El cuerpo que acontece

SUPUESTO CUERPO. MANUEL ÁNGEL GONZÁLEZ BERRUGA

 

Resumen

Se destacan dos ideas de Jean-Luc Nancy: el sujeto como una pluralidad de posibilidades abiertas al mundo en un acontecimiento constante y la importancia del cuerpo para entender la situación del sujeto en el mundo. Estas ideas se extraen de las obras de Jean-Luc Nancy ¿Un sujeto? y Corpus. En primer lugar, se muestran las ideas principales de ¿Un sujeto? y en segundo lugar, las de Corpus. En un último apartado, se extraen las conclusiones principales de estas dos ideas entre las que se destacan la importancia de entender el sujeto como una pluralidad abierta al devenir del mundo y la importancia del cuerpo como el ente que experimenta, piensa y vive la realidad sin intermediarios.

Palabras clave: Jean-Luc Nancy, sujeto, acontecimiento, cuerpo, Ereignis, pluralidad.

 

Abstract

Two ideas of Jean-Luc Nancy stand out: the subject as a plurality of possibilities open to the world in a constant event and the importance of the body in understanding the subject’s situation in the world. These ideas are drawn from the works of Jean-Luc Nancy A subject? And Corpus. First, the main ideas of A Subject? And secondly, those of Corpus. In a final section, the main conclusions of these two ideas are drawn, among which stand out the importance of understanding the subject as a plurality open to the becoming of the world and the importance of the body as the entity that experiences, thinks, and lives reality without intermediaries.

Key words: Jean-Luc Nancy, subject, event, body, Ereignis, plurality.

 

El presente ensayo pretende destacar dos ideas que se hallan en dos trabajos de Jean-Luc Nancy. La primera idea tiene que ver el sujeto que acontece presentada en el texto ¿Un sujeto? La segunda idea que se destaca es la importancia del cuerpo que se observa en el libro Corpus. Reflexionar sobre estas dos ideas nos conduce a un espacio donde se tiene en cuenta la importancia del sujeto que acontece señalando la importancia del propio cuerpo con relación a su medio. Esto nos permite pensar en un sujeto desde la filosofía sin perder de vista la mundanidad del cuerpo que lo mantiene. Recuperar estas reflexiones es importante para ofrecer alternativas plausibles y enriquecedoras en los debates que giran en torno al aceleracionismo, el nuevo realismo o realismo post-continental, el xenofeminismo, el post-humanismo o el transhumanismo.

 

El sujeto que acontece

 

El texto ¿Un sujeto? recopila dos seminarios dados en los estudios de doctorado de psicología cuyo objetivo fue el de problematizar la idea del sujeto como la base de la suposición de sí mismo. En este reducido libro, corregido por el propio autor, se expone una idea filosófica del sujeto abierto a la pluralidad del mundo mediada por el Ereignis, el evento o el acontecimiento, trabajados por otros filósofos como Heidegger, Vattimo o Badiou.[1] En el prefacio a la edición en español, edición con la que estamos trabajando, Jean-Luc Nancy señala la importancia de comprender la noción de un sujeto abierto al advenimiento de la infinitud de posibilidades. El autor señala que este sujeto expuesto al Ereignis también lo está al Enteignis, un movimiento de expulsión o desapropiación de las características singulares y propias del sujeto, y del Zueignis, un movimiento de dedicación hacia algo. El sujeto que acontece se encuentra en un constante devenir que expulsa y atrae al sujeto desde sí mismo a sí mismo. Se trataría de un movimiento de ida y vuelta desde lo que el sujeto reconoce en sí mismo y hacia lo que el sujeto se proyecta, que pone en juego lo que Jean-Luc Nancy señala como “alguien inventándose a sí mismo”.[2]

 

El problema que observa Jean-Luc es el de la unidad del sujeto, su reconocimiento como una unidad indivisible, un sujeto que está supuesto por el hecho de ser sujeto, por el hecho de existir, es decir, el reconocimiento del sujeto por sí mismo supone su existencia y esta existencia equivale a la unicidad del sujeto. Esta unicidad del sujeto y la suposición del sujeto conduce a la multiplicidad de sentidos en los que se puede suponer el sujeto a sí mismo. En esta suposición, el sujeto se tiene o se es para sí mismo, pero a la vez es o está vuelto a lo que le rodea, como señala Nancy, o bien está bajo una representación o volición o bajo una autoridad, o es el soporte para esa representación o volición.

