2021.
  8. Naveira, Liliana, Palabra y pensamiento en Borges: La reflexión filosófica borgeana a través del análisis de su poética, Tesis doctoral, Universidad de Barcelona, Argentina, 2003.

 

Notas

[1] Esta expresión es precisa en cuanto Funes, al inicio de la obra, es capaz de saber la hora en la que se encuentra valiéndose únicamente por su memoria.
[2] Ciro llama por su nombre a todos los soldados de su ejército; Mitrídates Eupator conocía veintidós idiomas; Simónides inventa la mnemotecnia; Metrodoro, profesa arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez (Borges, Op. cit., p. 167).
[3] Idem.
[4] Ibid., p. 168.
[5] Ibid., pp. 167-168.
[6] Ibid., p. 168.
[7] Idem.
[8] Idem.
[9] Ibid., p. 169.
[10] Ibid., p. 168.
[11] Idem.
[12] Ibid., p. 169.
[13] Ibid., p. 170.
[14] Esto no deja de ser problemático. Si fuera así Funes sería incapaz de recordar (en el sentido de reconocer) a una misma persona con el paso del tiempo. Ese deterioro no podría reconocerse en una identidad y sería un cuadro distinto a cada instante. Si, efectivamente, un perro a una hora es distinto para Funes respecto al mismo perro a otra hora, entonces no sería posible reconocer esos avances de la corrupción en los objetos. Podría ser que ambas experiencias serían contradictorias para el caso de Funes. Con lo único con lo que podría tratar en este sentido sería con la inmutabilidad de símbolos (por ejemplo las letras o números), los cuales se mantuvieran iguales a través del tiempo.
[15] Giannina Burlando, “Sobre conocimiento y significado en el Essay de John Locke”, ed. cit., p. 120.
[16] John Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, ed. cit., II, VIII §8.
[17] Sonia López, “La prioridad del pensamiento sobre el lenguaje en la filosofía de John Locke”, ed. cit., p. 38.
[18] Locke, Op. cit., II, I §2.
[19] Burlando, Op. cit., p. 126.
[20] Manuel García-Carpintero, Las palabras, las ideas y las cosas, ed. cit., p. 163.
[21] Locke, Op. cit., III, II §1.
[22] García-Carpintero, Op. cit., p. 98.
[23] Locke, Op. cit., III, II §2.
[24] Ibid., III, II §1.
[25] García-Carpintero, Op. cit., p. 103.
[26] Burlando, Op. cit., p. 122.
[27] Un ejemplo de esto es la palabra “espíritu” tienen su origen en la palabra “aliento”, la cual refiere a una idea sensible simple (Locke, Op. cit., III, I §5).
[28] Ibid., III, III §1.
[29] Ibid., III, III §6.
[30] Ibid., III, VI §42.
[31] Ibid., II, III §2.
[32] La dificultad en un tipo de idioma como este, orientado a la comunicación, se puede mostrar en casos prácticos. Por ejemplo, si alguien quiere referirse a su hermano en una conversación con otra persona que no lo conoce, no lo llama simple y directamente con el nombre propio: o bien realiza una debida presentación previa de su nombre, o se refiere a él sin necesidad de dicho nombre particular, utilizando el general “hermano”. Estos nombres generales permiten reconocer de forma universal la idea que se desea expresar.
[33] Locke, Op. cit., III, III §4.
[34] Semejante caso sería también paradójico, debido a que para preguntar si entiende cada palabra, habría que utilizar palabras que también requieren de la misma confirmación, y así hasta el infinito.
[35] “Esto no puede lograrse con nombres aplicados a cosas particulares, de las cuales yo sólo tenga en la mente la respectiva idea, porque los nombres de esas cosas no pueden ser significativos o inteligibles para otro que no se hubiere enterado de todas esas cosas particulares que habían caído bajo mi observación” (Locke, Op. cit., III, III, 3).
[36] Idem.
[37]  Op. cit., p. 73.
[38] Locke, Op. cit., IV, I §3.
[39] Ibid., III, III, §4.
[40] Ibid., III, III, §2.

 

 

 

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