 

La suposición del sujeto ha pasado por diferentes etapas a lo largo de la historia. La suposición del sujeto se da porque nos encontramos con un mundo ordenado al cual el sujeto se adhiere y le sirve como base que le habilita para pensarse a sí mismo y erigirse como naturaleza pensante. Esta naturaleza pensante presupone un pensamiento anterior inmóvil dividiendo al sujeto en dos: una parte que está detrás de sí mismo y actúa de fundamento del sujeto y otra parte que es el sujeto como unidad. La condición decisiva del sujeto es esta: la suposición del otro a la vez que se sostiene la posición de sí mismo. Aquí, Descartes añade tres elementos que apuntalan la idea del sujeto: 1) la necesidad del sujeto, mediante la habilitación de la existencia por el pensamiento, pensar es pensarse a sí mismo; 2) la temporalidad, puesto que siempre que pensamos lo hacemos en un presente constante que avala nuestra existencia; y 3) la sustancialidad, ya que el yo pienso se convierte en fundamento de mi existencia a la vez que es experiencia del mundo proyectada hacia otros sujetos. Pensar el sujeto desde la idea de sustancialidad habilita al autor para realizar tres observaciones: 1) La sustancia pensante es el pensamiento mismo, podemos acceder a la sustancia pensante a través del pensamiento; 2) la suposición del sujeto conlleva una existencia absoluta, el sujeto dado, y otra enlazada con la experiencia que se manifiesta en la creación, el sujeto que opera; 3) el sujeto está subordinado a la base de un fundamento que es el propio sujeto. De aquí inferimos que el sujeto está arrojado al mundo en un movimiento constante donde el sujeto fundamento habilita a la vez que domina al sujeto creador que se mueve hacia el mundo. La creación del sujeto se basa en la libertad del actuar que depende de la funcionalidad de sus facultades y de la psicología empírica, es decir, la libertad de creación está subordinada al sujeto a la vez que a la propia actuación en el medio. Recogiendo el aporte de Hegel, esta suposición del sujeto pasa por la negatividad del sujeto, el sujeto se niega a sí mismo, atraviesa alguien que no es sí mismo para devenir en sí mismo.

 

El problema radica que en este movimiento del para sí y fuera de sí, a la vez que el sujeto se encuentra como sujeto para sí mismo y para otros sujetos, sucede que, “hay una dimensión que no es la suya, que es simplemente el presente o la presencia”.[3] ¿Qué ocurre en este presente? Se produce el vaciado del sujeto, se desvanece, el momento en el que el sujeto se deshace de sí mismo y avanza hacia otro sí mismo, quedando solo la suposición del sujeto. Pero, entonces, ¿qué ocurre con la sustancia? ¿Quién se encuentra en lugar de la sustancia? o ¿Quién se encuentra más allá del sujeto? Esto lo resuelve el autor señalando que la suposición, en realidad, trata de una exposición, es decir, el sujeto se expone al mundo, se arriesga, se aventura al mundo. La exposición es la extremidad de la suposición.

 

Con todo esto, Jean-Luc Nancy pone el foco en la pregunta por el alguien que conlleva el problema de la unicidad y pluralidad del sujeto. Por un lado, encontramos un sujeto único que desarrolla diferentes sentidos en este ir y volver de sí mismo, lo que parece que no nos habilita para hablar de un sujeto único. Pero, por otro lado, a pesar de la pluralidad de sentidos que pueda alcanzar un sujeto, siempre podemos referirnos a la misma persona. El problema se agudiza cuando el autor arguye que “el singular es singular en tanto que se singulariza gracias a nada distinto de él mismo”,[4] por lo que el ser singular se enfrenta en cada momento a nada parecido a él mismo siendo el nuevo sujeto diferente y singular con respecto a su antecesor. Este movimiento de “ser singular” se denomina singularidad. Esta singularización del sujeto es el acto del existir de la sustancia por lo que la sustancia presupone el existir. Entonces, siguiendo el aporte de Aristóteles, Nancy señala que el sujeto no mantiene una relación de poiesis consigo mismo, no se genera a sí mismo, sino una relación de praxis, la singularización para la generación de algo distinto de sí mismo.

La idea de sustancia no nos puede llevar a un fundamento único ya que, siguiendo a Hegel, no existiría. Como señala el autor, “la existencia del singular, es esencialmente múltiple” y “la esencialidad de lo múltiple, si se puede hablar así, es la existencia, es decir, la singularidad, es decir, los unos singulares”.[5] Más adelante justifica el uso de singular por su etimología proveniente del latín clásico donde singular significa “uno por uno”, es decir, supone un plural, o justifica el uso de la palabra individuo por su significado escolástico como aquello que es indistinto en sí mismo y distinto a los otros. ¿Y qué es aquello que es indivisible y permite su singularización? El cuerpo, el sujeto práctico, el sujeto que actúa en el medio. El sujeto individual y singular es cuerpo, está en una materialidad. Y ¿cómo se atestigua la materialidad de un sujeto? La materialidad del sujeto, la materia signata, no se puede diferenciar del sentido del sujeto, una presencia afectiva que se da en un sentido nuevo cada vez. Como señala el autor: “el sentido singular del singular es ser cada vez en una infinita novedad o novación del sentido”.[6]

 

Nancy destaca la inconmensurabilidad de las relaciones entre sujetos por las infinitas posibilidades de relación entre singulares ya que, como hemos visto, la singularización del sujeto se produce en la praxis hacia algo diferente de él mismo, así como a la exposición del mundo donde otros sujetos realizan el mismo movimiento, lo que ofrece infinitas posibilidades en la relación con los otros. Y, a su vez, estas relaciones se producen en la indeterminación del devenir del acontecimiento. El sujeto está influenciado por sí mismo, pero en el viaje de ida y vuelta, lo que se conforma es un sujeto indeterminado desde su propio origen. De hecho, cada sujeto es ejemplo para los otros, no un camino a seguir. Este ejemplo surge del interés y curiosidad del sujeto por los otros.

 

Ese alguien que es un sujeto individual y plural está porque existe, y la existencia señala la parusía (la esencia del propio ser) escatológica (una presencia última); es decir, lo que existe guarda en sí mismo lo primero y lo último, su principio y final, su nacimiento y muerte. La idea del final, de la muerte, del camino que se acaba, nos señala los puntos de la vida que van finalizando, por lo que el sujeto no es sino un ente que siempre ha llegado o está siempre por venir. Por lo tanto, el sujeto supuesto está en constante exposición en cada instante que se singulariza y es en esta singularidad donde el sujeto se conforma como alguien en un acontecimiento constante.

 

El cuerpo que acontece

 

Aunque ya se señala la importancia del cuerpo en el libro de ¿Un sujeto?, Jean-Luc Nancy ahonda en el significado del cuerpo en Corpus, que es la edición de una conferencia que impartió en 1994 en la “Ecole Régionale des Beaux-Arts de Mans“. En las primeras páginas, el autor deja caer que el cuerpo que fue el programa de la modernidad nunca ha sido pensado desde la ontología, esto es, como un lugar de existencia local. Esta ontología del cuerpo se revela como escritura fuera de sí, esto es, el cuerpo se piensa en la excripción del ser, puesto que el cuerpo existe y existe hacia fuera, el cuerpo es ser-excrito. Para el cuerpo, el ego es el yo mismo que se identifica con la identidad del cuerpo y el cuerpo no se identifica con el yo mismo, sino que es lo que se extiende.

 

El cuerpo es lo que se encuentra en movimiento fuera de sí mismo, es lo que se exterioriza, lo que se expone al mundo de los cuerpos, de los otros cuerpos. En esta exterioridad de los cuerpos se producen posibilidades infinitas de relación a través del propio ser del cuerpo. Entonces, el cuerpo es el espacio con el que nos relacionamos con la realidad y ésta se nos presenta tal y como la podemos observar, sentir y pensar. Como señala el autor: “La visión de los cuerpos no penetra en nada invisible: es cómplice de lo visible, de la ostensión y de la extensión que lo visible es. Complicidad, consentimiento: el que ve comparece con lo que ve. Así se disciernen, según la medida infinitamente finita de una justa claridad.”[7] y “cuerpo no puede querer decir un sentido real del cuerpo fuera de su horizonte real.”[8] El cuerpo puede alcanzar la máxima potencia de su existir dentro de la realidad, lo que Nancy denomina como a-realidad. Y esto supone que la realidad es real para el cuerpo, los cuerpos son reales para el resto, exponen al mundo lo que se puede decir del ser y, a su vez, captan la realidad tal y como se presenta. Esta idea nos conduce a una posible solución del problema sobre el mundo interno y externo disolviéndolo la realidad en un espacio todo real donde el sujeto no representa la realidad, sino que la observa tal y como es, sin intermediarios, sin genios malignos: la realidad es lo que acontece.

 

En esta realidad, el propio cuerpo cobra el significado que le damos junto con los otros en el espacio de realidad que ocupamos. Un cuerpo supone la existencia de algo y ese algo tiene un significado que cobra vida en la comunidad a la que pertenece que, a su vez, ofrece la oportunidad de la vida y de la historia. Una comunidad inserta en un mundo que precede al sujeto y que éste debe descubrir. En este viaje, el cuerpo se abre al mundo como cuerpo estético, político, técnico, cuerpo de trabajo, pero es la técnica la que envuelve el mundo, que Nancy denomina de ecotecnia, la que permite la proximidad universal y local de los cuerpos.

 

Un elemento relevante de su exposición lo introduce cuando señala que la “psique no es sujeto”.[9] El sujeto se identifica con el cuerpo, pero la psique no se identifica con el sujeto porque el sujeto es más que la res cogitans, el sujeto necesita de la mente y el cuerpo para poder moverse en el mundo de significados y extender su potencial creador en la realidad.

 

Esta potencialidad creadora se ejerce en un horizonte de libertad indeterminada. Esta libertad la entiende el autor como no encarnada, la libertad no es una condición del sujeto, aunque se encuentra en la estructura de la libertad. Esta idea se puede entender, con relación a lo que hemos visto, como la apertura del sujeto hacia el mundo cuyo movimiento se conduce por la libertad de acción. Para que esta estructura de libertad quede habilitada, la realidad debe corresponder con una estructura que recoja esta libertad. La indeterminación del cuerpo se complementa con el medio que la rodea.

 

Esta indeterminación recíproca se origina por el movimiento que ejerce el cuerpo, un movimiento que en origen es involuntario, ya que el cuerpo no pide nacer, y se trata de un movimiento creador y pensante para sí mismo en un lugar del mundo. Esta acción es infinita, nunca paramos de pensarnos y de actuar por lo que nuestra existencia supone un cambio en la configuración de la realidad arrojada a un imprevisto mutuo. Entre el cuerpo y los cuerpos, y el cuerpo y el mundo no existe una res cogitans y res extensa, existe solo una res, la cosa que existe, cuerpos que chocan, cuerpos vivos y muertos, en un continuo acaecer, en un infinito acontecimiento donde los cuerpos se exponen desde su lugar en el mundo a través de la a-realidad de cada uno.

 

La idea del cuerpo que acontece nos ayuda a desentrañar cuestiones como el problema del mundo interno y externo, o la idea del ser humano como fundamento del mundo base de la filosofía continental y que el movimiento del nuevo realismo pretendía superar, a mi juicio, sin demasiado éxito. En estos textos el autor pretende superar una visión dualista de la realidad. La idea del sujeto que acontece nos obliga a pensar en una ontología y epistemología en la que confluyan sujetos y objetos, donde el fundamento último no recaiga sobre el sujeto o el objeto, en posiciones idealistas o realistas. Igualmente, el sujeto debe pensarse desde la corporeidad del ente mundano que se interesa, actúa y es a sí mismo mediante otros entes. Es el cuerpo el que acontece en el mundo, es el cuerpo el lugar de existencia del sujeto que siente y piensa la realidad tal y como se presenta. Pero el sujeto no es solo psique, sino que necesita la totalidad del cuerpo para poder ser.

 

La modernidad se sostenía sobre el fundamento del ser humano como constructor y creador de todas las cosas, fundamento que se puso en cuestión con la post-modernidad y se intenta superar con el movimiento del realismo especulativo o realismo post-continental. La vuelta del realismo en estos últimos años puede conducir a planteamientos que reproduzcan las insuficiencias que ya presentaba el idealismo o la generación de nuevas aporías que nos conducen a un callejón sin salida, como las propuestas ontológicas de Graham Harman o Markus Gabriel, que nos hablan de un mundo de sentido de los objetos sin seres humanos.[10] Siguiendo los aportes de Jean-Luc Nancy, una línea de investigación que vale la pena transitar pasa por estudiar el cuerpo como un acontecimiento en el mundo desde la apertura, pluralidad, maleabilidad y flexibilidad del sujeto y del cuerpo, que nos permitirá resolver y avanzar sobre los viejos problemas de la filosofía, como la teoría del conocimiento, la estética o la filosofía política, así como abordar los problemas que surgen de los movimientos actuales, como el aceleracionismo, el xenofeminismo, el transhumanismo o el post-humanismo.

 

Bibliografía

  1. González Berruga, Manuel Ángel, Una aproximación a la ontología de Markus Gabriel y Graham Harman, Tesis de Máster, Universidad Nacional de Educación a Distancia, España, 2021.
  2. Leveque, Jean-Claude, El concepto de “acontecimiento” en Heidegger, Vattimo y Badiou, en Azafea. Revista de Filosofía, Núm. 13, pp. 69-91.
  3. Nancy, Jean Luc, ¿Un sujeto?, La Cebra, Argentina, 2014.
  4. Nancy, Jean Luc, Corpus, Arena Libros, España, 2003.

 

Notas

[1] Jean-Claude Leveque, El concepto de “acontecimiento” en Heidegger, Vattimo y Badiou, ed. cit., p. 69.
[2] Jean-Luc Nancy, ¿Un sujeto?, ed. cit., p. 9.
[3] Ibidem., p. 52.
[4] Ibidem., p. 63.
[5] Ibidem., p. 67.
[6] Ibidem., p. 82.
[7] Jean-Luc Nancy, Corpus, ed. cit., p. 36.
[8] Ibidem., p. 34.
[9] Ibidem., p. 67.
[10] Manuel Ángel González Berruga, Op. cit., pp. 94-102.

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